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La Comunión de los Santos

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Índice
La comunión en y por Cristo
El rechazo dela comunión: el pecado
Dios restituye la comunión: la reconciliación
La Iglesia: la comunión de todos los santos
La santidad de uno beneficia a todos
Citas para meditar
Preguntas para el diálogo
Notas



La Comunión de los Santos



LA COMUNIÓN EN Y POR CRISTO
«En Cristo y por medio de Cristo la vida del cristiano está unida con un vínculo misterioso a la vida de todos los demás cristianos en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico»[1].

El ser humano ha sido creado por Dios, Comunión de Amor[2], para la comunión. Esta verdad es esencial al hombre, pues sólo a la luz de su misterioso origen puede comprender quién es, y puede descifrar correctamente los dinamismos presentes en su interior. En efecto, al haberle creado a «imagen y semejanza» suya, Dios ha capacitado al ser humano para amar en libertad, dotándolo de un fundamental dinamismo que le lleva a aspirar al encuentro y comunión para ser feliz. Es así que el hombre no puede realizarse a sí mismo si no es en la comunión, y no puede alcanzar la comunión si no es viviendo el dinamismo de la mutua y recíproca entrega y acogida con los hermanos humanos y con Dios[3].

EL RECHAZO DE LA COMUNIÓN: EL PECADO

Dios creó al ser humano para que viviera el amor y participara en la comunión eterna del Padre con el Hijo en el Espíritu Santo[4]. El hombre, haciendo mal uso de su libertad, rechazó el amoroso designio divino atentando gravemente contra su propia naturaleza y realización personal. El "no" dado a Dios es a la vez un "no" dado a sí mismo, a su profunda realidad de criatura amada por Dios e invitada a desplegarse plenamente en la comunión con Dios y con sus hermanos humanos.

DIOS RESTITUYE LA COMUNIÓN: LA RECONCILIACIÓN

A pesar de la negativa humana, Dios permanece fiel a su propósito primigenio: en el Señor Jesús, Hijo del Padre e Hijo de Santa María, reconcilia a los hombres consigo[5], y con el don de su Espíritu realiza una nueva creación: «El Espíritu, que es artífice de comunión en el amor, crea entre los hombres una nueva fraternidad y solidaridad, reflejo verdadero del misterio de recíproca entrega y acogida propio de la Santísima Trinidad»[6].

LA IGLESIA: «COMUNIÓN DE TODOS LOS SANTOS»

Por "santos" no se trata sólo de aquellos que han sido reconocidos y proclamados santos por la Iglesia, los canonizados, sino también todos aquellos que habiendo sido redimidos por la Sangre de Cristo[7], se esfuerzan día a día por vivir con coherencia lo que han llegado a ser en virtud de su Bautismo: cristianos o santos[8].

Con la expresión comunión de los santos afirmamos la existencia de una unión íntima y sobrenatural entre todos los que somos miembros del Pueblo de Dios. De esta comunión participamos todos los creyentes desde el momento en que por el Bautismo fuimos incorporados a la Iglesia[9]. En efecto, al nacer del agua y del Espíritu llegamos a formar parte de un mismo Cuerpo[10], siendo por tanto «miembros los unos de los otros»[11]. Esta es, pues, la enseñanza de siempre: que «todos los que son de Cristo, que tienen su Espíritu, forman una misma Iglesia y están unidos entre sí en Él»[12], por tanto, «la vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística»[13]. La Iglesia es la comunión de todos los santos[14]. En ella «entramos en comunión viva con todos los creyentes»[15]. Es la realidad que también expresó el Señor Jesús con la parábola de la vid y los sarmientos.

Por esta comunión «existe entre los fieles -tanto entre quienes ya son bienaventurados como entre los que expían en el purgatorio o los que peregrinan todavía en la tierra- un constante vínculo de amor y un abundante intercambio de todos los bienes»[16], «de forma que la santidad de uno beneficia a todos los demás»[17].

LA SANTIDAD DE UNO BENEFICIA A TODOS

Por la «comunión de los santos», porque los cristianos estamos íntimamente vinculados los unos a los otros[18], el menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos. Si usamos una sencilla analogía, sucede como con un conjunto de "vasos comunicantes": el agua que se añade a un vaso se comunica a todos los que están unidos a él, y así se eleva el nivel del agua en todos. En el misterio de la comunión de los santos existe también una "ley de elevación", por la que todo cristiano que se eleva, eleva al mundo[19]. Y de modo semejante se puede decir que los pecados personales afectan a todos. Por ello afirmamos que la primera tarea social es la de ser santos.

Esta comunión entre todos los que somos de Cristo nos obliga también a hacernos responsables de los diversos dones que el Espíritu Santo reparte a cada uno para la edificación de la Iglesia[20], para «provecho común»[21]. En este sentido, cada uno ha recibido del Señor uno, o cinco, o diez talentos, de los que es administrador. Esta perspectiva solidaria, que abarca bienes materiales tanto como espirituales, exige de cada uno una actitud humilde para reconocer los talentos recibidos, diligente para multiplicarlos y generosa para compartir sus frutos. La conciencia de que muchos dependen de mí, por esta mutua interdependencia existente entre todos, debe llevarme -en activa cooperación con la gracia- a exigirme según el máximo de mis capacidades y posibilidades para responder al Plan de Dios poniendo mis dones y talentos al servicio de los hermanos.

Así, pues, «la verdad sobre la comunión de los santos, que une a los creyentes con Cristo y entre sí, nos enseña lo mucho que cada uno puede ayudar a los demás -vivos o difuntos- para estar cada vez más íntimamente unidos al Padre celestial»[22], y participar así finalmente junto con todos los santos de la Comunión divina de Amor, por toda la eternidad.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

Llamados a la plena comunión: Jn 17,20-23.
La Iglesia es la comunión de los santos:
Los bautizados formamos un solo Cuerpo: Ef 4,4; 1Cor 12, 12-14.20; Col 3,15; Cristo es la Cabeza: Ef 4,15; 5,23; Col 1,18; La Iglesia es su Cuerpo: Col 1,24; Somos miembros del Cuerpo de Cristo: 1 Cor 12, 27; Ef 5,30; Somos miembros los unos de los otros: Ef 4, 25; Rom 14, 7; 1 Cor 12, 26-27; Él da la cohesión al Cuerpo: Ef 4,16; Diversas son las vocaciones para el crecimiento de la Iglesia: Ef 4,11-13; El Cuerpo va creciendo por el amor: Ef 4,16;
La Eucaristía construye y fortalece nuestra comunión: 1Cor 10,17.


PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

¿Qué son los dinamismos fundamentales? ¿Qué implica tu llamado al encuentro y a la comunión plena?
Podemos entender el pecado como el rechazo de la comunión, ¿qué significa eso en tu vida? ¿qué importancia le das a ello?
¿Cuál es la relevancia de la Reconciliación traída por el Señor Jesús para nuestro llamado a la comunión?
¿Qué es la santidad? Explica con tus palabras qué es la comunión de los santos.
¿Por qué es importante pertenecer a la Iglesia? ¿Descubres la importancia de amarla y esforzarse por ella?



cortesia: http://www.caminohaciadios.com


Notas
[1] Bula Incarnationis mysterium, 10.
[2] Ver CHD # 73.
[3] Ver Gaudium et spes, 24; Evangelium vitae, 76.
[4] Ver Puebla, Conclusiones 182.
[5] Ver 2Cor 5,19.
[6] Evangelium vitae, 76b.
[7] Ver Ap 7, 14.
[8] Así se llamaba al inicio a los cristianos que se esforzaban por ser coherentes: Hech 9,13.32.41; 26,10; Rom 15,26; 2Cor 1,1; Flp 1,1.
[9] Ver Catecismo de la Iglesia Católica, 1267.
[10] Ver 1Cor 12, 13
[11] Ef 4, 25.
[12] Lumen gentium, 49.
[13] Pablo VI, Indulgentiarum doctrina, 5.
[14] Catecismo de la Iglesia Católica, 946
[15] Ecclesia in America, 33.
[16] S.S. Pablo VI, Indulgentiarum doctrina, 5.
[17] S.S. Juan Pablo II, Catequesis del 22/7/98, n. 4. Ver Bula Incarnationis mysterium, 10; ver también Catecismo de la Iglesia Católica, 1475.
[18] Ver Rom 14, 7; 1Cor 12, 26-27.
[19] Ver Reconciliatio et paenitentia, 16e.
[20] Ver Lumen gentium, 12.
[21] 1Cor 12, 7.
[22] Bula Incarnationis mysterium, 10.



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