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Domingo 16 del Tiempo Ordinario A - 'El Trigo y la Cizaña, El Grano de Mostaza, La Levadura' - Catequesis preparatoria para niños: preparemos la Acogida de la Palabra de Dios durante la celebración de la Misa dominical parroquial

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1. Pasaje del Domingo

2. Catequesis: El contagio del buen fermento.

3. Vivencia

4. Liturgia

5 El Niño

6. Condición previa

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

1. Pasaje del domingo

  Evangelio:  Mt 13, 24-43: “Dejadlos crecer juntos hasta la siega”

 

2. Catequesis: El contagio del buen fermento.

2.1.1 Meta

Es un hecho lamentable que cuando colocamos una manzana buena al lado de la manzana podrida, no es la buena que contagia a la mala sino es al revés. Sin embargo, en el ámbito moral puede  y debe suceder lo contrario porque contamos con la ayuda de Dios y del Reino. Es de primordial importancia el buen ejemplo  para respaldar  la palabra anunciada pero sólo es eficaz cuando viene desde Dios.

 

2.1.2 La Catequesis

Ejercicio

Unos niños voluntarios se colorean la mano con  tiza colorada y dan la bienvenida a los demás niños con un buen apretón de mano conforma llegan, de manera que coloreen la mano a los niños de la catequesis. La experiencia se vuelve  impresionante cuando se trata de  un color que sólo sale cuando se utiliza un líquido determinado. (¡Cuidado con la ropa!). Se puede hacer inclusive con un color que sólo es visible cuando se prende la luz infrarroja. ¿Se pueden imaginar las posibles aplicaciones? Se les podría denunciar que no tienen las manos limpias. Los niños levantan la mano y las manos no están manchadas. Se enciendi la luz infraroja. La mirada de Dios, la iluminación del Espíritu Santo, el discernimiento cristiano permite ver el pecado donde dicen que no hay. La aplicación consistiría en buscar juntos como lograr esta visión. Pero volvamos a lo  más sencillo de la tiza. El catequista revisa las manos de todos los que entran y los encuentra a todos con las manos manchadas. Les da unas servilletas para limpiarse

 

El contagio

Por favor, levanten todos la mano derecha.  Ahora están limpias. Pero ¿qué les pasó a la entrada?... (Se deja que los niños cuenten como se pintaron, cuál era su reacción y qué hicieron). Les voy a contar dos historias y ustedes me dirán cuándo les hubiera gustado participar.

Esto sucedió hace muchos años. Un señor estaba muy molesto porque le robaban incluso en su casa. Ya que no podía deslindar responsabilidades llamó a un hombre sabio y le pidió que resolviese el problema, que descubriera  quién era el ladrón. El sabio vino con  una gallina negra a la que había embadurnado con betún y rociado con hollín. Reunió a todos los obreros y les dijo:”Esta es una gallina mágica. Cada uno se acercará y pasará la  mano sobre las plumas de la gallina. La gallina, al tocarla el  culpable,  lo descubrirá. Sabremos en seguida quién es el ladrón”. Uno por uno pasaron la mano sobre las plumas de la gallina. Al final el sabio dijo:”Levanten todos la mano”. Y sin titubear se acercó a uno y lo le dijo: “Señor, usted es el ladrón”. Asustado el hombre confesó. Se pudo recuperar todo lo robado. El señor le preguntó cómo lo había logrado. El sabio contestó:”Muy sencillo. Miré las manos y el que no tenía ni hollín ni betún en la mano, este era, porque no tocó la gallina por miedo que le iba a delatar. Y este  era  el culpable porque todos los que  tenían hollín en la mano. Habían tocado sin miedo  la gallina porque eran inocentes. El ladrón no se atrevió a tocarla”. Este contagio era bueno porque todos los que  tenían hollín en la mano, habían tocado sin me miedo a la gallina porque eran inocentes.

Otro caso de contagio lo encontramos en la historia de unos secuestradores que se habían llevado a la hija de un señor acaudalado. Pedían como rescate un millón de dólares. El señor convino porque quería recuperar a su hija. Pero antes de entregar el dinero la policía roció el dinero con un polvo amarillento y avisó a todos los bancos que avisaran enseguida cuando se presentara alguien con dedos amarillos. Ya el día siguiente de la entrega del rescate un banco avisó:”Hay un señor en el banco que tiene los dedos amarillos". La policía acudió enseguida y lo tomó preso. Este confesó el lugar donde tenía escondida a la niña y felizmente fue recuperada.

Como ustedes ven, hay buenos y malos contagios. Ahora les digo que hay un contagio que es el mejor y un contagio que es el peor del mundo entero. Ustedes pueden recorrer todo el mundo y no encontrarán un contagio mejor o peor. Es un contagio interior, un contagio del alma. ¿Cuál será el contagio peor de todo el mundo que uno no puede quitarse con nada a no ser que con una buena confesión? (el pecado) Exacto, porque el pecado contagia el alma,  la ensucia, la hace fea a los ojos de Dios porque se tiene que retirar el Espíritu Santo de nuestra alma.

Ahora vamos a pensar cuál será entonces el contagio más precioso del todo el mundo. Vamos a escuchar el evangelio y pronto lo van a entender

 

SE LEE EL EVANGELIO (Mt 13,33)

 

El fermento que contagia

Saben ustedes para que sirve el fermento Sirve para contagiar bien a la harina para que se convierta en un buen pan. Miren aquí les he traído dos panes: uno se ha hecho sólo con harina y el otro con fermento. ¿Cual es la diferencia? (el uno está muy chato y el otro más grande).  Así es con el fermento crece el pan, se expande. Algo similar hace el reino de Dios. Donde entra al hombre este comienza a crecer, se vuelve más fuerte, más bondadoso, más generoso.

 

Debemos ser fermento

Un grupo de muchachos se fue a pedir a un colegio que les dejaran utilizar la cancha para jugar fulbito y luego la ducha para lavarse. El encargado les dio permiso bajo la condición que todo lo pongan luego en orden. Jugaron su partido. Luego de haberse duchado todos estaban muy cansados como para  poner las cosas en orden. Sólo el más chiquito comenzó a guardar las o cosas y secar el piso. Los demás se burlaron. Pero  de  repente uno se levanta de la banca y le ayuda, luego otro y al final todos estaban ayudando y en un santiamén todo estaba arreglado de manera que el encargado los alabó por su limpieza.

Llevamos el reino de Dios en nuestro corazón. Lo que debemos hacer es dejar que fermente todos nuestros pensamientos. ¿Cómo son los pensamientos fermentados, contagiados por el reino de Dios?... Igualmente el reino de Dios debe fermentar todos nuestras palabras. ¿Cómo son las palabras fermentadas por el reino de Dios?... También nuestras obras deben ser fermentadas por el reino de Dios. ¿Cómo son estas obras?... Cuando están fermentados nuestros pensamientos, palabras y obras entonces fermentaremos a los demás casi sin darnos cuenta. Pero para que esto pueda suceder, primero debe haber fermento del reino en nosotros mismos. Por eso, durante esta semana vamos a dejar que Dios contagie nuestros pensamientos, palabras y obras. Nuestro lema será: Todo se lo doy a Dios: pensamientos, palabras y obras.

 

3. Vivencia

Se cortan tiras largas de papal y se dibuja encima una especie de termómetro. Al costado del termómetro se dibuja una flecha que comienza desde la base y llega hasta la punta del termómetro.  En la punta se escribe: Reino d Dios. En la graduación del termómetro se  colocan las diferentes dimensiones de la vida: comidas, juegos, pensamientos, trato con los hermanos, relación con los padres, tareas, colegio, etc. Abajo en el termómetro se imprime a modo de empleo: Contagia con el reino de  Dios la vida de todos los días. Cuando has dejado que  se contagie uno de estas áreas con el reino de Dios puedes llenar este espacio con pintura azul. Trae el termómetro del reino al templo el domingo para regalárselo a Jesús en la Misa.

 

4. Liturgia

 Podríamos insistir esta vez en la pronunciación fervorosa de las primeras palabras que se dicen en la Misa.  Pídale al sacerdote a que invite a toda la comunidad a pronunciar con él al comienzo de la Misa: “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. Se repita en el ensayo varias veces hasta que todos los niños pronuncien las palabras con alegría y devoción. ¡Qué estímulo para los niños si toda la comunidad hace lo mismo y todos los domingos! Sugerimos a los niños que  queremos “contagiar” todo nuestro ser con la Santísima Trinidad para poder celebrar la Santa Misa con alegría y fervor.

 

 

5 El Niño

Los adultos frecuentemente tenemos que hacer un esfuerzo consciente para dar testimonio. Pero todos hemos tenido experiencias cuando Dios se nos ha manifestado de manera especial. Lo que hace falta es crecer en la fe  y en la confianza de que Dios actúa así y en cada momento en nuestra vida aunque nuestro sentimientos o nuestras experiencias no estén a la altura de esa realidad.  Mucho me temo que es nuestra culpa la “temperatura tibia” de nuestra fe  porque Dios no falla ni disminuye la intensidad de su amor ni un segundo de nuestra vida. Quizás hemos reaccionado alguna vez y el Señor nos ha permitido “contagiar” a otros. Pero muy pronto las cosas han cambiado. La rutina y el “¿qué dirán?” nos han hecho revertir a los modales anodinos del cristiano tibio de siempre.  Por favor, no estamos hablando de una efervescencia emocional religiosa especial, de “sentir a Dios”. Estamos hablando de la realidad que se presenta que cuando dejamos que el Espíritu Santo obre en nosotros. Entonces suceden “cosas”. Aunque sean sólo unas palabras sosegadas tienen el poder de “contagiar”. Aunque no hayamos hecho nada especial se genera algo como un nuevo ambiente. ¿Tenemos que lamentar que esto sucede sólo “una vez a las quinientas? Algo no marcha bien en nuestra vida.

 Ahora bien, los niños, en cambio, son más espontáneos y cuando ha sucedido algo importante se lo cuentan a todo el mundo. ¿Se atreve? Hagamos una encuesta entre los padres de familia de los niños de la catequesis. Preguntemos qué impresión han ganado del catequista  con sólo escuchar de sus hijos cuando cuentan en casa lo que sucedió en la catequesis. Los niños son sus testigos. Si el catequista está lleno del Espíritu Santo, de alguna manera su palabra “contagiará” y los niños fácilmente se convierten en testigos de Jesucristo. Animemos a los niños a dar testimonio. ¿Cómo? Facilitándoles en cada catequesis un encuentro vivo con Jesús. Hemos visto a más de un niño que ha evangelizado a su familia. Los padres y hermanos que se había alejado de la Misa, volvían de nuevo a formar parte de la asamblea eucarística dominical.

 

 

6. Condición previa

Hemos visto también a adultos que suelen dar este tipo de testimonio “contagiante” sin mayor esfuerzo. “Les nace”, decimos. O, como solía decir una figura cómica de un programa de TV para niños: “Les chispotea”. Generalmente han tenido un encuentro profundo con Cristo y su corazón está lleno de su amor. Por eso necesitan hablar de él. Cuando el corazón de usted  está frío, su entusiasmo se ha adormecido. Entonces haga oración perseverante. (Se supone que se confiesa regularmente en un ritmo que no excede el mes y medio). En caso de mucha recalcitrancia, es decir, que no hay cambio en su persona - ¡no estamos hablando de emociones, por favor! -  haga ayuno. Verá que Dios no se queda callado. Todo el contrario. Pasará con fuerza y verá el efecto en los niños y en la propia vida.

 

 

 

 

 

Queremos ayudar  a que los niños, por medio de  la catequesis dominical, puedan compenetrarse de la Palabra de Dios proclamada durante la Misa Dominical Parroquial. De ningún modo queremos dar pie al terrible malentendido como si pretendiéremos colaborar en sustituir la Misa Dominical de la Comunidad Parroquial con una Misa para Niños. 
Tenemos   una seria acusación al respecto.

 

 

 

 



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