Familia Julio Chevalier: Los Laicos MSC


Klaus Sanders msc, Asistente General

El cardenal Gasquet cuenta esta anécdota: Un catecúmeno preguntaba a un sacerdote católico cual era la posición de los laicos en la Iglesia. La posición del laíco en nuestra Iglesia, respondía el sacerdote, es doble: Ponerse de rodillas delante del altar, es su primera posición; sentarse ante el púlpito es su segunda posición. El Cardinal Gasquet añadía: Se olvidaba una tercera posición: Echa mano de su portamonedas.

En cierto sentido nada ha cambiado y nada cambiará. Los laicos estarán siempre de rodillas ante el altar, sentados ante el púlpito y echarán mano de su portamonedas aún durante mucho tiempo. Sin embargo, desde ahora, hacen todo esto de manera diferente, o, al menos, al hacer esto sienten de modo diferente su situación de conjunto en la Iglesia (Yves Congar, Problema actual de una teolocía del Laicado).

 

La misión de Jesús: una relación vivificante y compasiva

Si leemos con atención los evangelios, fácilmente descubriremos que Jesús fue finalmente rechazado y condenado a causa de su interpretación de la Torá en términos de justicia y de compasión. Sus sanaciones el día de sábado, sus comidas con los impuros, su amistad con los parias y los pecadores tenían una sola meta: crear una comunidad nueva en la que una relación vivificante darla la plenitud de vida a cada uno y acabaría con toda discriminación. Al actuar de esa manera Jesús mostraba el sentido del Reino de Dios: la creación de una comunidad nueva donde todos serían hermanos y hermanas, donde cesarla toda discriminación. En ella, todos serían reunidos en una gran familia de todas las criaturas a imagen y semejanza de Dios, un solo Dios en tres personas.

Ésa debía ser también la misión precisa de sus discípulos: ir al mundo entero y reunir a la gente de todas las naciones y razas y culturas en esa gran familla nueva de Dios. ‑ ¿Qué quiere decir 'ser discípulo'? Primero, es un don ‑ por nuestro bautismo hemos sido hechos miembros de esa nueva familia de Dios: Ser discípulo quiere decir: tomar parte en una experiencia fundamental hecha y transmitida por el Señor. Ser discípulo quiere decir: ser embelesado por la visión del Señor, ser inflamado por la llama del Señor. Finalmente, eso quiere decir: llegar a ser como el Señor. Un discípulo es una persona que ha hecho la misma experiencia fundamental de Jesús. Dios ama a toda persona con un amor incondicional, Reno de compasión. Está siempre con nosotros. Un discípulo es alguien que comíenza a vivir su vida cotidiana sobre el fundamento de esa experiencia y que ve el testimonio de esa experiencia como un compartir la misión de Jesús. De esa manera se hace cooperador de Dios para la salvación y la transformación del mundo según el designio final de Dios. Cada cristiano está llamado a la misión por el sacramento del bautismo. El bautismo no es un pasaporte para el cielo ni un ticket de entrada a la vida eterna. Es una llamada a la misión. la mayoría de la gente encuentra la vida eterna sin ser bautizada. El privilegio de ser cristiano es ser llamado a tomar parte de manera especial en la misión de Cristo que es salvar al mundo. Ser llamado quiere decir 'ser consagrado`, ser activo en el proyecto de Dios. A causa de eso, todos somos "santos, consagrados, separados» (kléros) para ser enviados, para comprometemos de manera activa en la misión de Dios, para ser "pescadores de hombres" (Mc.1,17). (Ver: John Füllenbach, SVD, Called to Mission, in:SEDOS 96174)

 

Misión y Papel del laicado,

El Nuevo Testamento considera a todo cristiano como "consagrado" a Dios. Basta con recordar el vocabulario paulíno que habla de los cristianos como hagioí, santos. Además, nunca el NT considera los ministros de la Iglesia como personas sagradas a expensas de los demás cristianos. Al contrario, todos los cristianos son escogidos y llamados por Dios, y todos forman un clero, un cléros, es decir un lote, una heredad, una categoría especifica consagrada a Dios (Col. 1, 12; 1 Pe. 1,4).

San Pablo enseña que cada cristiano recibe carismas del Espíritu para el servicio de la Iglesia y, por ende, recibe dones de servido que debe ejercer en y para la comunidad cristiana.

Todos los cristianos son discípulos de Jesucristo y, como discípulos, son enviados en el mundo para participar de la misma misión de Jesucristo.

La Iglesia es enteramente ministerial; todo cristiano, ordenado o no, es llamado a ponerse al servicio de la comunidad cristiana y del mundo. Los ministerios de los laicos son fruto inmediato del bautismo y de la confirmación. Los laicos son apóstoles en la Iglesia y para el mundo, porque son bautizados. La plena participación del la~ en todas las dimensiones de la actividad de la Iglesia parece a la orden del día, aunque quede por completar un largo caminar hacia el cumplimiento de ese ideal. Una comprensión más integral y global ve a la Iglesia como communio en la que todos los cristianos participan de la responsabilidad común aunque de diversas maneras. Esto implica que una Iglesia, que, en el pasado, contaba demasiado exclusivamente sobre el clero como una clase especial de cristianos, pase a ser una Iglesia de todo el pueblo, una Ig~ que cuenta con todos los cristianos según sus dones recibidos del Espíritu. El fundamento de todo ello, es la prioridad dada al servicio, a la Iglesia servidora, al servicio del evangelio en el mundo y para el mundo.

El NT no utiliza nunca el término laikos, aunque la palabra existía ya dos siglos antes en el griego clásico. La Biblia conoce la palabra Vaos' y designa expresamente el pueblo de Dios, distinto de las naciones, el pueblo consagrado a Dios. El primer uso de la palabra 1aico' por oposición a los 'sacerdotes' se encuentra en un documento romano, la carta a la comunidad de Corinto, cuyo redactor fue Clemente, contemporáneo de los Apóstoles (Congar, Hitos para una Teología del Laicado p.20121). La distinción entre el clero y el laicado está muy clara en la literatura de la Iglesia a principios del siglo tercero con Tertuliano, Clemente de Alejandria y Orígenes. Las palabras sumo sacerdote (archiereus) y sacerdote (hiereus) son utilizadas únicamente para Cristo (Hebreos) y la comunidad cristiana en su conjunto respectivamente (lPe.2,9; Ap.1,6; 5,10).

Caracterizar las funciones del clero en la Iglesia como sagradas y las del laicado como seculares presenta muchas dificultades teológicas. Es muy fácil comprender los sacramentos como actividades esencialmente sagradas. Pero si los ministros ordenados son llamados a presidir su celebración, también los laicos son llamados a participar plenamente de su celebración. Los sacramentos no son exclusivamente asuntos del clero, sino que son esenciales a la vida de los cristianos como tales. Y si éstos no participan de su celebración, se los llama cristianos no‑practicantes.

Toda actividad ejercida por un cristiano, que sea ministro ordenado o no, si es ejercida a lo menos implícitamente en nombre de Cristo y para Cristo, es una actividad sagrada. Si esa actividad no es ejercida en nombre de Cristo y para Cristo a lo menos implícitamente, no es cristiana. Es sólo un acto de una persona humana. No olvidemos el dicho famoso de Pablo a los cristianos: "Sea que coman, sea que beban, háganlo todo para gloria de Dios" (lCor.10,31). Proclamar la palabra y escuchada, celebrar los sacramentos son actividades comunes al cJero y al laicado; la única diferencia está en la manera en que cada grupo y cada individuo participa de ellas.

El Vaticano II, lejos de resolver todas las cuestiones teológicas acerca de los laicos y aun de los clérigos, muy a menudo las ha dejado en suspenso. La teología de¡ laicado es bastante reciente en la Iglesia y ha evolucionado fuertemente. Vaticano 11 ha sido el primer concilio ecuménico que le ha consagrado un documento completo.

Es importante ver que la Iglesia entera es ministerial y que sus miembros cumplen una multitud de ministerios y de servicios, ordenados o no. Hay que percibir a la Iglesia esencialmente como una comunión de miembros iguales, una comunión enviada en el mundo por Cristo para servir en el ejercicio de dones innumerables M Espíritu Santo.

La Lumen Gentium hace la distinción entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial. El Vaticano II afirma que esos dos sacerdocios son "diferentes esencialmente y no sólo de grado" (art. 10). Por otro lado el n. 32 afirma "una auténtica igualdad entre todos" los miembros de¡ Pueblo de Dios. El problema consiste en definir más precisamente lo que es el sacerdocio común.

Si entendemos el sacerdocio común como participación del sacerdocio de Cristo y si vemos los servicios y los papeles en la Iglesia y en el mundo, que se ejercen en virtud del bautismo y de la confirmación según los dones del Espíritu, entonces no hay solamente dos grupos diferentes en la Iglesia, sino que hay tantos como dones del Espíritu. Cada creyente es responsable del bien de la Iglesia y del mundo, pero según los dones recibidos.

Los laicos son miembros de pleno derecho en la Iglesia. No son solamente gente a quien se debe decir lo que tiene que hacer y cuándo hacerlo. La Iglesia no es una sociedad donde algunos individuos dan órdenes y toman todas las iniciativas, y donde los demás no tienen más que escuchar y obedecer. El Espíritu Santo no habla solamente a [os que tienen la autoridad: *Sopla donde quiere» (Jn.3,8). Entonces los que tienen la autoridad deben estar atentos a lo que el Espíritu dice por medio de todos los miembros de la Iglesia.

La palabra kIéros, de donde viene nuestra palabra "cIero", se aplicaba a todo el Pueblo de Dios en el NT, porque todos "participan de la heredad (kléros) del Pueblo santo de Dios » (Col. 1, 12; ver Hech.20,32; 26,18; 1 Pe. 1,4). Se les dice « llamados », « elegidos », « escogidos » de Dios; son los « santos »; forman « un sacerdocio santo y regio ». No se debería sacralizar. el clero a expensas de los demás creyentes.

El clero y el laicado deberían trabajar cogidos de la mano para llevar a Dios la realidad secular y vivir la vida íntima de la Iglesia, llamada koinónia (comunión) por el NT, es decir la comunión con Dios y de los unos con los otros. Deberíamos evitar de hablar de una doble vocación o misión: una que estaría en relación con la Iglesia y que sería la del clero, la otra que estaría en relación con el mundo y que sería la del laicado. Todos los cristianos tienen a la vez una vocación o una misión hacia la Iglesia y otra hacia el mundo aunque participan de ella de manera diferente.

Los laicos son miembros de pleno derecho en la Iglesia, con una misión, a la vez hacia la Iglesia y hacia el mundo. Desde este punto de vista, ninguna diferencia puede existir entre el clero y el laicado. Es con respecto al liderazgo en la Iglesia que hay y seguirá habiendo cierta diferencia. Los ministros ordenados son los que, normalmente, presiden en la Iglesia, en particular para la celebración de los sacramentos y para la Palabra. Pero en, con frecuencia, un número bastante elevado de de laicos es llamado a ejercer un liderazgo verdadero en la Iglesia, un liderazgo que no hace concurrencia al de los ministros ordenados (Eugene Lapointe, OMI, Misión y Papel del laicado en la Iglesia. Posición de una Iglesia de Africa. SEDOS, 99173).

 

Laicos de la Familia Chevalier

El P. Julio Chevalier, fundador de las Congregaciones de los Misioneros de¡ Sagrado Corazón (MSC) y de las Hijas de Nuestra Señora de¡ Sagrado Corazón (FDNSC) y, con el P. Hubert Linckens msc, de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón (Her. MSC), no partió de principios teóricos para dotar de estructura a sus Congregaciones, sino de la vivencia de su propia misión. Vivía la urgencia de la misión, y las estructuras orgánicas que ofrecía tenían únicamente como fin la realización de tal misión, es decir, la de prolongar la misión de Jesús y, de esta forma, luchar contra los males destructores de la sociedad.

La misión común a [as tres Congregaciones es una misión sin fronteras, abierta a todo género de obras y apostolados. Es lo que quiso expresar al elegir como lema el Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús.

la meta hacia la que debe orientarse la Comunidad es hacer que sea conocido Jesús y el amor de su Corazón. Estaba convencido de que la devoción al Sagrado Corazón era la respuesta a los males que imperaban.

La idea de la misión del P. Julio Chevalier es esencial para percatamos de cómo comprendia y valoraba a los laicos. Leyendo sus primeras publicaciones sobre la naturaleza y la misión de la Congregación, sentimos la fuerte impresión de que consideraba imposible, irrealizable, hablar de cambiar el mundo y sus valores, sin la participación de los laicos, ya que viven, como ninguno, inmersos en el mundo.

A los sacerdotes religiosos, a los Hermanos y Hermanas, junto con los sacerdotes diocesanos, corresponde un papel esencial; pero si la misión ha de realizarse en el mundo, en los diversos niveles de la sociedad, los laicos habrán de jugar también una función de primer orden.

El P. Chevaber estaba convencido de que no bastaba por sí sola una Congregación religiosa para llevar adelante la acción misionera. De ahí que en sus escritos aludiera normalmente a tres elementos con que debería contar para su trabajo la Congregación. Escribía, por ejemplo, en un folleto pub¡~ en IB66 con el título Les Missionnaires du Sacré Cœur de Jésus (pg « 7 y 8): “Los Misioneros del Sagrado Corazón han de ser verdaderos Religiosos para conseguir una semejanza mayor con Aquel, cuyo reino quieren extender,‑ deben, al mismo tiempo, guardar estrechas relaciones con el clero diocesano para extender por doquier la saludable influencia del Sagrado Corazón... Y, finalmente, para, si es posible, no dejar nada privado de tan beneficiosa comente, habrán de impulsar una tercera orden, de laicos, que llegarán a donde el sacerdote no puede llegar”.

En consecuencia, el P. Chevalier concebía que idéntica misión fuera realizada por diversidad de grupos a fin de que fuera verdaderamente eficaz. Cada uno de los grupos tenía su modo peculiar de llenar la misión.

Los MSC, las FDNSC y las Misioneras del Sagrado Corazón se han nutrido de su visión y de su ejemplo. Para apoyarse mutuamente son muchos los laicos que hoy se sienten llamados a adoptar los mismos ideales, guardando y conservando su estatuto de laico. Expresan exigencias y encuentran posibilidades nuevas inscritas en un amplio movimiento eclesial. El carisma del Fundador une a personas consagradas y laicas, que se reconocen unidas e impulsadas por los mismos ideales de vida y de misión.

En 1993 el Capitulo General MSC votó un documento que subraya el lugar auténtico e importante de los laicos en el "proyecto de tres elementos" (CE 61):.

Nuestro Fundador quería que la totalidad de la misión se realizase dentro de un proyecto global, comprendiendo religiosos y religiosas, sacerdotes diocesanos y laicos. En su visión de conjunto, deseaba vivamente ver nacer una asociación de laicos estrechamente unida a los religiosos participando de la misma espiritualidad y la misma misión. (Constituciones 1877).

El Capítulo General de las FDNSC, como el de las Misioneras en 1990, han reconocido igualmente el importante lugar que el P. Chevalier atribuía a los laicos en su proyecto. El Capítulo de las Hijas puso entre las prioridades la promoción de los laicos: El Capítulo confirma las iniciativas ya emprendidas en este sentido por diferentes Provincias... y anima a todas en las que haya Laicos Asociados a ayudarles en su compromiso de vivir nuestro espíritu y nuestra misión. Y el Capítulo General de las Misioneras anima a todas las Provincias, Regiones y Distritos a estudiar las cuestiones relacionadas con los Laicos Asociados y comenzar dicha asociación. El Consejo General de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón escribe: Creemos que la Asociación de Laicos completa, fortalece, y enriquece el compromiso por nuestra espiritualidad y nuestra misión... Alentamos a nuestras Hermanas en la promoción del sueño del P. Chevalier de tener una asociación de laicos que trabajen junto con nosotros a fin de que sea conocido y amado por todo el mundo el Sagrado Corazón de Jesús.

Las relaciones Religiosos - Laicos deben ir marcadas por la comunión y la complementariedad. La comunión comporta conocimiento y aprecio recíprocos, simpatía por las personas y por los derroteros respectivos, coparticipación de bienes.

De la comunión y complementariedad nacen el enriquecimiento, y el apoyo recíprocos entre Religiosos y Laicos. Se puede así experimentar en el interior de la "familia carismática» una verdadera experiencia de comunidad eclesial que permita traspasar el anonimato o la pertencia estructural, respetando siempre la diversidad.

Las estructuras específicas de los Laicos han de ser definidas por ellos mismos mediante un discernimiento realista que respete la vida de los diferentes grupos en los variados contextos. Las estructuras de interdependencia entre Religiosos y Asociados deben, por el contrario, definirse en diálogo y respeto recíprocos entre ambas partes, de suerte que todos puedan beber el agua de la misma corriente carismática, revistiendo las formas concretas de encarnación según su estado.

El número de países que tienen hoy Asociados Laicos bajo la bandera de Julio Chevalier crece de modo continuado. Los encontramos en África (Benin, Camerún, África del Sur, República Democrática del Congo, Congo); en Europa (Bélgica, Eslovaquia, España, Francia, Inglaterra, Irlanda, Países Bajos, Suiza); en América (Brasil, Estados Unidos, Perú, República Dominicana, Venezuela); en Asia (Indonesia, Japón, Corea); en Australia.

El primer Encuentro Internacional de Laicos de la Familia Chevalier en lssoudun (4 al 9 de julio 1995) tuvo un eco muy positivo. Todos los participantes, Religiosos y Laicos, alrededor de 160, experimentaron la íntima convicción de haber vivido un tiempo fuerte durante esta semana de encuentros, de intercambios, en el espíritu del P. Chevalier. El segundo encuentro internacional (19-25 julio 1999) tuvo también éxito considerable. Otra vez más de 160 participantes de 22 países llegaron a Issoudun. . Este encuentro, convocado por iniciativa del Consejo de Laicos de Francia-Suiza, ha demostrado con claridad la vitalidad de la rama laica de la Familia Julio Chevalier. Se aceptó un documento base para cuantos quedan comprendidos en la denominación “Laicos MSC”. La asamblea se decidió por una estructura básica: una instancia de comunión internacional, que tendrá como referente la comunidad de Miribel (Francia) en contacto con Issoudun.

 

(Cortesía: http://www.laymsc.org)