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El Cantar de los Cantares

 

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Versión Reyna Valera 1909
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La versión Biblia de Jerusalén 
Al final de cada capítulo encontrará el mismo pasaje
en la versión de la Biblia de Jerusalén

 

Capítulo 1
1:1
CANCIÓN de canciones, la cual es de Salomón.
1:2
¡Oh si él me besara con ósculos de su boca! Porque mejores son tus amores que el vino.
1:3
Por el olor de tus suaves unguüentos, (Ungüento derramado es tu nombre,) Por eso las doncellas te amaron.
1:4
Llévame en pos de ti, correremos. Metióme el rey en sus cámaras: Nos gozaremos y alegraremos en ti; Acordarémonos de tus amores más que del vino: Los rectos te aman.
1:5
Morena soy, oh hijas de Jerusalem, Mas codiciable; Como las cabañas de Cedar, Como las tiendas de Salomón.
1:6
No miréis en que soy morena, Porque el sol me miró. Los hijos de mi madre se airaron contra mí, Hiciéronme guarda de viñas; Y mi viña, que era mía, no guardé.
1:7
Hazme saber, ó tú á quien ama mi alma, Dónde repastas, dónde haces tener majada al medio día: Porque, ¿por qué había yo de estar como vagueando Tras los rebaños de tus compañeros?
1:8
Si tú no lo sabes, oh hermosa entre las mujeres, Sal, yéndote por las huellas del rebaño, Y apacienta tus cabritas junto á las cabañas de los pastores.
1:9
A yegua de los carros de Faraón Te he comparado, amiga mía.
1:10
Hermosas son tus mejillas entre los pendientes, Tu cuello entre los collares.
1:11
Zarcillos de oro te haremos, Con clavos de plata.
1:12
Mientras que el rey estaba en su reclinatorio, Mi nardo dió su olor.
1:13
Mi amado es para mí un manojito de mirra, Que reposa entre mis pechos.
1:14
Racimo de copher en las viñas de Engadi Es para mí mi amado.
1:15
He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; He aquí que eres bella: tus ojos de paloma.
1:16
He aquí que tú eres hermoso, amado mío, y suave: Nuestro lecho también florido.
1:17
Las vigas de nuestra casa son de cedro, Y de ciprés los artesonados.
Son 1:1 Cantar de los cantares, de Salomón.
Son 1:2 ¡Que me bese con los besos de su boca! Mejores son que el vino tus amores;
Son 1:3 mejores al olfato tus perfumes; ungüento derramado es tu nombre, por eso te aman las doncellas.
Son 1:4 Llévame en pos de ti: ¡Corramos! El Rey me ha introducido en sus mansiones; por ti exultaremos y nos alegraremos. Evocaremos tus amores más que el vino; ¡con qué razón eres amado!
Son 1:5 Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén, como las tiendas de Quedar, como los pabellones de Salmá.
Son 1:6 No os fijéis en que estoy morena: es que el sol me ha quemado. Los hijos de mi madre se airaron contra mí; me pusieron a guardar las viñas, ¡mi propia viña no la había guardado!
Son 1:7 Indícame, amor de mi alma, dónde apacientas el rebaño, dónde lo llevas a sestear a mediodía, para que no ande yo como errante tras los rebaños de tus compañeros.
Son 1:8 Si no lo sabes, ¡oh la más bella de las mujeres!, sigue las huellas de las ovejas, y lleva a pacer tus cabritas junto al jacal de los pastores.
Son 1:9 A mi yegua, entre los carros de Faraón, yo te comparo, amada mía.
Son 1:10 Graciosas son tus mejillas entre los zarcillos, y tu cuello entre los collares.
Son 1:11 Zarcillos de oro haremos para ti, con cuentas de plata.
Son 1:12 - Mientras el rey se halla en su diván, mi nardo exhala su fragancia.
Son 1:13 Bolsita de mirra es mi amado para mí, que reposa entre mis pechos.
Son 1:14 Racimo de alheña es mi amado para mí, en las viñas de Engadí.
Son 1:15 - ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! ¡Palomas son tus ojos!
Son 1:16 - ¡Qué hermoso eres, amado mío, qué delicioso! Puro verdor es nuestro lecho.
Son 1:17 - Las vigas de nuestra casa son de cedro, nuestros artesonados, de ciprés.

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Capítulo 2

2:1
YO soy la rosa de Sarón, Y el lirio de los valles.
2:2
Como el lirio entre las espinas, Así es mi amiga entre las doncellas.
2:3
Como el manzano entre los árboles silvestres, Así es mi amado entre los mancebos: Bajo la sombra del deseado me senté, Y su fruto fué dulce en mi paladar.
2:4
Llevóme á la cámara del vino, Y su bandera sobre mí fué amor.
2:5
Sustentadme con frascos, corroboradme con manzanas; Porque estoy enferma de amor.
2:6
Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.
2:7
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, Por las gamas y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor Hasta que quiera.
2:8
¡La voz de mi amado! He aquí él viene Saltando sobre los montes, brincando sobre los collados.
2:9
Mi amado es semejante al gamo, ó al cabrito de los ciervos. Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando por las ventanas, Mostrándose por las rejas.
2:10
Mi amado habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.
2:11
Porque he aquí ha pasado el invierno, Hase mudado, la lluvia se fué;
2:12
Hanse mostrado las flores en la tierra, El tiempo de la canción es venido, Y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola;
2:13
La higuera ha echado sus higos, Y las vides en cierne Dieron olor: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y vente.
2:14
Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, Muéstrame tu rostro, hazme oir tu voz; Porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto.
2:15
Cazadnos las zorra, las zorras pequeñas, que echan á perder las viñas; Pues que nuestras viñas están en cierne.
2:16
Mi amado es mío, y yo suya; El apacienta entre lirios.
2:17
Hasta que apunte el día, y huyan las sombras, Tórnate, amado mío; sé semejante al gamo, ó al cabrito de los ciervos, Sobre los montes de Bether.
Son 2:1 - Yo soy el narciso de Sarón, el lirio de los valles.
Son 2:2 - Como el lirio entre los cardos, así mi amada entre las mozas.
Son 2:3 - Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi amado entre los mozos. A su sombra apetecida estoy sentada, y su fruto me es dulce al paladar.
Son 2:4 Me ha llevado a la bodega, y el pendón que enarbola sobre mí es Amor.
Son 2:5 Confortadme con pasteles de pasas, con manzanas reanimadme, que enferma estoy de amor.
Son 2:6 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.
Son 2:7 - Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.
Son 2:8 ¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados.
Son 2:9 Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas.
Son 2:10 Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente.
Son 2:11 Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido.
Son 2:12 Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.
Son 2:13 Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!
Son 2:14 Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante.»
Son 2:15 Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor.
Son 2:16 Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado: él pastorea entre los lirios.
Son 2:17 Antes que sople la brisa del día y se huyan las sombras, vuelve, sé semejante, amado mío, a una gacela o a un joven cervatillo por los montes de Béter.

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Capítulo 3

3:1
POR las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma: Busquélo, y no lo hallé.
3:2
Levantaréme ahora, y rodearé por la ciudad; Por las calles y por las plazas Buscaré al que ama mi alma: Busquélo, y no lo hallé.
3:3
Halláronme los guardas que rondan la ciudad, Y díjeles: ¿Habéis visto al que ama mi alma?
3:4
Pasando de ellos un poco, Hallé luego al que mi alma ama: Trabé de él, y no lo dejé, Hasta que lo metí en casa de mi madre, Y en la cámara de la que me engendró.
3:5
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, Por las gamas y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
3:6
¿Quién es ésta que sube del desierto como columnita de humo, Sahumada de mirra y de incienso, Y de todos polvos aromáticos?
3:7
He aquí es la litera de Salomón: Sesenta valientes la rodean, De los fuertes de Israel.
3:8
Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; Cada uno su espada sobre su muslo, Por los temores de la noche.
3:9
El rey Salomón se hizo una carroza De madera del Líbano.
3:10
Sus columnas hizo de plata, Su respaldo de oro, su cielo de grana, Su interior enlosado de amor, Por las doncellas de Jerusalem.
3:11
Salid, oh doncellas de Sión, y ved al rey Salomón Con la corona con que le coronó su madre el día de su desposorio, Y el día del gozo de su corazón.
Son 3:1 En mi lecho, por las noches, he buscado al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé.
Son 3:2 Me levantaré, pues, y recorreré la ciudad. Por las calles y las plazas buscaré al amor de mi alma. Busquéle y no le hallé.
Son 3:3 Los centinelas me encontraron, los que hacen la ronda en la ciudad: «¿Habéis visto al amor de mi alma?»
Son 3:4 Apenas habíalos pasado, cuando encontré al amor de mi alma. Le aprehendí y no le soltaré hasta que le haya introducido en la casa de mi madre, en la alcoba de la que me concibió.
Son 3:5 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, por las gacelas, por las ciervas del campo, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.
Son 3:6 ¿Qué es eso que sube del desierto, cual columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos?
Son 3:7 Ved la litera de Salomón. Sesenta valientes en torno a ella, la flor de los valientes de Israel:
Son 3:8 todos diestros en la espada, veteranos en la guerra. Cada uno lleva su espada al cinto, por las alarmas de la noche.
Son 3:9 El rey Salomón se ha hecho un palanquín de madera del Líbano.
Son 3:10 Ha hecho de plata sus columnas, de oro su respaldo, de púrpura su asiento; su interior, tapizado de amor por las hijas de Jerusalén.
Son 3:11 Salid a contemplar, hijas de Sión, a Salomón el rey, con la diadema con que le coronó su madre el día de sus bodas, el día del gozo de su corazón.

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Capítulo 4

4:1
HE aquí que tú eres hermosa, amiga mía, he aquí que tú eres hermosa; Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; Tus cabellos como manada de cabras, Que se muestran desde el monte de Galaad.
4:2
Tus dientes, como manadas de trasquiladas ovejas, Que suben del lavadero, Todas con crías mellizas, Y ninguna entre ellas estéril.
4:3
Tus labios, como un hilo de grana, Y tu habla hermosa; Tus sienes, como cachos de granada á la parte adentro de tus guedejas.
4:4
Tu cuello, como la torre de David, edificada para muestra; Mil escudos están colgados de ella, Todos escudos de valientes.
4:5
Tus dos pechos, como dos cabritos mellizos de gama, Que son apacentados entre azucenas.
4:6
Hasta que apunte el día y huyan las sombras, Iréme al monte de la mirra, Y al collado del incienso.
4:7
Toda tú eres hermosa, amiga mía Y en ti no hay mancha.
4:8
Conmigo del Líbano, oh esposa, Conmigo ven del Líbano: Mira desde la cumbre de Amana, Desde la cumbre de Senir y de Hermón, Desde las guaridas de los leones, Desde los montes de los tigres.
4:9
Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; Has preso mi corazón con uno de tus ojos, Con una gargantilla de tu cuello.
4:10
¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ungüentos que todas las especias aromáticas!
4:11
Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano.
4:12
Huerto cerrado eres, mi hermana, esposa mía; Fuente cerrada, fuente sellada.
4:13
Tus renuevos paraíso de granados, con frutos suaves, De cámphoras y nardos,
4:14
Nardo y azafrán, Caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso; Mirra y áloes, con todas las principales especias.
4:15
Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano.
4:16
Levántate, Aquilón, y ven, Austro: Sopla mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado á su huerto, Y coma de su dulce fruta.
Son 4:1 ¡Qué bella eres, amada mía, qué bella eres! Palomas son tus ojos a través de tu velo; tu melena, cual rebaño de cabras, que ondulan por el monte Galaad.
Son 4:2 Tus dientes, un rebaño de ovejas de esquileo que salen de bañarse: todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.
Son 4:3 Tus labios, una cinta de escarlata, tu hablar, encantador. Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
Son 4:4 Tu cuello, la torre de David, erigida para trofeos: mil escudos penden de ella, todos paveses de valientes.
Son 4:5 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela, que pacen entre lirios.
Son 4:6 Antes que sople la brisa del día, y se huyan las sombras, me iré al monte de la mirra, a la colina del incienso.
Son 4:7 ¡Toda hermosa eres, amada mía, no hay tacha en ti!
Son 4:8 Ven del Líbano, novia mía, ven del Líbano, vente. Otea desde la cumbre del Amaná, desde la cumbre del Sanir y del Hermón, desde las guaridas de leones, desde los montes de leopardos.
Son 4:9 Me robaste el corazón, hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una vuelta de tu collar.
Son 4:10 ¡Qué hermosos tus amores, hermosa mía, novia! ¡Qué sabrosos tus amores! ¡más que el vino! ¡Y la fragancia de tus perfumes, más que todos los bálsamos!
Son 4:11 Miel virgen destilan tus labios, novia mía. Hay miel y leche debajo de tu lengua; y la fragancia de tus vestidos, como la fragancia del Líbano.
Son 4:12 Huerto eres cerrado, hermana mía, novia, huerto cerrado, fuente sellada.
Son 4:13 Tus brotes, un paraíso de granados, con frutos exquisitos:
Son 4:14 nardo y azafrán, caña aromática y canela, con todos los árboles de incienso, mirra y áloe, con los mejores bálsamos.
Son 4:15 ¡Fuente de los huertos, pozo de aguas vivas, corrientes que del Líbano fluyen!
Son 4:16 ¡Levántate, cierzo, ábrego, ven! ¡Soplad en mi huerto, que exhale sus aromas! ¡Entre mi amado en su huerto y coma sus frutos exquisitos!

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Capítulo 5

5:1
YO vine á mi huerto, oh hermana, esposa mía: Cogido he mi mirra y mis aromas; He comido mi panal y mi miel, Mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; Babed, amados, y embriagaos.
5:2
Yo dormía, pero mi corazón velaba: La voz de mi amado que llamaba: Abreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, perfecta mía; Porque mi cabeza está llena de rocío, Mis cabellos de las gotas de la noche.
5:3
Heme desnudado mi ropa; ¿cómo la tengo de vestir? He lavado mis pies; ¿cómo los tengo de ensuciar?
5:4
Mi amado metió su mano por el agujero, Y mis entrañas se conmovieron dentro de mí.
5:5
Yo me levanté para abrir á mi amado, Y mis manos gotearon mirra, Y mis dedos mirra que corría Sobre las aldabas del candado.
5:6
Abrí yo á mi amado; Mas mi amado se había ido, había ya pasado: Y tras su hablar salió mi alma: Busquélo, y no lo hallé; Llamélo, y no me respondió.
5:7
Halláronme los guardas que rondan la ciudad: Hiriéronme, llagáronme, Quitáronme mi manto de encima los guardas de los muros.
5:8
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, si hallareis á mi amado, Que le hagáis saber cómo de amor estoy enferma.
5:9
¿Qué es tu amado más que otro amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Qué es tu amado más que otro amado, Que así nos conjuras?
5:10
Mi amado es blanco y rubio, Señalado entre diez mil.
5:11
Su cabeza, como, oro finísimo; Sus cabellos crespos, negros como el cuervo.
5:12
Sus ojos, como palomas junto á los arroyos de las aguas, Que se lavan con leche, y a la perfección colocados.
5:13
Sus mejillas, como una era de especias aromáticas, como fragantes flores: Sus labios, como lirios que destilan mirra que trasciende.
5:14
Sus manos, como anillos de oro engastados de jacintos: Su vientre, como claro marfil cubierto de zafiros.
5:15
Sus piernas, como columnas de mármol fundadas sobre basas de fino oro: Su aspecto como el Líbano, escogido como los cedros.
5:16
Su paladar, dulcísimo: y todo él codiciable. Tal es mi amado, tal es mi amigo, Oh doncellas de Jerusalem.
Son 5:1 Ya he entrado en mi huerto, hermana mía, novia; he tomado mi mirra con mi bálsamo, he comido mi miel con mi panal, he bebido mi vino con mi leche. ¡Comed, amigos, bebed, oh queridos, embriagaos!
Son 5:2 Yo dormía, pero mi corazón velaba. ¡La voz de mi amado que llama!: «¡Ábreme, hermana mía, amiga mía, paloma mía, mi perfecta! Que mi cabeza está cubierta de rocío y mis bucles del relente de la noche.»
Son 5:3 - «Me he quitado mi túnica, ¿cómo ponérmela de nuevo? He lavado mis pies, ¿cómo volver a mancharlos?»
Son 5:4 ¡Mi amado metió la mano por la hendedura; y por él se estremecieron mis entrañas.
Son 5:5 Me levanté para abrir a mi amado, y mis manos destilaron mirra, mirra fluida mis dedos, en el pestillo de la cerradura.
Son 5:6 Abrí a mi amado, pero mi amado se había ido de largo. El alma se me salió a su huida. Le busqué y no le hallé, le llamé, y no me respondió.
Son 5:7 Me encontraron los centinelas, los que hacen la ronda en la ciudad. Me golpearon, me hirieron, me quitaron de encima mi chal los guardias de las murallas.
Son 5:8 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, si encontráis a mi amado, ¿qué le habéis de anunciar? Que enferma estoy de amor.
Son 5:9 ¿Qué distingue a tu amado de los otros, oh la más bella de las mujeres? ¿Qué distingue a tu amado de los otros, para que así nos conjures?
Son 5:10 Mi amado es fúlgido y rubio, distinguido entre diez mil.
Son 5:11 Su cabeza es oro, oro puro; sus guedejas, racimos de palmera, negras como el cuervo.
Son 5:12 Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua, bañándose en leche, posadas junto a un estanque.
Son 5:13 Sus mejillas, eras de balsameras, macizos de perfumes. Sus labios son lirios que destilan mirra fluida.
Son 5:14 Sus manos, aros de oro, engastados de piedras de Tarsis. Su vientre, de pulido marfil, recubierto de zafiros.
Son 5:15 Sus piernas, columnas de alabastro, asentadas en basas de oro puro. Su porte es como el Líbano, esbelto cual los cedros.
Son 5:16 Su paladar, dulcísimo, y todo él, un encanto. Así es mi amado, así mi amigo, hijas de Jerusalén.

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Capítulo 6

6:1
¿DÓNDE se ha ido tu amado, Oh la más hermosa de todas las mujeres? ¿Adónde se apartó tu amado, Y le buscaremos contigo?
6:2
Mi amado descendió á su huerto, á las eras de los aromas Para apacentar en los huertos, y para coger los lirios.
6:3
Yo soy de mi amado, y mi amado es mío: El apacienta entre los lirios.
6:4
Hermosa eres tú, oh amiga mía, como Tirsa; De desear, como Jerusalem; Imponente como ejércitos en orden.
6:5
Aparta tus ojos de delante de mí, Porque ellos me vencieron. Tu cabello es como manada de cabras, Que se muestran en Galaad.
6:6
Tus dientes, como manada de ovejas Que suben del lavadero, Todas con crías mellizas, Y estéril no hay entre ellas.
6:7
Como cachos de granada son tus sienes Entre tus guedejas.
6:8
Sesenta son las reinas, y ochenta las concubinas, Y las doncellas sin cuento:
6:9
Mas una es la paloma mía, la perfecta mía; Unica es á su madre, Escogida á la que la engendró. Viéronla las doncellas, y llamáronla bienaventurada; Las reinas y las concubinas, y la alabaron.
6:10
¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?
6:11
Al huerto de los nogales descendí A ver los frutos del valle, Y para ver si brotaban las vides, Si florecían los granados.
6:12
No lo supe: hame mi alma hecho Como los carros de Amminadab.
6:13
Tórnate, tórnate, oh Sulamita; Tórnate, tórnate, y te miraremos. ¿Qué veréis en la Sulamita? Como la reunión de dos campamentos.
Son 6:1 ¿A dónde se fue tu amado, oh la más bella de las mujeres? ¿A dónde tu amado se volvió, para que contigo le busquemos?
Son 6:2 Mi amado ha bajado a su huerto, a las eras de balsameras, a apacentar en los huertos, y recoger lirios.
Son 6:3 Yo soy para mi amado y mi amado es para mí: él pastorea entre los lirios.
Son 6:4 Hermosa eres, amiga mía, como Tirsá, encantadora, como Jerusalén, imponente como batallones.
Son 6:5 Retira de mí tus ojos, que me subyugan. Tu melena cual rebaño de cabras que ondulan por el monte Galaad.
Son 6:6 Tus dientes, un rebaño de ovejas, que salen de bañarse. Todas tienen mellizas, y entre ellas no hay estéril.
Son 6:7 Tus mejillas, como cortes de granada a través de tu velo.
Son 6:8 Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas, (e innumerables las doncellas).
Son 6:9 Única es mi paloma, mi perfecta. Ella, la única de su madre, la preferida de la que la engendró. Las doncellas que la ven la felicitan, reinas y concubinas la elogian:
Son 6:10 «¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como batallones?»
Son 6:11 Al nogueral había yo bajado para ver la floración del valle, a ver si la vid estaba en cierne, y si florecían los granados.
Son 6:12 ¡Sin saberlo, mi deseo me puso en los carros de Aminadib!

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Capítulo 7

7:1
¡CUÁN hermosos son tus pies en los calzados, oh hija de príncipe! Los contornos de tus muslos son como joyas, Obra de mano de excelente maestro.
7:2
Tu ombligo, como una taza redonda, Que no le falta bebida. Tu vientre, como montón de trigo, Cercado de lirios.
7:3
Tus dos pechos, como dos cabritos Mellizos de gama.
7:4
Tu cuello, como torre de marfil; Tus ojos, como las pesqueras de Hesbón junto á la puerta de Bat-rabbim; Tu nariz, como la torre del Líbano, Que mira hacia Damasco.
7:5
Tu cabeza encima de ti, como el Carmelo; Y el cabello de tu cabeza, como la púrpura del rey Ligada en los corredores.
7:6
¡Qué hermosa eres, y cuán suave, Oh amor deleitoso!
7:7
Y tu estatura es semejante á la palma, Y tus pechos á los racimos!
7:8
Yo dije: Subiré á la palma, Asiré sus ramos: Y tus pechos serán ahora como racimos de vid, Y el olor de tu boca como de manzanas;
7:9
Y tu paladar como el buen vino, Que se entra á mi amado suavemente, Y hace hablar los labios de los viejos.
7:10
Yo soy de mi amado, Y conmigo tiene su contentamiento.
7:11
Ven, oh amado mío, salgamos al campo, Moremos en las aldeas.
7:12
Levantémonos de mañana á las viñas; Veamos si brotan las vides, si se abre el cierne, Si han florecido los granados; Allí te daré mis amores.
7:13
Las mandrágoras han dado olor, Y á nuestras puertas hay toda suerte de dulces frutas, nuevas y añejas. Que para ti, oh amado mío, he guardado.
Son 7:1 ¡Vuelve, vuelve, Sulamita, vuelve, vuelve, que te miremos! ¿Por qué miráis a la Sulamita, como en una danza de dos coros?
Son 7:2 ¡Qué lindos son tus pies en las sandalias, hija de príncipe! Las curvas de tus caderas son como collares, obra de manos de artista.
Son 7:3 Tu ombligo es un ánfora redonda, donde no falta el vino. Tu vientre, un montón de trigo, de lirios rodeado.
Son 7:4 Tus dos pechos, cual dos crías mellizas de gacela.
Son 7:5 Tu cuello, como torre de marfil. Tus ojos, las piscinas de Jesbón, junto a la puerta de Bat Rabbim. Tu nariz, como la torre del Líbano, centinela que mira hacia Damasco.
Son 7:6 Tu cabeza sobre ti, como el Carmelo, y tu melena, como la púrpura; ¡un rey en esas trenzas está preso!
Son 7:7 ¡Qué bella eres, qué encantadora, oh amor, oh delicias!
Son 7:8 Tu talle se parece a la palmera, tus pechos, a los racimos.
Son 7:9 Me dije: Subiré a la palmera, recogeré sus frutos. ¡Sean tus pechos como racimos de uvas, el perfume de tu aliento como el de las manzanas,
Son 7:10 tu paladar como vino generoso! El va derecho hacia mi amado, como fluye en los labios de los que dormitan.
Son 7:11 Yo soy para mi amado, y hacia mí tiende su deseo.
Son 7:12 ¡Oh, ven, amado mío, salgamos al campo! Pasaremos la noche en las aldeas.
Son 7:13 De mañana iremos a las viñas; veremos si la vid está en cierne, si las yemas se abren, y si florecen los granados. Allí te entregaré el don de mis amores.
Son 7:14 Las mandrágoras exhalan su fragancia. A nuestras puertas hay toda suerte de frutos exquisitos. Los nuevos, igual que los añejos, los he guardado, amado mío, para ti.

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Capítulo 8

8:1
¡OH quién te me diese como hermano Que mamó los pechos de mi madre; De modo que te halle yo fuera, y te bese, Y no me menosprecien!
8:2
Yo te llevaría, te metiera en casa de mi madre: Tú me enseñarías, Y yo te hiciera beber vino Adobado del mosto de mis granadas.
8:3
Su izquierda esté debajo de mi cabeza, Y su derecha me abrace.
8:4
Conjúroos, oh doncellas de Jerusalem, Que no despertéis, ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
8:5
¿Quién es ésta que sube del desierto, Recostada sobre su amado? Debajo de un manzano te desperté: Allí tuvo tu madre dolores, Allí tuvo dolores la que te parió.
8:6
Ponme como un sello sobre tu corazón, como una marca sobre tu brazo: Porque fuerte es como la muerte el amor; Duro como el sepulcro el celo: Sus brasas, brasas de fuego, Fuerte llama.
8:7
Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, De cierto lo menospreciaran.
8:8
Tenemos una pequeña hermana, Que no tiene pechos: ¿Qué haremos á nuestra hermana Cuando de ella se hablare?
8:9
Si ella es muro, Edificaremos sobre él un palacio de plata: Y si fuere puerta, La guarneceremos con tablas de cedro.
8:10
Yo soy muro, y mis pechos como torres, Desde que fuí en sus ojos como la que halla paz.
8:11
Salomón tuvo una viña en Baal-hamón, La cual entregó á guardas, Cada uno de los cuales debía traer mil monedas de plata por su fruto.
8:12
Mi viña, que es mía, está delante de mí: Las mil serán tuyas, oh Salomón, Y doscientas, de los que guardan su fruto.
8:13
Oh tú la que moras en los huertos, Los compañeros escuchan tu voz: Házmela oir.
8:14
Huye, amado mío; Y sé semejante al gamo, ó al cervatillo, Sobre las montañas de los aromas.


Son 8:1 ¡Ah, si fueras tú un hermano mío, amamantado a los pechos de mi madre! Podría besarte, al encontrarte afuera, sin que me despreciaran.
Son 8:2 Te llevaría, te introduciría en la casa de mi madre, y tú me enseñarías. Te daría a beber vino aromado, el licor de mis granadas.
Son 8:3 Su izquierda está bajo mi cabeza, y su diestra me abraza.
Son 8:4 Yo os conjuro, hijas de Jerusalén, no despertéis, no desveléis al amor, hasta que le plazca.
Son 8:5 ¿Quién es ésta que sube del desierto, apoyada en su amado? Debajo del manzano te desperté, allí donde te concibió tu madre, donde concibió la que te dio a luz.
Son 8:6 Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh.
Son 8:7 Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio.
Son 8:8 Tenemos una hermana pequeña: no tiene pechos todavía. ¿Qué haremos con nuestra hermana el día que se hable de ella?
Son 8:9 - Si es una muralla, construiremos sobre ella almenas de plata si es una puerta, apoyaremos contra ella barras de cedro.
Son 8:10 - Yo soy una muralla, y mis pechos, como torres. Así soy a sus ojos como quien ha hallado la paz.
Son 8:11 Salomón tenía una viña en Baal Hamón. Encomendó la viña a los guardas, y cada uno le traía por sus frutos mil siclos de plata.
Son 8:12 Mi viña, la mía, está ante mí; los mil siclos para ti, Salomón; y doscientos para los guardas de su fruto.
Son 8:13 ¡Oh tú, que moras en los huertos, mis compañeros prestan oído a tu voz: ¡deja que la oiga!
Son 8:14 ¡Huye, amado mío, sé como la gacela o el joven cervatillo, por los montes de las balsameras!


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