Receta familiar: más SOPA




Jaime Nubiola
Invitación a pensar



Serenidad, orden, puntualidad, alegría
Una de las cosas que he aprendido de mi padre es una sabia receta para condimentar con éxito la vida familiar. Esa receta se condensa en la fórmula «más SOPA». No se trata de poner sopa todos los días, pues, aunque a muchos niños les guste, a los adolescentes suele cansarles. Lo de «más SOPA» es una fórmula mnemotécnica: cada una de las letras es la inicial de una recomendación de enorme importancia.

La primera es la S de serenidad. Pase lo que pase, se rompa lo que se rompa, en casa nunca hay que ponerse nervioso. Cuando un hijo suspende o hace un desastre no se gana nada gritando, sino que todo se empeora todavía más. En una situación crítica no hay que dejarse arrastrar por la tensión y tomar decisiones que luego se mostrarán desacertadas. Cuando uno se agobia y pierde la serenidad, hay que recuperar la paz por dentro y por fuera lo antes posible aunque sea dando una vuelta a la manzana. Lo que no podemos hacer es agobiar a los demás con nuestro mal humor o nuestro genio insoportable.

La segunda es la O de orden. El orden material de la casa, tanto en la cocina, en la sala de estar, como en las habitaciones e incluso en los armarios: convendrá que haya una leonera para los niños, pero no puede ser toda la casa una leonera. ¡Cuánto ayuda el orden para la convivencia y cuánto daña el desorden! Sin llegar a convertirnos en unos maniáticos del orden —ni enfadarnos por esa causa— hemos de ayudarnos unos a otros a dejar las cosas en su sitio para que los demás puedan encontrarlas. ¡Ordenar no puede ser sólo tarea de la madre!

La tercera es la P de puntualidad, que a algunos tanto cuesta. En una casa —con más razón en la de una familia numerosa— tiene que haber un horario que incluya el levantarse de la cama (incluido los domingos), la hora de comer y de cenar, las horas para llegar habitualmente a casa, para ver la televisión, para usar el baño, etc. No puede parecer un cuartel, pero hace falta un horario. Será tarea de todos el empeñarse en llegar a tiempo a las cosas: eso es hacer familia, eso es demostrar con hechos el cariño. ¡Cuánto nos gusta estar todos!

La cuarta es la A que corresponde a la alegría y que muchas veces es también el mejor fruto del cuidado de las otras tres. Si en una familia todos procuran estar serenos, hay un cierto orden y una relativa puntualidad, lo lógico es que, como se quieren, estén de ordinario alegres. La alegría se traducirá en la sonrisa cariñosa habitual, en las risas a carcajadas a veces, en los besos, abrazos y caricias que expresan el afecto.

En las familias numerosas son quizá más difíciles la serenidad y el orden, pero probablemente sea mucho más fácil la alegría. Cualquier fecha es un buen momento para formular este propósito que aprendí de mi padre para mejorar la calidad de vida familiar: «más SOPA».