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La versión Biblia de Jerusalén 

Al final de cada capítulo encontrará el mismo pasaje
en la versión de la Biblia de Jerusalén

 

 

 

Capítulo 1
1:1
PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.
1:2
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad.
1:3
¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
1:4
Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece.
1:5
Y sale el sol, y pónese el sol, y con deseo vuelve á su lugar donde torna á nacer.
1:6
El viento tira hacia el mediodía, y rodea al norte; va girando de continuo, y á sus giros torna el viento de nuevo.
1:7
Los ríos todos van á la mar, y la mar no se hinche; al lugar de donde los ríos vinieron, allí tornan para correr de nuevo.
1:8
Todas las cosas andan en trabajo mas que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.
1:9
¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.
1:10
¿Hay algo de que se pueda decir: He aquí esto es nuevo? Ya fué en los siglos que nos han precedido.
1:11
No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
1:12
Yo el Predicador fuí rey sobre Israel en Jerusalem.
1:13
Y dí mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dió Dios á los hijos de los hombres, en que se ocupen.
1:14
Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
1:15
Lo torcido no se puede enderezar; y lo falto no puede contarse.
1:16
Hablé yo con mi corazón, diciendo: He aquí hállome yo engrandecido, y he crecido en sabiduría sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem; y mi corazón ha percibido muchedumbre de sabiduría y ciencia.
1:17
Y dí mi corazón á conocer la sabiduría, y también á entender las locuras y los desvaríos: conocí que aun esto era aflicción de espíritu.
1:18
Porque en la mucha sabiduría hay mucha molestia; y quien añade ciencia, añade dolor.

Ecc 1:1 Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
Ecc 1:2 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -, ¡vanidad de vanidades, todo vanidad!
Ecc 1:3 ¿Qué saca el hombre de toda la fatiga con que se afana bajo el sol?
Ecc 1:4 Una generación va, otra generación viene; pero la tierra para siempre permanece.
Ecc 1:5 Sale el sol y el sol se pone; corre hacia su lugar y allí vuelve a salir.
Ecc 1:6 Sopla hacia el sur el viento y gira hacia el norte; gira que te gira sigue el viento y vuelve el viento a girar.
Ecc 1:7 Todos los ríos van al mar y el mar nunca se llena; al lugar donde los ríos van, allá vuelven a fluir.
Ecc 1:8 Todas las cosas dan fastidio. Nadie puede decir que no se cansa el ojo de ver ni el oído de oír.
Ecc 1:9 Lo que fue, eso será; lo que se hizo, ese se hará. Nada nuevo hay bajo el sol.
Ecc 1:10 Si algo hay de que se diga: «Mira, eso sí que es nuevo», aun eso ya sucedía en los siglos que nos precedieron.
Ecc 1:11 No hay recuerdo de los antiguos, como tampoco de los venideros quedará memoria en los que después vendrán.
Ecc 1:12 Yo, Cohélet, he sido rey de Israel, en Jerusalén.
Ecc 1:13 He aplicado mi corazón a investigar y explorar con la sabiduría cuanto acaece bajo el cielo. ¡Mal oficio éste que Dios encomendó a los humanos para que en él se ocuparan!
Ecc 1:14 He observado cuanto sucede bajo el sol y he visto que todo es vanidad y atrapar vientos.
Ecc 1:15 Lo torcido no puede enderezarse, lo que falta no se puede contar.
Ecc 1:16 Me dije en mi corazón: Tengo una sabiduría grande y extensa, mayor que la de todos mis predecesores en Jerusalén; mi corazón ha contemplado mucha sabiduría y ciencia.
Ecc 1:17 He aplicado mi corazón a conocer la sabiduría, y también a conocer la locura y la necedad, he comprendido que aun esto mismo es atrapar vientos,
Ecc 1:18 pues: Donde abunda sabiduría, abundan penas, y quien acumula ciencia, acumula dolor.

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Capítulo 2

2:1
DIJE yo en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes. Mas he aquí esto también era vanidad.
2:2
A la risa dije: Enloqueces; y al placer: ¿De qué sirve esto?
2:3
Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.
2:4
Engrandecí mis obras, edifiquéme casas, plantéme viñas;
2:5
Híceme huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todos frutos;
2:6
Híceme estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde los árboles crecían.
2:7
Poseí siervos y siervas, y tuve hijos de familia; también tuve posesión grande de vacas y ovejas, sobre todos los que fueron antes de mí en Jerusalem;
2:8
Alleguéme también plata y oro, y tesoro preciado de reyes y de provincias; híceme de cantores y cantoras, y los deleites de los hijos de los hombres, instrumentos músicos y de todas suertes.
2:9
Y fuí engrandecido, y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalem: á más de esto perseveró conmigo mi sabiduría.
2:10
No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena.
2:11
Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer las: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.
2:12
Después torné yo á mirar para ver la sabiduría y los desvaríos y la necedad; (porque ¿qué hombre hay que pueda seguir al rey en lo que ya hicieron?)
2:13
Y he visto que la sabiduría sobrepuja á la necedad, como la luz á las tinieblas.
2:14
El sabio tiene sus ojos en su cabeza, mas el necio anda en tinieblas: empero también entendí yo que un mismo suceso acaecerá al uno que al otro.
2:15
Entonces dije yo en mi corazón: Como sucederá al necio me sucederá también á mí: ¿para qué pues he trabajado hasta ahora por hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto era vanidad.
2:16
Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
2:17
Aborrecí por tanto la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.
2:18
Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí.
2:19
¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.
2:20
Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.
2:21
¡Que el hombre trabaje con sabiduría, y con ciencia, y con rectitud, y que haya de dar su hacienda á hombre que nunca trabajó en ello! También es esto vanidad y mal grande.
2:22
Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara?
2:23
Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias: aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad.
2:24
No hay cosa mejor para el hombre sino que coma y beba, y que su alma vea el bien de su trabajo. También tengo yo visto que esto es de la mano de Dios.
2:25
Porque ¿quién comerá, y quién se cuidará, mejor que yo?
2:26
Porque al hombre que le agrada, Dios le da sabiduría y ciencia y gozo, mas al pecador da trabajo, el que allegue y amontone, para que dé al que agrada á Dios. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Ecc 2:1 Hablé en mi corazón: ¡Adelante! ¡Voy a probarte en el placer; disfruta del bienestar! Pero vi que también esto es vanidad.
Ecc 2:2 A la risa la llamé: ¡Locura!; y del placer dije: ¿Para qué vale?
Ecc 2:3 Traté de regalar mi cuerpo con el vino, mientras guardaba mi corazón en la sabiduría, y entregarme a la necedad hasta ver en qué consistía la felicidad de los humanos, lo que hacen bajo el cielo durante los contados días de su vida.
Ecc 2:4 Emprendí mis grandes obras; me construí palacios, me planté viñas;
Ecc 2:5 me hice huertos y jardines, y los planté de toda clase de árboles frutales.
Ecc 2:6 Me construí albercas con aguas para regar la frondosa plantación.
Ecc 2:7 Tuve siervos y esclavas: poseí servidumbre, así como ganados, vacas y ovejas, en mayor cantidad que ninguno de mis predecesores en Jerusalén.
Ecc 2:8 Atesoré también plata y oro, tributos de reyes y de provincias. Me procuré cantores y cantoras, toda clase de lujos humanos, coperos y reposteros.
Ecc 2:9 Seguí engrandeciéndome más que cualquiera de mis predecesores en Jerusalén, y mi sabiduría se mantenía.
Ecc 2:10 De cuanto me pedían mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría; toda vez que mi corazón se solazaba de todas mis fatigas, y esto me compensaba de todas mis fatigas.
Ecc 2:11 Consideré entonces todas las obras de mis manos y el fatigoso afán de mi hacer y vi que todo es vanidad y atrapar vientos, y que ningún provecho se saca bajo el sol.
Ecc 2:12 Yo me volví a considerar la sabiduría, la locura y la necedad. ¿Qué hará el hombre que suceda al rey, sino lo que ya otros hicieron?
Ecc 2:13 Yo vi que la sabiduría aventaja a la necedad, como la luz a las tinieblas.
Ecc 2:14 El sabio tiene sus ojos abiertos, mas el necio en las tinieblas camina. Pero también yo sé que la misma suerte alcanza a ambos.
Ecc 2:15 Entonces me dice: Como la suerte del necio será la mía, ¿para qué vales, pues, mi sabiduría? Y pensé que hasta eso mismo es vanidad.
Ecc 2:16 No hay recuerdo duradero ni del sabio ni del necio; al correr de los días, todos son olvidados. Pues el sabio muere igual que el necio.
Ecc 2:17 He detestado la vida, porque me repugna cuanto se hace bajo el sol, pues todo es vanidad y atrapar vientos.
Ecc 2:18 Detesté todos mis fatigosos afanes bajo el sol, que yo dejo a mi sucesor.
Ecc 2:19 ¿Quién sabe si será sabio o necio? El se hará dueño de todo mi trabajo, lo que realicé con fatiga y sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.
Ecc 2:20 Entregué mi corazón al desaliento, por todos mis fatigosos afanes bajo el sol,
Ecc 2:21 pues un hombre que se fatigó con sabiduría, ciencia y destreza, a otro que en nada se fatigó da su propia paga. También esto es vanidad y mal grave.
Ecc 2:22 Pues ¿qué le queda a aquel hombre de toda su fatiga y esfuerzo con que se fatigó bajo el sol?
Ecc 2:23 Pues todos sus días son dolor, y su oficio, penar; y ni aun de noche su corazón descansa. También esto es vanidad.
Ecc 2:24 No hay mayor felicidad para el hombre que comer y beber, y disfrutar en medio de sus fatigas. Yo veo que también esto viene de la mano de Dios,
Ecc 2:25 pues quien come y quien bebe, lo tiene de Dios.
Ecc 2:26 Porque a quien le agrada, da El sabiduría, ciencia y alegría; mas al pecador, da la tarea de amontonar y atesorar para dejárselo a quien agrada a Dios. También esto es vanidad y atrapar vientos.

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Capítulo 3

3:1
PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:
3:2
Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3:3
Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
3:4
Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
3:5
Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;
3:6
Tiempo de agenciar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de arrojar;
3:7
Tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
3:8
Tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
3:9
¿Qué provecho tiene el que trabaja en lo que trabaja?
3:10
Yo he visto el trabajo que Dios ha dado á los hijos de los hombres para que en él se ocupasen.
3:11
Todo lo hizo hermoso en su tiempo: y aun el mundo dió en su corazón, de tal manera que no alcance el hombre la obra de Dios desde el principio hasta el cabo.
3:12
Yo he conocido que no hay mejor para ellos, que alegrarse, y hacer bien en su vida:
3:13
Y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
3:14
He entendido que todo lo que Dios hace, ésto será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.
3:15
Aquello que fué, ya es: y lo que ha de ser, fué ya; y Dios restaura lo que pasó.
3:16
Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.
3:17
Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay tiempo á todo lo que se quiere y sobre todo lo que se hace.
3:18
Dije en mi corazón, en orden á la condición de los hijos de los hombres, que Dios los probaría, para que así echaran de ver ellos mismos que son semejantes á las bestias.
3:19
Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.
3:20
Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo.
3:21
¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?
3:22
Así que he visto que no hay cosa mejor que alegrarse el hombre con lo que hiciere; porque esta es su parte: porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

Ecc 3:1 Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo:
Ecc 3:2 Su tiempo el nacer, y su tiempo el morir; su tiempo el plantar, y su tiempo el arrancar lo plantado.
Ecc 3:3 Su tiempo el matar, y su tiempo el sanar; su tiempo el destruir, y su tiempo el edificar.
Ecc 3:4 Su tiempo el llorar, y su tiempo el reír; su tiempo el lamentarse, y su tiempo el danzar.
Ecc 3:5 Su tiempo el lanzar piedras, y su tiempo el recogerlas; su tiempo el abrazarse, y su tiempo el separarse.
Ecc 3:6 Su tiempo el buscar, y su tiempo el perder; su tiempo el guardar, y su tiempo el tirar.
Ecc 3:7 Su tiempo el rasgar, y su tiempo el coser; su tiempo el callar, y su tiempo el hablar.
Ecc 3:8 Su tiempo el amar, y su tiempo el odiar; su tiempo la guerra, y su tiempo la paz.
Ecc 3:9 ¿Qué gana el que trabaja con fatiga?
Ecc 3:10 He considerado la tarea que Dios ha puesto a los humanos para que en ella se ocupen.
Ecc 3:11 El ha hecho todas las cosas apropiadas a su tiempo; también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin.
Ecc 3:12 Comprendo que no hay para el hombre más felicidad que alegrarse y buscar el bienestar en su vida.
Ecc 3:13 Y que todo hombre coma y beba y disfrute bien en medio de sus fatigas, eso es don de Dios.
Ecc 3:14 Comprendo que cuanto Dios hace es duradero. Nada hay que añadir ni nada que quitar. Y así hace Dios que se le tema.
Ecc 3:15 Lo que es, ya antes fue; lo que será, ya es. Y Dios restaura lo pasado.
Ecc 3:16 Todavía más he visto bajo el sol: en la sede del derecho, allí está la iniquidad; y en el sitial del justo, allí el impío.
Ecc 3:17 Dije en mi corazón: Dios juzgará al justo y al impío, pues allí hay un tiempo para cada cosa y para toda obra.
Ecc 3:18 Dije también en mi corazón acerca de la conducta de los humanos: sucede así para que Dios los pruebe y les demuestre que son como bestias.
Ecc 3:19 Porque el hombre y la bestia tienen la misma suerte: muere el uno como la otra; y ambos tienen el mismo aliento de vida. En nada aventaja el hombre a la bestia, pues todo es vanidad.
Ecc 3:20 Todos caminan hacia una misma meta; todos han salido del polvo y todos vuelven al polvo.
Ecc 3:21 ¿Quién sabe si el aliento de vida de los humanos asciende hacia arriba y si el aliento de vida de la bestia desciende hacia abajo, a la tierra?
Ecc 3:22 Veo que no hay para el hombre nada mejor que gozarse en sus obras, pues esa es su paga. Pero ¿quién le guiará a contemplar lo que ha de suceder después de él?

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Capítulo 4

4:1
Y TORNÉME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.
4:2
Y alabé yo los finados que ya murieron, más que los vivientes que hasta ahora están vivos.
4:3
Y tuve por mejor que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.
4:4
Visto he asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
4:5
El necio dobla sus manos y come su carne.
4:6
Mas vale el un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu.
4:7
Yo me torné otra vez, y vi vanidad debajo del sol.
4:8
Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
4:9
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
4:10
Porque si cayeren, el uno levantará á su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
4:11
También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo?
4:12
Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.
4:13
Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y fatuo que no sabe ser aconsejado.
4:14
Porque de la cárcel salió para reinar; mientras el nacido en su reino se hizo pobre.
4:15
Vi todos los vivientes debajo del sol caminando con el muchacho, sucesor, que estará en lugar de aquél.
4:16
No tiene fin todo el pueblo que fué antes de ellos: tampoco los que vendrán después estarán con él contentos. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.

Ecc 4:1 Yo me volví a considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol: vi el llanto de los oprimidos, sin tener quien los consuele; la violencia de sus verdugos, sin tener quien los vengue.
Ecc 4:2 Felicité a los muertos que ya perecieron, más que a los vivos que aún viven.
Ecc 4:3 Más feliz aún que entrambos es aquel que aún no ha existido, que no ha visto la iniquidad que se comete bajo el sol.
Ecc 4:4 He visto que todo afán y todo éxito en una obra excita la envidia del uno contra el otro. También esto es vanidad y atrapar vientos.
Ecc 4:5 El necio se cruza de manos, y devora su carne.
Ecc 4:6 Más vale llenar un puñado con reposo que dos puñados con fatiga en atrapar vientos.
Ecc 4:7 Volví de nuevo a considerar otra vanidad bajo el sol:
Ecc 4:8 a saber, un hombre solo, sin sucesor, sin hijos ni hermano; sin límite a su fatiga, sin que sus ojos se harten de riqueza. «Mas ¿para quién me fatigo y privo a mi vida de felicidad?» También esto es vanidad y mal negocio.
Ecc 4:9 Más valen dos que uno solo, pues obtienen mayor ganancia de su esfuerzo.
Ecc 4:10 Pues si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo que cae!, que no tiene quien lo levante.
Ecc 4:11 Si dos se acuestan, tienen calor; pero el solo ¿cómo se calentará?
Ecc 4:12 Si atacan a uno, los dos harán frente. La cuerda de tres hilos no es fácil de romper.
Ecc 4:13 Más vale mozo pobre y sabio que rey viejo y necio, que no sabe ya consultar.
Ecc 4:14 Pues de prisión salió quien llegó a reinar, aunque pobre en sus dominios naciera.
Ecc 4:15 Veo a todos los vivientes que caminan bajo el sol, ponerse junto al mozo, el sucesor, el que ocupará su puesto.
Ecc 4:16 Era sin fin la multitud a cuyo frente estaba; tampoco la posteridad se contentará de él. También esto es vanidad y atrapar vientos.
Ecc 4:17 Guarda tus pasos cuando vas a la Casa de Dios. Acercarse obediente vale más que el sacrificio de los necios, porque ellos no saben que hacen el mal.

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Capítulo 5

5:1
CUANDO fueres á la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oir que para dar el sacrificio de los necios: porque no saben que hacen mal.
5:2
No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
5:3
Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
5:4
Cuando á Dios hicieres promesa, no tardes en pagarla; porque no se agrada de los insensatos. Paga lo que prometieres.
5:5
Mejor es que no prometas, que no que prometas y no pagues.
5:6
No sueltes tu boca para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fué ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
5:7
Donde los sueños son en multitud, también lo son las vanidades y muchas las palabras; mas tú teme á Dios.
5:8
Si violencias de pobres, y extorsión de derecho y de justicia vieres en la porvincia, no te maravilles de esta licencia; porque alto está mirando sobre alto, y uno más alto está sobre ellos.
5:9
Además el provecho de la tierra es para todos: el rey mismo está sujeto á los campos.
5:10
El que ama el dinero, no se hartará de dinero; y el que ama el mucho tener, no sacará fruto. También esto es vanidad.
5:11
Cuando los bienes se aumentan, también se aumentan sus comedores. ¿Qué bien, pues, tendrá su dueño, sino ver los con sus ojos?
5:12
Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho ó poco; mas al rico no le deja dormir la hartura.
5:13
Hay una trabajosa enfermedad que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal;
5:14
Las cuales se pierden en malas ocupaciones, y á los hijos que engendraron nada les queda en la mano.
5:15
Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano.
5:16
Este también es un gran mal, que como vino, así haya de volver. ¿Y de qué le aprovechó trabajar al viento?
5:17
Demás de esto, todos los días de su vida comerá en tinieblas, con mucho enojo y dolor y miseria.
5:18
He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.
5:19
Asimismo, á todo hombre á quien Dios dió riquezas y hacienda, y le dió también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce su trabajo; esto es don de Dios.
5:20
Porque no se acordará mucho de los días de su vida; pues Dios le responderá con alegría de su corazón.

Ecc 5:1 No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure a pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras.
Ecc 5:2 Porque, los sueños vienen de las muchas tareas. la voz necia, de las muchas palabras.
Ecc 5:3 Si haces voto a Dios, no tardes en cumplirlo; pues no le agradan los necios. El voto que has hecho, cúmplelo.
Ecc 5:4 Es mejor no hacer votos que hacerlos y no cumplirlos.
Ecc 5:5 No permitas que tu boca haga de ti un pecador, y luego digas ante el Mensajero que fue inadvertencia. ¿Por qué deberá Dios irritarse por tu palabra y destruir la obra de tus manos?
Ecc 5:6 Cuantos los sueños, tantas las vanidades y las muchas palabras. Pero tú teme a Dios.
Ecc 5:7 Si en la región ves la opresión del pobre y la violación del derecho y de la justicia, no te asombres por eso. Se te dirá que una dignidad vigila sobre otra dignidad, y otra más dignas sobre ambas.
Ecc 5:8 Se invocará el interés común y el servicio del rey.
Ecc 5:9 Quien ama el dinero, no se harta de él, y para quien ama riquezas, no bastas ganancias. También esto es vanidad.
Ecc 5:10 A muchos bienes, muchos que los devoren; y ¿de qué más sirven a su dueño que de espectáculo para sus ojos?
Ecc 5:11 Dulce el sueño del obrero, coma poco o coma mucho; pero al rico la hartura no le deja dormir.
Ecc 5:12 Hay un grave mal que yo he visto bajo el sol: riqueza guardada para su dueño, y que solo sirve para su mal,
Ecc 5:13 pues las riquezas perecen en un mal negocio, y cuando engendra un hijo, nada queda ya en su mano.
Ecc 5:14 Como salió del vientre de su madre, desnudo volverá, como ha venido; y nada podrá sacar de sus fatigas que pueda llevar en la mano.
Ecc 5:15 También esto es grave mal: que tal como vino, se vaya; y ¿de qué le vale el fatigarse para el viento?
Ecc 5:16 Todos los días pasa en oscuridad, pena, fastidio, enfermedad y rabia.
Ecc 5:17 Esto he experimentado: lo mejor para el hombre es comer, beber y disfrutar en todos sus fatigosos afanes bajo el sol, en los contados días de la vida que Dios le da; porque esta es su paga.
Ecc 5:18 Y además: cuando a cualquier hombre Dios da riquezas y tesoros, le deja disfrutar de ellos, tomar su paga y holgarse en medio de sus fatigas, esto es un don de Dios.
Ecc 5:19 Porque así no recuerda mucho los días de su vida, mientras Dios le llena de alegría el corazón.

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Capítulo 6

6:1
HAY un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:
6:2
Hombre á quien Dios dió riquezas, y hacienda, y honra, y nada le falta de todo lo que su alma desea; mas Dios no le dió facultad de comer de ello, sino que los extraños se lo comen. Esto vanidad es, y enfermedad trabajosa.
6:3
Si el hombre engendrare ciento, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se hartó del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor que él.
6:4
Porque en vano vino, y á tinieblas va, y con tinieblas será cubierto su nombre.
6:5
Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.
6:6
Porque si viviere aquel mil años dos veces, si no ha gozado del bien, cierto todos van á un lugar.
6:7
Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su alma no se harta.
6:8
Porque ¿qué más tiene el sabio que el necio? ¿qué más tiene el pobre que supo caminar entre los vivos?
6:9
Más vale vista de ojos que deseo que pasa. Y también esto es vanidad y aflicción de espíritu.
6:10
El que es, ya su nombre ha sido nombrado; y se sabe que es hombre, y que no podrá contender con el que es más fuerte que él.
6:11
Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?
6:12
Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?

Ecc 6:1 Hay otro mal que observo bajo el sol, y que pesa sobre el hombre:
Ecc 6:2 Un hombre a quien Dios da riquezas, tesoros y honores; nada le falta de lo que desea, pero Dios no le deja disfrutar de ello, porque un extraño lo disfruta. Esto es vanidad y gran desgracia.
Ecc 6:3 Si alguno que tiene cien hijos y vive muchos años, y por muchos que sean sus años, no se sacia su alma de felicidad y ni siquiera halla sepultura, entonces yo digo: Más feliz es un aborto,
Ecc 6:4 pues, entre vanidades vino y en la oscuridad se va; mientras su nombre queda oculto en las tinieblas.
Ecc 6:5 No ha visto el sol, no lo ha conocido, y ha tenido más descanso que el otro.
Ecc 6:6 Y aunque hubiera vivido por dos veces mil años, pero sin gustar la felicidad, ¿no caminan acaso todos al mismo lugar?
Ecc 6:7 Todo el mundo se fatiga para comer, y a pesar de todo nunca se harta.
Ecc 6:8 ¿En qué supera el sabio al necio? ¿En qué, al pobre que sabe vivir su vida?
Ecc 6:9 Mejor es lo que los ojos ven que lo que el alma desea. También esto es vanidad y atrapar vientos.
Ecc 6:10 De lo que existe, ya se anunció su nombre, y se sabe lo que es un hombre: no puede litigar con quien es más fuerte que él.
Ecc 6:11 A más palabras, más vanidades. ¿Qué provecho saca el hombre?
Ecc 6:12 Porque, ¿quién sabe lo que conviene al hombre en su vida, durante los días contados de su vano vivir, que él los vive como una sombra? Pues ¿quién indicará al hombre lo que sucederá después de él bajo el sol?

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Capítulo 7

7:1
MEJOR es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacimiento.
7:2
Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.
7:3
Mejor es el enojo que la risa: porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
7:4
El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del placer.
7:5
Mejor es oir la reprensión del sabio, que la canción de los necios.
7:6
Porque la risa del necio es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
7:7
Ciertamente la opresión hace enloquecer al sabio: y el presente corrompe el corazón.
7:8
Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
7:9
No te apresures en tu espíritu á enojarte: porque la ira en el seno de los necios reposa.
7:10
Nunca digas: ¿Qué es la causa que los tiempos pasados fueron mejores que éstos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría.
7:11
Buena es la ciencia con herencia; y más á los que ven el sol.
7:12
Porque escudo es la ciencia, y escudo es el dinero: mas la sabiduría excede en que da vida á sus poseedores.
7:13
Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
7:14
En el día del bien goza del bien; y en el día del mal considera. Dios también hizo esto delante de lo otro, porque el hombre no halle nada tras de él.
7:15
Todo esto he visto en los días de mi vanidad. Justo hay que perece por su justicia, y hay impío que por su maldad alarga sus días.
7:16
No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te destruirás?
7:17
No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo?
7:18
Bueno es que tomes esto, y también de estotro no apartes tu mano; porque el que á Dios teme, saldrá con todo.
7:19
La sabiduría fortifica al sabio más que diez poderosos la ciudad en que fueron.
7:20
Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga bien y nunca peque.
7:21
Tampoco apliques tu corazón á todas las cosas que se hablaren, porque no oigas á tu siervo que dice mal de ti:
7:22
Porque tu corazón sabe, como tú también dijiste mal de otros muchas veces.
7:23
Todas estas cosas probé con sabiduría, diciendo: Hacerme he sabio: mas ella se alejó de mí.
7:24
Lejos está lo que fué; y lo muy profundo ¿quién lo hallará?
7:25
Yo he rodeado con mi corazón por saber, y examinar, é inquirir la sabiduría, y la razón; y por conocer la maldad de la insensatez, y el desvarío del error;
7:26
Y yo he hallado más amarga que la muerte la mujer, la cual es redes, y lazos su corazón; sus manos como ligaduras. El que agrada á Dios escapará de ella; mas el pecador será preso en ella.
7:27
He aquí, esto he hallado, dice el Predicador, pesando las cosas una por una para hallar la razón;
7:28
Lo que aun busca mi alma, y no encuentro: un hombre entre mil he hallado; mas mujer de todas éstas nunca hallé.
7:29
He aquí, solamente he hallado esto: que Dios hizo al hombre recto, mas ellos buscaron muchas cuentas.

Ecc 7:1 Más vale el renombre que óleo perfumado; y el día de la muerte más que el día del nacimiento.
Ecc 7:2 Más vale ir a casa de luto que ir a casa de festín; porque allí termina todo hombre, y allí el que vive, reflexiona.
Ecc 7:3 Más vale llorar que reír, pues tras una cara triste hay un corazón feliz.
Ecc 7:4 El corazón de los sabios está en la casa de luto, mientras el corazón de los necios en la casa de alegría.
Ecc 7:5 Más vale oír reproche de sabio, que oír alabanza de necios.
Ecc 7:6 Porque como crepitar de zarzas bajo la olla, así es el reír del necio: y también esto es vanidad.
Ecc 7:7 El halago atonta al sabio, y el regalo pervierte el corazón.
Ecc 7:8 Más vale el término de una cosa que su comienzo, más vale el paciente que el soberbio.
Ecc 7:9 No te dejes llevar del enojo, pues el enojo reside en el pecho de los necios.
Ecc 7:10 No digas: ¿Cómo es que el tiempo pasado fue mejor que el presente? Pues no es de sabios preguntar sobre ello.
Ecc 7:11 Tan buena es la sabiduría como la hacienda, y aprovecha a los que ven el sol.
Ecc 7:12 Porque la sabiduría protege como el dinero, pero el saber le aventaja en que hace vivir al que lo posee.
Ecc 7:13 Mira la obra de Dios: ¿quién podrá enderezar lo que él torció?
Ecc 7:14 Alégrate en el día feliz y, en el día desgraciado, considera que, tanto uno como otro, Dios lo hace para que el hombre nada descubra de su porvenir.
Ecc 7:15 En mi vano vivir, de todo he visto: justos perecer en su justicia, e impíos envejecer en su iniquidad.
Ecc 7:16 No quieras ser justo en demasía, ni te vuelvas demasiado sabio. ¿A qué destruirte?
Ecc 7:17 No quieras ser demasiado impío, ni te hagas el insensato. ¿A qué morir antes de tu tiempo?
Ecc 7:18 Bueno es que mantengas esto sin dejar aquellos de la mano, porque el temeroso de Dios con todo ello se sale.
Ecc 7:19 La sabiduría da más fuerza al sabio que diez poderosos que haya en la ciudad.
Ecc 7:20 Cierto es que no hay ningún justo en la tierra que haga el bien sin nunca pecar.
Ecc 7:21 Tampoco hagas caso de todo lo que se dice, para que no oigas que tu siervo te denigra.
Ecc 7:22 Que tu corazón bien sabe cuántas veces también tú has denigrado a otros.
Ecc 7:23 Todo esto lo intenté con la sabiduría. Dije: Seré sabio. Pero eso estaba lejos de mí.
Ecc 7:24 Lejos está cualquier cosa, y profundo, lo profundo: ¿quién lo encontrará?
Ecc 7:25 He aplicado mi corazón a explorar y a buscar sabiduría y razón, a reconocer la maldad como una necedad, y la necedad como una locura.
Ecc 7:26 He hallado que la mujer es más amarga que la muerte, porque ella es como una red, su corazón como un lazo, y sus brazos como cadenas: El que agrada a Dios se libra de ella, mas el pecador cae en su trampa.
Ecc 7:27 Mira, esto he hallado, dice Cohélet, tratando de razonar, caso por caso.
Ecc 7:28 Aunque he seguido buscando, nada más he hallado. Un hombre entre mil, sí que lo hallo; pero mujer entre todas ellas, no la encuentro.
Ecc 7:29 Mira, lo que hallé fue sólo esto: Dios hizo sencillo al hombre, pero él se complicó con muchas razones.

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Capítulo 8

8:1
¿QUIÉN como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre hará relucir su rostro, y mudaráse la tosquedad de su semblante.
8:2
Yo te aviso que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.
8:3
No te apresures á irte de delante de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere:
8:4
Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá, Qué haces?
8:5
El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el tiempo y el juicio conoce el corazón del sabio.
8:6
Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; mas el trabajo del hombre es grande sobre él;
8:7
Porque no sabe lo que ha de ser; y el cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?
8:8
No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.
8:9
Todo esto he visto, y puesto he mi corazón en todo lo que debajo del sol se hace: hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.
8:10
Esto vi también: que los impíos sepultados vinieron aún en memoria; mas los que partieron del lugar santo, fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían obrado. Esto también es vanidad.
8:11
Porque no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos lleno para hacer mal.
8:12
Bien que el pecador haga mal cien veces, y le sea dilatado el castigo, con todo yo también sé que los que á Dios temen tendrán bien, los que temieren ante su presencia;
8:13
Y que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.
8:14
Hay vanidad que se hace sobre la tierra: que hay justos á quienes sucede como si hicieran obras de impíos; y hay impíos á quienes acaece como si hicieran obras de justos. Digo que esto también es vanidad.
8:15
Por tanto alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto se le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le dió debajo del sol.
8:16
Yo pues dí mi corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)
8:17
Y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará: aunque diga el sabio que la sabe, no por eso podrá alcanzarla.

Ecc 8:1 ¿Quién como el sabio? ¿Quién otro sabe explicar una cosa? La sabiduría del hombre hace brillar su rostro, y sus facciones severas transfigura.
Ecc 8:2 Aténte al dictado del rey, y por causa del juramento divino
Ecc 8:3 no te apresures a irte de su presencia; no te mezcles en conspiración, pues todo cuanto le plazca puede hacerlo,
Ecc 8:4 ya que la palabra regia es soberana, y ¿quién va a decirle: Qué haces?
Ecc 8:5 Quien se atiene al mandamiento, no sabe de conspiraciones. Y el corazón del sabio sabe el cuándo y el cómo.
Ecc 8:6 Porque todo asunto tiene su cuándo y su cómo. Pues es grande el peligro que acecha al hombre,
Ecc 8:7 ya que éste ignora lo que está por venir, pues lo que está por venir, ¿quién va a anunciárselo?
Ecc 8:8 No es el hombre señor del viento para domeñar al viento. Tampoco hay señorío sobre el día de la muerte, ni hay evasión en la agonía, ni libra la maldad a sus autores.
Ecc 8:9 Todo esto tengo visto al aplicar mi corazón a cuanto pasa bajo el sol, cuando el hombre domina en el hombre para causarle el mal.
Ecc 8:10 Por ejemplo, he visto a gente mala llevada a la tumba. Partieron del Lugar Santo, y se dio al olvido en la ciudad que hubiesen obrado de aquel modo. ¡Otro absurdo!:
Ecc 8:11 que no se ejecute en seguida la sentencia de la conducta del malo, con lo que el corazón de los humanos se llena de ganas de hacer el mal;
Ecc 8:12 que el pecador haga el mal veces ciento, y se le den largas. Pues yo tenía entendido que les va bien a los temerosos de Dios, a aquellos que ante su rostro temen,
Ecc 8:13 y que no le va bien al malvado, ni alargará sus días como sombra el que no teme ante el rostro de Dios.
Ecc 8:14 Pues bien, un absurdo se da en la tierra: Hay justos a quienes les sucede cual corresponde a las obras de los malos, y malos a quienes sucede cual corresponde a las obras de los buenos. Digo que este es otro absurdo.
Ecc 8:15 Y yo por mí alabo la alegría, ya que otra cosa buena no existe para el hombre bajo el sol, si no es comer, beber y divertirse; y eso es lo que le acompaña en sus fatigas en los días de vida que Dios le hubiera dado bajo el sol.
Ecc 8:16 Cuanto más apliqué mi corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el ajetreo que se da sobre la tierra - pues ni de día ni de noche concilian los ojos el sueño -
Ecc 8:17 fui viendo que el ser humano no puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar, nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es capaz de descubrirlo.

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Capítulo 9

9:1
CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.
9:2
Todo acontece de la misma manera á todos: un mismo suceso ocurre al justo y al impío; al bueno y al limpio y al no limpio; al que sacrifica, y al que no sacrifica: como el bueno, así el que peca; el que jura, como el que teme el juramento.
9:3
Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su corazón durante su vida: y después, á los muertos.
9:4
Aún hay esperanza para todo aquél que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto.
9:5
Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
9:6
También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.
9:7
Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón: porque tus obras ya son agradables á Dios.
9:8
En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza.
9:9
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.
9:10
Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.
9:11
Tornéme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos.
9:12
Porque el hombre tampoco conoce su tiempo: como los peces que son presos en la mala red, y como las aves que se prenden en lazo, así son enlazados los hijos de los hombres en el tiempo malo, cuando cae de repente sobre ellos.
9:13
También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
9:14
Una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y cércala, y edifica contra ella grandes baluartes:
9:15
Y hállase en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre.
9:16
Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
9:17
Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los necios.
9:18
Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; mas un pecador destruye mucho bien.

Ecc 9:1 Pues bien, a todo eso he aplicado mi corazón y todo lo he explorado, y he visto que los justos y los sabios y sus obras están en manos de Dios. Y ni de amor ni de odio saben los hombres nada: todo les resulta
Ecc 9:2 absurdo. Como el que haya un destino común para todos, para el justo y para el malvado, el puro y el manchado, el que hace sacrificios y el que no los hace, así el bueno como el pecador, el que jura como el que se recata de jurar.
Ecc 9:3 Eso es lo peor de todo cuanto pasa bajo el sol: que haya un destino común para todos, y así el corazón de los humanos está lleno de maldad y hay locura en sus corazones mientras viven, y su final ¡con los muertos!
Ecc 9:4 Pues mientras uno sigue unido a todos los vivientes hay algo seguro, pues vale más perro vivo que león muerto.
Ecc 9:5 Porque los vivos saben que han de morir, pero los muertos no saben nada, y no hay ya paga para ellos, pues se perdió su memoria.
Ecc 9:6 Tanto su amor, como su odio, como sus celos, ha tiempo que pereció, y no tomarán parte nunca jamás en todo lo que pasa bajo el sol.
Ecc 9:7 Anda, come con alegría tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios está ya contento con tus obras.
Ecc 9:8 En toda sazón sean tus ropas blancas y no falte ungüento sobre tu cabeza.
Ecc 9:9 Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol.
Ecc 9:10 Cualquier cosa que esté a tu alcance el hacerla, hazla según tus fuerzas, porque no existirá obra ni razones ni ciencia ni sabiduría en el seol a donde te encaminas.
Ecc 9:11 Vi además que bajo el sol no siempre es de los ligeros el correr ni de los esforzados la pelea; como también hay sabios sin pan, como también discretos sin hacienda, como también hay doctos que no gustan, pues a todos les llega algún mal momento.
Ecc 9:12 Porque, además, el hombre ignora su momento: como peces apresados en la red, como pájaros presos en el cepo, así son tratados los humanos por el infortunio cuando les cae encima de improviso.
Ecc 9:13 También he visto otro acierto bajo el sol, y grande, a juicio mío:
Ecc 9:14 Una ciudad chiquita, con pocos hombres en ella. Llega un gran rey y le pone cerco, levantando frente a ella empalizadas potentes.
Ecc 9:15 Encontrábase allí un hombre pobre y sabio. El pudo haber librado la ciudad gracias a su sabiduría, ¡pero nadie paró mientes en aquel pobre!
Ecc 9:16 Y yo me digo: Más vale sabiduría que fuerza; pero la sabiduría del pobre se desprecia y sus palabras no se escuchan.
Ecc 9:17 Mejor se oyen las palabras sosegadas de los sabios que los gritos del soberano de los necios.
Ecc 9:18 Más vale sabiduría que armas de combate, pero un solo yerro echa a perder mucho bueno.

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Capítulo 10

10:1
LAS moscas muertas hacen heder y dar mal olor el perfume del perfumista: así una pequeña locura, al estimado por sabiduría y honra.
10:2
El corazón del sabio está á su mano derecha; mas el corazón del necio á su mano izquierda.
10:3
Y aun mientras va el necio por el camino, fálta le, su cordura, y dice á todos, que es necio.
10:4
Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la lenidad hará cesar grandes ofensas.
10:5
Hay un mal que debajo del sol he visto, á manera de error emanado del príncipe:
10:6
La necedad está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo.
10:7
Vi siervos en caballos, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra.
10:8
El que hiciere el hoyo caerá en él; y el que aportillare el vallado, morderále la serpiente.
10:9
El que mudare las piedras, trabajo tendrá en ellas: el que cortare la leña, en ella peligrará.
10:10
Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza: empero excede la bondad de la sabiduría.
10:11
Muerde la serpiente cuando no está encantada, y el lenguaraz no es mejor.
10:12
Las palabras de la boca del sabio son gracia; mas los labios del necio causan su propia ruina.
10:13
El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla nocivo desvarío.
10:14
El necio multiplica palabras: no sabe hombre lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que después de él será?
10:15
El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por dónde ir á la ciudad.
10:16
¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes comen de mañana!
10:17
¡Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen á su hora, por refección, y no por el beber!
10:18
Por la pereza se cae la techumbre, y por flojedad de manos se llueve la casa.
10:19
Por el placer se hace el convite, y el vino alegra los vivos: y el dinero responde á todo.
10:20
Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en los secretos de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.

Ecc 10:1 Una mosca muerta pudre una copa de ungüento de perfumista; monta más un poco de necedad que sabiduría y honor.
Ecc 10:2 El sabio tiene el corazón a la derecha, el necio tiene el corazón a la izquierda.
Ecc 10:3 Además, en cualquier camino que tome el necio, su entendimiento no le da de sí y dice de todo el mundo: «Ese es un necio.»
Ecc 10:4 Si el enojo del que manda se abate sobre ti, no abandones tu puesto, que la flema libra de graves yerros.
Ecc 10:5 Otra calamidad he visto bajo el sol, como error que emana de la autoridad:
Ecc 10:6 La necedad elevada a grandes dignidades, mientras ricos se sentaban abajo.
Ecc 10:7 He visto siervos a caballo, y príncipes que iban a pie, como los siervos.
Ecc 10:8 El que cava la hoya cae en ella, y al que atraviesa el seto le muerde la culebra.
Ecc 10:9 El que saca piedras se lastima con ellas, el que raja maderos puede hacerse daño.
Ecc 10:10 Si se embota el hierro y no se afilan sus caras, hay que acrecentar los bríos: también supone ganancia afinar en sabiduría.
Ecc 10:11 Si pica culebra por falta de encantamiento no hay ganancia para el encantador.
Ecc 10:12 Palabras de boca de sabio agradan, mas los labios del necio a él lo engullen.
Ecc 10:13 Empieza diciendo necedades, para acabar en locura de las malas.
Ecc 10:14 Y el necio dice más y más palabras. Nadie sabe lo que vas venir, y el remate de todo, ¿quién puede pronosticárselo?
Ecc 10:15 Lo que más molesta al necio es que no sabe ir a la ciudad.
Ecc 10:16 ¡Ay de ti, tierra, cuyo rey es un chiquillo, y cuyos príncipes comen de mañana!
Ecc 10:17 ¡Dichosa tú, tierra, cuyo rey es hidalgo y cuyos príncipes comen a la hora, por cobrar vigor y no por banquetear!
Ecc 10:18 Por estar mano sobre mano se desploma la viga, y por brazos caídos la casa se viene abajo.
Ecc 10:19 Para holgar preparan su banquete, y el vino alegra la vida, y el dinero todo lo allana.
Ecc 10:20 Ni aun en tu rincón faltes al rey, ni en tu misma alcoba faltes al rico, que un pájaro del cielo hace correr la voz, y un ser alado va a contar la cosa.

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Capítulo 11

11:1
ECHA tu pan sobre las aguas; que después de muchos días lo hallarás.
11:2
Reparte á siete, y aun á ocho: porque no sabes el mal que vendrá sobre la tierra.
11:3
Si las nubes fueren llenas de agua, sobre la tierra la derramarán: y si el árbol cayere al mediodía, ó al norte, al lugar que el árbol cayere, allí quedará.
11:4
El que al viento mira, no sembrará; y el que mira á las nubes, no segará.
11:5
Como tú no sabes cuál es el camino del viento, ó como se crían los huesos en el vientre de la mujer preñada, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.
11:6
Por la mañana siembra tu simiente, y á la tarde no dejes reposar tu mano: porque tú no sabes cuál es lo mejor, si esto ó lo otro, ó si ambas á dos cosas son buenas.
11:7
Suave ciertamente es la luz, y agradable á los ojos ver el sol:
11:8
Mas si el hombre viviere muchos años, y en todos ellos hubiere gozado alegría; si después trajere á la memoria los días de las tinieblas, que serán muchos, todo lo que le habrá pasado, dirá haber sido vanidad.
11:9
Alégrate, mancebo, en tu mocedad, y tome placer tu corazón en los días de tu juventud; y anda en los caminos de tu corazón, y en la vista de tus ojos: mas sabe, que sobre todas estas cosas te traerá Dios á juicio.
11:10
Quita pues el enojo de tu corazón, y aparta el mal de tu carne: porque la mocedad y la juventud son vainidad.

Ecc 11:1 Echa tu pan al agua, que al cabo de mucho tiempo lo encontrarás.
Ecc 11:2 Reparte con siete, y también con ocho, que no sabes qué mal puede venir sobre la tierra.
Ecc 11:3 Si las nubes van llenas, vierten lluvia sobre la tierra, y caiga el árbol al sur o al norte, donde cae el árbol allí se queda.
Ecc 11:4 El que vigila el viento no siembra, el que mira a las nubes no siega.
Ecc 11:5 Como no sabes cómo viene el espíritu a los huesos en el vientre de la mujer encinta, así tampoco sabes la obra de Dios que todo lo hace.
Ecc 11:6 De madrugada siembra tu simiente y a la tarde no des paz a tu mano. Pues no sabes si es menor esto o lo otro o si ambas cosas son igual de buenas.
Ecc 11:7 Dulce es la luz y bueno para los ojos ver el sol.
Ecc 11:8 Si uno vive muchos años, que se alegre en todos ellos, y tenga en cuenta que los días de tinieblas muchos serán, que es vanidad todo el porvenir.
Ecc 11:9 Alégrate, mozo, en tu juventud, ten buen humor en tus años mozos, Vete por donde te lleve el corazón y a gusto de tus ojos; pero a sabiendas de que por todo ello te emplazará Dios a juicio.
Ecc 11:10 Aparta el mal humor de tu pecho y aleja el sufrimiento de tu carne, pero juventud y pelo negro, vanidad.

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Capítulo 12

12:1
Y ACUÉRDATE de tu Criador en los días de tu juventud, antes que vengan los malos días, y lleguen los años, de los cuales digas, No tengo en ellos contentamiento;
12:2
Antes que se oscurezca el sol, y la luz, y la luna y las estrellas, y las nubes se tornen tras la lluvia:
12:3
Cuando temblarán los guardas de la casa, y se encorvarán los hombres fuertes, y cesarán las muelas, porque han disminuído, y se oscurecerán los que miran por las ventanas;
12:4
Y las puertas de afuera se cerrarán, por la bajeza de la voz de la muela; y levantaráse á la voz del ave, y todas las hijas de canción serán humilladas;
12:5
Cuando también temerán de lo alto, y los tropezones en el camino; y florecerá el almendro, y se agravará la langosta, y perderáse el apetito: porque el hombre va á la casa de su siglo, y los endechadores andarán en derredor por la plaza:
12:6
Antes que la cadena de plata se quiebre, y se rompa el cuenco de oro, y el cántaro se quiebre junto á la fuente, y la rueda sea rota sobre el pozo;
12:7
Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á Dios que lo dió.
12:8
Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, todo vanidad.
12:9
Y cuanto más sabio fué el Predicador, tanto más enseñó sabiduría al pueblo; é hizo escuchar, é hizo escudriñar, y compuso muchos proverbios.
12:10
Procuró el Predicador hallar palabras agradables, y escritura recta, palabras de verdad.
12:11
Las palabras de los sabios son como aguijones; y como clavos hincados, las de los maestros de las congregaciones, dadas por un Pastor.
12:12
Ahora, hijo mío, á más de esto, sé avisado. No hay fin de hacer muchos libros; y el mucho estudio aflicción es de la carne.
12:13
El fin de todo el discurso oído es este: Teme á Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre.
12:14
Porque Dios traerá toda obra á juicio, el cual se hará sobre toda cosa oculta, buena ó mala.

  • Ecc 12:1 Acuérdate de tu Creador en tus días mozos, mientras no vengan los días malos, y se echen encima años en que dirás: «No me agradan»;
    Ecc 12:2 mientras no se nublen el sol y la luz, la luna y las estrellas, y retornen las nubes tras la lluvia;
    Ecc 12:3 cuando tiemblen los guardas de palacio y se doblen los guerreros, se paren las moledoras, por quedar pocas, se queden a oscuras las que miran por las ventanas,
    Ecc 12:4 y se cierren las puertas de la calle, ahogándose el son del molino; cundo uno se levante al canto del pájaro, y se enmudezcan todas las canciones.
    Ecc 12:5 También la altura da recelo, y hay sustos en el camino, florece el almendro, está grávida la langosta, y pierde su sabor la alcaparra; y es que el hombre se va a su eterna morada, y circulan por la calle los del duelo;
    Ecc 12:6 mientras no se quiebre la hebra de plata, se rompa la bolita de oro, se haga añicos el cántaro contra la fuente, se caiga la polea dentro del pozo,
    Ecc 12:7 vuelva el polvo a la tierra, a lo que era, y el espíritu vuelva a Dios que es quien lo dio.
    Ecc 12:8 ¡Vanidad de vanidades! - dice Cohélet -: ¡todo vanidad!
    Ecc 12:9 Cohélet, a más de ser un sabio, enseñó doctrina al pueblo. Ponderó e investigó, compuso muchos proverbios.
    Ecc 12:10 Cohélet trabajó mucho en inventar frases felices, y escribir bien sentencias verídicas.
    Ecc 12:11 Las palabras de los sabios son como aguijadas, o como estacas hincadas, puertas por un pastor para controlar el rebaño.
    Ecc 12:12 Lo que de ellas se saca, hijo mío, es ilustrarse. Componer muchos libros es nunca acabar, y estudiar demasiado daña la salud.
    Ecc 12:13 Basta de palabras. Todo está dicho. Teme a Dios y guarda sus mandamientos, que eso es ser hombre cabal.
    Ecc 12:14 Porque toda obra la emplazará Dios a juicio, también todo lo oculto, a ver si es bueno o malo.

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