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LAS APARICIONES DE LA VIRGEN EN FÁTIMA

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Escrito por Autores varios
Domingo 13 de Mayo 2012
Observador de la Actualidad 879



Fátima: 95 años de una historia maravillosa - Otras apariciones - Tres vidas con sentido - Oraciones de Fátima - Las tres partes de un solo mensaje - La polémica del «tercer secreto»



Fátima: 95 años de una historia maravillosa
Este domingo 13 de mayo se cumplen 95 años de las apariciones de la Virgen María en Fátima, Portugal.

El himno dedicado a las apariciones ha sido traducido a prácticamente todos los idiomas, por lo que es raro el cristiano que no lo haya escuchado alguna vez. Así comienza la versión en castellano:

El 13 de mayo la Virgen María
bajó de los Cielos a Cova de Iría.
¡Ave, Ave, Ave María!
¡Ave, Ave, Ave María!

Cova de Iría (o Cova da Iría) es el paraje despoblado en el que se apareció la Virgen a tres niños en 1917, y pertenece al distrito o parroquia de Fátima.

Eran alrededor de las 13 horas del 13 de mayo cuando Lucía Dos Santos, de 10 años de edad, y sus primos Francisco y Jacinta Marto, de 9 y 7 años, mientras cuidaban su pequeño rebaño de ovejas, de repente vieron una luz brillante, como un relámpago; aunque el cielo estaba despejado, temieron una tormenta por lo que decidieron juntar el ganado y volver a casa. Pero al repetirse el fenómeno del relámpago vieron encima de una pequeña encina a una «Señora más brillante que el sol», y de sus manos pendía un rosario blanco.

Fátima



Los niños se asustaron. Pero la Señora los tranquilizó diciéndoles:
— No tengan miedo, no les haré daño.
— ¿De donde es usted?— le preguntó Lucía.
— Vengo del Cielo.
— ¿Y qué desea pedirnos?
— Vine a pedirles que vengan aquí seis meses sin interrupción, el 13 de cada mes, a esta misma hora. Más tarde, les diré quién soy y lo que quiero. En seguida, volveré una séptima vez.

Los niños habían intuido de inmediato que una Señora venida del Cielo tenía las respuestas a las cosas verdaderamente importantes; por eso Lucía le preguntó:

— ¿Y yo iré al Cielo?”
— Sí, irás.
— ¿Y Jacinta?
— Ella también.
— ¿Y mi primo?
— Sí, va a ir al Cielo, pero tendrá que rezar muchos rosarios.

En un momento dado la Señora hizo una invitación que en la mentalidad actual se antoja absurda hecha a quien sea, pero más cuando va dirigida a niños de entre 7 y 10 años de edad:

— ¿Quieren ofrecerse a Dios y soportar todos los sufrimientos que Él les mande en reparación de los pecados por los que es ofendido y como súplica para la conversión de los pecadores?
— Sí, queremos.
— Van a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será su consuelo. Recen el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el final de la guerra.

Después de esto, la Señora desapareció. Los niños acordaron no decir nada de esto en sus casas y acudir a las citas con la Virgen.

Sin embargo, a la pequeña Jacinta se le dificultó guardar el secreto, por lo que en la segunda aparición —13 de junio— unas 50 personas acudieron por curiosidad a Cova da Iría, y en la tercera, la del 13 de julio, la noticia había alcanzado tal difusión que los congregados eran unos cinco mil. Ese día la Virgen le mostró a los niños una visión del Infierno, y les dijo: «Para salvarlos, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Corazón Inmaculado», y añadió: «Al final, mi Corazón Inmaculado triunfará».

El 13 de agosto, para la cuarta aparición, cerca de 18 mil personas se quedaron esperando en Cova da Iría porque los niños no llegaron. Es que el gobierno masón secuestró temporalmente a los niños y a sus padres para que no asistieran aquel día al sitio de las apariciones.



Al no haber podido acudir los niños a su cita, la Virgen se les apareció el día 19 de agosto a unos 2 kilómetros de Cova da Iría, en un lugar llamado Valinhos.

En la quinta aparición, de nuevo en Cova da Iría, el 13 de septiembre de 1917, había entre 25 mil y 30 mil personas acompañando a los niños.

La sexta y última aparición tuvo lugar el 13 de octubre. Como se sabía que sería el día del milagro, había unas 70 mil personas reunidas, incluido mucho personal de diversos medios de comunicación, así como autoridades políticas ateas y comunistas. Llovía muy fuerte, la gente estaba empapada y había truenos y relámpagos; de pronto la lluvia cesó y la Virgen se apareció con san José cargando al Niño Dios; san José bendijo a todos haciendo varias veces la señal de la cruz y desapareció. María hizo tres peticiones: «No ofendan más a Nuestro Señor», «Recen el rosario» y «Levanten aquí una capilla a Nuestra Señora del Rosario». Entonces toda la multitud presenció la llamada «Danza del sol»: parecía primero un disco de plata que podía observarse a simple vista; luego se movió en zig-zag, y giró sobre sí mismo, lanzando chorros de luz de todos los colores del arco iris sobre las personas; después pareció precipitarse hacia la Tierra, aterrando a todos; finalmente volvió a su sitio, y en ese momento la ropa de la gente estaba completamente seca. El fenómeno duró unos diez minutos y fue visto hasta a 40 millas a la redonda. Fue el milagro más espectacular contemplado en toda la historia, publicado hasta por el New York Times y periódicos comunistas.



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Otras apariciones

Antes de aparecerse la Virgen María en Fátima , los niños fueron preparados para este encuentro. En la primavera del año anterior, 1916, estaban pastoreando las ovejas y jugando con piedras después de rezar el Rosario cuando un fuerte viento comenzó a mover los árboles. «Luego comenzamos a ver sobre los árboles una luz más blanca que la nieve con la forma de un joven, algo transparente, tan brillante como un cristal en los rayos del sol».

La aparición dijo ser «el ángel de Portugal», y agregó: «No tengan miedo. Soy el ángel de la paz. Oren conmigo». Él se arrodilló, bajando su rostro hasta el suelo. Los niños lo imitaron y oraron con él. Después el ángel desapareció.

«Nos dejó en una atmósfera de lo sobrenatural —recordaba Lucía— que era tan intensa que estuvimos por largo rato sin darnos cuenta de nuestra propia existencia. La presencia de Dios era tan poderosa e intima que aún entre nosotros mismo no podíamos hablar».

Y agrega: «No sé por qué pero las apariciones de la Virgen produjeron en nosotros efectos muy diferentes que las de las visitas del ángel...No había dificultad al hablar cuando nuestra Señora se apareció, había más bien por mi parte un deseo de comunicarme».

En una segunda aparición del ángel, en el verano de 1916, los tres primos estaban jugando cerca de un pozo. De repente vieron al ángel, que les dijo: «¿Que están haciendo? ¡Ustedes deben rezar! ¡Rezar! Los corazones de Jesús y María tienen designios misericordiosos para ustedes. Deben ofrecer sus oraciones y sacrificios a Dios, el Altísimo».

Dice Lucía que «esta aparición renovó el mismo efecto profundo que tuvo la primera», de manera que Francisco, quien a lo largo de las apariciones tanto del ángel como de la Virgen podía ver pero no escuchar, no logró sino hasta el siguiente día que las niñas le dijeran las palabras del ángel, el cual se apareció por tercera y última vez en el otoño.

Después de la aparición de octubre en Cova da Iría —la del milagro del sol—, Lucía tuvo más. Ya era entonces monja de la congregación de las religiosas de santa Dorotea. Dos ocurieron en España, en el convento de Pontevedra, el 10 de diciembre de 1925 y el 15 de febrero de 1926. En la primera la Virgen le mostró su corazón lleno de espinas «que los hombre ingratos me clavan en todos los momentos con blasfemias e ingratitudes».

Luego hubo otra, la noche del 13 al 14 de junio de 1929, en el convento de Tuy. Ahí la Virgen pidió a través de Lucía la devoción de los cinco primeros sábados y le comunicó las condiciones para dicho ejercicio: rezar el rosario meditando los (entonces) 15 misterios, confesarse y comulgar en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María; igualmente pidió la consagración de Rusia al mismo Inmaculado Corazón «para impedir la guerra».

Jacinta también recibió algunas visiones estando lejos de Francisco y Lucía.

 

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Tres vidas con sentido

BEATO FRANCISCO MARTO
Francisco nació en 1908, y era hermano de Jacinta. Durante las apariciones se le concedió el privilegio de verlas pero no de escucharlas, por lo que su prima y su hermana le tenían que comunicar todo lo que la Virgen había dicho.

La Madre de Dios le avisó que moriría muy pronto. Y no se le olvidaba aquel primer mensaje de que sí iría al Cielo pero que antes debía rezar mucho. Francisco en seguida comenzó a inclinarse por la oración a solas. Con frecuencia le decía a Lucía y a Jacinta: «Sigan ustedes. Yo voy a ir a la iglesia a hacerle compañía al Jesús escondido». Varias personas dieron testimonio de haber recibido regalos de gracia después de haberle pedido a Francisco que rezara por ellas.

En octubre de 1918 Francisco cayó gravemente enfermo. Familiares suyos le aseguraron que se curaría, pero él respondió: «Es inútil. ¡Nuestra Señora me quiere a su lado en el Cielo!». Durante su enfermedad, Francisco continuó ofreciendo sacrificios constantes para consolar a Jesús ofendido por tantos pecados. «Me queda solamente poco tiempo antes de ir al Cielo . Allá arriba voy a consolar enormemente a Nuestro Señor y a Nuestra Señora», dijo.

Lucía y Jacinta platicaban con él de sus travesuras, pero él se puso a llorar diciendo: «He confesado estos pecados, pero los confesaré de nuevo. Quizá sea por estos pecados que Jesús está tan triste. Pidan ustedes dos también que Jesús perdone mis pecados.»

Quedó tan débil que ya no podía rezar el Rosario. El día de su muerte, momentos antes de morir, dijo: «Mira, mamá, mira, esa luz tan hermosa, allá cerca de la puerta».

Falleció en 1919 cuando aún no cumplía los 11 años de edad.

BEATA JACINTA MARTO
Jacinta nació en 1910. Ella vio y escuchó las pariciones, pero ni el ángel ni la Virgen le hablaron directamente, sino que toda la conversación era a través de su prima Lucía.

El punto clave de la profunda conversión de Jacinta ocurrió tras la visión de las personas que caían en el Infierno, y decidió ofrecerse completamente por la salvación de las almas. Igual que su hermano, ella recibió de la Virgen el mensaje de que su vida sería muy breve, y se dispuso a aprovechar el tiempo al máximo.

Además de las apariciones en Cova da Iría, a Jacinta le fueron concedidas dos visiones del Papa; en una de ellas lo vio sufriendo por las persecuciones en contra de la Iglesia y también por las guerras y la destrucción que convulsionaban al mundo. «Pobre Santo Padre —dijo la niña—, hay que orar mucho por él». Desde ese momento el Vicario de Cristo estuvo siempre presente en las oraciones y sacrificios de los tres videntes, pero especialmente en los de Jacinta.

Hacía sacrificios para que la gente no cayera en el infierno; por ejemplo, en el caluroso verano dejó de beber agua, o regalaba su merienda vespertina a niños más pobres que ella; además comenzó a usar ropa que le raspaba la piel. Un año después de las apariciones enfermó de bronconeumonía y, más tarde, de pleuresía; pero desde su cama del hospital declaró animadamente que su enfermedad era una nueva oportunidad para sufrir por la conversión de los pecadores. Estuvo dos meses internada y volvió a su casa, pero al poco tiempo le diagnosticaron tuberculosis. De nuevo en el hospital, lejos de sus papás y demás familiares, se consumió hasta quedar como un esqueleto. Pero ahí la visitó al menos tres veces la Madre de Dios.

Falleció en 1920, completamente sola, pocos días antes de cumplir los 10 años de edad.

LUCÍA DE JESÚS DOS SANTOS MARTO
Lucía nació en 1907 y era la menor entre cinco hermanos. Desde la primera aparición de la Virgen tuvo que soportar muchos sufrimientos, empezando porque su mamá no creía en el testimonio de su hija y la llamaba «mentirosa»; luego los sacerdotes de la parroquia de Fátima dijeron que ella era un «pequeño instrumento del demonio». Lucía era el blanco principal de las críticas por parte de todos: familiares, amigos, enemigos, Iglesia, autoridades civiles, etc. Y luego la Virgen le dio una dolorosa noticia: le avisó que pronto se llevaría al Cielo a Francisco y a Jacinta, mientras que Lucía debería permanecer sola en la Tierra, viviendo una larga vida para propagar la devoción al Corazón Inmaculado de María. Sin embargo, la Virgen reconfortó a la dolida niña con esta promesa: «Mi Corazón Inmaculado será tu refugio y el camino que te guiará a Dios».

Cuando tenía 14 años, para que ya no fuera objeto de tanto acoso e interrogatorio, y para evitar que su presencia entorpeciera las investigaciones acerca de las apariciones de la Virgen, el obispo de Leiria-Fátima la internó en un asilo dirigido por las religiosas de Santa Dorotea, en Villar, Oporto. En 1928 Lucía se convirtió en religiosa de esa orden, tomando el nombre de María Lucía de los Dolores. Pero en 1946 decidió ingresar al convento de las Hermanas Carmelitas, en Coimbra, donde adquirió el nombre de sor María Lucía del Inmaculado Corazón. Ahí permaneció el resto de su vida —salvo por algunas breves visitas a Fátima y otras al Papa—, en clausura y oración constante, en compañía de sus hermanas carmelitas, intercediendo todas por la salvación de la humanidad.

Falleció el día 13 de febrero de 2005, a la edad de 97 años.

Sor Lucía escribió dos volúmenes con sus Memorias y los Llamamientos del Mensaje de Fátima. Suya también es la redacción de los llamados «tres secretos» de Fátima que le dio la Virgen.

 

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Oraciones de Fátima

La primera vez que se apareció el Ángel de Portugal a los niños de Fátima, se postró rostro en tierra y oró tres veces esta oración con ellos:

«Dios mío, yo creo en Ti, te adoro, espero en Ti y te amo; y te pido perdón por los que no creen en Ti, no te adoran, no esperan en Ti y no te aman».

Fue en la tercera aparición cuando el ángel se postró de nuevo y les enseñó esta otra oración, que repitieron también tres veces:

«Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: yo te adoro profundamente y te ofrezco el preciosísimo Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la Tierra, en reparación por los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Y, por los infinitos méritos de su Sacratísimo Corazón y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pobres pecadores».

En la tercera aparición de la Virgen, Ella pidió: «Cuando sufran algo digan: ‘Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores’».

Ella agregó: «Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: ‘Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del Infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y SOCORRE especialmente a las más necesitadas de tu misericordia’».

Aunque muy difundida esta última oración, en la práctica ha resultado mutilada quitándosele la petición «socorre», con lo que se acaba por pedir algo realmente extraño: «Lleva al Cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia»; es decir, que especialmente sean salvadas las más pecadoras, aunque las no pecadoras o poco pecadoras se condenen. En cambio, la oración original no pide tal injusticia, sino simplemente una ayuda especial para quienes más la necesitan.

D. R. G. B.

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Las tres partes de un solo mensaje

La Virgen María dio en Fátima un solo mensaje, pero que puede dividirse en tres partes. Aquí presentamos todas:

Escribió sor Lucía el 31 de agosto de 1941 esta carta destinada al obispo de Leiria-Fátima: «El secreto consta de tres partes distintas, de las cuales voy a revelar dos.

1ª PARTE: LA VISIÓN DEL INFIERNO

«Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar debajo de la tierra. Sumergidos en ese fuego, los demonios y las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo que caían hacia todos los lados, parecidas al caer de las pavesas en los grandes incendios, sin equilibrio ni peso, entre gritos de dolor y gemidos de desesperación que horrorizaba y hacía estremecer de pavor. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes y negros.

«Esta visión fue durante un momento, y ¡gracias a nuestra Buena Madre del Cielo, que antes nos había prevenido con la promesa de llevarnos al Cielo! De no haber sido así, creo que hubiésemos muerto de susto y pavor. Inmediatamente levantamos los ojos hacia Nuestra Señora que nos dijo con bondad y tristeza:

2ª PARTE: LA CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA

«‘Visteis el Infierno, a donde van las almas de los pobres pecadores; para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os voy a decir, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra pronto terminará.

«‘Pero si no dejaren de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre.

«‘Para impedirla, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz’».

3ª PARTE: LA VISIÓN DEL PAPA Y DE OTROS MIEMBROS DE LA IGLESIA QUE SON ASESINADOS

Sor Lucía puso por escrito la tercera parte del mensaje el 3 de enero de 1944, al recibir esta orden de su obispo. Existe un único manuscrito, que en sobre blanco y lacrado estuvo primero custodiado por el obispo de Leiria, pero que el 4 de abril de 1957 fue entregado al Archivo Secreto del Santo Oficio. Dice el texto en la traducción oficial hecha por la Santa Sede:

«Después de las dos partes que ya he expuesto, hemos visto al lado izquierdo de Nuestra Señora un poco más en lo alto a un ángel con una espada de fuego en la mano izquierda; centelleando emitía llamas que parecía iban a incendiar el mundo; pero se apagaban al contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba con su mano derecha dirigida hacia él. El ángel, señalando la Tierra con su mano derecha, dijo con fuerte voz: ‘¡Penitencia, Penitencia, Penitencia!’.

«Y vimos en una inmensa Luz qué es Dios: algo semejante a como se ven las personas en un espejo cuando pasan ante él. A un Obispo vestido de blanco; hemos tenido el presentimiento de que fuera el Santo Padre. También a otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, subir una montaña empinada, en cuya cumbre había una gran Cruz de maderos toscos como si fueran de alcornoque con la corteza. El Santo Padre, antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas y medio tembloroso con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba por el camino; llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran Cruz, fue muerto por un grupo de soldados que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron, unos tras otros, los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y diversas personas seglares, hombres y mujeres de diversas clases y posiciones. Bajo los dos brazos de la Cruz había dos ángeles, cada uno de ellos con una jarra de cristal en la mano, en las cuales recogían la sangre de los mártires y regaban con ella las almas que se acercaban a Dios».

 

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La polémica del «tercer secreto»

Cuando el obispo de Lieria le pidió a sor Lucía en 1944 que pusiera por escrito la tercera parte del mensaje de la Virgen, ella estaba preocupada; pero la Madre de Dios se le apareció diciéndole qué debería escribir, y dando la orden de que el sobre con el mensaje podía ser abierto sólo a partir de 1960.

Juan XXIII lo abrió y leyó en 1959 para decidir si convenía hacer público su contenido en 1960, y decidió que no. Pablo VI lo leyó en 1965, y tomó idéntica decisión.

Por su parte, Juan Pablo II lo leyó en julio de 1981, es decir, después de haber sido víctima del atentado contra su vida.

En octubre de 1981 la revista Stimme des Glaubens publicó lo que Juan Pablo II dijo en su visita a Fulda, Alemania, en 1980, cuando se le preguntó: «¿Qué hay en el tercer secreto de Fátima? ¿No debía ser publicado ya en 1960?». El Papa respondió: «Dada la gravedad del contenido, mis predecesores en la Cátedra de Pedro prefirieron diplomáticamente posponer su publicación para no alentar al poder mundial del comunismo a tomar ciertas medidas. Por otra parte, para todos los cristianos debería ser suficiente saber esto: si existe un mensaje en el cual está escrito que los océanos inundarán inmensas partes de la Tierra, y que de un momento a otro millones de hombres perecerán, la publicación de tal mensaje ya no es algo tan de desear. Muchos quieren simplemente saber por curiosidad y gusto por el sensacionalismo, pero olvidan que el saberlo implica también una responsabilidad. Se busca solamente satisfacer la propia curiosidad, y esto es peligroso si no se está dispuesto al mismo tiempo a hacer algo, si se está convencido de que nada se puede hacer contra el mal».

Desde el tiempo de las apariciones y a lo largo de las décadas la gente se fue haciendo sus propias ideas de lo podría contener la tercera parte del mensaje de Fátima; especialmente diversos clérigos hicieron toda clase de deducciones: que si anunciaba una gran apostasía en la Iglesia, que si señalaba el establecimiento de una falsa iglesia con un falso Papa, o que si se trataba de un gran castigo acompañado de terremotos y otros desastres naturales, etc.



Pero llegó el día en que Juan Pablo II decidió que su publicara el «tercer secreto», y, como en el texto no aparecía nada de las deducciones antes hechas por tantos expertos, muchos de ellos se han convertido en grandes opositores del mensaje publicado por la Santa Sede. Las acusaciones van desde que el «tercer secreto» no se publicó completo hasta que el manuscrito de sor Lucía es falso, o que la religiosa fue mantenida en «secuestro» por la Iglesia para que no revelara la terrible verdad que la Virgen ordenó que se revelara en 1960.

En realidad la Virgen no ordenó que el mensaje se revelara en 1960, sino que dio permiso para que a partir de esa fecha pudiera ser leído, lo que implica que no era forzoso. En cuanto a Juan Pablo II, él no dijo que el mensaje anunciaba inundaciones y muertes, sino que expresó de modo abierto lo que la gente estaba suponiendo del «secreto», y denunció que, de haber efectivamente un mensaje así, exigiría responsabilidad en quienes llegaran a leerlo.

Por otro lado, como todas las revelaciones privadas auténticas, las de Fátima no añaden nada sustancial pero sí pueden ayudar a entender mejor lo ya revelado por Dios a través de las Escrituras. O sea que, aun sin que se hubiera revelado el «tercer secreto», la Revelación está completa y disponible para todos desde hace siglos.

Aun suponiendo que no se haya dicho todavía todo lo que el Cielo reveló a los pastorcitos, hay que recordar que lo que Lucía escribió en su manuscrito de 1944 es sólo aquello que la Virgen le permitió que escribiera. Igualmente, recuérdese que las de Fátima no son las únicas revelaciones aprobadas por la Iglesia; leyendo todas, es posible entender mucho de lo que nos depara el futuro.

D. R. G. B.

 

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