LA HOMOSEXUALIDAD - Antecedentes


 

Cuadro de texto:  

 

 

ALGUNAS CONSIDERACIONES PARA EL DEBATE ACTUAL ACERCA DE LA HOMOSEXUALIDAD

 

Antecedentes científicos, antropológicos, éticos y jurídicos en torno a las personas y las relaciones homosexuales

(bajar en formato Word o PDF)

 

Autor

Mons. Fernando Chomali

 

Coautores

Prof. María Alejandra Carrasco Ps. María Marcela Ferrer E.U. Paulina Johnson

Dr. Christian Schnake

 

Centro de Bioética

Facultad de Medicina

Pontificia Universidad Católica de Chile


 

 

De los Autores

 

Mons. Fernando Chomali: Obispo auxiliar de Santiago; Ingeniero Civil de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC); Bachiller en Teología PUC; Master en Bioética por la Pontificia Universidad Lateranense;  Doctor  en  Teología por  la  Pontificia Universidad Gregoriana; Profesor de la Facultad de  Medicina y Teología PUC; Miembro de la Academia Pontificia para la Vida;  Miembro de la Comisión Doctrinal y Presidente de la Comisión Nacional de Bioética de la Conferencia Episcopal de Chile.

 

Prof.  María Alejandra  Carrasco:  Doctora  en  Filosofía por  la

Universidad de Navarra; Profesora del Instituto de Filosofía PUC.

 

Ps.  María Marcela  Ferrer:     Sicóloga Universidad Santo  Tomás; Magíster de Bioética (c) de la Facultad de Medicina PUC; Profesora de la  Dirección de Formación General de la Universidad Santo Tomás.

 

E.U.  Paulina Johnson:  Enfermera de  la  Universidad de  Chile; Post–Título en Familia PUC; Egresada del Magíster de Bioética de la Facultad de Medicina PUC; Jefe de Carrera de Orientación Familiar del Instituto Profesional ENAC.

 

Dr. Christian Schnake: Médico-Cirujano PUC; Magíster en Pediatría PUC;  Magíster de Bioética (c) de la Facultad de Medicina PUC; Profesor de bioética de la Universidad Santo Tomás.


 

 

 

PRESENTACIÓN

 

 

Este documento analiza desde diversas perspectivas el fenómeno de la homosexualidad, así como la conveniencia o inconveniencia de su legitimación social y jurídica.

 

Partiendo de la premisa –bien subrayada por la Iglesia– de que la persona  homosexual tiene exactamente la misma dignidad personal que la heterosexual, y  que en consecuencia se rechaza toda actitud vejatoria en su contra, el documento muestra los fundamentos científicos y filosóficos que permiten afirmar que este  fenómeno no se puede, sin embargo, homologar a la tendencia heterosexual.

 

Así, en la primera parte, se revisa la literatura científica en busca de una definición de la homosexualidad, de sus posibles causas y de su calificación médica y sicológica, así como su relación con el medio en el que se desarrolla la persona. A partir de esta revisión bibliográfica, que expone también los  vaivenes  históricos que ha sufrido el concepto, se concluye que la  homosexualidad no es la tendencia sexual normal del ser humano. Entre otras distinciones, cabe resaltar la que se realiza entre la inclinación o tendencia  homosexual y el comportamiento homosexual, que no siempre coinciden en la misma persona y que, desde el punto de vista moral, tienen una cualificación muy diferente.

 

La segunda parte del documento evalúa y analiza los datos obtenidos en la  primera parte, particularmente desde la perspectiva de la antropología filosófica y la ética. Aquí se fundamenta el juicio moral


 

 

 

 

negativo que se hace de los actos homosexuales y la neutralidad moral de la mera posesión de la tendencia. También se explica la influencia de la cultura en la conformación de la identidad personal y la necesi- dad de una correcta educación  sexual. Por último, se dan diversos argumentos para oponerse a la equiparación  jurídica de las parejas homosexuales y las heterosexuales.


 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

Introducción                                                                                 9

 

 

 

Primera parte: Antecedentes  científicos                                      13

 

I

Definición

15

II

Algunas observaciones

16

III

El desarrollo del ser humano en cuanto sexuado

20

IV

Raíces y causas de la homosexualidad

24

 

 

1. A la luz de la genética

 

24

 

2. A la luz de la sicología

29

 

V

 

Tendencia homosexual y comportamientos homosexuales

 

31

 

1. La tendencia homosexual

31

 

2. Los actos homosexuales

32

 

 

Segunda parte: Análisis antropológico-ético                               35

 

I

Consideraciones antropológicas

38

 

1. Concepto de género

38

 

2. Identidad personal

3. ¿Pueden equipararse las relaciones heterosexuales con las homosexuales?

40

 

 

43

 

 

II    Las personas homosexuales y la sociedad                                       46

 

1. Consideraciones jurídicas

47

2. Consideraciones  sociales y culturales

51

3. La adopción por parte de parejas homosexuales

53

4. La sexualidad humana: don y tarea

54

 

Conclusión

 

I

La homosexualidad  ¿una desviación?

58

II

El valor de la autenticidad

60

III

Resumen

61

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

 

En estos últimos tiempos hemos presenciado cómo la discusión acerca del fenómeno de la homosexualidad se ha ido haciendo cada vez más pública, con gran difusión a través de los medios de comunicación de masas y, no pocas veces, como bandera de lucha de determinadas ideologías. En efecto, la  homosexualidad en nuestros días parece ser más un tema socio-político que científico o moral, lo que en cierto sentido dificulta el análisis sereno que su  complejidad y multidimensionalidad  merece. Asimismo, la ideologización tiende a desviar la atención de los verdaderos protagonistas de este fenómeno: las personas homosexuales, quienes muchas veces viven su condición con gran sufrimiento y son víctimas de injustas discriminaciones. Este documento tiene precisamente el objetivo de entregar algunos antecedentes e instrumentos de análisis para quienes deseen formarse un juicio fundamentado y desapasionado en torno a esta compleja realidad.

 

La gran publicidad de este debate ha llevado a que, en este momento, la gente común tenga muchas interrogantes acerca del fenómeno de la homosexualidad, de su génesis y de su desarrollo. ¿Es una enferme- dad, una perversión, una  desviación  o simplemente otro modo de ser, tan normal como cualquiera? ¿La persona homosexual nace o se hace? ¿Depende  de la biología, de la sicología, de la sociología, del proceso natural de cambios culturales o, acaso, de alguna combinación de estos factores? ¿Hay uno o varios tipos de tendencia homosexual? ¿La homosexualidad  es reversible? Junto con todas estas preguntas específicas, últimamente ha surgido una nueva fuente de dudas. Muchos no saben bien  cómo  evaluar el hecho de  que  en  algunos países de Occidente se esté dando cierta relevancia jurídica a las uniones entre personas del mismo sexo, llegando  incluso  a darles el carácter de

 

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matrimonio y a permitirles la adopción de hijos (o la maternidad por fecundación artificial). ¿Qué postura se debe tomar frente a esto?

 

La rapidez con que se han ido sucediendo estos hechos y la publicidad asociada a ellos han dificultado que la gente se forme un juicio propio. Por  ello, urge una reflexión integral y objetiva que ayude a que todos tengamos una opinión madura respecto de este tema, y que permita evaluar desde un punto de vista moral el hecho de ser una persona homosexual y el de tener  relaciones homosexuales, junto  con analizar la coherencia y conveniencia socio-políticas del reconocimiento  civil de las uniones de personas homosexuales.

 

En el curso de esta reflexión, sin embargo, es importante recordar que el debate acerca de la homosexualidad se está abordando en un contexto social y  cultural muy concreto donde, especialmente en Occidente, la sexualidad humana se considera cada vez menos vinculada al matrimonio y a la procreación. En efecto, en la actualidad se tiende a relacionar la sexualidad humana mucho s con una mera forma de obtener placer que con la culminación de una relación interpersonal amorosa que se proyecta en la descendencia. Otro factor propio del siglo es la tendencia cada vez mayor a anular las diferencias  sexuales entre las personas, lo que obstaculiza el proceso educativo de los venes y les impide a veces educarse en su ser varón o mujer. Las expresiones artísticas y los contenidos publicitarios evidencian la creciente ambigüedad en esta materia, frente a la que se ve que los venes han acusado recibo a través de las preguntas que hacen a los padres y profesores. La búsqueda del gozo en el encuentro con el otro es sustituida por la s  inmediata y superficial búsqueda del placer. La dinámica cultural que niega la unidad de las dimensiones  amorosa  y procreativa de la relación

 

 

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sexual se vincula estrechamente con la equiparación de la homo- sexualidad a la heterosexualidad1.

 

No obstante, y por la misma razón por la que estos cambios culturales no se pueden condenar a priori o dogmáticamente, tampoco se pueden aprobar ni asumir sin previo análisis. En consecuencia, y para alcanzar un juicio maduro y bien fundamentado respecto de un tema tan delicado y de tanta relevancia social,  junto con el máximo de información se requiere también de una actitud  crítica y de una reflexión honesta sobre ello.

 

A la luz del valor primordial de la persona, este documento parte de la base de un rechazo a toda forma de actitud vejatoria o de violencia en contra de las personas homosexuales. Ello no contradice, como se verá en el texto, el rechazo a la actitud complaciente frente a las relaciones homo- sexuales que termina por equipararlas con las heterosexuales. Al contrario, el mismo respeto absoluto hacia la persona homosexual exige que el argumento para oponerse a ello se comprenda. En esta misma línea la Iglesia ha insistido en que, como no es adecuado reducir todo el ser de la persona a su orientación sexual, no es correcto hablar del homosexual como si fuera una categoría de persona per se, por lo que es preferible hablar de persona con tendencia homosexual,  y así ha de entenderse cuando en el texto se hable de “homosexuales o personas homosexuales. Sólo desde el primado de la persona y su dignidad se puede hacer un juicio respecto del modo como las personas viven su condición de varón o mujer.

 

Finalmente, como este estudio surge de la Pontificia Universidad Católica de Chile, se hará especial consideración a la visión antropológica y a la riqueza de la enseñanza de la Iglesia Católica en esta materia.

 

1    Cf. Melina L., Maschio e fémina li creo: Teologia del corpo”, en Di Pietro M. L. (a cura di), Educare all identità  sessuata, Brescia 2000, 97.

 

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Creyentes y no creyentes estarán de acuerdo en el valioso aporte que la Iglesia ha hecho en este debate, por ejemplo en relación con el máximo respeto que se le debe a la persona homosexual en cuanto portadora, como toda persona, de una dignidad y de un valor infinito. La Iglesia ha sido clara en este punto al plantear reiteradamente que todo ser huma- no, al margen de su orientación sexual, posee la misma identidad funda- mental: es criatura y, por gracia, también hijo de Dios y heredero de la vida eterna2. Asimismo, como el estudio también surge desde un ámbito académico en el que se conoce y reconoce la gran complejidad de este tema, se tendrá especial cuidado en informar sobre las investigaciones y conclusiones que de ellas se desprendan. La primera parte expondrá los antecedentes científicos disponibles para definir y comprender la existencia de la tendencia homosexual entre los seres humanos, y la segunda parte se centrará en el análisis antropológico, ético y político que se puede realizar a partir de estos antecedentes.

 

Este documento responde al gran interés que el tema de la homo- sexualidad está despertando entre los padres, profesores, formadores de personas, periodistas y sacerdotes. De allí que este trabajo se oriente al gran público, vale decir, a todos aquellos que sin ser expertos tienen el legítimo anhelo de conocer con mayor profundidad este fenómeno y formarse un juicio adecuado. Al mismo tiempo, este documento pretende también ser un instrumento de análisis para quienes tienen la responsabilidad  legislativa del país, puesto que Chile no es ajeno a la ideologización de este tema ni a las voces que, muchas veces por ignorancia, un mal entendido “liberalismo o incluso una supuesta caridad, quieren homologar la homosexualidad a la heterosexualidad (una opción personal e “igualmente válida”) y dar un reconocimiento jurídico a las personas del mismo sexo que deciden cohabitar.

 

2    Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas, Congregación para la Doctrina de la Fe, La atención pastoral a las personas homosexuales, Ciudad del Vaticano 1986, 10.

 

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PRIMERA PARTE

ANTECEDENTES CIENTÍFICOS

 

 

PRIMERA PARTE: ANTECEDENTES CIENTÍFICOS

 

 

I. Definición

 

 

Etimológicamente,  homosexual significa “igual (del latín homo) y sexo (del latín sexus). Encontrar una definición unívoca del concepto, sin embargo, resulta mucho s complejo que buscar su etimología, puesto que la homosexualidad se da en personas concretas, con toda la multiplicidad de sus características propias. Con todo, en la literatura científica se pueden encontrar algunas definiciones especialmente atingentes para el punto central de este estudio. En particular:

 

a. Son considerados homosexuales los individuos que en la edad adulta prueban y se sienten motivados por una atracción sexual neta y preferencial por las personas del mismo sexo, y quienes tienen habitualmente (pero no obligadamente) relaciones sexuales con ellas3.

 

b. “(La homosexualidad) se presenta como la condición humana de una persona que, a nivel de la sexualidad, se caracteriza por sentir- se condicionada a expresarse sexualmente sólo con las parejas de su mismo sexo4.

 

c. “(La homosexualidad) es una anomalía que consiste en la des- viación de  la atracción afectivo-sexual,  debido a la cual el sujeto

 

 

 

3    Giunchedi F., Eros y norma,  Roma 1994, 92. Definición que se encuentra presente tam- bién en Marmor J., L inversione  sessuale, Milán 1970, 9.

4    Cesari G., Natura ed interpretazione dell’omosessualità”, en Sgreccia E., (a  cura di) AIDS Problemi bioetici correlati con la clinica l epidemiologia  e le implicazioni  socio-culturali della sindrome da inmuno-deficienza acquisita, Bologna 1998, 100.


 

 

 

 

prueba e incluso practica relaciones sexuales  con personas de su mismo sexo5.

 

d. “Consideramos que es homosexual aquel individuo, varón o mujer, que siente atracción erótica hacia miembros de su propio sexo6.

 

e. En sentido estricto la homosexualidad está dada por el comportamiento homosexual estable, arraigado en una forma específica de la personalidad que rechaza a la mujer como compañera sexual (o al varón como compañero sexual en la homosexualidad femenina)7.

 

f. El homosexual es aquel individuo, varón o mujer, que en la edad adulta  experimenta permanentemente una  atracción erótica hacia personas del mismo sexo, y que habitualmente realiza también con ellas actos genitales8.

 

 

 

II. Algunas observaciones

 

 

De estas definiciones se pueden ya extraer algunos datos importantes. En primer término, considerando que la persona humana sólo se encarna sexuada, vale decir, según lo masculino o lo femenino, la persona homosexual es necesariamente varón o mujer. Ello se debe a que la identidad sexual está íntimamente relacionada con la identidad personal (biológicamente expresada) que es masculina o femenina. De

 

5    Sgreccia E., Manuale di bioetica. Aspetti medico-sociali, Milán 2002, 139.

6    Ruse M., La homosexualidad, Madrid 1989, 15.

7    Zuanazzi G., “La condizione omossesuale, definizione e fattori causali”, en  AA.VV.,

Antropologia  cristiana e omosessualità, Ciudad del Vaticano 1997, 49.

8    Fucek I., L ideologizzazione dell omosessualità nel contesto dell odierna discussione teologica”, en Medicina  e Morale 3, 1996, 484.

 

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aquí se sigue una primera consecuencia de interés, que a pesar de su obvie- dad ya ha sido cuestionada en ciertos ambientes: la homosexualidad no puede corresponder a una especie de tercer sexo9.

 

En segundo lugar, es importante aclarar que al hablar de una persona homosexual se está haciendo alusión a una persona cuyo fenotipo corresponde al masculino o al femenino. Es decir, los hombres afeminados no son necesariamente homosexuales. Lo mismo sucede con las mujeres varoniles”, cuyo aspecto no es sinónimo per se de lesbianismo10. En esta línea van las observaciones de Cesari al plantear que la persona homosexual es un individuo clínicamente normal11. El autor relata que en un examen de 100 sujetos (50 hombres y 50 mujeres)  heterosexuales y otros 100 sujetos (50 hombres y 50 mujeres) homosexuales, todos resultaron biológicamente normales. Asimismo, en el examen de 1000 varones aparentemente hiper-dotados o sub-dotados de características externas y actitudinales masculinas, sólo dos fueron encontrados homosexuales. De esto se concluye que las personas homosexuales no tienen una secreción endocrina diferente de las heterosexuales.  De hecho, al suministrarles hormonas de su  mismo sexo se obtiene, a lo sumo y en algunos casos, un aumento de la libido, pero su tendencia y comportamiento desviado no cambian12.

 

Desde esta perspectiva, entonces, la homosexualidad no es una condición del cuerpo sino, probablemente, algo más bien vinculado a

 

9    Cf. D’ Onofrio F., De Fanis U., Cravero R. G., Ma esiste il terzo sesso?”, en Medicina  e Morale 4, 1999, 709-719.

10   Cf. Zuanazzi G., “La condizione omossesuale, definizione e fattori causali”, art. cit., 51.

11   Cesari G., art. cit., 112.

12   Cf. Ibidem., y también Zuanazzi G., “La condizione omosessuale, attegiamenti strut- turali e considerazioni conclusive”, en AA.VV.,  Antropologia  cristiana  e omosessualità, Ciudad del Vaticano 1997, 66.

 

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la personalidad, al modo como la persona vive su ser varón o mujer. Esto es lo que se suele llamar la homosexualidad estructural”, y que permite postular que la característica fundamental de la homosexualidad es un estado permanente de disposición y de preferencia erótica hacia una persona del mismo sexo13.

 

Dentro de esta categoría (y también del presente documento) se excluye la  llamada “homosexualidad transitoria”, que es la que se puede dar en un individuo durante una etapa breve de su vida (especialmente en la adolescencia)14, y la “homosexualidad de sustitución”, que es la que se observa en los ambientes donde se está obligado a vivir con personas del mismo sexo15. Esta aclaración es importante por- que no siempre el comportamiento homosexual  es índice de una tendencia homosexual, como tampoco todo aquel que tenga una tendencia homosexual la traduce necesariamente en un efectivo

 

 

 

13   Cf. Piana O., Omosessualità, e transessualità,” en Compagnoni F., (a cura di) Nuovo dizionario di teologia morale, Milán 1990, 831.

14   Esta “homosexualidad transitoria no puede llamarse propiamente homosexualidad,  ya que en la adolescencia está todavía configurándose la identidad y, por ende, la identidad sexual. Siendo una etapa en la cual puede haber diversos grados de atracción por individuos del mismo sexo, ésta va a ser superada en la medida en que el adolescente siga un adecuado proceso de maduración, encauzando su interés sexual por las personas del sexo opuesto. En efecto, Una problemática particular, posible en el proceso de maduración-identificación sexual, es la de la homosexualidad que, por  desgracia, tiende a difundirse en la moderna cultura urbana. Es necesario  presentar este fenómeno con equilibrio, a la luz de los documentos de la Iglesia. Los venes piden ayuda para distinguir los conceptos de normalidad y anomalía, de culpa subjetiva y de desorden objetivo, evitando juicios de hostilidad, y a la vez clarificando la orientación estructural y complementaria  de la sexualidad al matrimonio, a la procreación y a la castidad cristiana”. Pontificio Consejo para la Familia, Sexualidad humana, verdad y significado, Ciudad del Vaticano 1995, 104.

15   Cf. Brugues J. L., Elementi di una pastorale per le persone omosessuali”, en AA.VV., Antropologia cristiana e omosessualità, Ciudad del Vaticano 1997, 111; Zuanazzi G., “La condizione omosessuale. Definizione e fattori causali”, art. cit.,  49.

 

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comportamiento homosexual16. El  conocido psiquiatra chileno Armando Roa afirma que la homosexualidad de los reos en las rceles no es genuina, sino  sólo facultativa u ocasional, puesto que en cuanto pueden buscan a una mujer y dejan de presentar los síntomas señalados17.

 

También se excluye de la definición a aquellas personas que han sufrido alguna anormalidad en la diferenciación de sus órganos sexuales durante su desarrollo18 y a las personas transexuales quienes, a diferencia de las homosexuales, viven como si pertenecieran al sexo opuesto del

 

 

16   Cf. Piana G., art.cit., 831.

17   Roa A., Ética y bioética, Santiago  1998, 219-220.

18   Por ejemplo:

a.  Síndrome de Klinefelter: Se trata de una alteración en el sexo genético, en la cual existe un cromosoma sexual X extra (47), configurando un sexo cromosómico XXY, conducente a la presencia de genitales internos y externos masculinos. Habitualmente se asocia a un crecimiento mamario anormal y a una hipoplasia testicular y oligo o azoospermia. Siempre es asociado a infertilidad.

b.  Síndrome de Turner: Se trata de una alteración en el sexo genético en la cual existe ausencia de un cromosoma sexual (45), configurando un sexo cromosómico de XO en vez de XX o XY, con la presencia de genitales internos y externos femeninos, pero con ovarios infértiles y útero hipoplásico, incapaces de procrear.

c.  Hermafroditismo: No se trata de una alteración genética sino de una  alteración gonádica, en la cual el individuo XX o XY posee simultáneamente genitales internos masculinos y femeninos (ya sea un  ovotestis con tejido ovárico y testicular en la misma gónada, o bien un ovario a un lado y un testículo al otro). Externamente  los genitales pueden ser masculinos, femeninos o ambiguos. Habitualmente se asocia a infertilidad.

d.  Pseudohermafroditismo:  No se trata de una alteración genética ni  gonadal. El individuo puede ser masculino o femenino, pero hay una discordancia con el sexo morfológico en que la anomalía compromete  sólo a los genitales externos. En el primer caso se evidencia un sexo cromosómico  XY y la presencia de testículos, pero externamente los genitales son ambiguos o tendientes a lo femenino. En el segundo caso, un  individuo genéticamente femenino, con XX y ovario, tiene sin embargo genitales externos ambiguos o tendientes a lo masculino. Cf. Di  Pietro  M. L., Aspetti clinici, bioetici e medico legali della gestione delle ambigüita genitali”, en Medicina  e Morale 1, 2000, 51-83.

 

 

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que tienen biológicamente, por lo que desean transformar su propio cuerpo. En el caso de las personas transexuales, el problema obedece a una perturbación en su identidad sexual, determinada por el con- traste entre su sexo “biológico y su tendencia sicológica”. Es interesante notar que casi la totalidad de los casos de personas transexuales son sujetos de sexo masculino quienes, sicológicamente, se  sienten mujer y tienden a identificarse con el sexo femenino. Además, a la luz de esta definición, se aprecia que a pesar de que la persona transexual se siente atraída por un símil”, lo percibe como un disímil”, mientras que la persona homosexual busca alsímil percibido como tal19. En el caso de la persona homosexual, entonces, la atracción afectiva y sexual se desvía hacia una persona del mismo sexo.

 

 

III. El desarrollo del ser humano en cuanto sexuado

 

 

Alcanzar la identidad sexual y orientarla de modo adecuado es un proceso largo y delicado, que depende de muchas variables. Los seres humanos somos muy complejos y nuestra sexualidad se inserta den- tro de ese mismo contexto. Por ello, para aproximarnos al tema, es importante describir –aunque sólo sea  brevemente– el proceso de diferenciación  sexual de los seres humanos desde el momento de la fecundación hasta la edad adulta.

El carácter sexuado del individuo está presente desde el mismo momento de la fecundación. En efecto, el cigoto lleva en la información de su propio sexo: si el nuevo organismo humano generado en la concepción  es de sexo masculino, sus cromosomas sexuales serán X e Y. Si, en cambio, es de sexo femenino, esos cromosomas serán XX.

 

19   Cf. Piana G., art. cit., 835. El tema de las personas transexuales exige un estudio en mismo  que escapa a los objetivos que nos hemos propuesto con este trabajo.

 

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Luego, la segunda etapa del proceso de diferenciación  sexual de este nuevo ser,  que ya está genéticamente determinado como varón o mujer, se relaciona con la formación de las gónadas. Este momento, conocido como el sexo gonádico”, se vincula con la definición de las estructuras anatómicas e histológicas de las glándulas  sexuales (en el varón los testículos, en la mujer los ovarios). Las gónadas, que están íntimamente relacionadas con el sexo cromosómico, se  empiezan a formar alrededor del día 20 tras la fecundación, y demoran aproximadamente 60 días en estructurarse. En el caso del varón, la relación entre el sexo cromosómico y el gonádico se produce porque, al ser XY, se activan algunos genes20. Si falta el cromosoma  Y, como sucede en el caso de las mujeres, la gónada primitiva inicia su desarrollo como ovario a partir de la octava semana y lo termina en los últimos meses de vida fetal.

 

La tercera etapa de este proceso comienza en la séptima semana, con el  desarrollo de los conductos genitales de Wolff o de Muller, según sea un embrión de sexo masculino o femenino respectivamente21. Ello lleva a la formación de los genitales internos propiamente masculinos y femeninos. Posteriormente, la cuarta etapa consiste en la formación de los genitales externos: el llamado sexo fenotípico”. Éste, que se manifiesta en los órganos genitales propiamente masculinos y

 

 

20   Tales como el denominado TDF (Testicular Determining Factor) y el gen para el antígeno Hy, que son los responsables de la diferenciación de la parte central de la gónada primitiva en testículo.

21   En efecto, en la presencia de testículos y de la acción de las hormonas que ellos producen (andrógenos), los conductos se desarrollarán en el sentido masculino (presencia del con-ducto de Wolff y ausencia del de Muller). En caso contrario, bajo la acción de las hormonas que produce el ovario (estrógenos, progesteronas  y andrógenos),  los conductos  se desarrollarán  en sentido  femenino (presencia del conducto de Muller y ausencia  del conducto  de Wolff ).

 

 

 

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femeninos, es el resultado lógico y natural a que conduce el sexo genotípico en un proceso normal de desarrollo.

 

En la actualidad se realizan estudios para conocer de qué manera este proceso de desarrollo del carácter sexuado del ser humano como varón o mujer influye  en  el cerebro de la persona. Según parece, habría una serie de transformaciones a nivel cerebral que explicarían una diferenciación de la corteza cerebral relacionada con las actividades cognoscitivas y motoras de los varones y las mujeres22.

 

A nivel biológico, entonces, salta a la vista cómo todo el proceso de desarrollo de un nuevo ser humano es un continuum claramente ordenado a que el cuerpo que se está formando se defina por su condición de hombre o mujer, con sus peculiaridades propias y específi- cas. Desde esta diferenciación corporal ya se podría entender por qué cada persona, desde su orientación particular, descubrirá la posibilidad de plenitud justamente en un ser similar a ella en cuanto a su humanidad, pero diversa en cuanto a su pertenencia al sexo opuesto. Esta diferencia que posibilita el encuentro entre hombre y mujer, tiene como condición necesaria de posibilidad la diversidad y complementariedad genital, y se actualiza como acto de voluntad cuya raíz última es el deseo de trascendencia y de donación completa al otro. Pero en todo caso, sólo con los antecedentes ya expuestos podemos concluir que, al menos en un nivel biológico es evidente que el pro- ceso de desarrollo de un nuevo ser humano está pre-ordenado a con- figurarse como un cuerpo de hombre o de mujer.

 

 

22   Cf. Di Pietro M. L., “Lo sviluppo psico-sessuale tra natura e cultura, en Di Pietro M. L. (a cura di) Educare all Identitá  sessuata, Brescia 2000, 12-15; Polaino–Lorente  A., Sexo y cultura, Instituto  de Ciencias para la Familia, Navarra 1998, 27-46.

 

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No obstante, el sexo biológico no es el único relevante en esta discusión. Otro concepto que ocupa ya un lugar importante en la literatura es el de sexo sicológico. Éste se define como “la convicción íntima, robusta y firme de pertenencia a un género determinado. (...) El sexo sicológico o la identidad sexual no debería estudiarse como algo externo o ajeno a la persona, como algo sobreañadido a ella, sino más bien como un aspecto o dimensión de una persona que, a lo largo de su evolución, ha ido adquiriendo esta condición de forma consistente, como su modo de ser o su configuración natural23.

 

Complementando esta primera definición, hay otra que señala que el  sexo sicológico es “la percepción o íntima convicción que cada uno tiene de pertenecer al sexo masculino o femenino (identidad sexual o de género), de la cual depende por lo tanto el rol sexuado (o de género) que la persona asume en la sociedad, es decir, todo lo que ella hace o dice para indicar a los demás o a misma su pertenencia a ese determinado sexo (en este caso se habla de sexo social)24.

 

Con la introducción de este nuevo concepto se puede comprender por qué, a pesar de que en el nivel biológico la investigación es más que concluyente, el debate en torno a la homosexualidad sigue abierto. Cabe subrayar que según estas definiciones de sexo sicológico el sexo se adquiere a partir de nuestra vida consciente (al modo de un hábito o segunda naturaleza”, por lo que potencialmente se podría también cambiar), y sin ninguna relación necesaria con nuestro genotipo o fenotipo sexual. Volveremos  sobre esto tras la exposición de algunas hipótesis acerca de las causas de la homosexualidad.

 

 

23   Polaino–Lorente A., ob. cit., 47.

24   Di Pietro M. L., “Lo sviluppo psico-sessuale tra natura e cultura, art. cit., 14.

 

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IV. Raíces y causas de la homosexualidad

 

Aunque la ciencia no ha llegado a precisar n las causas o las raíces de la homosexualidad25, existe consenso en que no se puede atribuir a un único factor. La complejidad del proceso de desarrollo del varón y la mujer como seres sexuados no hace fácil la explicación del porqué una persona puede sentirse atraída por alguien de su mismo sexo. Hay algunos datos disponibles, pero conviene ser especialmente cautos al afrontar su interpretación26.

 

1. A la luz de la genética

 

 

A pesar del gran interés que ha habido en probar que detrás de la homosexualidad hay una causa biológica27, tal como un componente genético, esto nunca se ha llegado a demostrar científicamente. En los estudios de Le Vay se comparó una zona del hipotálamo, que se ubica en la región de la base del cerebro (INAH 3), de 16 varones presuntamente heterosexuales con la de 19 varones presuntamente  homosexuales fallecidos a causa de SIDA. Se encontró que los heterosexuales más que duplicaban el tamaño de esa zona respecto de los homosexuales. Ello llevó a que un grupo de personas homosexuales defendiera la tesis de que esta diferencia en el cerebro se debía a una constitución genética propia de las personas homosexuales. Sin embargo, el mismo

 

 

25   Muchos  investigadores indagarosobre las causas de la homosexualidad, pero hasta el momento todas estas investigaciones  han sido fútiles Mc  Whirter D. P., Biological Theories of Sexual Orientation,  en Review of Psychiatry 12, 1993, 54.

26   Debemos  reconocer honestamente  que no sabemos  explicar  la  homosexualidad Cf. Brugues J. L., art. cit., 112.

27   Cf. Bancrof W. H., Homosexual  Orientation: The Search  for Biological  Basics,  en British Journal of Psychiatry 164, 1994, 437-440.

 

 

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autor de la investigación los corrigió28. Según la metodología empleada, dijo: “Es importante señalar lo que no se encontró en este estudio. No se probó que la homosexualidad fuera genética ni se encontró una causa genética para ser gay. No se demostró que los varones gay nacieran con tal condición, lo que es el  error más común que comete la gente al interpretar mi trabajo. Tampoco se localizó un centro gay en el cerebro. Es más probable que la zona INAH 3 sea parte de una cadena de núcleos relacionados con la conducta sexual de varones y mujeres, que un único centro gay en el cerebro. Además, dado que estas  diferencias las hemos encontrado en cerebros adultos, no sabemos si las  encontraríamos también al momento de nacer, o si acaso aparecen más tarde”.

 

Análisis de gemelos

 

 

Otros  estudios experimentales que pretenden mostrar la base genética de la homosexualidad se han basado en el análisis de gemelos y en el de ligazones con marcadores moleculares de ADN en las genealogías familiares.

 

Como es sabido, los gemelos monocigóticos (MZ) constituyen la única  posibilidad real de que dos personas tengan exactamente la misma identidad genética. En la década de los 50, Kallman29 presentó un primer estudio  comparando un grupo de 44 homosexuales con gemelos monocigóticos (MZ) con otro grupo de 51 homosexuales con gemelos dizigóticos (DZ). El resultado fue una concordancia del 100 % para el primer grupo (todos los gemelos eran también homosexuales),

 

28   Cf. Le Vay S., A  Difference in Hypothalamic  Structure  between  Heterosexual  and Homosexual Men, en Science 253, 1991, 1034-1037.

29   Cf.  Kallman E. J.,  “Comparative  Twin  Studies  on  the  Genetic Aspects  of  Male Homosexuality, en Journal of Nervous and Mental Disease 115, 1952, 283-298.

 

 

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y de un 25 % para el segundo. Si bien la concordancia obtenida en los MZ reforzaba la hipótesis de los autores –interesados en demostrar la base genética de la homosexualidad– la concordancia de los gemelos DZ pesaba más en favor de la influencia del factor ambiental, ya que éstos no tienen entre mayor similitud genética que la de cualquier par de hermanos no gemelares en quienes la concordancia se debería situar en torno al 10 % (cifra que los mismos autores de esta investi- gación reconocían como la incidencia habitual de la homosexualidad en la población general)30.

 

Posteriormente, en los años 90, Pillard y Weinrich31  y Bailey y cols.32 obtuvieron, en estudios similares, concordancias del 52 % para gemelos MZ. Pero en una nueva investigación, donde Bailey introdujo la variable de que los gemelos fueran criados en ambientes familia- res distintos, la concordancia bajó a un 20 % en el caso de los gemelos MZ y a un 0 % para los gemelos DZ33. Esta conclusión pone en duda  la  validez de  los primeros estudios realizados,  puesto  que demuestra la  importancia del  sesgo introducido  por  la  peculiar influencia o mutua dependencia que existe en los gemelos idénticos que comparten un mismo ambiente educativo, familiar y social.

 

 

30   Este porcentaje del 10 % ha sido cuestionado por diversos estudios que lo sitúa entre el

1 y el 2 %. Cf. Sgreccia E., Manuale di bioetica, ob. cit., 145.

31   Cf. Pillard R. C., Weinrich J. D., Evidence of Familiar Nature of Male Homosexuality”, en Archives of General Psychiatry 150, 272-277.

32   Cf. Bailey J. M., Benishay D. S., Familiar Aggregation of Female Sexual Orientation”, en American Journal of Psychiatry 43, 1986, 808-812.

33   Este estudio fue presentado  por Bailey  al Congreso Anual de la American  Society  of Human  Genetics en 1996.

 

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Estudios genealógicos

 

Durante los años 70 se empezaron  a estudiar los llamados marca- dores moleculares”, que son ciertos detalles del genoma o variaciones en una secuencia  de ADN que aparecen asociados o en unión con algún carácter determinado. El hallazgo de un marcador asociado a un carácter no implica la existencia de un gen, sino sólo la localización de una región del genoma que incluye al propio marcador y un presunto sistema genético implicado en el carácter que se investiga.

 

En 1993 el equipo de Dean Hamer, director de la Sección de Estructura  y Función Génica del National Cancer Institute, descubrió en un estudio de las genealogías de 76 individuos homosexuales que los varones gay tenían s parientes gay entre los familiares maternos que entre los paternos, lo que sugería la posible existencia de una herencia genética ligada al cromosoma X34. Para probar esa hipótesis, Hamer y su equipo desarrollaron un análisis de ligazón para determinar si había algún marcador del cromosoma X que se heredara con una proporción superior  al  azar  en  asociación con  la  tendencia  homosexual. Investigaron 22 marcadores moleculares asociados al cromosoma X en un grupo de 40 pares de hermanos homosexuales. Se pudo demostrar la existencia de 5 marcadores pertenecientes a la región Xq28 que en

33 de los 40 casos analizados segregaban conjuntamente con la orientación homosexual. Los 17 marcadores restantes no mostraban ligazón con la conducta homosexual.  Y aunque esta relación es estadísticamente significativa (en cuanto a que al menos un tipo de conducta homosexual masculina estaría vinculada a estos marcadores moleculares),

 

34   Cf. Hamer D. H., Hu S., Magnuson V. L., Hu N., Pattatucci A. M., A Linkage between

DNA Markers on the X Chromosome and Male Sexual Orientation, en  Science 261,

1993, 321-327.

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el hecho de que en 7 pares de hermanos no se diera esta ligazón demuestra que no se trata de una conclusión determinante.

 

En contraposición con los trabajos de Hamer, en 1996 Rice y Ebers, de la Universidad Oeste de Ontario (Canadá), realizaron un estudio genealógico  similar en más de 400 familias con más de un miembro homosexual. Ellos encontraron que la probabilidad de compartir los marcadores Xq28 en los hermanos de personas con conducta homosexual no era mayor que la de la población general35. Estos antecedentes, unidos a la denuncia hecha por una investigadora del grupo de Hamer en el Chicago Tribune del 25 de junio de  1995, donde señaló que en su investigación se habían ocultado resultados y seleccionado datos, terminaron por hacer poco fiables las conclusiones del primer estudio.

 

Sin embargo, es justo señalar que ninguna de las investigaciones que se han realizado con el fin de demostrar que la homosexualidad tiene una base genética es concluyente. Asimismo, el hecho de que muchas personas homosexuales hayan mudado su orientación sexual tras someterse a una terapia, contribuye a hacer todavía s cuestionable la explicación genética del fenómeno36. Para Roa, “hasta ahora las investigaciones genéticas en torno a la homosexualidad no han tenido éxito; las esperanzas surgidaen los últimos años se han desvanecido, y hoy no existe ninguna referencia para diagnosticar o pesquisar un trastorno de

 

35   Cf. Rice G., Anderson C., Risch N., Ebers G., Male Homosexuality: Absence of Linkage to Microsatellite Markers at Xq28”, en Science 284, 1999, 571.

36   Cf. Spitzer R. L., “Can Some Gay Men and Lesbians Change Their Sexual Orientation?

200 Participants Reporting a Change from Homosexual to Heterosexual Orientation”. Archives of Sexual Behavior 32,5, 2003, 403-417; y Nicolosi J., Reparative Therapy of Male Homosexuality, Maryland 2004.

 

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este tipo; las investigaciones endocrinológicas tampoco han llegado a resultados decisivos, por lo que, desde todos estos puntos de vista, el ori- gen de las desviaciones sexuales permanece en la oscuridad37.

 

2. A la luz de la sicología

 

 

Los estudios disponibles parecieran indicar que, a la hora de intentar comprender el origen de la homosexualidad, los factores sicológicos y sociales son los que tienen el mayor impacto. Como la homosexualidad se vincula a la  personalidad del sujeto, es lógico que para explicarla se recurra principalmente a la sicología38.

 

Ahora bien, aunque es cierto que no en todos los casos de personas  homosexuales hay una familia o un ambiente social al que se pueda atribuir su orientación, no es menos cierto que existen ciertos denominadores comunes en la situación familiar de muchas personas homosexuales que pueden iluminar el fenómeno. Por ejemplo, una figura parental del mismo sexo excesivamente frágil, severa u hostil, imposibilita la identificación del hijo; o también una figura parental del sexo opuesto tan seductora, o tan desorganizada desde el punto de vista  emotivo, o bien tan humillante y hostil, dificulta que el hijo aprenda a confiar en el sexo opuesto. También hay padres que desean a toda costa un hijo de un sexo determinado, y si éste no corresponde al esperado debilitan o rechazan inconscientemente el sexo biológico

 

 

37   Roa A., ob. cit., 218.

38   Cf. Cesari G., art. cit., 112. De acuerdo con lo que he podido observar a lo largo de una experiencia que supera los veinte años, no hay duda de que en la mayoría de los casos los factores psicológicos son mucho s importantes que los factores orgánicos. La prueba tangible es que solamente la psicoterapia puede ayudar a ciertas personas a cambiar algunas cosas. Cf. Oraison M., La cuestión homosexual, Buenos Aires 1978, 99.

 

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de su propio hijo a través de actitudes que descalifican indirectamente las conductas correspondientes a su rol sexual. Un chico puede sentir- se menos masculino,  menos viril, cuando ha sido educado de una forma sobreprotectora y ansiosa por una madre entrometida o cuando su padre ha prestado poca importancia a su educación39.

 

En la mayoría de los casos es la combinación de estos estilos paternal y maternal la que predispone al desarrollo del complejo homosexual. Asimismo, cuánto afecten al hijo estos estilos parentales tendrá que ver con características temperamentales del niño, que casi siempre se relacionan con una gran sensibilidad a los estímulos afectivos. En general, tienen una fuerte inclinación a sentirse menos privilegia- dos, menos amados, puestos en una situación menos  favorable. El egocentrismo innato del niño lo lleva a sobrevalorar determinadas experiencias donde se siente menospreciado40.

 

En cualquiera de estas situaciones la homosexualidad podría explicarse como el resultado de una evolución sico-sexual deficiente, donde la persona no alcanza su madurez sico-afectiva41. Así, la relación homosexual, en estos escenarios, es la respuesta a una dificultad real ocasionada por la ausencia de una relación identificatoria con las figuras parentales.

 

39   Cf. Cesari L., Natura e interpretazione dei disorientamenti sessuali: l´omosessualità”, en

Di Pietro M. L., Sgreccia L., (a cura di), Interrogativi per la bioetica, Brescia 1998, 78-96.

40   Cf. Van Der Aardweg G., Homosexualidad y esperanza. Terapia  y curación: La experiencia de un psicólogo, 2ª ed., Navarra 1997.

41   Cf. Kiely B., Antecedentes do fenómeno “homosexualidade: ciencia e avaliacao moral”, en Homosexualidade,  Acçao Médica 3, Porto 2002, 22; Kiely cita a Gadpaille W. J., Homosexuality, en Kaplan H. I., Sadock B. J., Comprehensive Texbook of Psychiatry I, Baltimore 1989, 1086-1096. De la misma opinión es Cesari G., art. cit., 100, cuando afirma que “la homosexualidad es, en la mayoría de los casos (casi la totalidad), el resultado de un complejo y variado proceso evolutivo psicológico. Se presenta como la condición humana de una persona que, a nivel de la sexualidad, se caracteriza por el sentirse condicionada a expresarse sexualmente sólo con parejas de su mismo sexo”.

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V. Tendencia homosexual y comportamientos homosexuales

 

 

El  último  antecedente que  presentaremos en  esta  primera parte, de particular importancia al hacer el análisis antropológico- ético de este fenómeno, es la distinción clara que se debe realizar entre quienes poseen una tendencia homosexual y quienes llevan a cabo actos homosexuales. Estas dos situaciones, que pueden llegar a tener connotaciones muy diferentes en la evaluación y el juicio moral, no tienen por qué darse necesariamente en la misma persona. Vale decir, no toda persona con tendencia homosexual realiza actos homosexuales, ni todos quienes sí los realizan tienen la tendencia homosexual.

 

1. La tendencia homosexual

 

 

En sentido estricto, la tendencia homosexual no se puede conside- rar una enfermedad. El sujeto está sano, en cuanto no ha sido víctima de un hecho que en un determinado momento le haya trastocado su equilibrio. La homosexualidad es s bien una variante que se sale de la regla –es decir, anormal de la orientación sexual. En cuanto tal, la homosexualidad tampoco es una elección, sino un estado en el que por diversas razones la persona se halla, y del que toma conciencia en alguna etapa de su vida. En efecto, “la homosexualidad, entendida como estructura, se sitúa en la construcción de la personalidad mucho antes del despertar de las elecciones libres y la responsabilidad personal42. Nadie elige esta condición: “La situación sico-afectiva que consiste en tener tendencias homosexuales no es jamás el resultado de una elección. Es menester ser absolutamente categórico sobre este punto43.

 

42    Brugues J. L., art. cit., 113.

43    Oraison M., ob. cit., 182. Cf. Brugues J. L., art. cit., 113.

 

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De hecho, la persona se descubre homosexual. Es decir, en el contexto de  su desarrollo sicológico y afectivo se reconoce atraída hacia personas del mismo sexo y siente que ello constituye un salirse del orden: un desorden.  Habitualmente  las personas homosexuales han vivido esta situación de modo tormentoso, con reacciones depresivas y presentando ansias y sufrimiento ante el descubrimiento de su tendencia44.

Otra aclaración de importancia  es que la tendencia homosexual no es una perversión, puesto que las perversiones se relacionan con los comportamientos  que buscan transgredir normas, y no es legítimo suponer que una persona con tendencia homosexual  vaya de suyo a hacerlo. Desde esta perspectiva, la tendencia homosexual  es un desorden que escapa a todo juicio moral porque carece del elemento cardinal para ser imputable: la libertad. Como en la tendencia homosexual no hay libertad, no hay tampoco culpa.

 

2. Los actos homosexuales

 

El hecho de que una persona sea homosexual no implica que tenga  prácticas homosexuales. Éste es un  punto  importante  de subrayar porque muchas veces se postula, sin ningún fundamento, que las personas homosexuales, por el solo hecho de tener tal incli- nación, son personas promiscuas y dominadas por la obsesión de lo

 

 

 

44   Hay quienes dividen a las personas homosexuales en egosistónicos (conformes  consigo mismos) y egodistónicos (doloridos por su inclinación)  y que, según esta división, sólo en estos últimos sería un desorden. Socarides discute el proceso por el que se llegó a esta posición  sobre la  homosexualidad,  que implicaría un notable componente  de presión política.  Cf. Soracides C. W., The Sexual  Deviations and Diagnostic Manual, en American  Journal  of  Psychotherapy  32, 1978, 414-426. Cita tomada de  Kiely B., “La acción pastoral para con las personas homosexuales. Nota sicológica, en Congregación para la Doctrina de la Fe, La atención pastoral  a las  personas homosexuales, Ciudad del Vaticano 1986, 1.

 

 

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sexual. Es cierto que mucha literatura informa que en la población homosexual existe una propensión a tener un número elevado de parejas  sexuales y a reunirse en ambientes homosexuales, pero las interpretaciones  de este fenómeno pueden ser muchas45.

 

Además, la exigencia de una vida vinculada al bien, a la verdad y a la justicia es una demanda para todas las personas, con independencia de su inclinación erótica. Suponer que las personas homosexuales deben ser objeto de un trato  moral distinto es convertirlas en una categoría  per se, lo que no sólo es equivocado y discriminatorio, sino que también, en cuanto cierra toda posibilidad de revertir la tendencia, se vuelve una actitud contraproducente. Nuestra aproximación al fenómeno, en cambio, que afirma la libertad de toda persona humana como signo eminente de su dignidad, queda bien expresada en el documento de la Iglesia al señalar que se debe evitar la presunción infundada y humillante de que el comportamiento homosexual de las personas homosexuales esté siempre y totalmente sujeto a la coacción y sea por consiguiente sin culpa. La realidad es que también en las personas con tendencia homosexual se debe reconocer aquella libertad fundamental que caracteriza a la persona humana y le confiere su particular dignidad46. Dicho de otro modo, las personas homosexuales tienen exactamente la misma libertad que las heterosexuales para elegir involucrarse o no en relaciones íntimas, porque esa libertad procede del ser persona y no de la orientación sexual.

 

45   Cf. Domínguez C., Il dibattito sull’omosessualità”, en Gafo J., (a cura di), Omosessualità un dibattito  aperto, Assisi 2000, 17-24. Por ejemplo, se puede postular que la insatisfacción inherente a sus relaciones sexuales favorece la frustración  y la búsqueda de nuevas parejas.

46   Congregación para la Doctrina de la Fe, La atención pastoral a las personas homosexuales, Ciudad del Vaticano 1986, 11.

 

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En efecto, la homosexualidad no anula la libertad ni la inteligencia para que el sujeto elija su manera de vivir esta condición. Es desde la libertad,  y  no desde nuestras tendencias sexuales, desde donde las personas debemos construir nuestra vida. La moralidad o la bondad y maldad moral de nuestros  actos sólo se entiende en referencia a esta libertad. Por ello es que los comportamientos de la persona homosexual –como los de cualquier otra han de ser juzgados desde su moralidad y no desde su orientación sexual. Lo contrario es vejatorio, es suponer que las personas homosexuales están fatalmente determinadas a comportarse de cierto modo porque no serían dueñas de sí mismas.

 

En conclusión, los actos homosexuales son responsabilidad de la persona que los realiza y, en cuanto tal, pueden ser juzgados desde el punto de vista moral. En la segunda parte argumentaremos que la evaluación moral de una relación genital entre dos personas del mismo sexo es la de un acto intrínsecamente  desordenado, por cuanto se opone a la verdad de la sexualidad humana. Así y todo, dada la complejidad de las situaciones personales y de los distintos condicionamientos que pudieran existir, la Iglesia Católica en particular señala que, a pesar de que estas relaciones nunca se podrán justificar moral- mente, la culpabilidad de las personas homosexuales debe ser siempre juzgada con prudencia47.

 

 

47   Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, Ciudad del Vaticano 1975, 8, 9; Idem., La atención pastoral a las personas homosexuales,  Ciudad del Vaticano 1986, 11.

 

 

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SEGUNDA PARTE

ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO-ÉTICO


 

 

 

 

SEGUNDA PARTE: ANÁLISIS ANTROPOLÓGICO-ÉTICO

 

 

 

 

Es innegable que en las últimas décadas el tema de la homosexualidad se ha  ideologizado. Una prueba de ello es que el conocido Comprehensive Textbook of Psychiatry –como agudamente hace notar B. Kiely– en sus distintas ediciones ha ido cambiando su respuesta a la pregunta de si la homosexualidad representa o no un desequilibrio sexual. En la primera edición del año 1967 la respuesta fue afirmativa; en la segunda del año 1975 la respuesta fue menos clara; en la ter- cera edición la respuesta fue negativa, pero en la cuarta edición (1985) y luego en la quinta (1989), se afirmó que la homosexualidad es el resultado de un desarrollo sico-sexual imperfecto, volviendo de alguna forma a lo planteado en la primera edición48. Otro dato significativo es que, a pesar de que en el año 1973 la  American  Psychiatric Association dejó de considerar a la homosexualidad como un desequilibrio mental, un estudio que recogió las opiniones de psiquiatras en el año 1977 reveló que el 69 % de ellos continuaba pensando que era una adaptación patológica y no una variación normal49. Por lo tanto, es fácil darse cuenta de que el análisis que se hace acerca de si la homo- sexualidad es o no un desequilibrio dependerá de quienes participen en la votación. No sería serio, entonces, dar un estatuto científico a priori a ninguna de estas opiniones. Anterior a esto, urge realizar un análisis crítico, bien informado y desinteresado, de los antecedentes disponibles para aprobar o rechazar las definiciones que se dan y las

 

48   Cf. Kiely B., art. cit., 20.

49   Cf. Lief H. I., Sexual Survey 4: Current Thinking on Homosexuality”, en  Medical Aspects  of Human  Sexuality 11,  1977,  1001-1111.  “…Difiero de  la clasificación norteamericana  de los trastornos mentales –el DSM III–, que no considera anormal la homosexualidad”, Roa A., ob. cit., 220.


 

 

 

 

pautas de conducta que de ellas se siguen. La importancia de este análisis, como se verá, es que según su resultado podremos dar una u otra dirección a la evolución de nuestra cultura.

 

 

 

I. Consideraciones antropológicas

 

1. El concepto de género

 

 

Hay un factor cultural que ha contribuido notablemente a la con- fusión en el intento de buscar la verdad acerca de la homosexualidad: la introducción del concepto de género. Este concepto, con toda la ambigüedad que contiene, se legitimó definitivamente a nivel mundial en la Cuarta Conferencia sobre la Mujer de las Naciones Unidas, realizada en Beijing en 1995. Su origen histórico está en la llamada teoría del género50, que a su vez responde a la fusión, en las últimas décadas del siglo XX, del movimiento feminista y ciertas corrientes de filosofía estructuralista.  De modo muy esquemático se puede decir que el movimiento feminista ha pasado por tres etapas: el feminismo de la igualdad, que postula que todos los seres humanos tenemos la misma esencia pero que la cultura origina desigualdades entre los individuos; el feminismo de la diferencia, que  postula que la mujer es esencialmente  distinta al varón, en el sentido de que no habría una única esencia humana, sino una masculina y otra femenina; y el feminismo radical, que postula la teoría del género. Esta última afirma que las diferencias entre los sexos son construidas cultural e históricamente, y son perpetuadas a través de la educación en los roles del género.

 

50   Cf. Nubiola J., “Esencialismo, diferencia  sexual y lenguaje, en Humanitas XXIII, 2000, 161.

 

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Por tanto, como lo que siempre se ha considerado natural no sería s que un  constructo social, contingente y artificial, se debería ahora distinguir con claridad entre el sexo –correspondiente al sustrato biológico y el género –la supuesta construcción cultural–.

 

La diferencia que hay entre estas tres etapas del feminismo reviste la máxima importancia para el modo como se entiende la homosexualidad y el espacio que se le ha de dar en la sociedad contemporánea y en su ordenamiento legal. Los dos primeros feminismos reconocían la existencia de una esencia o naturaleza humana”, es decir, un núcleo estable o un estrato o componente dado y  permanente, ajeno a la libertad individual y a las convenciones. El feminismo  radical, en cambio, rompe absolutamente con esa visión antropológica,  y postula que no hay ninguna esencia en el ser humano, sino que cada uno define su identidad por medio de la sumatoria de sus manifestaciones particulares51. Desde esta perspectiva, el género no estaría enraizado en la identidad sexual biológica de varón o mujer, sino que en cuanto constructo cultural sería voluble, inestable y re-asignable, pues en última instancia sólo dependería de nuestra propia representación.

 

Por consiguiente, la definición de género no se identifica con la de sexo sicológico ya que, a pesar de todas sus semejanzas, el concepto de género  niega la existencia de una esencia o núcleo estable en la persona, por lo que se funda y legitima en una suerte de voluntarismo o libertad ilimitada para  auto-constituirse. Bajo esta mirada ya no existe “la mujer o el varón, sino sólo mujeres y varones particulares en contextos y situaciones particulares. Pero además, como hasta ahora en nuestra cultura sólo han existido dos

 

 

51   Cf. Glover, D. y Kaplan,  K., Genders, Routledge 2000, xxvi.

 

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concepciones de género lícitas, excluyentes y obligatorias (varón y mujer),  ha habido también una hegemonía de lo heterosexual. Con la nueva teoría del género, en cambio, la heterosexualidad y lhomosexualidad se vuelven  cualitativamente iguales: simples variaciones, opciones y actuaciones  contingentes de sujetos sin esencia.

 

2. Identidad personal

 

 

Para la teoría del género la identidad no expresa una esencia, sino que es el efecto de nuestra actuación. Al negar la esencia –una manera de ser y una plenitud hacia la cual tiende el desarrollo en cuanto varón o mujer–, la identidad se diluye y con ella obviamente  desaparece también la identidad sexual. A pesar de lo popular que actual- mente es esta postura, hay que examinarla de modo crítico y desapasionado para evaluar su consistencia. ¿Es verdad que la identidad personal (y sexual) se construye culturalmente, y que nuestras actuaciones son las que determinan nuestro modo de ser? En parte sí, es ver- dad. Pero sólo en parte.

Es cierto que la cultura y la auto-interpretación (aquello que creemos  que somos) nos van configurando, pero no lo hacen al punto de negar nuestra constitución propia y originaria, presente desde el mismo momento de la fecundación y que establece el sus- trato  que  posibilita nuestro  desarrollo como  persona varón o mujer. La teoría del género exagera el rol de la cultura y de la propia libertad en la constitución de nuestra identidad. Si no hubiera un núcleo estable o una esencia que permanece, los cambios en la persona no podrían verse como cambios en la misma persona, sino  como la sustitución de una persona por otra. Sin embargo, todos entendemos y vivimos como si las personas fueran sujetos humanos que mantienen su identidad en el tiempo, de modo que

 

 

 

 

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en  nuestro  ser  espacio-temporal una  persona sigue siendo  la

misma persona: hay algo en ella, un núcleo estable, que permanece.

 

 

Pero también es cierto que la cultura y nuestras auto-interpretaciones influyen en lo que somos, y que tenemos una cierta libertad para auto-configurarnos y llegar a ser lo que queremos. ¿Cómo se compatibilizan, entonces, naturaleza y “libertad en la conformación de la identidad humana? La distinción crucial en este tema es la que la filosofía establece entre la “identidad constitutiva y la “identidad práctica52. La primera corresponde a las notas esenciales,  descriptivas y normativas, de las entidades llamadas personas y que son la condición de posibilidad de su continuidad en el tiempo; es decir, aquello que nos permite reconocer a ciertos individuos como miembros de la especie humana, varones o  mujeres, y no como moscas o abedules. La identidad práctica, por su parte, se refiere a los criterios básicos para distinguir a los distintos individuos de la clase de personas entre sí, y re-identificarlos en contextos diferentes. Esta última es la que auto- configuramos a lo largo de la vida, a través de la adquisición de hábitos  (segunda naturaleza”) y nuestras propias auto-interpretaciones.  La identidad práctica es tan esencial al yo como la identidad constitutiva (la que le da consistencia al propio carácter y al ser personal individual), e igualmente ineludible.

 

Sin embargo nuestra auto-configuración no puede ser absoluta- mente libre, no nos auto-creamos de la nada. La identidad práctica está condicionada o limitada, en primer lugar, por la misma identidad constitutiva sobre la que se  posa.  Si alguien mide 1,80 metros no puede auto-interpretarse como una  persona enana, y si lo hiciera,

 

52   Cf. Vigo A., Persona, hábito y  tiempo. Constitución de la identidad  personal en

Anuario  Filosófico 26, 1993, 271-287.

 

 

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evidenciaría algún desequilibrio en su relación con la realidad. En segundo término, la auto-configuración también estará condiciona- da por los valores culturales. Naturalmente elegiremos adquirir ciertos hábitos y no otros, porque habremos internalizado ciertos están- dares valorativos que identificamos con aquellos modelos que admiramos. Una vez adquiridos,  estos hábitos y valoraciones pasan a formar parte de nuestro núcleo personal íntimo y son difíciles de modificar. Sobre este tema volveremos al tratar las consecuencias sociales de la legitimación de la homosexualidad.

 

Por ahora, y a modo de conclusión de este apartado, podemos decir que nuestra “identidad práctica es efectivamente auto-construida, pero no es arbitraria. A la luz de la evidencia de los hechos resulta insostenible decir que el ser varón o mujer es una mera convención y que puede cambiar a lo largo del tiempo. Los límites de la identidad constitutiva lo impiden. Y estos límites van más allá del cuerpo. La realidad también muestra que la condición corporal del ser humano, que es dada y se presenta como varón o mujer, está estrechamente vinculada al ethos individual, al modo que tenemos de comportarnos y de ser en el mundo. El ser hombre o mujer impacta a la persona toda. En efecto, “la sexualidad es un componente fundamental de la personalidad, su modo de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano. (...) La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y espiritual, impregnando cada  una  de sus expresiones53.

 

 

53   Congregación para la Educación  Católica,  Orientaciones educativas sobre el amor humano.

Lineamientos de educación sexual, Ciudad del Vaticano 1983, 4.

 

 

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3.  ¿Pueden  equipararse las  relaciones heterosexuales con  las homosexuales?

 

En la actualidad son muchas las voces que afirman que las personas homosexuales tienen derecho a la aprobación social y legal de su vida sexual activa, puesto que ella es una elección fundada en la libertad de todo sujeto para elegir su propia orientación sexual. No hacer- lo –señalan– sería una flagrante  discriminación. Por lo demás, así como el matrimonio es creado de la nada por el mismo hombre (es una construcción cultural), no habría razón para negar que la libertad humana pueda crear también otro tipo de relaciones, como la de dos personas del mismo sexo. La justificación última de esta postura es la libertad individual, que es también, bajo esta perspectiva, el único criterio legítimo de moralidad. En la medida en que los sujetos que se involucran  en relaciones homosexuales lo hagan con consentimiento, la sociedad debería reconocer estas  uniones. Es decir, para quienes adhieren a esta interpretación, la libertad de la persona –y no la realidad– funda la verdad. Basta que algo proceda de una decisión libre y autónoma para que se considere bueno (o al menos, “bueno para el sujeto que lo eligió”).

 

En nuestra discusión acerca de la identidad, sin embargo, argumentamos que aunque la identidad constitutiva admite diversas posibilidades de identidad práctica, no las admite todas. El enano de 1,80 metros es una inconsistencia.  Y el varón que se une sexualmente con otro varón, o la mujer con otra mujer, obviamente –como incluso su relación física lo muestra– también lo es.

 

Para hablar de la sexualidad sin caer en las contradicciones a las que lleva la teoría del género, hay que hacer referencia a la naturaleza propia y original de la persona humana. La antropología tradicional,

 

 

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que es también la que suscribe la Iglesia Católica, dice que el ser humano es simultánea e indiscernib