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La cultura del mal

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James V. Schall, S. J.
2010
(cortesia http://www.thecatholicthing.org)

 

Hace unos 15 años Robert Reilly en la National Review escribió un ensayo con el título "La Cultura del Vicio" (se puede encontrar aquí). Muchas veces he regresado a este ensayo breve pero remarcable. Más que cualquier otra cosa explica casi todo lo que yo sé respecto a lo que ha sucedido recientemente a nuestra cultura y aclara el por qué.

Comienza con la cita famosa de Aristóteles que los hombres inician revoluciones por motivos que provienen de sus "vidas privadas". Platón había enseñado anteriormente que el desorden en el alma, especialmente en las almas de los atractivos y de los con talento, eventualmente resultaría si no se corrige en un desorden de la política.

Reilley explica cómo sucede esto. En el fondo el bien y el mal intercambian su puesto tanto en las costumbres como en la ley. El mal sigue siendo el mal. El bien  sigue siendo el bien. Esto no cambia ni puede cambiar. Sin embargo podemos pretender que las dos cosas se transformen la una en la otra.

"Vicio" es un término técnico. Significa una manera mala y perniciosa de vivir por medio de la cual nos acostumbramos a nosotros mismos a escoger siempre el mal y no lo que es correcto. Nuestra libertad es tal que podemos hacerlo. "Virtud" es lo opuesto del vicio.

Hábito es la costumbre de escoger lo que es correcto pero no siempre. Aristóteles llamaba esto "continencia" y cuando más bien elegimos lo que es incorrecto pero no siempre lo llamaba "incontinencia". El pensaba que la mayoría de las personas generalmente ocupaban una de estas dos posiciones medianas.

Aristóteles sin embargo era consciente de la probabilidad que aquellos que en su propia alma  escojan el mal llevarán la corrupción al resto de la sociedad. Este proceso de tumbar el bien y de llamar al mal como algo bueno eso es lo que quiere significar Reilley cuando habla de la "cultura del mal".

En el fondo este es el proyecto que C. S. Lewis cierta vez subrayó cuando se hace del mal un bien y de lo que es bueno un mal. Este último hecho no posible hacerlo. Sin embargo uno puede crear la apariencia que sí se puede. Este es el poder de la opinión pública y de la ley positiva

Reilly ilustra este proceso con el método con el cual la homosexualidad y al aborto llegaron a considerarse "derechos" y "virtudes". Los dos siguen siendo lo que son, por supuesto, y no importa como se les llame. Es decir su efecto de corrupción se manifestará aunque nos neguemos reconocerlo.

Lo brillante del ensayo sin embargo es la visión clara del proceso por medio del cual lo que originalmente es considerado como vicio puede con el tiempo llegar a llamarse "virtud" o "derecho". El problema principal a primera vista no aparece en el orden público.

Las etapas generales son las siguientes: el primer paso es la simpatía. No reconocemos la ley natural en las cosas y especialmente en las cosas humanas por medio de la cual sabemos qué son estos vicios. Reclamamos simpatía en favor del que lo practica. En el caso de rechazar el arrepentimiento o rechazar el buscar perdón necesariamente llega a odiar a un mundo que define el vicio como vicio. Y entonces arremete contra el mundo no contra su propia alma.

 La última etapa: lo que alguna vez se llamaba virtud se convierte en vicio.

 

         (‘La Inocencia entre la Virtud y el Vicio’ Marie Guillhelmine Benoist, 1790)

Todos deseamos que los demás nos quieran. Tolerar el vicio es el siguiente paso. Se trata de un caso excepcional pero no le damos importancia porque es algo totalmente privado. Pero es lo que decíamos. No podemos aceptar la distinción entre práctica y tendencia. Tenemos un "derecho" de practicar nuestro vicio. La palabra "derecho" es muy vaga pero muy poderosa en nuestra cultura.

Si tenemos un "derecho" entonces no puede haber nada malo en lo que hacemos. Los que insisten que algo es malo estos están "discriminando”.  La ley debe garantizar nuestro "derecho" de practicar lo que nosotros definimos como bien. Para lograr esto tenemos que eliminar del mundo cualquier vestigio de aquella manera de pensar que tilda ciertas actividades como malas y contra la naturaleza.

Desarrollamos una teoría propia del cosmos. No entraña nuestra teoría nada acerca de lo que somos realmente. Nuestra libertad de este tipo significa que es nuestro "derecho" el poder adaptarnos a lo que apetezcamos. No existe un estándar de lo humano.

El paso final convierte lo que alguna vez fue llamado virtud en vicio. Además cobra forma en la ley civil. Nadie puede cuestionar la legitimidad del vicio que se ha convertido en virtud. Toda la estructura de educación, del trabajo, del ejército, del gobierno y de la religión tiene que conformarse con esta nueva "ley" que es norma para todos.

Cuando se explica de esta manera entonces podemos ver que esto essecularización y relativismo realmente el sendero que ha seguido el proceso cultural occidental durante el reciente pasado. Los vicios "privados" se han convertido en ley pública obligatoria para todos. Todo esto es muy razonable como habitualmente trata de presentarse el vicio. La descripción de Reilley y la proyección de nuestros vicios interiores en la cultura es fascinante.

También llama la atención en su análisis el hecho que nadie puede vivir simplemente con sus propios pecados si elige de no reconocer lo que son. Tiene que insistir que sus pecados sean reconocidos como un bien. La cristiandad desde hace mucho ha expresado la sospecha que no existen pecados puramente "privados". El ensayo de Reilley explica el por qué. Es, como digo, un ensayo remarcable.

 

 

 


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