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Domingo 19 del Tiempo Ordinario A - 'Mándame ir hacia ti sobre el agua' - Iglesia del Hogar: en Familia, como Iglesia doméstica, preparamos la Acogida de la Palabra de Dios durante la celebración de la Misa dominical parroquial

 

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1. Introducción a la Palabra

1.1 Primera Lectura(1 Reyes 19,9a.11-13a)

1.2 Segunda Lectura (Romanos 9,1-5)

1.3 Evangelio: San Mateo 14,22-33

2. REFLEXIONEMOS

2.1 Los Padres

.2 Con los hijos

3. Relación con la Misa

4. Vivencia familiar

5.- nos habla la Iglesia

6. Leamos la Biblia con la Iglesia

7 .Oraciones

7.1 Dialogo con San Felipe Neri sobre la oración

7.2 Oración sobre la oración

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

1. Introducción a la Palabra

1.1 Primera Lectura 1R 19,9a.11-13a: “Aguarda al Señor en el monte”

Esta lectura invita a ofrecerles una reflexión sobre la necesidad de crear ”islas de silencio”,”desiertos” en vida personal. Aunque estemos repitiendo una verdad que hemos reflexionado en otro domingo no es para menos. Generalmente el Señor no se hace  presente con bombos y platillos. No viene en el huracán, el terremoto, el fuego. Elías encuentra al Señor en un suave susurro de un viento apenas perceptible. Si Elías hubiera estado ocupado en echar cuentas del balance mensual de su casa, si hubiera estado viendo televisión, si hubiera conversado con sus amigos, si hubiera estado haciendo mil cosas buenas no se habría percatado que Dios estaba ahí para visitarlo.

Los problemas del día, nuestras preocupaciones, anhelos y angustias son como la música de un carnaval o de un parque de diversiones, interminable y estridente. ¿Quién escucha el suave susurro de una brisa? Es imposible. Por eso tenemos que acallar por lo menos algunas veces al día esta estridencia. Necesitamos estar a solas, y esperar a descubrir el Señor Que hace rato está tratando de comunicarse. Sino se realiza la tragedia de muchos cristianos: el Señor los visita pero ellos no están en casa, en la casa de su corazón; es decir,  no están libres sino sacudido por el ajetreo continuo de las cosas y de las personas que le rodean a uno. Es difícil para unos padres de una familia numerosa o con niños pequeños, tener un momento de tranquilidad. Pero así como los hijos aprenden a respetar el descanso o la siesta del papá, así pueden también aprender a respetar el momento de silencio de la oración. Esto es amar a Dios sobre todas las cosas: Darle a El más importancia que e nuestras cosas y problemas. Y no diga que es imposible. Usted está un rato a solas en el baño, ¿o no?

Les animo a que lean toda la historia que comienza con el primer versículo del capítulo 19. Elías sufre persecución, tiene que huir y pierde las ganas de vivir. Dios lo hace caminar en la soledad, lo  despoja de todo lo que puede entorpecer el encuentro con él. ¿Acaso Dios no ha  introducido en nuestra vida una “espina”, un problema, una angustia, un sufrimiento para llevarnos al desierto, al monte del encuentro? Nos quejamos:”Señor, ¿cómo lo puedes permitir?” y justamente allí está la mano del Señor para librarnos. La concha dura de nuestro ensimismamiento necesita a veces un cuchillo muy fuerte.

Pero dejemos darle vueltas a nuestras dificultades. Entendemos fácilmente que no hay encuentro con Dios sin “el desierto”, sin las “islas de silencio” en medio de nuestros días ajetreados. Lo que deberíamos reflexionar y gozar y agradecer es el hecho que Dios nos vivita, que quiera entrar en diálogo con nosotros. Aceptemos el testimonio de la Biblia, aceptemos el testimonio de una nube de testigos a través de los siglos de la historia cristiana. E l Señor está siempre en camino hacia nosotros. Está siempre cerca a la puerta y llama. Hermano, hermana, sal a la entrada de tu existencia, Señor está y pregunta por ti.

 

1.2 Segunda Lectura Rm 9,1-5: “Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos

Pablo sufrió  insultos y persecución de sus antiguos correligionarios, los israelitas. Cualquiera se lavaría las manos de esta raza perversa y se olvidaría de ellos. Pero él se siente parte de ellos. Los ama. Sufre por ellos porque no aceptan a Jesucristo.  Aprendamos de San Pablo. No caigamos en un fácil desprecio de los que rechazan el mensaje de Dios. Tampoco cometamos la insensatez de sentir envidia de la buena vida de los malvados. ”Ven películas pornográficas, se embriagan, reciben coima, hacen daño, explotan, roban y les va muy bien”. El cristiano, a ejemplo de San Pablo, trata de vivir el amor a Dios y al prójimo. Solamente así hay verdadera felicidad. Leamos el pasaje y dejémonos contagiar por el apóstol de las gentes.

 

1.3 Evangelio: Mt 14,22-33: “Mándame ir hacia ti andando sobre el agua

Miren a Jesús. Siente la necesidad apremiante de querer hablar con el Padre de los cielos. Manda a los discípulos para que se vayan. “Los a apuró”, para que no se queden a hacer la cháchara. El mismo se encarga a despedir a la gente. ¿Por qué esta urgencia? Jesús quería orar, a solas, en el monte.

Los cristianos de todos los tiempos que se han tomado a diario un tiempo para orar llegaron también a sentir esta urgencia porque se daban cuenta que se les iba la vida cuando no rezaban. Este vacío que hay en su vida sólo lo puede llenar Dios, sólo lo puede llenar la oración.

. Orar significa comunicarse con Dios, acercarse a El, apoyarse en El, “respirar el aire de Dios”, experimentar su poder. Cuando Pedro le pide a Jesús su ayuda, de repente puede caminar sobre las aguas de las distracciones, de la insensibilidad, del corazón duro y del ajetreo de la vida. Pero cuando se fija en el peligro y en los problemas que lo rodean más que en la persona de Jesús, ahí pierde la capacidad de caminar hacia Jesús. Se hunde. El que ora, muchas veces, al hundirse en las aguas de las preocupaciones, tendrá que gritar: ”Señor, sálvame”. Leamos este pasaje precioso y cobramos ánimo. Mientras miremos a Jesús y nos fiemos de El, todo lo podremos. ¿Qué otra cosa es la oración?

 

2. REFLEXIONEMOS

2.1 Los Padres

Dios es el Creador y Señor del cielo y de la tierra. Está infinitamente por en cima de todo lo que él ha creado. Ante él somos la nada. Los ángeles del cielo tiemblan ante la majestad de Dios. Tanto más debemos inclinarnos nosotros, llenos de respeto y humildad, ante la grandeza de Dios, reconocerlo y honrarlo como el Señor  supremo; debernos adorar a Dios.

Únicamente a Dios podernos adorar, porque sólo él es nuestro Creador y Señor supremo. El que convierte una criatura en su más alto señor y la adora, cae en  idolatría. Comete pecado de superstición aquel que atribuye a cosas creadas alguna fuerza misteriosa que Dios no les ha concedido.; el que intenta adivinar el futuro mediante los astros o las cartas (adivinación), o el que cree que ciertas cosas, números y días tienen decisiva influencia en la suerte. Comete pecado de hechicería el que con ayuda de los malos espíritus quiere producir fenómenos parecidos a los prodigios.

Las comunidades también proceden de Dios: familia, Iglesia, Estado. Por este motivo debemos también honrar a Dios en comunidad y públicamente. Jesucristo nos mostró como debemos adorar al Pare. Nos exhorta a que adoremos a Dios no solo exteriormente, sino también interiormente y de todo corazón. Si en nuestra oración nos unimos a Cristo, somos verdaderos adoradores del Padre. (Vea a San Juan 4,23-24).

 

.2 Con los hijos

Los fieles que viven en este mundo forman una santo comunión (=unión por comunicación o participación) cuya cabeza es Jesucristo. Oran y ofrecen sacrificios  unos por los otros, sobre todo en el culto en común. Participan de las oraciones y sacrificios y buenas obras de cada uno, en particular de las que se ofrecen mutuamente.

Los fieles de la tierra se hallan en comunión con los santos del cielo. Los santos son nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Celebramos su memoria, pedimos su intercesión y seguimos su ejemplo. Ellos, por su parte, alaban a Dios juntamente con nosotros y ruegan por  nosotros.

También por Jesucristo, estamos unidos a las almas del purgatorio. Las auxiliamos con oraciones, buenas obras, indulgencias y, sobre todo, mediante el sacrificio de la santa Misa. Ellas se muestran agradecidas y ruegan a Dios por nosotros.

Los fieles que viven en la tierra deben luchar todavía por su eterna salvación; forman la Iglesia militante. Los santos del cielo han alcanzado ya la palma de la victoria y forman la iglesia triunfante. Las almas del purgatorio deben todavía padecer para purificarse, y constituyen la iglesia purgante.

Los fieles de la tierra, los santos del cielo y las benditas ánimas del purgatorio forman todos una grande y santa comunión; todos son santificados por el Espíritu Santo y por El están unidos mutuamente. Por esto se llama esta comunidad o comunión, la comunión de los santos.

El día del juicio final, Cristo reunirá la Iglesia militante y la purgante con la Iglesia triunfante. Unirá a toda la familia de Dios en la casa del Padre. Entonces se consumará la comunión de los santos.

 

3. Relación con la Misa

La Santa Misa es la manera que Dios ha escogido con preferencia para comunicarnos con El. Jesucristo, renueva sobre el altar la alianza en su Sangre. El es el Sumo Sacerdote que hace de intermediario entre nosotros y Dios. La puerta está abierta.

 

 

4. Vivencia familiar

Muchas familias no tenemos costumbre de rezar en común. Por eso será necesario introducir la oración familiar en etapas y con mucho tino. Debe ser algo que crece orgánicamente.

Sugerimos el siguiente posible procedimiento:

a) Aunque sintamos alguna reticencia por razón de lo inusitado recemos las oraciones conocidas de vez en cuando.

b) Comencemos con bendecir la mesa antes de comer y debemos gracias luego.

c) Paulatinamente se pasa a ofrecer oraciones espontáneas en lugar de as oraciones fijas

d) La Familia realiza celebraciones de los tiempos fuertes Cuaresma, Pascua de Resurrección

e) La familia ora con las Iglesia las laudes o las vísperas ocasionalmente en momentos especiales

f) Habrá que esperar hasta que la familia siente la necesidad de un ritme regular (diario) introducirlo.

Nota: Pensamos que los padres de familia deben haber vivido este proceso antes entre los dos para estar listos a ofrecerlo a sus hijos.

 

 

5.- Nos habla la Iglesia

El Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad humana. Con su gracia la convirtió en sacramento grande en Cristo y en la Iglesia (vea Efesios 5,32). Por ello el apostolado de los esposos y de las familias tiene singular importancia tanto para la Iglesia como para la sociedad civil.

Los esposos cristianos son para sí mismos, para sus hijos y demás familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Son para sus hijos los primeros predicadores y educadores de la fe; los forman con su palabra y ejemplo para la vida cristiana y apostólica, les ayudan prudentemente a elegir su vocación y fomentan con todo esmero la vocación sagrada cuando la descubren en los hijos.

Siempre fue deber de los esposos, empero hoy constituye la parte más importante de su apostolado, manifestar y demostrar con su vida la indisolubilidad y santidad del vínculo matrimonial; afirmar con valentía el derecho y la obligación que los padres y tutores tienen de educar cristianamente a la prole; y defender la dignidad y la legítima autonomía de la familia. Cooperen, por tanto, los esposos y los demás cristianos con los hombres de buena voluntad para que se den estos derechos en la legislación civil; se tengan en cuenta en el gobierno de la sociedad las necesidades familiares en lo referente a vivienda, educación de los niños, condiciones de trabajo, seguridad social e impuestos; póngase enteramente a salvo la convivencia doméstica en la organización de las emigraciones.

La familia ha recibido directamente de Dios la misión de ser la célula primera y vital de la sociedad. Cumplirá esta misión, si, por la mutua piedad de sus miembros y la oración en común dirigida a Dios, se ofrece como santuario doméstico a la Iglesia; si, finalmente la familia practica el ejercicio de la hospitalidad y promueve la justicia y demás obras buenas al servicio de todos los hermanos que padecen necesidad. Entre las diferentes obras del apostolado familiar pueden mencionarse las siguiente adoptar como hijos a niños abandonados, acoger con benignidad a los forasteros, colaborar en la dirección de las escuelas, asistir a los jóvenes con consejos y ayudas económicas, ayudar a los novios a prepararse mejor a para el matrimonio, colaborar en la catequesis, sostener a los esposos y a las familias que están en peligro material o moral, proveer las primeras semillas del Evangelio donde la Iglesia se halla en sus comienzos, o se encuentra en algún grave peligro. Las familias cristianas dan al mundo testimonio valido de Cristo cuando ajustan toda su vida al Evangelio y dan ejemplo de matrimonio cristiano.

Para lograr con mayor facilidad los fines de su apostolado, puede resultar conveniente que las familias se reúnan en asociaciones.

(Vaticano I I  ”Apostolado de los laicos” no 11)

 

 

6. Leamos la Biblia con la Iglesia

 

L.    Deut 10,12.-22   S.22   Ez 1,2-5.24 -2,1a   S. 148    Mt 17 21—26
M.   Deut 31,1—8   Dt 32,3-4a.7-9.12    Ez 2,8 -3,4   S. 118   Mt 18,1-5.10.12-144
M.   Dt 34, 1-12   S.65   Ez 9,1-7;10.18—22    S. 112    Mt 18,15—20
J.   Jos 3, 7-10a.11.13—17   S.113 A   Ez 12,1—12    S.77   Mt 18, 21-19, 1
V.   Jos 24,1—13   S. 135   Ez 16,1-15.60.63   !s 12, 2—6   Mt 19 3-12
S.   Jos 24,14-29   S.15   Ez 18,1-10.13b.30   S. 77   Mt 19,13-15   

 

 

 

7. Oraciones

 

7.1 Dialogo con San Felipe Neri sobre la oración

 

¿Por qué debo orar?

Nada ayuda al hombre más que la oración. Sin oración el hombre no puede tener una vida espiritual. Tenemos que buscar refugio cada día en este medio poderoso para asegurar nuestra salvación.

¿Qué piensas de una persona que no reza?

Un humano sin oración es un animal sin razón.

¿Qué debo pedir ante todo?

Ante todo debes pedir la perseverancia en una vida cristiana y en el servicio del Señor porque si hemos comenzado con una vida buena y perseveramos en ella alcanzaremos un grado muy alto de perfección. Deberíamos pedir sin cansarnos por la gracia de la perseverancia.

¿Qué opinión tienes acerca de las visiones y apariciones extraordinarias?

 Hay que aferrarlos de los pies a los que buscan visiones y sueños y cosas semejantes, hay que hacerles caer al suelo violentamente para que no caigan en las redes del diablo.

¿Cuál es la meta de la oración correcta?

No hay que rezar o comulgar por devoción que sentimos al momento porque esto significaría que nos buscamos a nosotros mismos. Por eso hay que ejercitarse en ambas cosas frecuentemente para que lleguemos a ser humildes, obedientes, mansos y pacientes.

¿Qué hago cuando mi oración no es escuchada?

No debemos dejar de rezar y pedir cuando no alcanzamos en seguida lo que estamos pidiendo.

 ¿Qué hago cuando no tengo ganas de rezar?

No debemos dejar la oración porque estamos distraídos o porque nuestro espíritu está inquieto, ni aún cuando nos parece inútil continuar. Quien persevera durante el tiempo acostumbrado y serenamente trata de dirigir sus pensamientos hacia el objeto de la oración, gana un gran mérito.

¿La oración distraída tiene valor?

Cuando estamos con sequedad hagamos actos de humildad y reconozcamos ante Dios nuestra incapacidad de encontrar una solución, cuando pedimos a Dios que nos ayude, entonces  esta oración tiene valor, es verdadera oración.

¿Se puede superar la sequedad interior?

El mejor remedio contra la sequedad espiritual lo encuentro en presentarme ante Dios como mendigo y caminar corno mendigo de un santo a otro para pedir una limosna espiritual con la misma persistencia de un pobre que pide limosnas en la calle.

¿Qué hago cuando no tengo tiempo para rezar?

Quien no tiene un tiempo largo para rezar debería p elevar su alma a Dios por medio de una oracioncita jaculatoria. Es una costumbre antiquísima de los servidores de Dios tener preparadas siempre unas pequeñas oraciones para dispararlas como flechas hacia el cielo durante el día, elevándose así de la basura de este mundo a Dios. Quien acepte este ejercicio piadoso sacará mucho fruto sin mayor esfuerzo.

¿Qué hago cuando una oración, por ejemplo el padrenuestro, se vuelve rutinario?

Cuando rezamos el padrenuestro deberíamos meditar que tenemos a Dios como Padre de los cielos y luego continuar palabra por palabra para meditar cada una.

¿Qué cosa sirve para animar la oración?

No hay  ayuda mejor para animar al oración que la lectura de libros que tratan de cosas espirituales. Es muy útil para aquellos que administran la Palabra de Dios o se dedican a la oración de leer las obras de escritores que comienzan con la letra “S” como, por ejemplo, San Agustín, San Gregorio, San Bernardo.

¿Qué deben hacer los que viven en el mundo?

Los que viven en el mundo deberían ir frecuentemente a la Iglesia para escuchar el sermón, y que no olviden de leer la vida de los santos.

¿Cuándo debemos interrumpir la oración?

Dejamos la oración cuando nos llaman para servir a nuestro prójimo por caridad. No dejarnos la oración en realidad, porque dejamos a Cristo por Cristo.

(Las respuestas son expresiones literales vertidas por el santo)

 

7.2 Oración sobre la oración

Te damos gracias, Dios eterno y todopoderoso, porque nos permites hablarte como hijos a su Padre. Te damos gracias Padre, que vives en la luz inaccesible, por tu hijo Jesús en el que se manifiesta tu misericordia. Te  bendecimos y te alabamos porque podemos acercarnos al trono de tu misericordia con la  íntima seguridad que tú nos escuchas. Gracias porque podemos orar, gracias porque podemos alabar, gracias porque podemos pedirte perdón, gracias porque te podemos suplicar en todas nuestras necesidades. Danos la fe que nos asegura en todo momento que nuestras oraciones han sido escuchadas por Cristo, nuestro Señor. Amén.

 

 

 



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