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EL APOCALIPSIS: sus características y algunas respuestas a los hermanos evangélicos

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Por Diana R. García B.
El Observador de la Actualidad 898

 

El Apocalipsis

...
¿Por qué tanto símbolo?

....
Un Libro para Perseguidos

...
Lleno de Esperanza

... Lo que hay que saber antes de leer el apocalipsis

...
¿que sólo se van a ir al Cielo 144 mil personas?,

...
que es bueno desear que el Señor ya venga y castigue al mundo?,

...que la Iglesia católica es la Gran Ramera?,

..
.que todas las cifras del Apocalipsis son simbólicas?,

...
que la Mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies no es la Virgen María?,

...
que el Papa es el Falso Profeta?

 

Apocalipsis

 



El Apocalipsis
La palabra «apocalipsis» es griega, y significa «revelación». Igual que el resto de las Sagradas Escrituras, el último libro de la Biblia es verdadera Revelación de Dios, pero tiene una característica particular respecto de los otros 72 libros: aparece bajo la mismísima firma de Jesucristo, y no ya de un profeta como Isaías, Ezequiel, Daniel, Amós, etc., ni de un discípulo como Marcos, Lucas, Mateo, Pedro o cualquier otro; lo escribe el apóstol san Juan cuando está deportado en la isla de Patmos «a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús» (Ap 1, 9), pero él es sólo un instrumento. De ahí que comienza: «Revelación de Jesucristo» (Ap 1, 1). Y al final, en el epílogo, el Señor vuelve a manifestar su autoría: «Yo, Jesús, he enviado a mi Ángel para daros testimonio» (Ap 22, 16); «Dice el que da testimonio de todo esto: ‘Sí, vengo pronto'» (Ap 22, 20).

¿POR QUÉ TANTO SÍMBOLO?

Sin duda el Apocalipsis es el escrito con más símbolos en toda la Biblia, tanto que a su estilo ya se le considera un verdadero género literario, usado también en otros textos de las Escrituras. El género apocalíptico está presente, por ejemplo, en el libro de Daniel (especialmente en los capítulos del 7 al 12), en los capítulos 24 al 27 de Isaías, en Ezequiel 40 al 48, en Zacarías 9 al 14, en el capítulo 2 de Joel, o en Mateo 24 al 25, Lucas 21 y Marcos 13.

Con tanta saturación de signos pareciera casi que la intención era que no se entendiera. Y algo hay de esto en el sentido en que apunta el padre Félix Struik, o.p., en su libro El Apocalipsis al alcance de todos: «Es casi un lenguaje secreto, así como se usa en la guerra para que el enemigo no pueda descifrar el mensaje puesto en clave. Pues no olvides que el Apocalipsis fue escrito en tiempo de persecución, y que el autor no quería que las autoridades imperiales entendieran sus palabras, aun en el caso de que una copa de su libro cayese en sus manos».

UN LIBRO PARA PERSEGUIDOS

Así como el libro de Daniel fue escrito unos 160 años antes de Cristo, cuando el imperio griego dominaba Palestina, se prohibía observar la Ley de Dios y el culto en el templo de Jerusalén había sido sustituido por la adoración al dios Zeus -es decir, cuando el antiguo pueblo de Dios era perseguido en su propia tierra y ya todo parecía perdido-, y entonces el profeta Daniel recibe visiones celestiales a fin de animar la fe de los judíos, así también san Juan recibe las revelaciones del Apocalipsis en tiempos de terribles ataques a los cristianos por parte del imperio romano, cuando parece que Dios se ha olvidado de su Iglesia o, al menos, cuando no se nota que Él esté haciendo algo por poner un alto a sus enemigos.

Aunque normalmente se considera que el Apocalipsis se escribió hacia el año 95, el libro en realidad se redactó en dos fases; la primera, aproximadamente entre los años 64 y 68, es decir, en los años de la persecución cristiana emprendida por el emperador Nerón; mientras que la segunda fue entre el 94 y el 96, durante la persecución lanzada por el emperador Diocleciano. Y precisamente por haberse elaborado en dos períodos distintos sucede que algunas visiones aparecen duplicadas, aunque con ciertas variantes.

LLENO DE ESPERANZA

El Apocalipsis es, pues, para cristianos perseguidos, necesitados de consuelo y de luz para continuar caminando aunque parezca que Dios ha fracasado. Pero no: el Señor Jesús permanece con su Pueblo, y verdaderamente tiene en sus manos el hilo de toda la historia humana; nada escapa a su poder ni a sus designios. Este libro, quizá el más bello de la Biblia, da testimonio de que la Iglesia, aunque por un tiempo tenga que sufrir por su testimonio de Cristo, finalmente saldrá vencedora contra Satanás y sus huestes, y los fieles del Señor recibirán el premio eterno. Siendo así, los cristianos no tienen nada que temer.


Lo que hay que saber antes de leer el apocalipsis

+ No es un manual de historia futura, que relate una secuencia ordenada de hechos antes de que ocurran.

+ Se mueve entre el pasado, el presente y el futuro.

+ También brinca una y otra vez entre escenas en la Tierra y visiones del Cielo.

+ Abunda en imágenes con un sentido simbólico: las antorchas, la Mujer, la serpiente, la bestia, etc.

+ En conjunto esas imágenes no suelen tener sentido; hay que buscar la significación de cada detalle en particular.

+ Imágenes iguales tienen a veces sentidos diferentes en distintos momentos.

+ Hay cerca de 500 alusiones al Antiguo Testamento, por lo que, con su ayuda, se entiende mejor el Apocalipsis.



¿Es verdad que sólo se van a ir al Cielo 144 mil personas?

Escribe san Juan en el Apocalipsis acerca de144 mil personas con el sello de Dios (7, 2-5), que cantan un canto que nadie puede aprender sino los 144 mil rescatados de la Tierra (14, 1-5).

La secta Testigos de Jehová, cuando era muy poco numerosa, creía que esos 144 mil eran sus miembros, y que cuando completaran la cifra vendría el fin del mundo. Pero como ya hay varios millones de jehovistas, ahora enseñan que de ellos sólo 144 mil se van a ir al Cielo, mientras que el resto de la secta va a ser salvada pero se va a quedar para siempre en la Tierra, constituyendo la multitud de toda raza, pueblo y lengua que dice en Ap 7, 9.

La verdad es que el 144 mil es un número simbólico. Se forma multiplicando 12 x 12 x 1000, y ya se sabe que 12 significa la cifra de los elegidos o de la plenitud (por eso son 12 las tribus de Israel y 12 los Apóstoles); así el primer 12 se refiere a los salvados del Antiguo Testamento, y el segundo 12 a los salvados del Nuevo Testamento, mientras que el mil significa «innumerable». Así, 144 mil simboliza a todos los salvados, o sea a la misma «muchedumbre inmensa, que nadie podía contar».

Por si queda alguna duda, esa muchedumbre inmensa e incontable aparece «de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos». El lugar del trono es el Cielo, no la Tierra (4, 1-2), así que la multitud de los salvados llegará al Cielo. Las vestiduras blancas son símbolo de la salvación, y las palmas, de triunfo; de no llegar al Cielo no habrían triunfado.

 

Apocalipsis - juicio



¿Es verdad que es bueno desear que el Señor ya venga y castigue al mundo?

Responde monseñor Charles Pope, párroco de San Cipriano en la arquidiócesis de Washington

El padre Charles Pope, especializado en Sagradas Escrituras, aborda en un artículo de su blog una cuestión en forma de pregunta: «¿Estás realmente preparado para la venida del Señor?».

Porque hay en su círculo muchos cristianos que hablan «con gran convicción de que el Señor puede venir pronto, o al menos traerá un gran castigo sobre el mundo; hay casi un deseo de que eso ocurra», dice. Y ese deseo tiene, desde luego, una base bíblica; el Nuevo Testamento se cierra en el Apocalipsis con unas palabras muy claras: «¡Ven, Señor Jesús!». Y la misma liturgia incluye, después del Padrenuestro en la Misa, una oración sobre esa venida: «Líbranos Señor de todos los males y concédenos la paz en nuestros días, para que ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres del pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la venida gloriosa de nuestro salvador, Jesucristo».

Hay, pues, concluye monseñor Pope, un deseo «apropiado» de la segunda venida del Señor. Sin embargo, «tampoco debemos olvidar el contexto de ese deseo. El contexto lo constituyen el arrepentimiento y la humildad, lo constituye nuestra necesidad de ser purificados y apartados del pecado para estar preparados» para ese día del Señor.

Las palabras del Apocalipsis, pues, suceden «sólo tras un periodo de intensa purificación para la Iglesia», con «sufrimientos purgativos y persecuciones a los fieles». El deseo de esa venida, pues, tiene que estar enmarcado por una gran humildad, suplicando la gracia de la misericordia no sólo sobre nosotros, sino sobre el mundo entero.

«El peligro que hay que evitar en nuestro deseo de la venida del Señor -aconseja monseñor Pope- es una noción triunfalista de que ‘Dios le dé al mundo el castigo que merece'. Porque al pedir a Dios que aplaste a los malvados, no deberíamos presumir con demasiada facilidad de que nosotros no estaremos entre los aplastados».

Monseñor Pope insiste en que para el cristiano es legítimo y obligado esperar la Segunda Venida de Cristo; sólo insiste en el contexto: arrepentimiento y necesidad de la gracia salvadora de Dios. «¡Sí, Señor, ven! -concluye- Pero, por favor, prepáranos para ese grande y terrible día, el día del sobrecogimiento. ¿Qué podré alegar en mi debilidad? ¿Quién intercederá por mí?...Líbranos del orgullo que nos hace olvidar que necesitamos tu misericordia todos los días, como la necesitan nuestros enemigos y quienes Te rechazan».
Fuente: Religión en Libertad

¿Es verdad que la Iglesia católica es la Gran Ramera?

El Apocalipsis habla de la Gran Ramera que se asienta sobre siete colinas, y que es la Gran Babilonia, madre de todas las abominaciones, y se embriaga con la sangre de los mártires (c. 17). Muchas sectas aseguran que se trata de la Iglesia católica, pues Roma fue construida sobre siete colinas, y la de los católicos es la «Iglesia Romana» y el Vaticano está en Roma.

Tal afirmación es producto de la ignorancia. Si bien Roma antigua se asentó sobre siete colinas, que son Aventino, Capitolino, Celio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal, y que san Juan hacía alusión a ella como símbolo del poder político mundial, nunca pretendió decir que la Gran Ramera fuera la Iglesia católica; al contrario, la Iglesia católica era la que estaba siendo perseguida y martirizada por la Gran Ramera. Además, la colina Vaticana no forma parte de las siete colinas de Roma, aunque al paso de los siglos la capital de Italia creció tanto que acabó rodeando al Vaticano. Pero hasta políticamente el Vaticano es otro país, independiente.

Además, aquello de «Iglesia Católica Romana» o «Iglesia Romana» es un nombre despectivo inventado por el protestantismo. La Iglesia católica no es local sino universal.

 

Apocalipsis



¿Es verdad que todos las cifras del Apocalipsis son simbólicas?

Al menos la mayoría de ellas. Y para entenderlas es de gran utilidad recurrir a pasajes del Antiguo Testamento que también las manejan.

Algunos ejemplos de significado de los números apocalípticos son los siguientes:

+ El 2 se utiliza para dar solidez, para reforzar. Por eso se habla de los Dos Testigos (11, 3-7).

+ El 7 significa perfección. Por eso el Cordero (5, 7) aparece con siete cuernos (tiene la plenitud del poder y la fuerza) y con siete ojos (tiene la plenitud del conocimiento). Es el número que más abunda en el Apocalipsis.

+ El 6, como es uno menos que el 7, significa imperfección. Por tanto, el 666 de Ap13, 18, además de que concuerda plenamente con la numerología hebrea para «NeRUN QeSaR» (Nerón César), también indica la imperfección total, el mal.

+ 3 1/2 referido a un número de años (tres años y medio, 42 meses o 1,260 días) desde el libro del profeta Daniel simboliza la duración de una persecución, y, a la vez, siendo la mitad de 7, significa que es un período corto (cfr. Mt 24, 22), o sea que la prueba no se extiende más allá del tiempo que los fieles son capaces de soportar. En el Apocalipsis la cifra aparece en 11, 2 y en 13, 5.

Si en un futuro se evidenciara que algunas de esas cifras tenían un significado literal, no por eso debe desdeñarse su simbolismo. Es como en el caso de los sacramentos: literalmente son siete, pero el hecho de que Dios nos diera siete y no nueve o veinte es porque, además de la capacidad de éstos para verdaderamente comunicarnos la Gracia divina, Dios también nos está instruyendo a través de este número .

¿Es verdad que la Mujer vestida de sol y la luna bajo sus pies no es la Virgen María?

Los comentarios a pie de página de la mayoría de las Biblias católicas acerca de la visión de san Juan sobre la Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas (c. 12) dan esta interpretación básica: la Mujer simboliza al pueblo de Dios del Antiguo Testamento que da a luz al Mesías, y es también la Iglesia. Las sectas se pescan de esto para asegurar que esta visión nada tiene que ver con la Virgen María.

Sin embargo, en el comentario de la Biblia de Jerusalén encontramos: «¿Quiso Juan simbolizar también a la Virgen, nueva Eva, con la imagen de la Mujer? Parece probable». Benedicto XVI despeja las dudas: «Esta Mujer representa a María, la Madre del Redentor, pero representa al mismo tiempo a toda la Iglesia, el Pueblo de Dios de todos los tiempos, la Iglesia».

¿Es verdad que el Papa es el Falso Profeta?

En el siglo XVI Martín Lutero inventó que el Papa era el Anticristo. Pero hoy está más de moda decir que Juan Pablo II o Benedicto XVI son el Falso Profeta o segunda Bestia de que habla san Juan:

La primera Bestia (13, 1-10), con siete cabezas y diez diademas (por los siete emperadores del Imperio Romano y por sus diez reyes vasallos), representa a cualquier poder político totalitario, o sea el que se pone en el lugar de Dios y exige absoluto acatamiento. También representaría al Anticristo. La segunda Bestia, o Falso Profeta (13, 11-5; 19, 20), que apoya a la primera, es un poder religioso o una persona del ámbito religioso que pervierte la doctrina y se pone en el lugar de Cristo; por eso «tiene dos cuernos como de Cordero, aunque habla como Serpiente».

Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI encajan en el perfil del Falso Profeta; ambos han anunciado a Cristo y denunciado los Estados totalitarios; Benedicto XVI recibe miles de ataques por ello. El Papa no es, pues, ninguna de las dos Bestias del Apocalipsis, sino víctima de éstas.


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