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HOMOSEXUALES LIBERADOS, libro del Padre Ángel Peña OAR, Lima - Perú

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Padres Ángel Peña OAR

 


 

 

ÁNGEL PEÑA O.A.R. LIMA - PERÚ 2009 
Nihil Obstat P. Ignacio Reinares
Vicario Provincial del Perú Agustino Recoleto
Imprimatur Mons. José Carmelo Martínez
 Obispo de Cajamarca (Perú)
 

 


ÍNDICE GENERAL
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE: LA HOMOSEXUALIDAD El verdadero amor ¿Qué es la homosexualidad? Causas de la homosexualidad. El mito del 10%. Pederastia y homosexualidad. Activistas homosexuales ¿Matrimonios de homosexuales? Adopción de niños. ¿Paraíso o infierno gay?
SEGUNDA PARTE: HAY ESPERANZA ¿Qué dice la Biblia? Doctrina de la Iglesia. Asociación de médicos católicos de USA. Testimonios. Hay esperanza. Instituciones de curación. CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA



INTRODUCCIÓN

En este libro deseo dirigirme especialmente a aquellos católicos que sienten una fuerte inclinación homosexual y que todavía conservan su fe en Dios y confían en la Iglesia. Por supuesto que este libro también puede servir a todos los que lo lean con buena voluntad con el deseo de cambiar su vida. Porque todos deben tener muy claro que la homosexualidad es un síntoma de problemas emocionales no superados y que, por tanto, en cuanto trastorno sicológico, puede ser curado como cualquier otro. Lo que pasa es que, muchas veces, a los niños, desde la escuela primaria, se les dice que el ser homosexual es una cosa totalmente normal. Y muchos adolescentes, con ciertos tipos de complejo de inferioridad y con problemas afectivos, pueden sentirse influenciados a seguir este camino equivocado, cuando oyen a un profesor o a una persona de autoridad que les dice que eso es algo innato y natural.

Es muy importante que a los niños se les enseñe que los sentimientos homosexuales en la adolescencia pueden ser sólo cuestión de desarrollo afectivo y que pueden desaparecer con un poco de ayuda y orientación. Deben aclararles que la verdadera homosexualidad no existe, porque nadie nace siendo así. Por otra parte, en el caso de que les digan, como de hecho lo están haciendo, que es algo innato y que uno que es gay lo es para siempre, deberían decirles también que este género de vida les llevará a muchos sufrimientos; que deben cuidarse para evitar enfermedades de transmisión sexual y que el estilo de vida gay reduce la esperanza de vida del homosexual en más de 20 años con relación a las personas heterosexuales.

Por mi parte, quisiera decirles a todos los que sienten esta inclinación que hay esperanza, que no se desesperen, que Dios los ama y quiere sanarlos. Si sus padres o sus compañeros no los aceptan, Dios sí los ama y los acepta siempre; y que pueden curarse con ayuda de algún terapeuta experimentado. Hay miles de ex-gays que pueden dar testimonio de su curación, que ahora son felices, llevando una vida de castidad o que han podido casarse y tener una hermosa familia. Veremos algunos ejemplos.

Te deseo lo mejor y que seas feliz, amando sinceramente a Dios y a los demás, porque el amor sana y el odio destruye. Ama y perdona a quienes te han hecho daño, y Dios te bendecirá.

PRIMERA PARTE

LA HOMOSEXUALIDAD

En esta primera parte, deseo aclarar qué es la homosexualidad y sus causas para que podamos comprender por qué el estilo de vida gay no es un paraíso, sino más bien todo lo contrario.

EL VERDADERO AMOR

El verdadero amor es lo que da sentido a la vida. Es el ingrediente esencial de toda vida humana auténtica. Una vida sin amor está vacía y sin sentido. Dios nos ha creado por amor y para amar. El material constitutivo de nuestro ser más profundo es el amor. Por eso, debemos distinguir muy bien entre amor y sexo. Todos tenemos obligación de amar a todos sin excepción. Es el primer y principal mandamiento de la ley de Dios. Pero eso no supone que debamos necesariamente tener relaciones sexuales.

Hay quienes creen que sin sexo no se puede ser feliz. Promueven las relaciones sexuales a diestra y siniestra en los medios de comunicación como si una vida feliz debiera tener el ingrediente sexual obligatorio. Siguiendo este camino, rechazan toda norma moral y propician una libertad total sin restricciones de ninguna clase. Así van cayendo en el vicio y en la búsqueda angustiosa del placer sexual hasta llegar a aberraciones contra natura, que nunca los hará felices, sino esclavos de su egoísmo.

El amor verdadero no hay que confundirlo con el amor carnal. Ya decía san Pablo que el amor es paciente y servicial. No es envidioso, no presume ni se engríe, no se irrita, no busca el propio interés, no se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor es eterno (1 Co 13, 4-8). Precisamente, el amor de los activistas homosexuales es todo menos eterno y fiel, como veremos.

El amor verdadero viene de Dios (que es Amor) y nos lleva a Dios. Si lo que llamamos amor, nos aleja de Dios y de los demás, encerrándonos en nuestro egoísmo, podemos asegurar que no es amor auténtico.

Por esto, la sexualidad humana debe estar fundamentada en el amor. Dios ha creado a los seres humanos sexuados hombre y mujer; y ambos son necesarios y se complementan mutuamente. Dios ha querido ambos sexos en su plan creador. Cada sexo tiene sus notas peculiares. El hombre con su fuerte actividad creadora, lleno de energía y voluntad. La mujer con su ternura, llena de cariño para todos los que la rodean. Su fuerza y su espíritu de lucha no serán tan grandes como en el hombre, pero tiene mayor paciencia y perseverancia. Y Dios quiso que ambos se complementaran por el amor. El amor es la base de la vida humana. Es la vocación fundamental e innata de todo ser humano (Cat 2392). Y la sexualidad debe estar ordenada por un verdadero amor. De ahí que quienes procuren encerrarse en su egoísmo y buscar el placer por el placer, pierden el rumbo de su vida, como ocurre en el caso de las prácticas homosexuales. Para recuperarse es preciso recobrar el sentido del verdadero amor, superando los traumas o heridas que los encierran en sí mismos.

¿QUÉ ES LA HOMOSEXUALIDAD?

Dice el Catecismo de la Iglesia católica: La homosexualidad designa las relaciones entre hombres y mujeres, que experimentan una atracción sexual exclusiva o predominante hacia personas del mismo sexo (Cat 2357).

Por supuesto que no todos los homosexuales lo son de la misma manera. Hay quienes se sienten atraídos por cualquier hombre, otros por cierto tipo de varones. Algunos tienen obsesiones sexuales y fantasías permanentes con deseos compulsivos. Unos desean compañeros de su misma edad, otros prefieren mayores o más jóvenes, incluso adolescentes o niños. Algunos, con el tiempo, cambian sus preferencias. Unos desempeñan predominantemente papel activo, otros el pasivo, mientras que la mayoría no tienen papel fijo. Algunos de ellos, pueden experimentar también la atracción heterosexual, son los llamados bisexuales. Hay quienes tienen de forma esporádica impulsos heterosexuales y otros que apenas tienen ninguno. Son los llamados homosexuales exclusivos. Algunos desean tener un compañero para una relación duradera, otros no.

De todos modos, hay que decirlo en voz alta: hay cientos de homosexuales que viven en castidad. Son personas que hay que alabar y a quienes la Iglesia acoge con cariño y los anima a seguir por ese camino, ayudando siempre y haciendo el bien a los demás. Una vida de soltero, reforzada por la fe, puede resultar heroica en algunos casos. Por eso, dice el doctor Gerard van den Aardwerg, especialista en terapia de la homosexualidad y profesor de Sicología de la universidad de Ámsterdam: Conozco un grupo de homosexuales de Nueva York, llamado Coraje (Courage). Sus miembros trabajan duramente por llevar una vida cristiana y, en concreto, una vida sexual casta. Estos hombres se convierten en modelos de fortaleza y coraje para muchos otros, incluidos los heterosexuales.

El problema está en aquellos que se dejan llevar de su inclinación y practican actos homosexuales. Debemos decir claramente que todo acto homosexual es siempre perjudicial para la salud, totalmente antihigiénico y un acto de violación del cuerpo humano, que va en contra del plan creador de Dios. Este acto daña directamente los tejidos anales y ha sido uno de los factores más importantes para la extensión de la epidemia del SIDA. Si Dios hubiera creado a los homosexuales y los hubiera querido como tales, hubiera creado para ellos algún órgano diferente con el que naturalmente hubieran podido satisfacer su instinto sexual. Si la homosexualidad fuera natural y genética, debería ser permanente, para toda la vida y, sin embargo, existen miles de homosexuales transformados en hombres y mujeres libres, que han recuperado su heterosexualidad.

Por eso, es tan importante saber que hay esperanza y que la curación es posible. Es lo mismo que si uno nace enfermo del corazón o del hígado o de los riñones. ¿Dios los quiere así? ¿Acaso Dios no quiere su curación? ¿Por qué no curarse, si ello es posible? Quizás algunos soporten toda la vida las limitaciones de su enfermedad. Pero, ¿son por ello menos como personas? ¿Son menos valiosos por no poder casarse y no tener relaciones sexuales? El valor y la felicidad no está en el cuerpo, sino en el alma. Y hemos sido creados para amar. Por eso, cuando un hombre sabe amar de verdad y abre su alma con alegría a Dios y a los demás, encontrará automáticamente la felicidad de amar y sentirse amado, al menos por Dios.

Lamentablemente, muchos homosexuales activos se encierran en sí mismos, buscan el placer por el placer, se hacen cada vez más egocéntricos y se vuelven más y más incapaces para amar de verdad. Amar es darse uno mismo y ellos, al buscarse a sí mismos en el placer sexual, pierden fácilmente el sentido de la fidelidad, buscan nuevas parejas y nuevas experiencias sexuales cada vez más fuertes. Y así van cayendo en los vicios, alejándose de Dios y de la moral, produciéndose a sí mismos nuevos sufrimientos. Porque el estilo de vida gay, no es un paraíso de rosas, ya que muchos de ellos buscan ayuda sicológica y no faltan quienes atentan contra su vida. Sin embargo, Dios los ama y siempre los está esperando con amor. ¿Por qué no buscarlo cuanto antes?

CAUSAS DE LA HOMOSEXUALIDAD

Dice el doctor Gerard van den Aardwerg: La teoría de que la homosexualidad es genética y hereditaria sobrevive, gracias a los esfuerzos de los homófilos militantes y de sus protectores libertarios, a pesar de la creciente evidencia de lo contrario. Repetidas veces, se ha hecho pública una investigación que apoya la idea de su normalidad. Un ejemplo reciente es el informe de Bell y sus colaboradores, que defienden que es altamente probable la existencia de una base biológica de la homosexualidad y, entre sus conclusiones, diseñan una moral con que los padres deberían educar a sus hijos de acuerdo con su naturaleza...

Pero su trabajo es una manipulación de la opinión pública. De hecho, uno de los autores es reconocido por su postura prohomosexual. Las estadísticas recogidas por los investigadores no tienen nada que ver con datos biológicos, sino con la niñez y el comportamiento social de homosexuales que actúan como tales. Bieber y sus colaboradores descartaron la tesis genética en base a que el 27% de los casos investigados, habían dejado de ser homosexuales y se habían transformado en heterosexuales. Estudios sobre la homosexualidad en gemelos idénticos (monocigóticos) sugieren que el determinismo genético es altamente improbable; porque, si la homosexualidad fuera determinada antes de nacer, uno esperaría que el 100% de los gemelos idénticos fueran completamente iguales, es decir, ambos heterosexuales o ambos homosexuales. Y esto no ocurre así; está comprobado con historias clínicas de gemelos idénticos que la orientación sexual depende de otros factores y no de los genes.

Francis S. Collins, genetista norteamericano, premio Príncipe de Asturias en investigación científica y técnica de 2001, que el 2005 con su equipo científico ha ordenado y clasificado el genoma humano, que según algunos ha sido el mayor descubrimiento científico de nuestra época, ha afirmado claramente que no hay un gen homosexual, pues la orientación sexual no viene determinada por el ADN. La teoría de la sexualidad innata, genética, no puede sostenerse.

Algunos han sugerido que se deba a las hormonas. Pero, según Perloff, un experto en este campo: Es un fenómeno puramente sicológico y no puede ser cambiado por sustancias endocrinas.

En 1991, se habló de una cierta particularidad en una región del cerebro, constatada en determinados homosexuales; algunos hicieron correr en 1993 la noticia de que habían descubierto un gen homosexual. Pero estas noticias no han podido superar un análisis profundo. Al contrario, los resultados de recientes investigaciones sobre gemelos, han hecho cada vez más improbable una explicación genética o hereditaria.

El doctor Le Vay que fue, según algunos, el que descubrió la supuesta zona del cerebro, que era distinta en los homosexuales, afirmó: No he probado que la homosexualidad sea genética. Ni he encontrado una causa genética para ser gay. No demostré que los hombres gay nazcan así. Eso es un error a la hora de interpretar mi trabajo. Ni siquiera ubiqué un punto gay en el cerebro... Como estudié cerebros adultos, ignoramos, si las diferencias que encontré, estaban ahí desde el nacimiento o si aparecieron más tarde.

Entonces, ¿cuáles son las verdaderas causas que producen esta diferencia en la orientación sexual? Según el doctor Richard Cohen, la homosexualidad es un síntoma que supone traumas infantiles sin resolver, emociones arcaicas, sentimientos congelados, heridas que no han sanado... La necesidad de amor homo emocional es una fuerza inconsciente hacia la unión entre un hijo y su padre o entre una hija y su madre. Ésta es una profunda y oculta herida en el alma de quien experimenta la atracción hacia las personas del propio sexo.

Casi la cuarta parte de los casos de hombres homosexuales experimenta la figura del padre como algo negativo. Su padre lo critica y él se siente rechazado o menospreciado. Este rechazo de su padre puede ser, en muchos casos, un factor fundamental de sentirse excluido del mundo masculino. Para un chico, su padre es el prototipo de hombre. Sentirse apreciado por el padre es esencial para su autoconfianza como hombre. Lo mismo sirve esta conducta para la chica en relación con su madre.

Aparte de ello, los chicos son objeto de burlas por parte de sus compañeros, que los consideran más débiles físicamente y les dan apodos como marica, muñequita…

Una lesbiana resume así su distanciamiento con su madre: Mi madre hacía cualquier cosa por mí, pero yo apenas podía hablar con ella sobre mis asuntos personales y emocionales. Otras dicen: Mi madre nunca tenía tiempo para mí. Mi madre tenía más contacto con mi hermana que conmigo. Ella no me dejaba hacer nada y me ha tratado como una niña pequeña, siempre estaba enferma, estuvo internada varias veces en una institución mental o abandonó a mi familia, cuando yo era muy niña. Algunas lesbianas hablan de que su madre hubiera preferido un varón y la estimularon a tener un comportamiento masculino para poder ser aceptada y querida...

En el 60-70% de los casos, la madre, de una forma o de otra, ha sido demasiado interesada, sobreprotectora, dominante, entrometida, mimosa, intrigante. Ha tratado a su hijo como un bebé o como su favorito y confidente. Y estas influencias han hecho al niño dependiente y débil, sofocando su espíritu emprendedor, su coraje y autoconfianza. Estas madres transmiten a sus hijos una actitud temerosa ante la vida. Sus hijos serán muy cohibidos, obedientes, tímidos. Quien quiera ver los efectos perniciosos de este amor enfermizo madre-hijo, puede leer la vida del novelista francés Marcel Proust, que escribía cartas de amor a su madre, cuando era adolescente, viviendo juntos en la misma casa.

Otro punto importante de desequilibrio es la mala relación padre-hijo. Según el siquiatra Bieber, ninguno de sus pacientes había tenido una relación normal padre-hijo. En la mayoría de los casos, el padre estaba alejado y no se involucraba en la vida cotidiana ni en los intereses de su hijo. Mi experiencia es la misma. El estudio de 120 de mis pacientes masculinos dio por resultado que en tan sólo dos o tres casos, la relación padre-hijo podía ser considerada positiva. Incluso, en estos casos, la relación padre-hijo era distante. Por eso, podemos afirmar que rara vez la relación padre-hijo es positiva y que el hombre que desarrolla un complejo de inferioridad homosexual no ha tenido la oportunidad de conocer a su padre como un auténtico padre.

Hay padres que están demasiado ocupados o lejos de la familia. Otros pueden tener personalidades débiles, poco masculinas, y demasiado dependientes o temerosas y que son flojos como modelos de virilidad. A otros, por ser demasiado viejos, les falta el dinamismo juvenil, no juegan con sus hijos ni los animan a desarrollar sus actividades masculinas. El resultado es una alteración en el comportamiento de los hijos que se ve afectado, pareciéndose a un pequeño viejecito.

La doctora Elizabeth Moberly acuñó el término necesidad de amor homo emocional, que luego sería difundido por el doctor Joseph Nicolosi. Es decir, que el homosexual necesita del amor de su padre o la lesbiana de su madre. Y, al no encontrarlo en ellos, lo busca en otro hombre o en otra mujer respectivamente. Dice el doctor Richard Cohen: En las personas homosexuales existe un sentimiento de inadecuación y de estar incompletos en la esencia interior de su ser. Por eso, buscan en otra persona de su mismo sexo la parte de ellos mismos que les falta. Se sienten, al menos de forma momentánea, enteros y más completos a través de un contacto o de una unión con otra persona de su mismo sexo.

En el caso de un varón, puede haber existido una relación madre-hijo anormalmente íntima... Puede ser que se sobreidentifique con su madre y su feminidad y se deje de identificar con su padre y su masculinidad. Después, en la pubertad, el hijo puede experimentar atracción sexual hacia su madre, lo que le lleva a un extremo sentimiento de culpa y a la represión del normal impulso sexual hacia las mujeres. Puede que, entonces, se vuelva hacia los hombres, buscando intimidad y sexo, para no “traicionar” a su madre ni volver a experimentar aquella culpa. Este proceso puede ser completamente inconsciente. En el caso de las mujeres lesbianas, el padre u otro varón significativo suele ser el abusador, que es seguido por un abuso sexual femenino. El abuso puede ser sexual, emocional, mental o físico. Esto deja a la niña profundamente traumatizada con los hombres.

Uno de los rasgos característicos de los homosexuales es su complejo de inferioridad con relación al propio sexo. Los demás pueden parecerle superiores. Sus compañeros le parecen más masculinos y más fuertes. En el caso de las chicas, las otras les parecen más femeninas y más bonitas. Por eso, idealizan a los miembros del mismo sexo, queriendo ser como ellos. Es por eso que, en general, suelen tener un deseo imperioso de ser estimados y desean llamar la atención. El niño que hay dentro de ellos, aunque sean adultos, busca aprecio de modo tan insaciable como un niño de verdad. Hay en ellos un egocentrismo mental, que se manifiesta, especialmente, en sus fantasías sexuales y en sus deseos de ser atractivos.

A veces, el complejo de inferioridad por ser pequeños, flacos, gordos, enfermizos..., puede fomentar en parte esta inclinación, aunque no es determinante de por sí. Lo que sí parece más cierto, en general, es que los chicos con tendencia homosexual son más sensibles que el resto, con mayores inclinaciones artísticas y menos dados a los deportes y a los juegos bruscos, teniendo muy baja autoestima. Esto puede llevarlos, en algunos casos, a la depresión por sentirse diferentes.

Por supuesto que cada caso es un mundo diferente y sus causas determinantes son personales. De ahí que el terapeuta debe buscar en las profundidades de su siquismo para sacar a luz los traumas recibidos en la infancia y adolescencia. En unos casos, la inclinación sexual se dirige a personas mayores que ellos, como si buscaran un padre o una madre; en otros, es hacia personas de su misma edad, buscando en ellos lo que a ellos mismos les falta. La mayor parte busca hombres fuertes, seguros de sí mismos, que es lo que ellos quisieran ser. Lamentablemente, algunos homosexuales activos practican actos perversos, haciendo las cosas más extravagantes y deshonestas. ¿Por qué? Porque cada día buscan nuevas experiencias para su insaciable apetito sexual y buscan el placer sexual con un deseo compulsivo que les hace, a veces, llegar a violaciones de niños.

Pero, sea cual fuere la causa de la homosexualidad en cada persona, lo importante es saber que se puede curar, que nadie es tan pecador que no pueda ser perdonado por Dios y que Dios los ama y los espera para sanarlos y darles una nueva vida más humana y feliz. Esta sanación puede venir por medio de terapeutas competentes o, a veces, por medio de procesos verdaderamente extraordinarios, cuando una persona se entrega totalmente en las manos de Dios y deja la actividad homosexual para cumplir la voluntad de Dios.

EL MITO DEL 10%

Uno de los mitos que la propaganda de los activistas homosexuales más suelen hacer creer es que los homosexuales son el 10% de la población. Este porcentaje está basado en los fraudulentos estudios de Alfred Kinsey.

Kinsey (1894-1956) ha sido uno de los principales promotores de la liberación sexual. De niño estaba obsesionado con la masturbación y sus deseos homosexuales. Se masturbaba frecuentemente con métodos masoquistas y trató por todos los medios de que la sociedad aceptara como normales la homosexualidad, el masoquismo, la pedofilia, la bestialidad y otras conductas sexuales desviadas. En cuanto a la bestialidad, decía que la ciencia había descubierto que era un fenómeno prácticamente universal y, por tanto, absolutamente natural.

Se casó con Clara Bracken McMillen en 1921 y tuvieron tres hijos a quienes educaron en plena libertad sexual, animándoles a practicar el nudismo. Cuando su esposa se enteró de su inclinación marcadamente homosexual, lo apoyó en todo y ella misma tenía relaciones con diferentes hombres a quienes Kinsey intentaba seducir.

Fundó el Instituto Kinsey para la investigación científica de las conductas sexuales a pesar de que no era siquiatra ni sicólogo ni sexólogo, sino un simple profesor de biología, experto en la clasificación de insectos en la universidad de Indiana.

Decía que el problema de la pedofilia (relaciones con niños), no era que fuera antinatural, sino que la sociedad lo rechazaba al igual que otras formas de comportamiento. Publicó dos libros para justificar todas las conductas sexuales: Sexual behavior in the human male (comportamiento sexual del hombre) en 1948 y Sexual behavior in the human female (comportamiento sexual de la mujer) en 1953. En estos libros fabricó resultados con la tasa de 10% para los homosexuales. El caso es que esta tasa del 10% todavía se sigue publicando en libros de educación sexual para convencer a todos de la normalidad de la homosexualidad y de la gran cantidad de homosexuales que hay dentro de la sociedad para que así sean aceptados más fácilmente.

Pero, según otros investigadores, los datos en los que se fundamenta la investigación de Kinsey no son representativos de la sociedad en general. Entre los encuestados por Kinsey (5.300) muchos eran o habían sido prisioneros. Un alto porcentaje de ellos estaba acusado de abusos sexuales (él tenía historias de unos 1.400). Muchos de los que respondieron a su encuesta eran asistentes a Seminarios sobre sexualidad a los que habían asistido para obtener respuestas a sus problemas sexuales. Otros fueron reclutados entre líderes homosexuales. Y, por lo menos, 200 de los encuestados practicaban la prostitución. Ni siquiera el mismo Kinsey dijo jamás que el 10% de la población era homosexual, sino solamente dijo que el 10% de los hombres mayores de 16 años eran más o menos exclusivamente homosexuales por períodos de hasta tres años. La cifra que presentó de personas exclusivamente homosexuales durante toda su vida, fue de un 4%.

El gobierno norteamericano llevó a cabo una encuesta nacional en la universidad de Chicago a través del National Opinion Research Center, que abarcó 1.537 adultos e informó que sólo el 0.6 al 0.7% había tenido relaciones exclusivamente homosexuales. Pero el 1.2% expresó haber realizado actividades homosexuales durante el año anterior.

La encuesta del gobierno canadiense se realizó con un grupo de 5.514 estudiantes universitarios de menos de 25 años. Se pudo observar que el 98% eran heterosexuales y el 1% bisexual y el 1% homosexual. En una encuesta del gobierno danés, con 3.000 adultos entre 18 y 59 años, se comprobó que se daban relaciones homosexuales en un 2.7% de varones; pero, en menos del 1%, eran exclusivamente homosexuales.

Según una encuesta del Instituto nacional de estadística de España del 2004, se deduce que el 3% de la población española entre los 18 y los 49 años declara haber mantenido relaciones homosexuales alguna vez. Entre ellos hay, con seguridad, muchos heterosexuales que, alguna vez, han experimentado este tipo de actividad sexual, pero no son propiamente homosexuales de ninguna manera. Por eso, según algunos, la proporción real de homosexuales en España sería en torno al 1.5%.

Como diría el doctor Gerard van den Aardweg: Los pocos estudios válidos, que se han llevado a cabo con grupos selectos apuntan como mucho a un 2 ó 3% de la población. Otros estudios ni siquiera apuntan al 1%. Lo que pasa es que se da desmesurada atención al tema de los homosexuales en los medios de comunicación, y estar a favor de la homosexualidad se ha convertido en un signo de progreso.

PEDERASTIA Y HOMOSEXUALIDAD

Sería una gravísima injusticia decir que los homosexuales son todos pederastas, pero también es cierto que un gran número de ellos lo son. En 1947, André Gide recibió el premio Nobel de literatura. Escribió, entre otros, el libro Corydon, que constituye como el primer manifiesto del movimiento gay. En este libro distingue a los homosexuales en dos categorías separadas. Los que prefieren hombres adultos y los que prefieren hombres jovencitos imberbes, adolescentes, que son propiamente los pederastas, entre los que él orgullosamente se anota y cuya práctica frecuentaba en los barrios de Tánger y Casablanca en Marruecos. Según estudios hay una relación significativa entre homosexualidad y pederastia entre el 22 y el 60%.

Según estadísticas del gobierno de USA, en 1992, entre el 17% y el 24% de chicos menores de 18 años han sido víctimas de abusos sexuales por homosexuales, comparado con el de 0.09 de chicas víctimas de abusos por heterosexuales. Como se ve la diferencia es enorme.

Precisamente, muchos heterosexuales han tomado ese camino de la homosexualidad por haber sido abusados por otros. Veamos dos ejemplos reales.

El padre de Steve era alcohólico y abusaba físicamente tanto de su mujer como de Steve. A la edad de seis años, un vecino abusó sexualmente de él. Eso volvió a sucederle con nueve y diez años, a manos de otros chicos mayores del vecindario. Estas experiencias, unidas a su distanciamiento respecto de su padre, pusieron los cimientos para una conducta activa de homosexualidad en su vida adulta. Con un tratamiento eficaz, Steve fue capaz de dolerse por las pérdidas del pasado y cortar los lazos que le unían con la atracción hacia los de su sexo. Hoy está libre de deseos homosexuales.

El padre de Howard pasaba mucho tiempo fuera de casa por viajes de trabajo y, cuando volvía, era muy indiferente en la relación con su hijo. Cuando Howard tenía cuatro años, un compañero de colegio, llamado Robert, abusó sexualmente de él. Hacía algún tiempo que conocía a Robert. Howard recibía atención, afecto y también intimidad sexual de Robert. En el cuerpo de Howard se formó un patrón que le indicaba que, para obtener el cariño de un hombre, debía tener relaciones sexuales con él. Cuando fue adulto, continuó teniendo relaciones homosexuales siempre que alguna presión se cernía sobre su vida. Era su válvula de escape, su receta para obtener vínculos con los varones.

Johnson y Shrier hallaron una fuerte correlación estadística entre el abuso sexual infantil y la actividad homosexual en la adolescencia y en el estado adulto. Los niños, que habían sido agredidos por hombres adultos, tenían cuatro veces más probabilidades de tener actualmente relaciones homosexuales que aquellos que no habían padecido tales agresiones. Además, descubrieron que aquellos que habían sufrido agresiones sexuales en la infancia, se identificaban a sí mismos como homosexuales en una proporción próxima a siete veces mayor, y, como bisexuales, casi seis veces más que aquellos que no habían padecido las agresiones.

Según el Journal of the american medical Association, el 50% de los hombres enfermos de SIDA habían tenido relaciones sexuales con un hombre adulto antes de los 16 años y el 20% antes de cumplir 10. En realidad, estudios científicos señalan que de cada tres pedófilos uno es homosexual, cuando son como mucho un 2% entre la población en general. Los homosexuales tienen unas doce veces más probabilidades de molestar a los niños sexualmente que los heterosexuales. Los profesores homosexuales son al menos siete veces más propensos a molestar a un alumno y se estima que los profesores homosexuales han cometido al menos el 25% de los actos sexuales contra alumnos.

Es penoso comprobar que, en algunas oportunidades, hay niños que son secuestrados para satisfacer las necesidades sexuales de algunos homosexuales. Las revistas pornográficas homosexuales están abundantemente ilustradas con actos sexuales que implican niños y adolescentes. Pareciera que todo vale, pero las consecuencias del abuso sexual duran para toda la vida.

Un niño abusado, aunque sea por sus compañeros mayores del colegio, padecerá graves problemas sicológicos. Según algunos estudios, un 75% consideró el suicidio como una alternativa; un 40% lo intentó y un 15% se suicidó. El 85% de los niños abusados sexualmente son adictos al alcohol o a la droga, y un 90% tiene algún tipo de desorden depresivo.

Muchos de los violadores son personas cercanas o familiares. Y normalmente son personas con impulsos sexuales compulsivos, es decir, personas enfermas sexualmente hablando. Y, cuando un homosexual adicto al sexo no tiene a un adulto de su mismo sexo disponible y se presentan ciertas circunstancias, puede incurrir en la violación para satisfacer su instinto insaciable.

Veamos el caso del escándalo de los sacerdotes. Hay que decir con toda claridad que se han querido aprovechar estos casos para desprestigiar a la Iglesia católica y a todos los sacerdotes en general. Se han sacado casos de hace 30 y hasta 50 años; ha habido muchísimas difamaciones. El caso más patente ocurrió en Brasil. El 16 de noviembre de 2005, la revista brasileña ISTOE publicó un informe en que se decía que en Brasil, según una investigación del Vaticano, había 1.700 sacerdotes comprometidos en crímenes sexuales. Fue una información totalmente falsa, pues se trataba de 1.700 sacerdotes encuestados y no culpables de ningún abuso. Además, el Vaticano no había realizado ninguna investigación al respecto. Por eso, el cardenal Geraldo Majella, presidente de la Conferencia episcopal de Brasil, pidió a la revista que se rectificara públicamente, cosa que no hizo.

¿Cuántos casos habrá habido de calumnias, buscando alguna ganancia económica en los tribunales? También se han dado muchos casos en los que se han denunciado a sacerdotes ya fallecidos, que no podían defenderse. De todos modos, es cierto que en Estados Unidos un número entre 60 y 100 sacerdotes han cometido abusos sexuales con jóvenes y adolescentes. Según la investigación de la Pensylvania State University, dada a conocer en un documento titulado Pedophiles and priests, serían unos 60 sacerdotes suspendidos por abusos sexuales.

El doctor Jenkins, que hizo la investigación, dijo: Los abusos cometidos por clérigos son mucho menos frecuentes de lo que dan a entender los titulares de los periódicos. Él mismo afirma que la tasa de incidencia es mucho mayor entre maestros y otros profesionales que trabajan con niños y jóvenes.

Sobre este tema, los cardenales norteamericanos, reunidos el 24-4-2002, manifestaron textualmente en un comunicado público: Si bien los casos de pedofilia auténtica por parte de sacerdotes y religiosos son escasos, todos reconocen la gravedad del problema. Se ha destacado que, prácticamente, todos los casos han visto implicados a adolescentes, por lo que no puede hablarse de casos de pedofilia auténtica. De hecho, el 99% de todos los sacerdotes involucrados en escándalos eran homosexuales. Por ello, el Papa Benedicto XVI ha prohibido en absoluto que sean ordenados sacerdotes quienes practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o sostienen la llamada cultura gay.

¿Hay discriminación contra los homosexuales por no aceptarlos para ser sacerdotes? Algunos dirán que sí, pero la experiencia es madre de la ciencia y, por ello, la Iglesia no quiere tener más escándalos que minen su prestigio por causa de sacerdotes homosexuales. Los sacerdotes deben vivir el Evangelio con coherencia y ser modelos para todos los fieles. La Asociación de médicos católicos norteamericanos, en un comunicado del 29 de mayo del 2002, hablando sobre esto, decía:

Al tratar a sacerdotes involucrados en pedofilia, hemos advertido que esos hombres, casi sin excepción, sufrían de negación de pecado en sus vidas. No estaban dispuestos a admitir y solucionar el profundo dolor emocional que habían experimentado en una niñez de soledad, a menudo en su relación paterna, el rechazo de sus compañeros, la falta de confianza masculina, la mala imagen corporal, tristeza, rabia. Esta rabia, que se originaba mayormente a partir de desilusiones y heridas con sus compañeros o padres y que, a menudo, iba dirigida hacia la Iglesia, el Santo Padre y las autoridades religiosas. Al rechazar las enseñanzas de la Iglesia sobre la moralidad sexual, estos hombres adoptaron mayormente la ética sexual utilitaria. Ellos han llegado a considerar su propio placer como el fin más alto y, en consecuencia, han usado a otros, incluyendo a adolescentes y niños, como objetos sexuales. Trágicamente estos errores permitieron a estos hombres justificar sus conductas.

Según los médicos católicos que trataron a estos sacerdotes, que causaron escándalos, eran homosexuales con serios problemas éticos y sexuales. Podemos decir que eran enfermos con graves trastornos sicológicos y emocionales. ¿Y sería discriminación tomar medidas preventivas para evitar que se vuelvan a repetir hechos semejantes?

Según hemos anotado anteriormente, entre el 17% y el 24% de chicos menores de 18 años fueron víctimas de abusos sexuales por homosexuales, comparado con el 0.09 de chicas víctimas de abusos por heterosexuales. Los homosexuales tienen doce veces más probabilidades de molestar a los niños sexualmente que los heterosexuales. Lo cual indica que es preferible evitar darles responsabilidades relacionadas con niños, ya que es mejor prevenir que lamentar.

ACTIVISTAS HOMOSEXUALES

Hasta 1973, la DSM (Diagnostic and statical Manual of mental disorders; Manual de desórdenes mentales) de Estados Unidos incluía a la homosexualidad entre los desórdenes mentales. Pero ese año fue sacada de la lista en medio de mucha controversia. El activista homosexual Ronald Bayer dijo que tuvieron que presionar a la Asociación siquiátrica americana para quitarla de la lista, considerando que eso era una discriminación. Era como ser racista y acusaban a los siquiatras de ser instrumentos de opresión y tortura. Hasta ese año, los activistas gays consideraban a la Siquiatría como el enemigo número uno de su estilo de vida. En 1986 lograron otro triunfo al conseguir que se excluyera la pedofilia de la lista de trastornos sicológicos.

Pero veamos cómo se ha llegado al estado actual. En los años setenta se inició en Estados Unidos una ofensiva importante de algunos grupos gays militantes. Irrumpían en congresos de la APA (Asociación americana de siquiatras), retiraban paneles científicos sobre el tratamiento de personas con sentimientos homosexuales y lanzaban acusaciones de crueldad y falta de humanidad con amenazas personales a siquiatras prominentes. Este movimiento provocó la formación de un panel de expertos (Task force), dirigido por el doctor Socarides y, a los dos años de constituirse, concluyeron que la “homosexualidad debía considerarse como un trastorno del desarrollo sicosexual”.

Dicho documento acabó archivándolo el consejo ejecutivo de la APA para evitar “ramificaciones políticas” y, en 1972, se constituyó otro panel de expertos dirigido por el doctor Spitzer, que apoyó las solicitudes a favor de un referéndum en la APA para zanjar el tema. Se organizó entonces una votación en el seno de la APA, de unos 30.000 miembros en esa época, en medio de presiones internas importantes de algunos activistas homosexuales, que incluso financiaron cartas pidiendo el voto favorable a su tesis, pero sin desvelar que ellos financiaban la propaganda.

En la votación participaron solamente el 25% (7.500 )de los miembros de la APA y el resultado fue que aproximadamente el 60% (4.500 de ellos) estaba a favor de eliminar la homosexualidad del Manual de diagnóstico; y así se decidió finalmente. Sin embargo, en 1977 se realizó una encuesta aleatoria a 10.000 miembros de la APA y resultó que el 69% (6.900 miembros) afirmaba que la homosexualidad “suele ser más bien una adaptación patológica que una variación normal”. Y se acabó, concluyendo que los resultados del estudio anterior fueron fruto de consideraciones políticas y sociales más que científicas; pero ya era demasiado tarde.

En 1994, los mismos grupos de presión intentaron declarar no ético el tratamiento de personas con orientación homosexual, aunque estos lo pidieran voluntariamente. Sin embargo, ante la amenaza de la APA de reabrir el debate sobre la definición de la homosexualidad, abandonaron afortunadamente esta nueva línea de presión.

Probablemente, no exista otro ejemplo en la medicina donde se decida sobre la clasificación o no de un fenómeno como enfermedad por votación simple y sin criterios científicos, claramente comprobados.

En un documento extenso, llamado Vendiendo la homosexualidad a América (Selling homosexuality to America) se relatan los pormenores de la campaña iniciada por los grupos de presión de gays y lesbianas en la década del setenta. Los activistas homosexuales contrataron a los mejores especialistas de marketing de la universidad de Harvard para que les diseñaran un programa de relaciones públicas cuidadosamente calculado. Se trataba de vender la idea de que la homosexualidad es algo normal. Después había que conseguir el control de los medios de comunicación para presentar informaciones distorsionadas en los medios de mayor prestigio por medio de películas, programas de televisión, libros, novelas, revistas, videojuegos…

En la revista Cristopher Street de diciembre de 1984, dos dirigentes del movimiento gay (Marshall Kirk y Erastes Pill) publicaron un artículo titulado Waging peace: a gay battle plan to persuade straight América (Comenzando la paz: un plan de batalla gay para persuadir a la América heterosexual). En otros medios presentaron, de distintas maneras, frases como: Hay alguien a quien quieres que es homosexual: somos iguales a vosotros excepto en la orientación sexual; llevamos vidas tan productivas como vosotros; cualquiera puede infectarse de sida…

A quienes no están de acuerdo con que la homosexualidad es algo normal, los acusan insistentemente de reaccionarios, homófobos, ignorantes o intolerantes. Un ejemplo es el caso del socialista francés Lionel Jospin, que por no estar de acuerdo con el cambio de la definición secular de matrimonio, ha sido etiquetado de homófobo. Otro caso es el del catedrático de sicopatología, Aquilino Polaino, que dio una conferencia el 20 de junio del 2005 en el senado español, manifestando su desacuerdo con que se considere a la homosexualidad como normal y ha sido insultado gravemente por la Federación estatal de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de España. Lo peor es que desvirtuaron sus afirmaciones. Él afirmó: De los 160 hombres y mujeres de conducta homosexual que han solicitado mi ayuda como terapeuta, muchos de ellos y de ellas describen y perciben al padre durante la infancia como un padre hostil, distante, violento o alcohólico. Pero ellos han afirmado en los medios de comunicación que él ha dicho que los gays son hijos de padres hostiles y alcohólicos.

Han promovido películas para favorecer sus ideas. Jonathan Demme, director de la película El silencio de los corderos, fue duramente criticado por los gays, pues presentaba a un sicópata asesino con orientación homosexual. Después, hizo la película Filadelfia con evidente propaganda pro-gay para compensar y defenderse de dichas críticas. Y hay series de televisión como Los Serrano, Aquí no hay quien viva, Hospital central, proponiendo como normal los comportamientos homosexuales. Y, si algún sacerdote o persona influyente o famoso afirma ser gay, lo publican a los cuatro vientos para reafirmar más su identidad y normalidad.

Muchos homosexuales se unen en Asociaciones para presionar a los gobiernos con el fin de obtener toda clase de supuestos derechos, basados en el principio de que la homosexualidad es algo genético y que, por tanto, es algo completamente natural y normal. De acuerdo a esto, tratan de imponer a todo el mundo la ideología del género. Esta ideología ha tomado más impulso a raíz de la Conferencia mundial de las Naciones Unidas en Pekín, en setiembre de 1995. Según esta teoría, las diferencias anatómicas entre el hombre y la mujer no son importantes. Las diferencias esenciales sobre el modo de pensar, obrar, valorarse, etc., son fruto de la cultura social, no de la naturaleza. Por eso, no quieren hablar de sexos, como si sólo hubiera los dos preestablecidos: hombre y mujer. Ahora se quiere hablar de géneros para indicar que cada uno puede escoger libremente a qué género quiere pertenecer, si ser hombre o mujer heterosexual, homosexual, bisexual… Si no está de acuerdo con su anatomía, hasta puede hacerse una operación de cambio de sexo.

En el fondo de esta mentalidad está el querer la igualdad total. Para ellos, todos los géneros son igualmente buenos y no hay inferiores o superiores, mejores o peores. Lo mismo da ser heterosexual que homosexual o bisexual, con el cuerpo de hombre o de mujer. Todo depende de la decisión personal. También quieren imponer la legalización mundial del aborto y de los anticonceptivos, porque, según dicen, una cosa es placer sexual y otra muy distinta son los hijos. Siguiendo esta línea, también quieren libertad total a la hora de poder tener hijos y piden la legalización de la fecundación artificial, inseminación artificial, clonación, el uso de vientre de alquiler… para que así, incluso los homosexuales, puedan tener sus propios hijos sin relaciones sexuales.

Para ellos, la pertenencia natural a un sexo determinado es quedarse atrasado. Quieren crear una sociedad de total igualdad entre el hombre y la mujer, una sociedad en la que todas las modalidades posibles de comportamiento sexual sean autorizadas e, incluso, legalizadas. Para ello hay que suprimir palabras como matrimonio, maternidad, familia…

La familia tradicional, heterosexual y abierta a la procreación, es también, según ellos, producto de la cultura. Hay que aceptar otras formas de matrimonio o de familia, aceptando la promiscuidad, la homosexualidad... Porque, para ellos, no hay pecados sexuales, todo debe estar permitido. No debe haber represión sexual.

Todas estas ideas quieren imponerlas desde foros internacionales. Las asociaciones de gays y lesbianas tienen representación en foros de la ONU. En 1993 la ILGA (Asociación internacional de gays y lesbianas) fue nombrada como órgano consultivo del ECSOC (Consejo económico y social de la ONU). Dentro del ILGA está representada una organización para la emancipación de la pedofilia llamada NAMBLA (Asociación norteamericana de amantes de niños). En reuniones de la ONU los grupos de activistas homosexuales presionan para legalizar la pedofilia con adolescentes, a partir de los 10 años. Ya en Holanda se ha despenalizado la pedofilia desde 1990 con menores de 12 años, con el permiso de sus padres, y, a partir de los 16, sin su permiso.

Una vez que se legalice la pedofilia con niños de 10 años, seguirán otros pasos como la posibilidad de legalizar el incesto, las relaciones entre hermanos, entre un padre y su hija, entre una madre y su hijo, entre un ser humano y un animal, y aquí podemos dejar libre la imaginación. Porque cuando no hay valores morales objetivos y todo depende de lo que uno cree que es bueno o malo, el relativismo moral lleva a las cosas más extrañas. En junio de 2005, en Filadelfia (USA), el desfile del Orgullo Gay, financiado por la ciudad a expensas de los contribuyentes, incluyó carros donde se practicaban públicamente actos homosexuales simulados.

En muchas escuelas y universidades, los profesores, en las clases de educación sexual, les hablan a los niños de los órganos masculinos y femeninos, de la fecundación, de los métodos anticonceptivos para tener sexo sin hijos, pero también les hablan de la fisiología y procedimientos de las prácticas homosexuales como la sodomía, del sexo oral…

Por otra parte, los activistas homosexuales luchan contra toda clase de discriminación contra ellos. Es cierto que mucha gente todavía los rechaza y se burla de ellos. Muchos de ellos deben sufrir por parte de sus compañeros en el trabajo, etc. Lo peor es cuando sus propios familiares no los aceptan y hasta los expulsan de su casa. Son muchos los sufrimientos que han sufrido y siguen sufriendo todavía por su orientación sexual. Por eso, la Iglesia ha dicho con toda claridad que la orientación sexual no es pecado y que ellos, como personas, tienen derecho a ser respetados totalmente.

Ahora bien, este respeto también deben tenerlo ellos para con los demás. Porque, con frecuencia, los activistas gays exigen tolerancia y ellos no la practican. Exigen a los gobiernos leyes drásticas para reprimir a los homofóbicos, para poder denunciar penalmente a quienes simplemente no estén de acuerdo con la práctica homosexual ni aceptan su supuesta normalidad. Ya existen países con normas contra los que se manifiestan en contra. ¿Es que no se va a poder opinar en contra de la homosexualidad en público bajo pena de ser castigados por la ley?

No hay prácticamente ninguna manifestación pro-gay en estos tiempos de gran tolerancia en que no se parodie groseramente y de modo insultante a las religiosas o sacerdotes. En algunos desfiles gays y festivales del Orgullo gay, hay quienes se disfrazan de obispos y sacerdotes para mofarse de la Iglesia como si fuera su enemigo por no aceptar su estilo de vida. ¿Acaso los católicos alguna vez han organizado desfiles o manifestaciones públicas para reírse de ellos?

La jornada de Orgullo gay, celebrada hace unos años en Milán, presentaba como novedad un tren pintado con vivos colores que abría la caravana con muchos travestis semidesnudos y en el tren unos 20 niños. Junto a ellos, caminaban orgullosos sus “padres”, porque se trataba de parejas de mujeres lesbianas, que habían tenido el hijo por inseminación artificial con el esperma de un desconocido. ¡Pobres niños! que, cuando lleguen a la edad de la razón, descubrirán que les falta un padre y se encontrarán con dos mujeres, una de las cuales hace la parte del marido y otra de la mujer.

En el mes de junio del 2006, cincuenta activistas homosexuales interrumpieron una misa en la catedral de Minneapolis (USA), ataviados con los colores del arco iris, que es el emblema de los gays. Se les negó la comunión, pero uno de ellos agarró una hostia a la fuerza y la repartió con los demás.

En abril del 2007, el Presidente de la Conferencia episcopal italiana, Monseñor Angelo Bagnasco, recibió muchas amenazas por opinar contra la legalización de los matrimonios homosexuales en Italia.

El año 2000, hicieron una gran manifestación pública en Roma, precisamente el año del Jubileo para contrarrestar, de alguna manera, las actividades religiosas de ese año programadas por la Iglesia católica. También quisieron hacerlo en Jerusalén, donde se les negó. Pero, en algunos lugares como Valencia, donde fue el Papa, también hicieron manifestaciones en contra de la Iglesia y a favor de sus derechos. ¿Dónde está su tolerancia?

Pero veamos más casos de intolerancia gay. La Comunidad evangélica británica expresó su preocupación el 4 de marzo del 2007 por el futuro de la libertad religiosa en ese país después que un tribunal rechazara la petición de un juez cristiano a ser eximido de los casos de adopción de niños por parejas del mismo sexo. El tribunal rechazó la objeción de conciencia del juez Andrew McClintock como una opinión personal, que tenía que ser dejada de lado en los puestos de funcionarios públicos. Esto significaba que, si no cumplía lo mandado, sería destituido del cargo. Y lo mismo puede ocurrir a quienes no quieran celebrar matrimonios gays o cumplir cualquier exigencia de supuestos derechos aprobados por la ley. Porque uno de los puntos más importantes de sus demandas es la legalización del matrimonio homosexual y de poder adoptar niños.

¿MATRIMONIO DE HOMOSEXUALES?

Dios es el autor del matrimonio. Después que Dios creó a Adán dijo: No es bueno que el hombre esté solo. Hagámosle una compañera semejante a él (Gén 2, 18). Por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne (Gén 2, 24). Y, a continuación, les da el mandato de tener hijos como fruto del matrimonio: Creced, multiplicaos y llenad la tierra (Gén 1, 28). Pero observemos que dice el texto sagrado: Creó Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios los creó, y los creó macho y hembra; y los bendijo Dios, diciéndoles: Creced y multiplicaos (Gén 1, 27-28).

Aquí sólo se habla de hombre y mujer. En ninguna parte se habla de otra categoría de seres humanos intermedios y homosexuales, pues si la homosexualidad fuera genética, Dios mismo la habría querido y habría aceptado su sexualidad y, por tanto, la práctica homosexual. Pero Dios los creó a su imagen, varón y mujer. Y quiso que se unieran para que de su amor nacieran los hijos. Y, como conclusión, dice claramente: Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá su mujer (Gén 2, 24). No dice a sus mujeres o a otro hombre, sino a su mujer. Por consiguiente, queda descartado por Dios cualquier otro matrimonio. Y, aunque el pueblo judío aceptó durante mucho tiempo la poligamia, Jesucristo dijo claramente: ¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo hombre y mujer? Y dijo: Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De manera que ya no son dos sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre. Ellos (los fariseos) le replicaron: Entonces, ¿cómo es que Moisés ordenó dar el libelo de divorcio y repudiar a la mujer? Él les dijo: Por su dureza de corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero al principio no fue así (Mt 19, 4-8).

Dios ha querido desde siempre que un hombre y una mujer puedan formar un verdadero matrimonio y estén abiertos a la vida para tener hijos. Cualquier otro modelo de familia está fuera del plan de Dios. El Catecismo de la Iglesia dice: La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento (Cat 1660).

Está claro que, según el plan de Dios, está descartado cualquier otro modelo de familia como el de homosexuales o transexuales. Porque, si empezamos a legalizar uniones, se podría también legalizar la poligamia, como en los países árabes, o la poliandria (una mujer con varios hombres) o, simplemente, entre un grupo de tres o cuatro o más hombres y mujeres homosexuales o no. ¿Por qué solamente se debe legalizar la unión entre dos personas homosexuales y no entre más de dos?

Si dos amigos declaran que se quieren mucho y que tienen relaciones homosexuales, entonces pueden casarse y gozar los derechos de beneficios fiscales en herencias y pensiones. Si dos amigos deciden vivir juntos para participar de sus beneficios, pero afirman que no hay sexo entre ellos porque no son homosexuales, ¿no pueden casarse? ¿Acaso la diferencia para casarse y obtener beneficios es solamente el sexo? ¿Acaso el que tengan sexo les capacita para educar niños y que se les dé el derecho a adoptarlos? ¿Y si un equipo de fútbol o un cuerpo de bomberos o un grupo de amigos de un club quisiera adoptar un niño, no tendría la misma capacidad que ellos para adoptarlos?

En fin, habría muchas preguntas sin respuestas, porque, si empezamos a legalizar, al final, nadie va a saber qué es un matrimonio. Ahora ya no quieren que se hable de padre o madre, sino de progenitor A y B, para no herir la susceptibilidad de los niños adoptados por padres homosexuales, donde ¿cuál es la mamá entre dos lesbianas? ¿Y cómo se le va a llamar a una y a otra? ¿Y entre los dos hombres, quién se va a llamar padre? ¿Y el otro? ¿Y si estos niños adoptados preguntan por sus verdaderos padres biológicos? Si estos niños adoptados, ya tienen bastantes problemas por ser adoptados, ¿vamos a aumentárselos con los problemas emocionales de sus padres, viviendo en un ambiente homosexual sin referencia paterna o materna?

ADOPCIÓN DE NIÑOS

Este es un tema muy delicado, porque cada día hay más países que están legalizando el matrimonio de los homosexuales y, a la vez, la posibilidad de que puedan adoptar niños. Las parejas gays quieren estar al mismo nivel que las parejas heterosexuales. Pero ¿es esto algo razonable?

Ya hemos hablado anteriormente de que la homosexualidad es un síntoma de trastornos afectivos, lo cual hace que un homosexual y, especialmente, si es sexualmente activo, puede tener conductas desordenadas, por decir lo menos. Hemos anotado que no hay estabilidad entre las parejas homosexuales. Para ellos, cambiar de pareja es algo que sucede muy frecuentemente. Está fehacientemente comprobado que las uniones homosexuales se rompen cuatro veces más que las heterosexuales. La inestabilidad emocional personal se manifiesta claramente en la mayor posibilidad de cambio de pareja. Según la Federación estatal de gays y lesbianas de USA, los homosexuales tienen una media de 39 relaciones distintas a lo largo de su vida. Y su duración no suele ser superior a los tres años. Entre ellos, hay seis veces más intentos de suicidio. El 60% acudió alguna vez, buscando ayuda a sicólogos y siquiatras. Muchos de ellos sufrieron abuso sexual en su infancia y tienen una mentalidad narcisista y egocéntrica. Entre el 70 y el 78% de los gays activos han tenido alguna vez una enfermedad de transmisión sexual. Un número elevado de ellos son enfermos de sida…

¿Podrían los homosexuales, hablando en general, ser buenos padres y madres de un niño adoptado con tanto desequilibrio afectivo? Si ellos no son felices, ¿podrán hacer felices a los niños adoptados? Si ellos necesitan ayuda sicológica, ¿pueden ser propuestos como educadores al igual que los padres normales?

Si una pareja homosexual adopta un niño, se le priva al niño del enriquecedor aporte de la diversidad masculino-femenina del padre (autoridad) y de la madre (afecto) respectivamente. Según estudios, la violencia entre parejas homosexuales es de 2 a 3 veces más frecuente que entre las parejas heterosexuales. ¿Cómo podrían dar una estabilidad familiar y emocional al niño adoptado?

En un estudio del año 2001, publicado en la revista American sociological Review, los mismos sociólogos e investigadores pro-homosexuales Judith Stacey y Timothy Biblarz, demuestran que los niños criados en parejas lesbianas son más proclives a tener experiencias homosexuales que los niños criados en familias heterosexuales; que los niños son más femeninos y las muchachas más masculinas en familias de lesbianas o gays. Además, reconocen que los niños hombres tenían temor de que sus padres adoptivos se disgusten, si descubren sus tendencias heterosexuales. Y también comprueban que las niñas de familias homosexuales son más proclives a iniciarse sexualmente más temprano y a tener más contactos sexuales que las niñas de hogares heterosexuales.

El doctor Aquilino Polaino, experto en terapia familiar y catedrático de Psicopatología de la universidad Complutense de Madrid, profesor de Siquiatría en la universidad de Extremadura y doctor en medicina, afirma rotundamente: El niño que sólo convive con homosexuales, aprende algo que es falso y antinatural: que es irrelevante la atracción hacia personas del otro sexo y suele sufrir un déficit de comportamiento social y un empobrecimiento de su autoestima… Esto puede llevarlo a tener depresiones y a imitar la orientación sexual de sus padres adoptivos, haciéndosele así un daño irreparable a su personalidad y a su estabilidad emocional. El niño tiene necesidad del padre y de la madre para identificarse con las personas de su mismo sexo.

Los principales trastornos que pueden padecer estos niños son: trastornos de identidad sexual, mayor incidencia en comportamientos homosexuales (hasta siete veces más que los niños que viven con sus padres biológicos), una tendencia significativamente mayor a la confusión y promiscuidad sexual, trastornos de conducta, depresión, comportamientos agresivos, ansiedad, hiperactividad, insomnio…

Un estudio científico de Golombok y Tasker, de 1997, manifestó una incidencia mucho mayor de relaciones homosexuales entre los niños que habían crecido con madres lesbianas (un 24%) que los que habían sido educados por madres heterosexuales (0%). Por eso, el Presidente de la Asociación Mundial de Siquiatría, catedrático Juan José López-Ibor, ha afirmado: Un niño paternizado por una pareja homosexual entrará necesariamente en conflicto en sus relaciones personales con otros niños. Se conformará sicológicamente como un niño en lucha constante con su entorno y con los demás. Tendrá sentimientos de frustración y agresividad.

Otro dato grave que hay que señalar es que, según el doctor norteamericano Cameron, un 29% de los niños adoptados han sido abusados sexualmente por sus papás homosexuales frente a un 0.6% en hijos de padres heterosexuales.

Sin embargo, no hay debate sobre el tema de la adopción en que no se oiga afirmar perentoriamente que estudios científicos americanos demuestran que no hay diferencia en cuanto al bienestar o a la salud mental de los niños, entre los que son educados por adultos homosexuales y los que lo son por adultos heterosexuales. Pero la mayor sorpresa e, incluso, lo que hace perder la credibilidad a esos supuestos estudios es que no hay ningún contraejemplo ni reserva. A medida que desfilan las encuestas, que pretenden ser comparativas, la conclusión es siempre la misma, como un estribillo: “No hay diferencia”. Más aún, las pocas veces en que aparece una diferencia entre las dos poblaciones, es siempre y exclusivamente a favor de los niños educados por madres lesbianas…

Veamos una historieta emitida en “France inter” el 11 de noviembre de 2004. Dos mujeres lesbianas educan a sus tres hijas; una de las dos madres ejerce la autoridad paterna. La pequeña está en una Academia en un curso preparatorio. La maestra decide pedir a los alumnos que dibujen su árbol genealógico. La pequeña quiere inscribir como padres a mamá y mamina. La maestra auxiliar duda, se interroga y después lo rechaza, diciendo a la niña que mamina es la amiga de su madre, que la educa, es cierto, pero que no se la puede poner en su árbol genealógico, que indica de dónde viene ella.

La pequeña, perturbada, se pone a llorar. Se llama a la maestra titular que previene al director, el cual da cuenta al inspector de la Academia y se pone orden en todo eso. Se reprende a la maestra auxiliar por homofobia. Se telefonea a las madres para excusarse de haber hecho llorar a la pequeña y se inscribe a la una y a la otra en el árbol genealógico.

El asunto está en que muchos confunden igualdad de derechos como seres humanos con derecho a la igualdad. A veces, hablan de derecho al hijo, cuando el niño no puede ser objeto de derecho, porque no es un objeto. El niño es primero y fundamentalmente sujeto de derechos.

Por eso, hay que decir claramente que el pretendido derecho a la adopción por parte de adultos no existe. Existe el derecho de los niños a tener un padre y una madre, y tienen derecho a ser orientados en las mejores condiciones educativas posibles. Y, dado que hay muchos matrimonios heterosexuales sin hijos, considero que ellos serían los más adecuados para garantizar una buena educación personal. No creo que sea una discriminación impedir a una pareja de enfermos crónicos graves o esquizofrénicos o impedidos físicos o ciegos, que se les impida adoptar niños, porque no pueden atenderlos como se merecen por su incapacidad física o mental.

Philippe Fretté, soltero, de 47 años, fundador en 1986 de la asociación francesa de padres gays y lesbianas, presentó ante los tribunales un recurso, solicitando un niño en adopción. Los tribunales franceses se lo negaron. El 26 de febrero del 2002, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) exculpó a Francia de haber incurrido en discriminación, al rechazar la adopción. El abogado del Estado francés había alegado que, al rechazar la adopción, se buscaba proteger el bienestar sicológico del niño. En la adopción, se trata de dar una familia a un niño y no un niño a una familia. Insistió en que no existe un derecho a adoptar un niño por cualquiera y en cualquier circunstancia, ya que debe verse siempre el bien del niño y, por eso, hay que ver bien quién lo va a adoptar y si reúne las condiciones para poder darle una educación equilibrada y normal; algo que, por principio, es imposible para un niño que vive con padres homosexuales del mismo sexo, pues le faltaría el complemento sicológico indispensable del otro sexo.

Según el Convenio internacional de La Haya, hay que tener como principio básico respetar el interés superior del niño, que busca encontrar una familia, y no una pareja que tiene derecho a adoptar un niño. Subvertir esta jerarquía de intereses, justificándolo con presupuestos ideológicos discutibles, supondría incidir en otra posible forma de explotación de la infancia. Olvidaríamos que un núcleo familiar con dos padres o dos madres, o con padre o una madre de sexo distinto al correspondiente a su rol (transexuales), es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño.

Al igual que, normalmente, es imposible tener un hijo sin padre y sin madre, la propia naturaleza de las cosas hace que sean muchos los aspectos de la personalidad y de la conducta del niño que debe aprender de cada sexo. Privarle de ese punto de referencia supone discriminar a unos niños sobre otros.

Hay un informe muy detallado y documentado con más de 250 estudios y citas bibliográficas, que ha sido redactado por un profesor de neurosiquiatría de la facultad de medicina de la universidad de Carolina del sur, en USA, y en este informe demuestra que las parejas del mismo sexo con actividad homosexual no son opciones óptimas ni para las adopciones ni para la custodia de hogares de acogida. Este informe especial ha sido utilizado en Florida en defensa de la ley que prohíbe la adopción de niños por personas del mismo sexo y en este trabajo se dice:

Los niños, adoptados o en custodia en hogares de acogida por homosexuales, presentan una mayor frecuencia de problemas sicológicos y de conducta (ansiedad, depresión, etc.) que los niños de la población en general. Por ello, las autoridades tienen la obligación de eliminar cualquier riesgo adicional de factores estresantes de fuentes de inestabilidad familiar o de privaciones evitables que las parejas con actividad sexual de tipo homosexual podrían implicar.

Investigaciones empíricas y experiencias clínicas demuestran que los hogares con adultos que tienen relaciones sexuales de tipo homosexual introducen inherentemente más factores estresantes en los niños y niñas adoptados, porque estos adultos presentan más problemas sicológicos como la ansiedad y la depresión. Estos hogares son sustancialmente menos estables que las f­amilias de heterosexuales y privan a los niños de los beneficios de tener padres relativamente mejor ajustados desde el punto de vista sicológico y los beneficios de tener una figura paterna y materna.

Además, muchos autores describen la promiscuidad más como la norma que como la excepción en la homosexualidad, hasta el punto de que algunos autores la consideran más bien intrínseca a la homosexualidad. Por eso, hay países que, a pesar de legalizar la unión de personas del mismo sexo, no permiten adoptar niños.

Por otra parte, si se institucionaliza el adoptar niños es como decir que no es importante que un niño tenga un padre y una madre, lo que va contra toda evidencia científica.

Y todo ello llevará a mucha gente a aceptar esas situaciones, porque hoy lo políticamente correcto es ser tolerante con todo, y las personas homosexuales son presentadas en la televisión como simpáticas e inteligentes, que caen bien a todos.

En conclusión, ¿es realmente progresista legalizar el matrimonio de los homosexuales y la adopción de niños por ellos? ¿Es su estilo de vida gay un paraíso?

¿PARAÍSO O INFIERNO GAY?

Muy a menudo, el estilo de vida homosexual es idealizado por los medios de comunicación social como de color de rosa. Esto resulta comprensible como propaganda; pero, si se oyen las historias de la realidad vivida por homosexuales practicantes durante muchos años, queda claro que no son felices. Un ejemplo claro de esto es el caso de Magnus Hirschfeld (1868-1935), famoso sexólogo alemán que cantaba públicamente alabanzas sobre las relaciones homosexuales duraderas y fieles, pero que puso fin a su vida después de una relación no tan duradera, la última de otras muchas. Su trágica muerte apenas fue mencionada por la prensa ya que podría haber creado confusión y dudas en otros homosexuales.

La periodista norteamericana Doris Hanson entrevistó homosexuales y declara: Es un mundo duro y no se lo desearía ni a mi peor enemigo. Uno de ellos me dijo: Durante años viví con una serie de compañeros de habitación, a algunos de los cuales prometí amar. Ellos juraron que me querían. Pero los vínculos homosexuales empiezan y acaban con el sexo. No hay nada más que eso. Después de un encuentro apasionado, el sexo es cada vez menos frecuente. Los compañeros se ponen nerviosos. Quieren nuevas emociones, nuevas experiencias. Empiezan a engañarse el uno al otro; en secreto al principio, más claramente después. Hay peleas por celos. De pronto, huyes y empiezas la búsqueda de un nuevo amante.

Esta periodista sigue diciendo: Es un mundo en el que las emociones se basan en mentiras. Para alcanzar una satisfacción momentánea del sexo, los homosexuales repiten “te quiero” tan a menudo como se dice “buenos días”. Una vez que la experiencia ha finalizado, sólo están preparados para decir adiós. La caza empieza otra vez. Puedo asegurar que no son exageraciones oscuras o moralistas. Una persona con inclinación homosexual está empujada a una existencia neurótica y conflictiva. Tenaz e insensiblemente, contra todo consejo y, a pesar de la pena que infligen a sus padres, los jóvenes sufren este problema, se abrazan a su elección que, en su ignorancia, confunden con felicidad. No quieren nada más. Puede resultar duro, pero es verdad: muchos degeneran; la alegría y la frescura de juventud se desvanecen; se rinden y son, en muchos aspectos, como los drogadictos.

John Rechy en su libro City of night (New York, Gove Press, 1963) describe el estilo de vida homosexual con todo su entramado de alienación y soledad. En su libro Proscrito sexual (Sexual Outlaw, New York, Dell Press, 1967) detalla más aspectos de la vida promiscua de los homosexuales activos. Anota que su infelicidad esta basada en su compulsión por buscar el placer sexual, que nunca les sacia.

Mcwhiter y Mattison, dos terapeutas homosexuales, realizaron una encuesta con 156 parejas de varones homosexuales. Los resultados los publicaron en su libro La pareja masculina y descubrieron que el 95% de las parejas eran infieles y que, el 5% de las que eran fieles, habían permanecido juntos no más de cinco años.

El sociólogo alemán Dannecker, homosexual confeso, fue objeto de las iras del movimiento gay, al declarar explícitamente que la amistad homosexual fiel era un mito. Dicho mito, dijo, tendría su finalidad en acostumbrar a la sociedad al fenómeno homosexual.

Un informe del Departamento norteamericano de Salud reveló que, en 1989, un tercio de todos los suicidios de adolescentes los cometen jóvenes que tienen problemas relacionados con la homosexualidad. Es un porcentaje extremadamente alto, teniendo en cuenta que sólo entre el 1 y el 3% de la población es homosexual. Los varones homosexuales son seis veces más propensos a suicidarse que los varones heterosexuales.

Entre los heterosexuales hay sólo un 3% de intentos de suicidio, mientras que entre los adultos homosexuales es un 18%, una cifra realmente muy elevada, que indica algo más que una simple casualidad, ya que manifiesta mucha infelicidad.

A este respecto, es interesante anotar que, según encuestas fidedignas, el 60% de los homosexuales ha recurrido alguna vez a sicólogos o siquiatras, porque todos necesitan algún tipo de ayuda para sus dificultades personales.

Una encuesta de la Asociación americana de la salud pública señaló que el 78% de los homosexuales habían sido infectados por alguna enfermedad de transmisión sexual. De hecho, cuando apareció el SIDA, el 73% de todos los casos eran de homosexuales activos. Ahora es de todos conocido el alto riesgo de transmisión del SIDA por vía homosexual, que es entre 5 y 10 veces mayor que en las relaciones heterosexuales. Y no sólo el SIDA, sino también otras enfermedades como la hepatitis B y C. En 1990, Larry Kramer, un líder homosexual de Estados Unidos, hablaba de que el 60% de los homosexuales del área de San Francisco habían contraído la sífilis y de que los homosexuales portadores de SIDA habían aumentado en 40%.

Todo esto nos lleva a otra conclusión científica: la práctica homosexual reduce la esperanza de vida en hasta veinte años, mientras que el alcoholismo la reduce en diez o doce años y el tabaquismo en diez.

Los doctores Paul y Kirk Cameron, dieron a conocer en la Convención anual de la Eastern Psycological Association de USA que el estilo de vida homosexual reduce la esperanza de vida hasta en 24 años.

En Dinamarca, el país con más larga historia de matrimonios homosexuales, entre 1990 y 2002, según estudios, se vio que los hombres heterosexuales casados morían a la edad promedio de 74 años, mientras que los homosexuales varones casados, lo hacían a la edad promedio de 51 años.

En Noruega, los estudios dieron para los heterosexuales casados la edad promedio de 77 años, mientras que para los homosexuales, 52 años como promedio. En el caso de las mujeres la diferencia era similar; las casadas heterosexuales morían a los 76 años, mientras que las lesbianas lo hacían a los 56.

Como se ve, los homosexuales pierden muchos años de vida por su estilo de vida ¿progresista? ¿Por qué, entonces, en las escuelas, al proponer el estilo de vida gay como normal, no hablan de esta reducción importante de vida? En todos los países se habla del peligro del tabaquismo o del alcoholismo. ¿Por qué no hablan también del peligro del homosexualismo activo?

Veamos el testimonio de un homosexual, atrapado en este mundo de pesadilla. Se llama Juan José, madrileño, de 33 años. Nos cuenta lo siguiente:

Iba con amigos a bares de ambiente gay. Me atraía lo divertido y lo morboso. Desconectabas, te reías, veías buenos tipos, nos tomábamos droga y trago. Era una alternativa a las chicas. Y empecé a frecuentar otros lugares picado por la curiosidad. Un verano tuve la experiencia de lo que es un cuarto oscuro. Aquello cambió mi vida. Había oído hablar de ellos, había leído cosas en revistas como “Mensual”, “Shangai”, “Express”, “Zero”, pero nunca había entrado. Lo primero que te llama la atención es la oscuridad. Luego vas distinguiendo cuerpos que se mueven despacio. Se acercan, es una mezcla de miedo y de atracción… Te da vértigo, pero cada vez lo necesitas más. Comencé a ir todos los fines de semana. Y conocí todos los cuartos oscuros de todos los clubs, saunas o discos gays de Madrid, Tenerife, Valencia, Roma, Hamburgo…

A veces, voy con dos, tres o cuatro amigos. Cuando tenía novio, iba con él. Otras veces, voy solo y me pierdo en esos laberintos y tengo relaciones con gente diferente y anónima. Ahí está el morbo. ¿Qué se siente? La sensación de que no hay barreras ni freno. Las relaciones sexuales parecen no tener límite, pues vas probando cosas cada vez más fuertes y más prohibidas. Pero, al día siguiente, debes volver a la vida cotidiana y te acompaña la angustia, el desprecio de ti mismo. Cada vez buscas experiencias más excitantes, aunque para ello tengas que rebasar los límites de la locura. Y parece que vas a salir indemne, pero no. A mayores hazañas sexuales, más ansiedad. Y te odias. Pero, a la semana siguiente, vuelves a la orgía privada, a la sauna, al festival leather (cuero), donde los participantes usan arneses, gorras y prendas de cuero.

Las orgías se anuncian en los propios garitos o en la Red. Algunos clubs tienen calendarios programados con antelación. Y hay intercambios con el extranjero. Son fiestas monográficas: todos leather o todos desnudos o sólo para skin (rapados) o sólo para los llamados osos (gente peluda)… Lo que más temía era las enfermedades. Pero lo que más me repugnaba era la sensación de que te utilizan como si fueras un objeto. Te sientes reducido a cosa, no eres persona.

El miedo a las enfermedades es una tortura. Mis amigos gays lo niegan, pero es mentira. Estás jugando con el peligro: con el semen o la sangre. Y, generalmente, sin preservativo. Yo agarré hace cinco años una gorronea anal. El susto fue mayúsculo. Pensé que también tenía sida. Me curé, pero el miedo y la desazón no te la quita nadie.

En la euforia de la fiesta, con unos tragos o transportado a otra galaxia por la droga, crees que puedes hacer de todo y hacerlo con todos. Entonces, que no te hablen de hepatitis ni de sífilis o herpes o sida. Pero esa misma noche, cuando estás durmiendo la mona, te despiertas de pronto con la sensación de que estás infectado. Es lo más angustioso, no puedes huir. Y no puedes dormir y te atiborras de pastillas. Yo, a veces, he hablado con mis amigos: quitas el sexo duro y ¿qué queda? Nada. Lo que pasa es que muchos no se atreven a decirlo. Yo he visto cosas tremendas en las orgías gays. Hay orgías donde llevar un pañuelo de un determinado color quiere decir, si eres activo o pasivo, si te gustan los fetiches o el beso negro… Yo nunca he ido al siquiatra, pero sí conozco a otros compañeros que sí han ido. Me gustaría poder hablar de todo esto con gente normal, que no esté en el ajo. Pero para ello necesitas distanciarte, alejarte un poco…

Te vuelves neurótico, cuando ves a amigos tuyos que han pillado el sida, que han muerto o que, de pronto, te los encuentras que están en los huesos, consumidos, y te das cuenta de que están en la recta final y de que han contagiado o van a contagiar a cualquiera. También he conocido a dos que tuvieron que llevar pañales de por vida, porque tuvieron que hacerles una colostomía, ya que se habían destrozado el colon a base de introducirse juguetes en el recto.

Todo esto lo piensas fríamente y dices: ¡qué locura! Cada club de sexo duro, cada sauna es una bomba de relojería, un foco de infección, cuyas ondas se expanden cada vez más lejos. Y luego está la sensación de esquizofrenia. Haces vida normal y es una tortura mental acordarte de lo que has hecho. Y como no hay freno, aplicas tus fantasías sexuales cada vez mayores y más extravagantes a la gente normal que te rodea. Y, en esos momentos, ya no eres dueño de tu mente.

Creo que no hace falta más para poder decir que el estilo de vida homosexual hunde al ser humano cada vez más en un abismo sin fondo del que ellos mismos no pueden salir sin ayuda. Por eso, todos debemos sentir la responsabilidad de echarles una mano y decirles claramente que, por ese camino, nunca podrán ser felices; que Dios los sigue amando, que es un Padre que los sigue esperando, porque los ama con un amor infinito y sin condiciones. SEGUNDA PARTE

HAY ESPERANZA

En esta segunda parte, quiero manifestar mi pleno convencimiento de que los homosexuales tienen esperanza y pueden curarse. Hay muchas instituciones para ello y, sobre todo, está el testimonio de miles de personas en el mundo entero. Esta es la mejor prueba de que es posible. Como decían los antiguos: Contra factum, non valet argumentum, es decir, contra un hecho real no sirven los argumentos en contra.

¿QUÉ DICE LA BIBLIA?

Dios en la Biblia nos habla claramente, sin ninguna duda, de que la práctica de la homosexualidad es siempre mala. Veamos algunos textos:

No te juntarás con hombre como con mujer, eso es una abominación (Lev 18, 22). Si uno se acuesta con otro como se hace con mujer, ambos hacen una cosa abominable y serán castigados con la muerte; caiga sobre ellos su sangre (Lev 20, 13).

En el Génesis, capitulo 19, se nos habla de la maldad de la ciudad de Sodoma. Los sodomitas (habitantes de Sodoma y de ahí viene el nombre de los que practican la sodomía o hacen prácticas homosexuales) rodearon la casa de Lot, mozos y viejos, todos sin excepción. Llamaron a Lot y le dijeron: ¿Dónde están esos hombres que han venido a tu casa esta noche? Sácanoslos para que los conozcamos (abusemos de ellos). Salió Lot y les dijo: Por favor, no hagáis semejante maldad. Mirad, dos hijas tengo que no han conocido varón; os las sacaré para que hagáis con ellas como bien os parezca, pero a esos hombres no les hagáis nada, pues para eso se han acogido a la sombra de mi techo. Ellos le respondieron: Quítate allá, ¿vas a querer gobernarnos ahora? Te trataremos peor todavía que a ellos (Gén 19, 4-9). Pero los dos ángeles los hirieron de ceguera y no pudieron realizar su propósito. Sin embargo, Dios destruyó a Sodoma y Gomorra con azufre y fuego desde el cielo por su maldad y corrupción, especialmente por ese pecado de la sodomía.

Otro caso parecido ocurre en la ciudad de Guibeá situada en el territorio de la tribu de Benjamín. Había llegado a la ciudad un levita de Efraín con su concubina y se alojaron en la casa de un anciano, que les dio hospedaje. Y dice el texto: Los hombres de la ciudad eran gente malvada y cercaron la casa, diciendo al dueño: Haz salir al hombre que ha entrado en tu casa para que lo conozcamos (abusemos). El dueño de la casa salió y les dijo: No, hermanos míos, no os portéis mal, no cometáis esa infamia. Aquí está mi hija que es doncella. Os la entregaré. Abusad de ella y haced lo que os parezca, pero no cometáis con este hombre semejante infamia. Pero aquellos hombres no quisieron escucharle. Entonces, el levita tomó a su concubina y se la sacó afuera. Ellos la conocieron (abusaron), la maltrataron toda la noche hasta la mañana y la dejaron al amanecer (Jueces 19, 11-30). Pero la mujer murió y todos los israelitas de las distintas tribus pidieron la entrega de los malvados para matarlos y vengar el crimen. Al no querer entregarlos, les hicieron la guerra y destruyeron las ciudades de la tribu de Benjamín, y no sólo a Guibeá.

En el Nuevo Testamento, Dios nos dice claramente por medio de san Pablo:

No os engañéis, ni los fornicarios ni los idólatras ni los adúlteros ni los afeminados ni los sodomitas (que practican la homosexualidad) ni los ladrones ni los avaros ni los borrachos ni los maldicientes poseerán el reino de Dios (1 Co 6, 9-10). La Ley no es para los justos, sino para los rebeldes, para los impíos y pecadores…, para los homicidas, para los fornicarios y sodomitas (1 Tim 1, 10).

Y, sobre todo, donde se habla con mayor claridad es en el capítulo primero de la carta de san Pablo a los Romanos: Dios los entregó a los deseos de su corazón, a la impureza con que deshonran sus propios cuerpos, pues trocaron la verdad de Dios por la mentira y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador. Por lo cual, los entregó Dios a las pasiones vergonzosas, pues las mujeres mudaron el uso natural en uso contra naturaleza; e, igualmente, los varones se abrasaron en la concupiscencia de unos por otros, los varones de los varones, cometiendo torpezas y recibiendo en sí mismos el pago debido a su extravío (Rom 1, 24-27).

DOCTRINA DE LA IGLESIA

La Iglesia propone la castidad para todos de acuerdo a su estado. La castidad es la virtud que regula el uso de la sexualidad según el estado de cada uno. Para los casados, castidad es el uso ordenado y amoroso del sexo, evitando toda infidelidad y todo aquello que manche el acto matrimonial con actos contra natura o abusando del otro como si fuera un objeto de placer.

Los no casados, renuncian al uso del sexo, a la masturbación y todos los actos impuros, para dirigir todas sus energías a amar de verdad a todos sin excepción. La castidad es la energía espiritual que libera al amor del egoísmo y de la agresividad. En la medida en que en el hombre se debilita la castidad, su amor se hace progresivamente egoísta, es decir, deseo de placer y no ya don de sí.

No se debe olvidar que el desorden en el uso del sexo tiende a destruir progresivamente la capacidad de amar de la persona, haciendo del placer el fin de la sexualidad y reduciendo a las otras personas a objetos para la propia satisfacción: tal desorden debilita tanto el sentido del verdadero amor entre hombre y mujer, siempre abierto a la vida, como con la misma familia y lleva sucesivamente al desprecio de la vida humana concebida.

La castidad es amor y promueve el uso ordenado de la sexualidad, no necesariamente en lo genital, sino en el amor personal; sea la castidad del soltero, del casado o del consagrado. La castidad es armonía, amor y control de uno mismo. Por eso, solamente los que tienen fuerza de voluntad pueden conseguirla con la gracia de Dios. Según el catecismo de la Iglesia: Castidad significa integración de la sexualidad en la persona. Y entraña un aprendizaje del dominio personal (Cat 2395). Sin dominio personal, no puede haber castidad. Se buscará el placer egoísta en todo y, concretamente, en el sexo. Así nuestra vida se irá hundiendo más en el egoísmo y en un debilitamiento progresivo de la personalidad y de la fuerza de voluntad, tan necesaria para darle sentido a la vida.

Precisamente por esto, la Iglesia, al igual que le Palabra de Dios, rechaza las relaciones homosexuales, porque empobrecen la persona, impiden el verdadero amor y encierran en el propio egoísmo, vaciando la vida de sentido espiritual. A la vez, se comete un pecado, por ir en contra de la voluntad de Dios, que como padre amoroso nos indica que por ese camino no conseguiremos nunca la felicidad anhelada.

Por todo ello, apoyándose en la Sagrada Escritura, que las presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso (Cat 2357). Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición (Cat 2358). Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismos… pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana (Cat 2359).

La Congregación para la doctrina de la fe publicó el 3 de junio del 2003 unas Consideraciones sobre las uniones homosexuales con la aprobación del Papa Juan Pablo II. Entre otras cosas, declara: La Iglesia enseña que el respeto hacia las personas homosexuales no puede, en modo alguno, llevar a la aprobación del comportamiento homosexual ni a la legalización de las uniones homosexuales. El bien común exige que las leyes reconozcan, favorezcan y protejan la unión matrimonial como base de la familia, célula primaria de la sociedad. Reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio significaría, no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertido en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad. La Iglesia no puede dejar de defender tales valores para el bien de los hombres y de toda la sociedad.

Como aparece claramente, lo que se condena de modo contundente es la actividad homosexual no la inclinación homosexual que, en sí misma, no es pecado; pues no depende muchas veces de la voluntad personal. Pero siempre será pecado grave la actividad homosexual. Por supuesto, Dios juzgará a cada uno en particular, ya que la historia de cada uno es algo muy personal. Pero lo lamentable es que se defienda en foros internacionales y se legalice en muchos países esta actividad, que llevará a muchos niños y adolescentes a caer en esta tendencia, ya que es propuesta por los medios de comunicación y también en colegios y universidades como una alternativa más a la vida sexual normal.

Tres meses después de que el Papa publicara las Consideraciones sobre las uniones de homosexuales, el Parlamento europeo aprobaba una resolución en la que se recomendaba a los países miembros a reconocer las relaciones no conyugales, tanto homosexuales como heterosexuales, con los mismos derechos que las conyugales y recomendaba que se diera a los homosexuales idénticos derechos de matrimonio y adopción de hijos que los que daban a los heterosexuales.

De este modo, los mismos gobiernos están fomentando la aceptación social y la promoción del estilo de vida gay con todas sus consecuencias negativas.

Pero lo peor de todo es que algunas iglesias evangélicas, especialmente en Estados Unidos, aceptan las prácticas homosexuales y que pastores e, incluso, obispos, reconocidos como homosexuales practicantes, puedan ejercer el ministerio pastoral. La Iglesia luterana de san Juan de Atlanta (USA) aceptó como pastor al reconocido gay Bradley Schmeling. La Iglesia metodista de Inglaterra aceptó el 2006 celebrar matrimonios de personas gays. En julio del 2004, la Iglesia episcopaliana de USA nombró a su primer obispo abiertamente homosexual, Gene Robinson, un pastor casado y divorciado que vivía desde hacía mucho tiempo con otro hombre en New Hampshire. Éste y otros casos crean entre sus mismas Iglesias divisiones en pro y en contra. Lo que sí es cierto es que la doctrina católica, basada en la Biblia, nunca puede estar de acuerdo con la práctica homosexual. Por eso, para los activistas gays la Iglesia católica es actualmente su enemiga número uno. Tratan de desprestigiarla por todos los medios posibles, propagando al máximo los errores o escándalos de los sacerdotes, presentando a la Iglesia, en todas partes, como intolerante y anticuada.

ASOCIACIÓN DE MÉDICOS CATÓLICOS DE USA

Veamos lo que nos dicen los médicos católicos norteamericanos sobre la homosexualidad:

Hay intentos frecuentes de convencer al público de que la atracción homosexual tiene base genética. Si la atracción sexual fuese genética, entonces se esperaría que mellizos idénticos tuvieran la misma orientación sexual. Pero hay numerosos casos de mellizos idénticos que no son idénticos en su orientación sexual.

Las personas se sienten atraídas por personas del mismo sexo por distintas razones. Pueden encontrarse algunas de las siguientes causas:

Alienación del padre en la infancia, porque el padre fue percibido como hostil, distante, violento o alcohólico. La madre sobreprotectora. Madre necesitada de afecto y exigente con los niños. Los padres no fomentaron la identificación con el propio sexo. Ausencia de juegos más o menos violentos en los niños. Abuso sexual o violación. Fobia social o mucha timidez. Pérdida de un padre por muerte o divorcio…

El etiquetar a un adolescente, o peor a un niño, como homosexual sin remedio hace un muy flaco servicio a la persona. Tales adolescentes o niños pueden recibir consejos adecuados para poder superar el problema de traumas emocionales anteriores.

Hay informes autobiográficos de hombres, que creyeron alguna vez estar irremisiblemente amarrados a la conducta homosexual, y muchos de estos hombres y mujeres se describen ahora como libres de esta inclinación. La mayoría de estos individuos encontraron la libertad a través de participar en grupos de apoyo basados en la religión, aunque algunos también han buscado ayuda de terapeutas.

Es muy importante que cada católico, que sienta esta atracción, sepa que hay esperanza y que puede encontrar ayuda. Uno de los grupos católicos de apoyo mejor conocidos es la organización llamada Courage (Coraje) y la organización afiliada Encourage (Estímulo). Es esencial que todo católico encuentre acceso fácil a estos grupos de apoyo y directores espirituales que apoyen de modo inequívoco las enseñanzas de la Iglesia y estén preparados para ofrecer ayuda de la más alta calidad.

Un punto importante es que les enseñen a perdonar a quienes los han herido o rechazado, incluyendo a sus padres. Muchos no han contado a nadie sus experiencias negativas y llevan encima un gran sentimiento de culpa y de vergüenza. En algunos casos, aquellos que fueron abusados sexualmente, se sienten culpables, porque reaccionaron al trauma con comportamiento sexual equivocado. A veces, pueden sufrir de adicción sexual. La adicción no es fácil de superar. Recurrir frecuentemente a la confesión puede ser el primer paso hacia la liberación. El sacerdote debería recordar al penitente que, aún los casos más extremos de pecados en esta área, pueden ser perdonados, alentándolos a resistir a la desesperación, a perseverar y, al mismo tiempo, sugerirles algún grupo de apoyo que les sirva para controlar su adicción.

Muchas de estas personas abusan del alcohol y de las drogas. Tal abuso puede debilitar la resistencia a las tentaciones sexuales. También, a veces, tienen pensamientos de desesperación y suicidio. En estos casos, el sacerdote debe asegurarles que Dios los ama y quiere que vivan una vida plena y feliz. Otros tienen problemas graves como la envidia o autocompasión. Por eso, el sacerdote tiene que ser para ellos una fuente de esperanza. En suma, el sacerdote debe ser Jesús para estos hijos amados de Dios, que están en una situación muy difícil. Debe ser compasivo y perdonar, pero firme, imitando a Jesús que decía: Vete y no vuelvas a pecar.

Jeffrey Satinover, doctor en Medicina y Filosofía, ha escrito de acuerdo a su amplia experiencia con pacientes que sufren de atracción homosexual: “He tenido la gran suerte de haber encontrado a mucha gente que ha logrado salir del ambiente homosexual de vida. Cuando leo las dificultades que han encontrado, el coraje que han demostrado, me lleno de admiración… Son esas personas, previamente homosexuales, y todos aquellos que están luchando en este momento, que me parecen un modelo de todo lo que hay de bueno y posible en un mundo, que toma el corazón humano y al Dios de ese corazón, muy en serio. En mis exploraciones en el mundo del Sicoanálisis, la Sicoterapia y la Siquiatría nunca antes he visto curaciones tan profundas”.

Los que quieren librarse de la atracción homosexual, frecuentemente, se vuelven en primer lugar hacia la Iglesia. La Asociación Médica Católica quiere estar segura de que encontrarán la ayuda y la esperanza que buscan.

TESTIMONIOS

Veamos ahora varios testimonios de personas que con ayuda y coraje, han podido liberarse de su inclinación homosexual y ahora son libres y felices.

Richard Cohen

Richard Cohen es sicoterapeuta y educador. Uno de los mayores en el campo de la orientación sexual y autor de varios libros. Es director de la Fundación internacional para la curación (International Healing Foundation), que él mismo fundó en 1990. El haber experimentado personalmente todo el proceso de curación, desde la homosexualidad a la heterosexualidad, le hace ser un experto para el tratamiento de los homosexuales que desean curarse. También es presidente del comité directivo de la asociación de padres y amigos de ex-gays y gays (PFOX) y es miembro de la Asociación nacional para la investigación y terapia de la homosexualidad (NARTH).

Actualmente, vive en Washington con su esposa y sus tres hijos. Su testimonio de curación de la homosexualidad es extraordinariamente significativo, sobre todo, porque ya lleva 30 años de experiencia y ha ayudado a cientos de homosexuales a encontrar una nueva vida como heterosexuales casados o viviendo en castidad. Aprendamos de su experiencia:

“Durante mi infancia y adolescencia, recuerdo a mi padre gritándonos y a mi madre agarrándose a mí. Yo me sentía muy distante de él y demasiado próximo a ella. Cuando tenía cinco años, un amigo de la familia vino a vivir con nosotros. Se ganó mi confianza, conquistó mi corazón y abusó sexualmente de mí. Yo era muy sensible, con un temperamento artístico, mientras que mi padre y mi hermano eran deportistas. Mi padre maltrataba emocionalmente a mi hermano Neal y Neal me maltrataba a mí. Estas son algunas de las causas que me empujaron a experimentar atracciones hacia personas de mi mismo sexo. Encontré refugio en los brazos de algunos hombres. Tuve varios amigos en la universidad y después tuve un amante durante tres años.

Desde que empecé la educación secundaria, comencé a experimentar atracción hacia los de mi propio sexo. Aunque las niñas se fijaban en mí, yo experimentaba un creciente interés y deseo de estar cerca de los chicos. Desde los doce años, algunos de mis amigos querían tener experiencias sexuales. Yo consentía, pero lo que deseaba realmente era tener una intimidad física con ellos. Quería abrazar y ser abrazado. En ocasiones, dormía en casa de mi amigo Steve. Era maravilloso estar acurrucado junto a él. Para mí no era suficiente, pero Steve se sentía algo incómodo con mis continuas proposiciones de intimidad. Cada año que pasaba mis deseos hacia los de mi sexo se hacían más fuertes. Tuve más experiencias sexuales con amigos del colegio. Para ellos era una novedad, pero para mí se estaba convirtiendo en una obsesión. Al mismo tiempo, intentaba actuar de forma normal, así que salí con chicas. En el último año de bachillerato, salí durante algún tiempo con María. Muchos pensaban que nos casaríamos. Supongo que nosotros también lo pensábamos, pero aquella creciente obsesión por los hombres continuaba hechizándome.

Cuando tenía 17 años, me aventuré a ir en busca de una relación homosexual. Fui al gimnasio de mi padre y conocí a un hombre que me invitó a su casa. Mi corazón latía tan fuertemente que creía que se me iba a salir del pecho. Nunca en mi vida había hecho nada semejante. Cuando llegamos a su apartamento, comenzó la seducción. Estaba nerviosísimo, pues todo aquello era nuevo para mí. No sabía que dos hombres pudieran hacer lo que él me hizo aquel día. Mi cuerpo y mi alma se sintieron rasgados en dos. Después, dejé su piso y tomé el metro hasta mi casa. Cuando estaba esperando el metro, me fui a un rincón oscuro y comencé a llorar.

Me sentí ultrajado y decepcionado. Buscaba cercanía y un lugar seguro para abrazar y ser abrazado. Lo que experimenté me pareció como una violación. Nunca hablé a nadie de lo que había pasado. Al final de mi último año, hablé con mis padres sobre mis conflictos con la atracción hacia los de mi sexo. Mi madre me dijo que lo sabía, lo que me enfadó mucho. Desde la primera infancia había tenido una relación de amor-odio con ella. Sabía que parte de mi confusión de género se debía a nuestra inadecuada proximidad. Mi padre se avergonzó de mi revelación. Pedí que me llevaran a un siquiatra. Fui, pero fue una experiencia estéril. Él y yo no conectamos en absoluto.

En 1970, fui a la universidad de Boston a estudiar música. Comencé sicoterapia dos veces por semana con un sicoanalista y continué durante tres años… Durante mi primer año de universidad, acudí a algunos bares gay, pero no me gustó el ambiente. Parecía un mercado de carne y no tenía ningún interés en convertirme en una mercancía sobre una estantería. Fui a algunas reuniones de la asociación de estudiantes gays y lesbianas de mi universidad. En el primer año, tuve varios novios, cada uno de ellos durante algunos meses… Decidí tomar una botella de bufferin y acabar con todo. Pero me desperté a media mañana, enfermo como un animal, pero todavía vivo. Mi hermana me llevó al hospital, donde me vaciaron el estómago y me estabilizaron. Me recuperé y continué la terapia y volví a las clases. Acabé mi relación con Mike, cambié de carrera y elegí el teatro. En mi segundo año de universidad, conocí a Tim, que era diplomado en Arte. Fuimos amantes durante los tres años siguientes… Los momentos íntimos eran increíbles y el amor que compartíamos era maravilloso. Éramos los mejores amigos. Aprendí muchas cosas, viendo la vida a través de los ojos de Tim. Él tenía una afinidad con la naturaleza y tenía un gran amor por Jesucristo. Yo era de familia judía. Como quería a Tim, quería saber por qué quería tanto a Jesús. Por primera vez en mi vida, comencé a leer el Nuevo Testamento. Por mi educación judía había sido circuncidado y confirmado y había estudiado el Antiguo Testamento.

Entonces encontré a Jesús… Se trataba de un ser extraordinario. Así comenzó mi camino como cristiano. Me uní a una iglesia episcopal en Roxbury y comencé a enseñar en una escuela dominical. Poco a poco, Tim y yo íbamos comprendiendo que la homosexualidad no era compatible con la Palabra de Dios, así que eliminamos la parte física de nuestra relación… Durante nueve años permanecí célibe. De vez en cuando, volvían a aparecer los deseos hacia las personas de mi sexo. Me resistía y rezaba hasta rechazarlos. Le pedí a Dios que me los quitara para siempre. Lo logré, cantando en el coro de la iglesia y fue allí donde conocí a mi esposa. Cantábamos juntos.

En 1982 Jae Sook y yo nos casamos. Los primeros dos meses fueron maravillosos. Le hablé de mi pasado homosexual. Pero el problema volvió a aparecer. Sentí rabia contra mi mujer. Proyecté hacia Jae toda la hostilidad reprimida que anteriormente había sentido hacia mi madre. Comencé a tratarla como mi padre nos había tratado a nosotros. Le daba órdenes y la insultaba. Mi ira llegó a tal punto que, en alguna ocasión, llegué a desear matarla. Era un desastre horroroso, incrementado por el hecho de que entonces estaba teniendo grandes éxitos profesionales. Era representante musical y me encargaba de organizar giras de músicos y compañías de ballet por toda Asia... Pronto mi mujer se quedó embarazada de nuestro primer hijo. Comprendí que debía retomar la terapia de nuevo. En mayo de 1983, mientras vivíamos en Nueva York, fui a ver a un conocido sicólogo. Durante un año estuve acudiendo a sesiones semanales. Ese fue el comienzo de mi camino para salir de la homosexualidad.

Lloré y grité, cuando recordaba los abusos sexuales que había recibido entre los cinco y los seis años. Un amigo de la familia, a quien llamábamos tío Dave, vivió con nosotros mientras duraban los trámites de su divorcio. Dave era un hombre muy grande y muy fuerte. Él me dio lo que mi padre no me daba. Pasaba el tiempo conmigo, me escuchaba, me abrazaba. Me dio la sensación de que yo era importante y de que a él le importaba. Entonces, comenzó todo. Comenzó a jugar con mis genitales y yo hacía lo mismo con los suyos. Era algo que me daba miedo y me aterrorizaba. Por supuesto también me proporcionaba placer.

Derramé muchas lágrimas, mientras ponía orden en la maraña de confusión y destrucción que aquellos abusos habían causado en mí. Para mí la intimidad con un hombre, a partir de entonces, era igual a sexo. Aprendí que para estar cerca de un hombre debía ofrecerle mi cuerpo... El intentar comprender y curar los efectos del abuso sexual infantil hizo estragos en mi vida. En aquel tiempo, teníamos poco apoyo espiritual y emocional. En Nueva York había pocas organizaciones dedicadas a ofrecer ayuda a quienes deseaban salir de la homosexualidad... Al final, decidí que no podía aguantar más y volví al triste mundo gay. Me sentí un completo hipócrita, yendo contra todas mis convicciones religiosas, pero la necesidad de amor es más fuerte que la religión. Fue un tiempo demencial. Un tiempo lleno de dolor y de soledad para Jae y para nuestro primer hijo Jarish.

Yo estaba dando vueltas por Nueva York con mi amigo y ella estaba sola en casa, cuidando de nuestro hijo y sabiendo que su marido estaba saliendo con otro hombre. Ahora estoy verdaderamente arrepentido y le he pedido perdón a ella, a nuestros hijos y a Dios, por lo que hice. A ella le pedí que no se divorciase de mí. Necesitaba curarme con otros hombres. No sabía cómo hacerlo...

Descubrí que estaba buscando cercanía, no sexo. Tenía que recuperar todo el tiempo que no había compartido con mi padre. Esto lo experimenté con un hombre maravilloso. Desde el principio, fui sincero con él y le conté que estaba casado y que quería curar mis deseos homosexuales. En mí no había engaño hacia él, ni tampoco hacia mi mujer ni hacia Dios... En ese tiempo, tuvimos nuestro segundo bebé, Jessica, una niña preciosa.

Gracias a Dios, encontré un amigo cristiano que estaba dispuesto a curar las heridas homo emocionales de mi pasado. Era una persona estable y segura de su masculinidad. No puedo describir todo lo que sucedió entre David y yo. Sí, su nombre era David. Dave, abusó de mí cuando tenía cinco años, y fue David quien me ayudó a curarme con 35 años. Juntos, bajo la guía de Dios, hicimos el camino de vuelta hasta la habitación donde sucedió mi abuso.

En 1987, Jae y yo asistimos a un Congreso de Exodus, que es una organización cristiana de ayuda a los ex-homosexuales de todo el mundo. En 1988 nos mudamos a la comunidad terapéutica. Estuvimos con ellos seis meses, siguiendo una terapia intensiva y, durante los siguientes dos años, continuamos recibiendo consejo y apoyo... Un día le dije a mi padre: Nunca me abrazaste, siendo niño, al menos, no lo recuerdo. Así que ahora que tienes 70 años y yo 36, necesito que me abraces. De este modo, me eché en el regazo de mi padre. Tuve que poner sus brazos a mí alrededor, pues él estaba rígido e incómodo. Me sentí bien.

Después de mi curación, inspirado por Dios, creé la Fundación Internacional para la Curación. Mi idea era la de establecer centros de curación en todo el mundo. Comencé a dar conferencias sobre el proceso de transición desde la homosexualidad hacia la heterosexualidad... Recibimos amenazas de muerte, llamadas telefónicas airadas y obscenas. La Oficina de Seatle exigió a la Cruz Roja americana que me despidieran como educador. Muchos de la comunidad homosexual se sintieron amenazados por mi trabajo. Durante los últimos 12 años, he viajado por todo Estados Unidos, dando charlas sobre la curación de la homosexualidad en iglesias, universidades, en radio y televisión. He dirigido seminarios de curación en USA y Europa. Me dedico a asesorar a hombres y adolescentes, que abandonan la homosexualidad.

Hace cinco años, Dios nos regaló otro hijo, Alfie, y ahora con Jae y nuestros tres hijos seguimos creciendo en nuestro amor. Quiero a Dios con toda mi alma y con todo mi corazón. En los últimos 12 años de asesoramiento a cientos de hombres, mujeres y adolescentes y de trabajo con miles de personas en Seminarios de curación por todo el mundo, he aprendido que todas las heridas se originan en las mismas fuentes. Cuando nos curamos, el mundo se cura un poco más. Cuando ayudamos a otros, nosotros nos curamos en el camino”.

Sy Rogers

Ha escrito la historia de su vida en su libro El hombre del espejo. Es un testimonio vivo del poder transformador de Dios. Nació en 1956 en Estados Unidos. Era hijo único de una pareja de clase media. A los cinco años de edad, perdió a su madre, una mujer alcohólica, en un accidente automovilístico. Por un año, mientras su padre se reponía, se fue a vivir con sus tíos, en cuyo hogar comenzó a sentirse identificado con una prima de su misma edad. Cuando tenía 11 años, su padre se volvió a casar. Al entrar en la adolescencia, comenzó a sentir deseos de ser mujer y a sufrir las burlas de sus compañeros por su amaneramiento femenino.

Al terminar la secundaria, viajó a Brasil en un programa de intercambio. Sus padres adoptivos brasileños eran actores de teatro y, en ese ambiente, era común la presencia de homosexuales. Por primera vez, comenzó a sentirse aceptado como homosexual. De regreso a USA ingresó a la Marina. Fue asignado a un navío en Pearl Harbor, Hawai. Allí, en Honolulu, entró de lleno en el mundo de la homosexualidad, la prostitución y las drogas. También se unió a una iglesia cristiana, que aprobaba el modo de ser homosexual y le permitía asistir a las reuniones sociales vestido de mujer.

En 1977 acabó su servicio militar en la Marina y regresó a su tierra. Fue a estudiar a una universidad conservadora y allí tuvo que sufrir muchas burlas de sus compañeros. Poco a poco, tomó la determinación de operarse para cambiar de sexo. Aunque físicamente era un hombre, se sentía como una mujer atrapada en un cuerpo equivocado. Y deseaba operarse para que su cuerpo se ajustara a su modo de pensar y sentir como mujer. Empezó su proceso de sicoterapia para la operación. Se le diagnosticó oficialmente como transexual y apto para solicitar la operación de cambio de sexo. Tenía que someterse a más terapia y luego ser operado en el John Hopkins, un famoso hospital de Boston para ese tipo de cirugías. Con las maletas listas y una botella llena de hormonas estuvo listo en abril de 1978. Allí pasó un año y medio, viviendo como mujer y trabajando en una compañía de contratistas. ¡Estaba consiguiendo que se le aceptara como mujer!

Pero su salud comenzó a deteriorarse y le pidió a Dios que le ayudara y lo iluminara para ver lo que tenía que hacer. Tres días después, al despertar, escuchó el noticiero y casi no pudo creer lo que estaba oyendo: el hospital John Hopkins acababa de anunciar que no haría más operaciones de cambio de sexo; ya que, a la gran mayoría de homosexuales, el tal cambio no le solucionaba el problema de identidad sexual. ¡Dios había respondido a su oración!

A continuación, comenzó a leer la Biblia y, poco a poco, comenzó a sentirse mal viviendo como mujer. Dejó de tomar las hormonas femeninas y comenzó a orar más intensamente. Su regeneración espiritual se puso en evidencia a corto plazo. Sy se fue liberando de las drogas y sanado de las úlceras sangrantes de su estómago debido a su drogadicción.

Al verano siguiente, comenzó a trabajar en un ministerio cristiano y se unió a una iglesia. Dice: Allí encontré algunas personas a quienes se les hacía difícil relacionarse conmigo. Aunque yo vestía ropa de hombre y tenía el pelo corto, los residuos de mi vieja vida (modales afeminados, la voz aguda y los resultados de las hormonas femeninas que había tomado) hacían que muchas personas me confundieran con una chica. Al principio, me sentía terriblemente humillado, pero estaba resuelto a vivir para Dios. Mientras me iba fortaleciendo, pasaba el tiempo leyendo la Palabra de Dios; y el Señor cortó mis relaciones y amistades con el pasado. Era tiempo de marchar adelante. Al comienzo, me resistí a la idea del matrimonio por temores interiores. Pero fui desarrollando una amistad muy bonita con Karen y Dios obró maravillas en nuestra vida. Al cabo de tres años me casé con Karen.

Hoy, junto con su esposa, sirve a Dios en un centro de recuperación de personas con problemas de identidad sexual. Llegó a ser Presidente de Exodus international, la mayor institución cristiana, no católica, que ayuda a cientos y cientos de homosexuales en el mundo entero. Actualmente, continúa su trabajo en este campo y vive en Orlando (USA).

John Paulk (travesti)

“Vestirme de mujer me dio la popularidad y la aceptación que tanto deseaba. Me sentía orgulloso de ser travesti. La habilidad de ser hermosa se convirtió en mi único interés en la vida.

Cuando mis padres se divorciaron, yo tenía cinco años. Mi padre nos llevó a mí y a mi hermana a un parque y nos dijo adiós. Fue un día trágico y un trauma que nunca olvidaré. Durante el resto de mi niñez, viví con una inseguridad continua, creyendo que la gente que yo amaba siempre me dejaría. Con otros muchachos de mi edad me sentía terriblemente inseguro y distinto. Sencillamente, no podía ser lo que ellos esperaban de mí y, en vista de que yo no era hábil para los deportes y era afeminado, me decían: Marica, maricón, mujercita...

Con mi amigo Jaime, comenzamos a consumir bebidas alcohólicas a los 14 años. Desde el principio, mi intención fue emborracharme. Bebía para aturdirme y entumecer el dolor interior. Eso era como un tubo de escape de mis sentimientos de odio hacia mí mismo. Cuando estaba para terminar mi secundaria, un amigo me llevó por primera vez a un bar de homosexuales. Un nuevo mundo se abría ante mis ojos. Toda la atención que recibí de otros hombres me resultó irresistible. ¡Me parecía estar en el cielo!

Pronto me enamoré de un muchacho llamado Curtis. Nuestra relación sexual pareció natural y me metí de cabeza en el estilo de vida homosexual, abandonando el sueño de mi infancia de tener una esposa e hijos. Pero fue pasando el tiempo y mi relación con Curtis comenzó a deteriorarse. Después de un año nos separamos. Una vez más, había perdido a alguien que yo creí que se quedaría conmigo para siempre. Nuestra ruptura fue tan difícil para mí que dejé mis estudios y me mudé otra vez a casa de mi madre.

Empecé a beber más y me sentía tan miserable que traté de quitarme la vida. El intento de suicidio falló y, para recuperarme, busqué un sicólogo homosexual para que me ayudara a juntar los pedazos en que se había convertido mi vida. Para poder pagar mis gastos, empecé a trabajar en la prostitución. Me llevaban a un hotel y allí vendía mi cuerpo por 80 dólares la hora. Mis clientes, que mantenían su homosexualidad en secreto, usaban drogas como LSD y cocaína, y me las proporcionaban gratis. Sólo por gracia de Dios no me convertí en adicto. Hacia el fin del verano, estaba emocionalmente destruido. Recuerdo que me dormía llorando, al regresar a casa después de permitir que me usaran sexualmente toda la noche. Ese verano hubo algo significativo en mi vida. Vi a un amigo en un bar de homosexuales. Él estaba vestido de mujer y su apariencia femenina era tan real que me costaba creerlo. Estaba fascinado y una noche él me puso maquillaje y una peluca. Esa noche me drogué y fui al bar. Mantuve en secreto mi identidad real. Nadie sabía que debajo de esa máscara estaba yo.

Esa noche revolucionó mi vida. Durante los tres años siguientes dediqué todo mi esfuerzo a perfeccionar ese estilo de mujer. Estaba orgulloso de ser travesti y me hacía llamar Candi. Rápidamente me hice popular en el círculo de travestis.

En octubre de 1985, mi sicólogo me confrontó por lo mucho que bebía. Empecé a ir a los encuentros de Alcohólicos Anónimos. Después de pasar seis meses sin beber, mi mente empezó a aclararse. Abrí la puerta de mi armario y miré la cantidad de vestidos, pelucas, tacones altos, maquillaje y alhajas que había acumulado en tres años. Puse todo en una caja y lo tiré a la basura. Sentí como si diez toneladas hubieran sido sacadas de mi espalda. Hasta hoy no he vuelto a vestirme de mujer.

Poco tiempo después, un pastor vino a hablar conmigo y me habló de que Dios no me había hecho homosexual y me leyó el Génesis: Dios hizo al hombre... varón y mujer... (Gén 1, 27). Así se hizo luz en mi interior y me convencí de que la homosexualidad no era algo con lo que había nacido ni algo en lo que debía continuar. Esa semana desenterré la Biblia y empecé a leerla otra vez. Después de varios días de lucha, me entregué a Jesús. Era el 10 de febrero de 1987. Había encontrado a Alguien que nunca me dejaría.

Comencé a limpiar mi apartamento. Borré los videos pornográficos y tiré a la basura cientos de dólares en accesorios homosexuales. Escribí cartas a mis amigos, contándoles sobre mi conversión. La mayoría nunca me contestó. Luego de algunas semanas, empecé a participar en el programa Amor en Acción. Era diciembre de 1987. Allí empecé a construir mi verdadera identidad desde cero. Descubrí que la idea que tenía de Dios estaba distorsionada y me resultaba difícil aceptar la realidad de su amor. Pero comencé a cambiar. Aún cometí algunos errores durante los primeros años en que abandoné a los homosexuales, pero me aferraba al Señor. No puedo precisar fechas, pero en 1988 ya no podía dudar de que Dios me amaba. También pude perdonar a mis padres por su descuido emocional y por haberme sentido rechazado por ellos. Hice amistad sana con varones y me fui sintiendo seguro de mi masculinidad. Mis deseos homosexuales empezaron a desaparecer.

En 1991 me enamoré de una hermosa mujer de Dios, que iba a la iglesia y que provenía también de un trasfondo lesbiano. Participábamos juntos en el grupo de adoración y nos hicimos amigos. Yo admiraba su compromiso con el Señor. Nos casamos el 19 de julio de 1992. Yo lloré al pronunciar nuestros votos matrimoniales, sabiendo que el Señor estaba haciendo realidad mi sueño. El poder transformador del Señor fue evidente.

Ahora soy una nueva criatura en Cristo. En el pasado había muchas máscaras detrás de las que me escondía para protegerme y no ser herido otra vez. Ahora veo esas máscaras sólo como un obstáculo al amor de Dios conmigo. En Jesucristo he encontrado el amor y la aceptación que había buscado toda mi vida”.

Frank Worthen

Frank Worthen abandonó el estilo de vida homosexual a la edad de 44 años, cuando se convirtió. Es el fundador de Love in Action (Amor en Acción), uno de los ministerios para homosexuales más grandes del mundo, y uno de los fundadores de Exodus International. Es el fundador y actual director de New Hope Ministries (Ministerios de nueva esperanza) en San Rafael, California, y ha escrito varios libros sobre cómo salir de la homosexualidad.

Él nos dice: “Tuve el trastorno familiar de la mayoría de los homosexuales: un padre ausente, una madre controladora. Cuando estaba presente mi padre, no había paz sino sólo caos. Crecí atemorizado y aislado. A los 13 años, murió mi padre y perdí la oportunidad de llegar a conocerlo de verdad. El pastor de mi iglesia asumió el papel de padre y tomó interés en mi vida... Yo sabía que era diferente, pero ciertamente no quería ser diferente. Pedí a Dios que me cambiara; sin embargo, seguía sintiendo atracción por otros hombres. A los 18 años, me enamoré de una chica y estaba contento con el hecho de que mi homosexualidad había desaparecido de momento. Pensé que había madurado hacia la heterosexualidad. Después de una relación de un año, llevé a mi amiga a buen restaurante y le pedí que se casara conmigo. Su respuesta fue: Hay sólo dos cosas a las que puedo amar: a los caballos y a otras mujeres. Nunca había pensado que las mujeres también podían ser homosexuales. Ella se fue y nunca la volví a ver.

Con 19 años asumí el estilo de vida homosexual. Pasé 25 años como homosexual activo en San Francisco. He participado en gran parte de la historia del movimiento gay. A los 44 años pensaba suicidarme y quería salir de donde estaba, pero nunca había visto a nadie dejar el estilo de vida homosexual. Todos decían: Una vez gay, siempre gay. Me sentía tan miserable que no tenía otra opción que el suicidio. Pero volví a la fe de mi juventud y esa migaja de fe fue suficiente para obrar un cambio milagroso. Ya han pasado 23 años en los que estoy ayudando a personas que quieren dejar el estilo de vida homosexual. Llevo casado 11 años y jamás volvería a la miseria y a las mentiras del estilo de vida gay. Cada día doy gracias por mi nueva vida. Hay más felicidad ahora en un día de mi vida que en los 25 años que pasé en un estilo de traición y engaño”.

Steve

“Mi autoimagen era muy pobre. Pensaba que todos los demás eran más guapos, más ricos, más listos y más rápidos que yo. Entre los doce y trece años comencé la pubertad. No quería empezar a afeitarme, a tener una voz más grave o a ver cómo crecía el pelo alrededor de mi órgano sexual... Me di cuenta de que idealizaba a otros chicos mayores del colegio. Deseaba ser como ellos. Percibía cierta atracción a las chicas. Compré algunos posters y pornografía de mujeres. Mi hermana y mi madre los encontraron y pude oír que decían: Oh no, ¿le atraen sexualmente las mujeres? Tenía miedo a la intimidad con mujeres y evitaba ir más allá del nivel de la amistad con ellas. También me percaté de que comenzaban a atraerme sexualmente otros chicos y hombres jóvenes. Cuando tenía 15 años, me hice amigo de otro chico, necesitado como yo, de mi misma edad. Los dos éramos músicos y comenzamos a pasar tiempo juntos. Lenta, pero firmemente comenzó a seducirme. Un día, tuvimos una relación sexual. El impulso y la necesidad eran demasiado intensos como para negarse. Puedo recordar esa primera vez como si fuera ayer. Comenzamos a tener relaciones sexuales con regularidad. Él compraba pornografía y me la enseñaba. Nuestra relación continuó algunos años.

No tardó en hablarme de lugares en los que los hombres se encontraban para tener relaciones sexuales: baños, parques, bares. Cuando entré en la universidad, seguía siendo el músico tranquilo e intelectual. Pero me convertí en un furioso adicto al sexo y no dejaba de buscar contactos sexuales con varones, a menudo un par de veces por semana. Cuando tenía 19 años, decidí que no quería seguir con aquel estilo de vida y empecé a buscar respuestas. No quería ser homosexual. No quería tener relaciones sexuales con hombres. Algo me faltaba. Escribí a muchas organizaciones diferentes. Entré en contacto con sacerdotes y grupos religiosos y sicológicos. Comencé sesiones de terapia.

Cuando tenía 22 años, me mudé a otra ciudad y, de repente, me encontré solo y sin amigos. De nuevo comencé a repetir mi conducta sexual. Empecé a traer hombres a casa, pensando que, si el sexo no era anónimo, quizá no resultara tan doloroso emocionalmente. Pero busqué más ayuda e inicié un plan intensivo de curación. Acudía a dos grupos de sanación, frecuentaba la terapia y empecé a buscar ayuda de otras personas que se encontraban en distintos tipos de recuperación. Y vino la curación. Pensé que era algo temporal como en otras ocasiones. Pero, esta vez, ¡la libertad duraba! Desde octubre de 1996, he permanecido en una sobriedad sexual. Ahora me estoy dando cuenta de que, en la medida en que mi identifico con mi propia masculinidad, me siento atraído por las mujeres. Por eso, doy testimonio de que es posible curarse. El don de la libertad está disponible para quienes de verdad deseen tomarlo”.

Christian

“Era julio de 1995 y había llegado al final de un camino muy largo. Yo era gay. Tenía un buen trabajo y una vida social. Llevaba más de 20 años casado con una mujer guapa, cariñosa y tenía los mejores hijos que un padre puede desear. Sin embargo, me sentía cada vez más aprisionado por ser un homosexual que pretendía ser heterosexual en un mundo heterosexual al que no pertenecía. Era el momento de declarar mi homosexualidad.

Fue a comienzos de 1980, cuando, después de una función de teatro, le confesé a un amigo que era gay y que me sentía atraído por los hombres. Poco después de esta confesión, me invitó a su apartamento donde me inició en el sexo homosexual. Fue como si me quitara de encima 30 años de peso muerto. Pronto conocí a otros que también estaban más que deseando tener relaciones con el recién llegado al grupo. Pensé estar en el cielo, pero aquello se convirtió rápidamente en un infierno. Me sentía vacío, solo, asustado, falso, culpable, sucio y, sobre todo, embarcado en una dirección que no deseaba.

Vivía una doble vida. Le confesé a mi esposa que era gay. No lo aceptó. Ella no era capaz de ayudarme. Un sicólogo heterosexual trató de ayudarme, pero no tenía las claves necesarias, leí algunos libros y me convencí de que el problema era genético y nada más. Dejé de ir al sicólogo y mi esposa y yo hicimos, como si el problema hubiera desaparecido, pero yo me odiaba a mí mismo. Hacia 1985, yo había dejado de mantener relaciones homosexuales. Sin embargo, mi vida sexual y la de mi esposa eran una ruina. Odiaba el sexo con mi mujer... De nuevo, comencé a tener relaciones sexuales con hombres. Se convirtió en una adicción y en una solución efímera. Podía pasar meses sin que tuviera contactos sexuales con hombres, pero, si me sucedía algo estresante, huía hacia un encuentro homosexual. Me daba cuenta de que estaba buscando al hombre perfecto. Con el paso de los años, me di cuenta de que se trataba de una fantasía que nunca se haría realidad.

Situémonos ahora de nuevo en julio de 1995. Mi ansiedad estaba a punto de explotar. Mi esposa me aconsejó ir a ver a Richard Cohen. Cuando comenzó la primera sesión de terapia, yo era un individuo oscuro y roto... Comencé a darme cuenta de los hechos de mi infancia y cómo abusaron de mí unos quinceañeros que me cuidaban y me sacaban a pasear. Esto me ayudó a ir eliminando algunas capas de lo que yo había interpretado como ser gay. Y así comenzó la terapia que cambió mi vida. Durante dos años acudí a terapia individual hasta dos veces por semana. Al final de este período, estaba viviendo una vida maravillosa y productiva con mi mujer, mis hijos y mis amigos. Mi oscuridad y ansiedad habían desaparecido completamente. Ahora disfruto verdaderamente de las relaciones sexuales con mi mujer.

No tengo sentimientos homo emocionales hacia los hombres. No soy y nunca fui gay. Tenía sentimientos adictivos homo emocionales hacia los hombres. Me siento fenomenal porque se me ha dado la oportunidad de elegir. Elegí cambiar y es posible. Siento que he vuelto a nacer. Ahora tengo a Dios, a mi esposa, a mis dos hijos y grandes esperanzas en lo que la vida me depara cada día”.

Mark

“Mi niñez transcurrió en un país del Este de Europa, que había sido comunista durante décadas. Desde que puedo acordarme, siempre había sentido algo extraño hacia los hombres, un sentimiento que me inquietaba y me confundía. En sueños y, cuando estaba solo, siempre anhelaba al mismo tiempo que temía, la intimidad con otros hombres. A temprana edad comencé a darme placer a mí mismo, porque me hacía sentir bien. Más adelante, le enseñé a mi hermano y, después, lo hacíamos juntos. Por un instante me sentía bien, pero después me encontraba mucho peor. En la adolescencia se convirtió en una especie de adicción. Cuando cumplí los 13 años, sólo pensaba en que otro hombre tuviera relaciones sexuales conmigo. No estaba preocupado por nada más. Ninguna otra cosa me resultaba interesante. No podía estudiar. No podía tener amigos. Las relaciones homosexuales estaban prohibidas y el temor de ir a la cárcel o a que mi padre perdiera el trabajo, me impedían pasar a la acción, sólo tenía relaciones sexuales con mi hermano.

Cuando cumplí los veinte años, ya había caído el régimen comunista y decidí pasar a la acción. Tuve un par de relaciones homosexuales. Se desataron todas las emociones acumuladas durante años y todas mis fantasías tomaron forma. Yo era un caos. Me di cuenta de que aquello no era lo que yo quería y de que el amor que buscaba no estaba allí. Salí con una chica, pensando que así me convertiría en heterosexual, pero tampoco funcionó. Me costó darme cuenta de que era muy infeliz, de que mi vida era un desastre y de que quería que las cosas cambiaran. No tenía a nadie a quien contarle mi combate, a nadie con quien compartir mi dolor. Llegué a pedir ayuda a Dios, algo totalmente desacostumbrado en mí. Y me dije a mí mismo que, si había algo en cualquier parte del mundo que me pudiera ayudar, lo encontraría. Oí entonces hablar de la fundación de Richard en la que decían que era posible la curación de la homosexualidad.

Tardé más de dos años en poder ir a Estados Unidos y ponerme en manos de Richard. La primera batalla fue aumentar mi autoestima. Nos veíamos dos veces por semana. Durante dos años acudí a la cita y comencé a hacer amigos, sobre todo, en el grupo de apoyo. Me sentía muy aliviado, pero todavía seguía luchando con los sentimientos homosexuales. Hasta que me sumergí en la parte herida que estaba en el centro de mi ser. Pude ver a aquel niño pequeño en el vestuario, indefenso y terriblemente asustado. Allí no había nadie que lo protegiera y lo salvara de la amenaza que tenía enfrente: el hombre desnudo. Me liberé del pánico, del temor y de la rabia que sentí entonces. Sentí dolor por aquel niño inocente, que era yo, y por su sufrimiento. Dejé pasar aquella experiencia horrible y, cuando volví a la habitación, me sentí libre por primera vez. Fue como volver a nacer. Nunca más volví a sentir aquel dolor en el pecho.

En cuanto las heridas internas comenzaron a curarse, los sentimientos homosexuales desaparecieron. Durante las semanas siguientes, fui sintiendo progresivamente el cambio. La paz y la felicidad habían nacido en mí. Todos los demás aspectos de mi vida se fueron ordenando. Ya han pasado más de dos años desde aquel día y me he convertido en la persona que aspiraba a ser. Me casé y estoy deseando afrontar los retos de la paternidad. Estoy contento de mí mismo. Ahora amo y soy profundamente amado. La vida es bella”.

Bonnie

“No recuerdo qué edad tenía cuando me di cuenta por primera vez de que no me sentía a gusto siendo una chica. Tenía un hermano cinco años mayor que yo y otro que sólo me sacaba 14 meses. Me añadí a mis hermanos y me fui volviendo un chicazo. Cuando tenía tres años, mi mundo cambió. Sufrí traumas que había de reprimir durante 30 años. Mi abuelo materno murió tres días después de mi tercer cumpleaños. Apenas lo recuerdo ni lo recuerdo a él. En su terrible dolor, mi madre se alejó de mí. Me volví solitaria.

Conforme se acercaba la pubertad, de algún modo me sentía atraída hacia los varones, mientras que, al mismo tiempo, sentía un interés desordenado hacia mis amigas. Había una hacia la que me sentía especialmente atraída. Aquello me parecía anormal, así que nunca le conté lo que sentía. Tenía mucho miedo. Al desear estar con ella, lo que buscaba era su afecto. Una noche, que dormí en su casa, me aproveché de la situación y la toqué mientras dormía. Fue electrizante, pero me dejó un sentimiento de culpa.

Cuando comencé el bachillerato, seguía sintiéndome atraída por los chicos, pero yo no los atraía. Mi primer amor fue una chica más joven. Era solitaria y sus compañeras la dejaban de lado. Un día, mientras dormía en su casa, tuve un intenso deseo de tener relaciones sexuales con ella. Antes de que mis sentimientos llegaran a expresarse físicamente, ella y su familia se marcharon a otra ciudad. Pero yo sentía necesidad de amor e intimidad con una mujer. En mi segundo año, conocí a una chica que estaba necesitada de amistad. Percibí que no me rechazaría. Parecía un alma desesperada, que haría cualquier cosa para obtener amor. No opuso resistencia a mis intenciones. Al principio no quería, pero conforme íbamos compartiendo nuestras vidas y nuestros cuerpos, nos íbamos haciendo más dependientes la una de la otra.

Cuando comencé la universidad, vivía a kilómetros de distancia de mi amante. Varias veces intenté acabar con nuestra relación, pero no pude. Aunque era inmoral y socialmente inaceptable, no estaba preparada para abandonarla. Llegué a considerar el suicidio. En una iglesia católica, en enero de 1973, reté a Dios para que hiciera algo con mi arruinada vida. No sabía lo que quería ni tenía idea de qué hacer. No podía cambiar mi identidad ni mis sentimientos. Me sentía inaceptable ante Él. Si Él no actuaba, acabaría con mi vida. Me arrodillé ante el altar y, cuando me incorporé, algo había cambiado. Sentí paz.

Desde entonces, tuve muy pocos encuentros homosexuales. Seguí creciendo en la fe y mi relación con Dios se fortaleció. En mi último año de universidad, conocí al hombre que hoy es mi marido. No le hablé de mi lucha interior ni de mi pasado. Nos casamos y dejé la homosexualidad, o al menos eso pensaba. Nuestro matrimonio iba bien, pero mis pensamientos homosexuales no desaparecían… Después de 16 años, conocí a una compañera de trabajo y me sentí intensamente atraída hacia ella. Pensé que me estaba enamorando. Le declaré lo que sentía y ambas lloramos. Me dijo que no estaba enamorada de mí. Fue muy humillante. Me sentí muy herida y deprimida. No podía seguir ocultando mis problemas a mi marido. Necesitaba ayuda. Gracias a Dios, él no me dejó ni se enfureció. Como no había habido una relación sexual, le fue más fácil perdonarme. Fui a un terapeuta y me hizo ver la conexión entre mi madre y mi lesbianismo. También le conté la experiencia que sucedió entre mi madre y yo, cuando yo tenía ocho años. Tuve que admitir que mi propia madre había abusado de mí. Nada podía ser peor que aquello.

Fortalecí mi autoestima. El testimonio de una ex-lesbiana me ayudó mucho y me dio esperanzas. Ahora soy más afectuosa con las mujeres y las abrazo sin miedo. Mi fe está madurando y mi corazón está más abierto. Mi matrimonio ha mejorado. Me siento más a gusto con mi identidad de mujer. En mí hay esperanza. Dios me recrea a su imagen”.

Wendy

“Durante mi último año de secundaria, mis sentimientos homosexuales estallaron incontrolablemente. Me di cuenta de que una profesora de la que estaba enamorada era bisexual. Arreglé una cita para almorzar con ella y terminó comprándome una novela lesbiana de ficción para ayudarme. Después comencé a ver a una consejera lesbiana. Ella no hizo sino confirmar mis sentimientos. Después fui a ver a una sicóloga y ella me empujó dentro del estilo de vida lesbiana, diciéndome que era normal.

En medio de esto conocí a un hombre que me interesó. Él era todo lo que yo podría haber buscado en un novio, pero tuve que terminar con él después de tres meses, porque los sentimientos homosexuales continuaban en mí. Esto me empujó aún más dentro del estilo de vida lesbiano. Ante mi hermana, justificaba mi modo de vida, porque así podía divertirme sin el miedo a quedar embarazada.

Mi familia me dio un ultimátum: Deja la vida gay o múdate. Pero una de mis hermanas mayores me aconsejó que esperara seis meses. Me dijo que podía confiar en ella.

Lloré todo ese día. Me encontraba con un gran desorden emocional y sabía que tenía un camino difícil por delante. Más tarde me enteré de que mi hermana había estado orando por mí. Los siguientes seis meses ciertamente no fueron fáciles, pero un nuevo mundo se abrió ante mí. Mi literatura gay fue reemplazada por literatura religiosa. Empecé a asistir regularmente a reuniones de oración y leí la Biblia. Decidí escuchar la radio cristiana y ver la televisión católica. También empecé a asistir a grupos de apoyo espiritual. Pero había noches en que extrañaba a mi novia y estuve a punto de ceder. Doy gracias a Dios que me salvó en el momento exacto antes de que ella se volviera mi amante. Después empecé a rezar el rosario todos los días, a ir a misa cada día y a pasar tiempo con Jesús en el Santísimo Sacramento, tan a menudo como me era posible. Mis tentaciones homosexuales se fueron debilitando. Los sentimientos heterosexuales empezaron a crecer y quizás un día pueda unirme en matrimonio al hombre que conocí hace más de tres años y a quien le hablé de mi pasado. Pero lo importante es que por ahora tengo un compromiso de castidad con Cristo”.

Charlene Cothran

Durante 13 años fue activista en favor de los derechos de la Comunidad gay afroamericana en Estados Unidos a través de su revista Venus. Era lesbiana y ha manifestado públicamente que se ha convertido y ha dejado su vida de lesbiana para entregarse por completo a Jesucristo. Desde el año 2007 la revista Venus ha cambiado su orientación y es una revista en pro del movimiento de ex-homosexuales.

Ella dice: Como directora de una publicación que llega a la comunidad negra de homosexuales, tuve la oportunidad de publicar un discurso para cientos, de influenciar a la gente para salir del closet y defenderse a sí mismos, lo que es particularmente difícil en la comunidad afroamericana. Pero ahora, debo salir del closet otra vez. He experimentado recientemente el poder de cambio que viene cuando uno se rinde completamente a las enseñanzas de Jesucristo. Como creyente de la palabra de Dios, acepto y siempre supe que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo no son lo que Dios quiere de nosotros.

MichAel Glatze

Famoso activista gay, que a sus 22 años, era ya director de la revista Young gay America (America joven gay). Ha publicado el 2007 el testimonio de su conversión en worldnetdaily.

Se dio cuenta de sus sentimientos homosexuales, cuando tenía 14 años. A los 20 años se declaró homosexual en público y como activista gay defendió los derechos de los homosexuales. Recibió numerosos premios y reconocimientos, incluso el Premio del modelo nacional a imitar del Foro de Igualdad de la principal organización de derechos homosexuales. Tuvo presentaciones en distintos canales de televisión y menciones en un tema de portada en la revista TIME, titulado la batalla de los gays adolescentes.

Él nos dice: La homosexualidad ejercida en mentes jóvenes es, por su misma naturaleza, pornográfica. Destruye mentes impresionables y confunde su sexualidad, cuando ésta se está desarrollando. Me di cuenta de todo esto, cuando tuve 30 años, a raíz de una enfermedad conseguida por mi estilo de vida gay. Siento fuertemente que Dios me ha puesto en este mundo por una razón. Incluso, en los días más oscuros de fiestas hasta altas hor­as de la noche con abuso de sustancias y cosas dañinas, había siempre una voz allí. Yo no sabía cómo llamarla, pero me decía: Detente.

Ahora reconozco que la homosexualidad nos impide encontrar nuestro auténtico yo interior. No podemos ver la verdad, cuando estamos cegados por la homosexualidad. Creemos que la lujuria no sólo es aceptable, sino que es una cosa buena. Ahora puedo llamar a los deseos homosexuales por su verdadero nombre: lujuria. Por supuesto que no es fácil sanar las heridas causadas por la homosexualidad. No encuentras apoyo. Si buscas ayuda, no recibes más que silencio, humillaciones y hasta te ridiculizan. En mi experiencia, salir de la influencia de la mentalidad homosexual, fue la experiencia más liberadora, hermosa y asombrosa que he tenido en toda mi vida.

Joseph

“Nací en Europa, donde viví durante más de veinte años. Fui un niño muy sensible y, por eso, la confrontación con la realidad me resultó mucho mas difícil que a otros. No puedo recordar exactamente cuándo comencé a sentirme atraído por otros chicos. Sin embargo, hace algunos años descubrí que mi tío había abusado sexualmente de mí. Cuando tenía tres y cinco años pasaba mucho tiempo con él. Cuando evoqué por primera vez estos recuerdos, me sentí horrorizado al recordar los auténticos hechos que una vez tuvieron lugar. Lo más doloroso e intenso fue recordar los sentimientos conectados con el abuso… Después, tuve contactos sexuales con algunos de mis amigos de escuela. Nos masturbábamos y practicábamos el sexo oral unos con otros, y me empezó a gustar. Por aquel tiempo, encontré revistas pornográficas que guardaba mi padre y la masturbación empezó a convertirse, cada vez más, en un amigo dentro de la solitaria vida de mi casa.

Nunca llegué a comprender por qué me sentía atraído por los chicos y los hombres. Me parecía que era una de las cargas más pesadas de mi vida, ya que también me gustaba estar con mujeres y no tenía duda de que quería formar una familia… Pero comencé a tener encuentros sexuales con hombres en parques y en baños públicos. Aunque no lo hacía muy a menudo, pensaba que aquello podía calmar mi necesidad de intimidad con varones. No tardé mucho en darme cuenta de lo terrible que era todo aquello. Intenté evitar aquellos encuentros. En parte lo conseguí, porque me apoyaba cada vez más en la masturbación para calmar mis necesidades de intimidad masculina, usando pornografía gay.

Por aquel tiempo conocí a la que iba a ser mi mujer y, desde el principio, le hablé de mi atracción hacia los hombres. Ella me dijo: Juntos lo superaremos. Me acompañó a los Estados Unidos, me puse en terapia y me uní a un grupo de apoyo. Descubrí a mi niño interior y eso me ayudó enormemente a curar las heridas de mi pasado. Hoy me doy cuenta de que he recorrido un largo camino. Me siento muy bien y estoy agradecido a los que me abrieron paso para este tipo de transición personal. Ahora soy feliz con mi esposa y esperamos nuestro primer hijo”.

David Morrison

“Fui activista homosexual y ahora soy católico comprometido en vivir mi castidad. Tenía un amante con quien había vivido cinco años, un condominio en un área metropolitana grande, un trabajo satisfactorio y una vida religiosa como episcopal, que constituía todo un tesoro para mí. ¿Qué más podía desear? Sin embargo, cuando oraba o reflexionaba calladamente, me daba cuenta de que algo andaba mal. Poco a poco, comencé a comprender que mi sexualidad no era algo de lo que yo era dueño, sino que Dios era en realidad su dueño. Después de muchos meses de indecisión, ya no pude continuar siendo deshonesto. A la luz de las Escrituras y de la tradición de la Iglesia, tuve que admitir que Dios exigía de mí lo mismo que exige de todo cristiano que no está casado: una vida casta. Así que abandoné todo lo que hasta ese punto había considerado importante para mí. Si Cristo me estaba pidiendo que viviera la castidad, yo tenía que decidirme a hacerlo. Todo lo demás y todas las personas las puse en sus manos. A partir de ese momento, recorrí rápidamente el camino hacia la conversión y la aceptación de la fe católica.

Al principio, tuve mis dudas porque nadie en mi familia era católico. Algunos hasta eran anticatólicos y todavía lo son. Sin embargo, la verdad que descubrí no me permitió demorarme más y entré en la Iglesia el día de Pascua de 1993.

Ahora tengo esperanza de que muchos obispos, sacerdotes, religiosas y laicos conozcan y apoyen el poderoso ministerio del padre John Harvey y su organización Courage (Coraje) para ayudar a miles de personas homosexuales que desean dejar su vida gay y están luchando en privado contra su inclinación homosexual”.

Jim B. y otros

“Tuve una relación homosexual con Leo durante 21 años, cosa extraordinaria entre nosotros. Yo era pastor de una iglesia cristiana de gays. Durante el mes de mayo de 1988, mi compañero Leo estaba agonizando; él tenía 80 años y yo 50. Un día, yo rezaba por él y me vino a la mente la oración de mi infancia Acordaos de San Bernardo. Recité casi toda la oración, pero me olvidé del final. Después de un rato recordé sin esfuerzo: Madre de Dios, no deseches mis humildes súplicas antes bien escuchadlas y acogedlas favorablemente. Amén.

Había vivido muchos años alejado de María y de la Iglesia católica. Esa noche encontré mi rosario y comencé mi viaje de regreso a casa. Era el 13 de mayo, aniversario de la primera aparición de la Virgen en Fátima.

Leo también decidió convertirse a la fe de su infancia y recibió el sacramento de la unción de los enfermos. En la tarde del 31 de mayo, fiesta de la Visitación, Leo murió. En el camino a casa tuve que esperar un rato en un semáforo y una vocecita calmada me dijo: Jim, estás libre. Ahora puedes hacer cualquier cosa. Al día siguiente, me confesé después de 23 años. Fue un momento emocionante para mí. Había perdido a mi mejor amigo, pero había recuperado mi tesoro perdido: la Iglesia católica. Cristo me trajo de vuelta a la fe católica por medio de su Madre, y estoy muy agradecido”.

El padre Jorge Córdova cuenta que en cierta ciudad de México se le acercó un muchacho y le dijo:

Padre, soy homosexual, vivo con otro homosexual como marido y mujer; he ido a muchos médicos, sicólogos, siquiatras, programas de rehabilitación y no puedo salir de esto, aunque sí me gustaría.

El padre Jorge le dijo:

Mira, quiero hacerte una propuesta sencilla. Vas a ir todos los días a una iglesia y vas a estar un cuarto de hora por lo menos delante de Jesús Eucaristía, pidiéndole que te inunde de su amor y que te cambie. El secreto está en hacerlo todos los días. Pide a Jesús que sane tu área sexual. Esto lo vas a hacer durante un mes. Después vienes a verme.

Antes de un mes, vino a verme y me dijo: “Padre, ¡no lo va a creer! Ya no estoy viviendo con mi pareja, no me pregunte cómo; pero, a pesar de que hasta materialmente estábamos muy unidos, ya todo se acabó”... A los pocos meses tuve más noticias de él. Me dijo: “Padre, no lo va a creer; pero ya no me gustan los hombres, ahora me gustan las mujeres, cosa que antes ni caso les hacía”... Le animé a que siguiera cada día con sus visitas a Jesús sacramentado. Y, después de unos meses, me dijo que estaba de novio y, al año, más o menos, se casó. Ahora tienen un hija y una familia preciosa para gloria de Dios.

El poder de la presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía es realmente fabulosa. Jesús puede curar cualquier enfermedad del cuerpo o del alma. Por eso, decía el religioso y escritor italiano Carlo Carretto: En los casos graves de toxicómanos, homosexuales, drogadictos, alcohólicos, etc., he llegado a tener tanta fe en la fuerza transformadora de la oración ante Jesús Eucaristía que les digo con firmeza: Ten fe; si quieres sanar, haz la cura del Sol. Sí, Jesús es el Sol divino, que bajó a devolver la salud a la tierra con el poder sobrenatural de la Eucaristía.

Si quieres sanar, ponte diariamente, durante un año, en oración, en una capilla solitaria, mejor, delante del Santísimo Sacramento expuesto, y quédate allí en actitud de pobre repitiendo: “Jesús, ten misericordia de mí que soy un pobre pecador”. Hazte guiar por un buen sacerdote. Aprovecha ese tiempo para estudiar la Biblia; pero, sobre todo, ponte ante el Sol divino; deja que la vecindad de Cristo te penetre dentro, allí donde anida la podredumbre, donde está la llaga.

Normalmente, las curaciones han ocurrido antes del tiempo previsto. Alguno tal vez sonría, cosa natural para quien desconoce el poder de Cristo, pero yo os aseguro que la dificultad en realizar esos milagros de curación no depende tanto del poder de Jesús que es soberano, sino que depende casi siempre de la falta de fe en la curación, o incluso de no dejarse curar.

HAY ESPERANZAS

Los homosexuales pueden respirar aire puro. Hay esperanza para ellos. Hay miles de homosexuales que han cambiado su orientación sexual. Hay miles de ellos que han encontrado por fin la libertad y muchos de ellos están ahora felizmente casados y con una bella familia. Hay esperanza. No hay que perder la esperanza.

El año 2000, el doctor Robert Spitzer de la universidad de Columbia, quien en 1973 había sido uno de los que votaron a favor de la eliminación de la homosexualidad del Manual de Diagnóstico y Estadística de la Asociación Siquiátrica norteamericana, fue desafiado por muchos hombres y mujeres que habían cambiado su atracción sexual. Spitzer entrevistó a 200 de estos hombres y mujeres y halló que los hombres que ahora se identificaban como heterosexuales, después de cinco años de terminado su tratamiento, habían tenido cambios reales. La mayoría de ellos había obtenido el éxito a través de programas de apoyo basados en la fe.

Spitzer reconoció sus equivocaciones y es hoy un experto en la terapia de personas con sentimientos homosexuales, pertenece a la asociación NARTH, dedicada a la investigación y curación de la homosexualidad. El año 2003 publicó el resultado de una investigación, donde demostraba los siguientes hechos con bastante contundencia:

La modificación completa de la orientación homosexual hacia una orientación heterosexual es posible. El 85% de hombres y el 70% de mujeres, que habían solicitado ayuda de los especialistas, referían una insatisfacción emocional con el estilo de vida homosexual. Aunque algunos no lograron curarse del todo, tenían mucha satisfacción por los cambios parciales que habían logrado. No se encontró ninguna evidencia de que la terapia de reorientación pudiera ser perjudicial para estas personas. Por el contrario, refirieron haber recibido muchos beneficios más allá del cambio de orientación sexual.

Por eso, para Spitzer, no está justificado por los datos científicos que la Asociación Americana de Siquiatras desaconseje estas terapias inofensivas, mientras que sí recomienden terapias afirmativas para que esas personas asuman su homosexualidad.

El doctor Richard Cohen, ya citado anteriormente, afirma: Me he dedicado a orientar y educar a miles de hombres, mujeres y adolescentes que luchaban por cambiar su condición por la que se sentían atraídos hacia personas de su mismo sexo... La atracción hacia personas del propio sexo es siempre un síntoma de traumas infantiles no resueltos y de necesidades homo emocionales de amor que han quedado insatisfechas... La mejor medicina para esto y para cualquier dolor es el amor. El homosexual necesita un vínculo seguro con los varones. Ellas necesitan tener vínculos seguros con las mujeres. Cuando se logren tener esos lazos seguros, entonces los deseos hacia personas del propio sexo se desvanecen. Por eso, invito a que los varones echen una mano a los hombres que no estén identificados con su género; y a las mujeres a que lo hagan con las mujeres que están en la misma situación. Se trata de una guerra de amor. Hazlo lo mejor que puedas y déjale el resto a Dios.

Para curarse, deben comenzar por reconocer que no son felices por ese camino. Que Dios, como Padre, no está contento con su estilo de vida gay y que los remordimientos de su conciencia no son simplemente producidos por la educación religiosa recibida en la infancia, sino que son la voz de Dios, que les habla para que dejen esa vida. Por ello, deben comenzar por ser castos y evitar cualquier acto homosexual. Por otra parte, deben controlar sus fantasías homosexuales, que les llevan a desear realizar esas acciones. También es importante evitar ver pornografía. Deben alejarse de los bares y lugares de reuniones con otros amigos homosexuales que los pueden llevar de nuevo a ese estilo de vida; pues, como dice un antiguo adagio: Dime con quien andas y te diré quién eres.

Un punto indispensable es saber perdonar a quienes los han rechazado y no han sabido comprenderlos y ayudarlos en su problema. Esto es especialmente importante con relación a los propios padres, con quienes ha faltado comunicación; también con sus hermanos o compañeros de colegio y, muy en concreto, con aquellos que hayan podido haber abusado de ellos sexualmente. También deberán perdonar a los profesores o a las personas de autoridad que les inculcaron la idea de que su problema era genético y no tenía curación, lanzándolos por ese camino.

Guardar rencor en el corazón es como tomar un veneno y envenenarse la vida. No se puede vivir con odio, no se puede ser feliz sin perdonar. Además, como dice un dicho antiguo: No hay ningún rencoroso sano. El rencor y el resentimiento producen enfermedades físicas y mentales. Por eso, si tienes odio, sácalo de tu corazón y perdona en el nombre de Dios para que una nueva vida vuelva a florecer en tu alma. Y Dios te dará la paz que andas buscando.

Otro punto importantísimo para los homosexuales católicos es acudir a la confesión para pedir a Dios perdón de todos los pecados cometidos, pues el sentirse limpios por dentro es un buen paso para comenzar una nueva vida. También es necesario acudir a grupos de apoyo en Instituciones capacitadas para curar sus heridas emocionales. Pero deben cuidar que los profesionales o Instituciones a quienes acudan pidiendo ayuda, sean católicos o, al menos, acepten la doctrina católica de que son malos los actos homosexuales, ya que de otro modo, pueden ser incentivados a seguir por el mismo camino, como si fuera un camino normal.

Hay que tener cuidado, pues hay Instituciones, que se dicen católicas y se dedican a la terapia de los homosexuales, pero aceptan la vida de las parejas homosexuales, contradiciendo la enseñanza de la Iglesia. En este punto, hay que ser muy cuidadosos. Según algunos autores, las terapias para superar la homosexualidad pueden depender de cada individuo y de su deseo de cambiar, pero se necesitan entre un año y tres años como mínimo. Hay que dar tiempo al tiempo. Lo importante es saber que, si otros han cambiado, uno también puede cambiar.

Hay casos en los que el acercamiento a Dios, a través de una conversión radical, ha hecho que el cambio sea casi milagroso en un período de tiempo record. Por eso, es tan importante la parte religiosa.

Personalmente, podría decirles que Jesús Eucaristía es el mejor médico de cuerpos y almas. Jesús hacía milagros hace dos mil años y puede hacerlos hoy aquí y para ti. Acércate lo más que puedas a la Eucaristía, confiesa cada mes y comulga siempre que asistes a la misa durante la semana. Al menos, vete todos los días a visitar a Jesús a una iglesia y allí háblale de tus problemas, de tus deseos de curación, de tus ideales para el futuro. Dile que te dé fuerzas para llevar una vida de castidad. El futuro, sobre si te casas o no, déjalo en las manos de Dios, pero no te olvides de ir todos los días a recibir baños de Sol de Jesús Eucaristía. Ese es el mejor medicamento que puedo recetarte. Y si, además, vas a ver a un terapeuta católico, tu curación está asegurada.

INSTITUCIONES DE CURACIÓN

Courage (Coraje) es una institución especial para católicos, fundada por el padre John Harvey. Puedes ver en internet www.couragerc.net. IHF (International Healing Foundation). Fundación internacional para la curación, fundada por Richard Cohen. Ver www.comingoutstraight.com. NARTH (National Association for Research and Therapy of homosexuality). Asociación nacional para la investigación y terapia de la homosexualidad, fundada en 1992 y compuesta por siquiatras, sicólogos y científicos de primer orden. Ver www.narth.com. Exodus. Es una Organización internacional que cubre más de 100 grupos de cristianos ex-gays del mundo entero. Ver www.exodus-international.org. JONAH (Jews offering new alternatives to homosexuality). Organización para grupos de ex-gays de fe judía. Ver www.jonahweb.org. PFOX (Parents and Friends of ex gays and gays). Es una organización cristiana, que organiza a los padres y amigos de los ex gays y gays para ayudarlos en su curación. Ver www.pfox.org. Transforming Congregations. Es un grupo de ayuda a ex-gays de distintas creencias religiosas. Ver www.transformingcong.org. People can change (La gente puede cambiar). Es un grupo de apoyo on-line a quienes quieren cambiar su orientación sexual de acuerdo al plan de Dios. Ver www.peoplechange.com y www.esposibleelcambio.org. Love in action (Amor en Acción). Es una organización cristiana para apoyar a los homosexuales que quieren ser liberados. Ver www.loveinaction.org. HA (Homosexuals Anonimus). Homosexuales anónimos. Cuenta con grupos de ayuda en todo el mundo. Ver www.members.aol.com/hawebpage

Estas organizaciones pueden darte el apoyo que estás buscando para ti o para algún amigo o familiar. Como diría Richard Cohen: Abramos nuestros corazones a los hombres y mujeres que sufren el desorden homosexual para que puedan curarse. Lo que se aprendió puede desaprenderse. Abracemos a esas almas hermanas y sensibles. Llevémoslas a la vida con amor. Debemos ayudarles a curarse, reparando años de abuso y abandono. Porque, cuando alguien se cura, todos nos curamos un poco más.

Hagamos algo por ellos y no permitamos con nuestro silencio que la práctica homosexual se extienda como un mal epidémico marcando de por vida a muchos jóvenes y adolescentes incautos e ignorantes, que se dejan llevar por las ideas de moda. Tengamos el coraje de ser católicos de verdad y denunciar el mal dondequiera que esté por su bien y por el bien de toda la sociedad.

CONCLUSIÓN

Después de haber visto lo que es la homosexualidad y sus causas, podemos afirmar que la homosexualidad es un síntoma de un desequilibrio afectivo que tuvo lugar en la infancia, especialmente, en la relación con el padre o la madre. Pero, sea cual fuera la causa real de esta tendencia, lo importante es saber que no es permanente y que hay esperanza y que hay cientos y miles de homosexuales liberados de esta esclavitud con la ayuda de un tratamiento sicológico adecuado y, sobre todo, con el poder de Dios, que puede hacer auténticos milagros de conversión.

Por eso, vale la pena intentarlo. Vale la pena hacer un esfuerzo para salir del estilo de vida gay. La inclinación homosexual no es pecado en sí misma, pero sí lo es la práctica homosexual. Por eso, cada uno debe poner de su parte todo lo posible para vivir una vida de castidad y, si es la voluntad de Dios, llegar a la formación de una familia. Otros lo han hecho, tú también puedes llegar a ello.

Recomiendo a los amigos y padres de familia de estos hermanos que los comprendan y los ayuden para encontrar su camino de liberación. Como dice la Palabra de Dios: Para Dios nada hay imposible (Lc 1, 37). O como decía Jesús: Todo es posible al que tiene fe (Mc 9, 23). Por eso, Jesús nos dice a cada uno: No tengas miedo, solamente confía en Mí (Mc 5, 36).

Que Dios bendiga a todos los que desean liberarse del yugo de la esclavitud. Que sean felices, viviendo con Dios en su corazón y que no teman, porque tienen una madre, que se llama María, y un ángel bueno que los acompaña. Saludos de mi ángel.

P. Ángel Peña O.A.R. Parroquia La Caridad Pueblo Libre LIMA - PERÚ 

BIBLIOGRAFÍA
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