El Carisma del P. Julio Chevalier Hoy 


Hoy en día la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón  - como tantas otras congregaciones religiosas - está cuestionándose. Nos preguntamos ¿cómo vivir el carisma de nuestro fundador a fines del siglo 20, cómo presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, especialmente a los jóvenes? Porque estamos firmemente convencidos que el carisma y el mensaje del Padre Chevalier siguen siendo válidos, pero que deben ser presentados a los hombres de hoy en armonía con la sensibilidad y las aspiraciones de hoy, deben ser adaptados a los cambios en la vida de la Iglesia y del mundo.

¿Tiene aún valor el objetivo del Padre Chevalier? ¿Se puede todavía proponer al Corazón de Cristo como fuente de inspiración para una vida de espiritualidad y como remedio para los males que afligen a los hombres? En 1956 en su encíclica "Haurietis aquas" el Papa Pío XII consideraba el culto del Sagrado Corazón como "remedio" para la enfermedad del hombre y de la sociedad del siglo 20. ¿Esto vale todavía para hoy? Si es así, ¿En qué forma? ¿Cómo debe transmitirse el mensaje para que pueda ser aceptado?

Durante las últimas décadas hemos notado una falta de interés de muchos cristianos en lo que se refiere al culto del Sagrado Corazón. Es un hecho. No es necesario probarlo. Es evidente. Sin embargo, ¿puede ser que una devoción que por siglos hizo tanto bien a la Iglesia y en la cual se debe ver la acción del Espíritu Santo, desaparezca de repente? Durante un encuentro en Paray-le-Monial, el 16 de Octubre de 1972, un gran número de Superiores Generales de las Congregaciones que están dedicadas al Sagrado Corazón, han manifestado: Una realidad espiritual que ha sido una fuente de inspiración para laicos y religiosos, no puede de un momento a otro dejar de tener valor.

Al buscar una solución a este problema, tendremos que tomar en cuenta las objeciones que se presentan hoy en día contra la devoción al Sagrado Corazón, y evaluar las razones de su disminución. En este contexto es importante distinguir entre culto y espiritualidad del Sagrado Corazón; acentuar los fundamentos bíblicos y patrísticos; considerar la sensibilidad del hombre moderno en lo que se refiere al simbolismo del corazón y sus manifestaciones devocionales y artísticas; finalmente subrayar lo que la devoción pueda dar como respuesta a las aspiraciones del hombre de hoy y de la sociedad actual.

 

Culto y Espiritualidad del Sagrado Corazón

Cuando hablamos de la devoción y del culto al Sagrado Corazón, muchos de nuestros contemporáneos piensan solamente en prácticas religiosas y actividades piadosas. En un tiempo cuando la fe está en crisis, muchos se preguntan: ¿Dios existe? ¿De veras Cristo vino para salvar al hombre? ¿Puede haber vida después de la muerte? Sucede entonces que hasta los buenos católicos que desean ayudar a sus hermanos que están en peligro de perder la fe, no están muy interesados en lo que les parece accesorio y secundario. Cuando el fuego amenaza con la destrucción de la casa, se trata de salvar lo más importante. Especialmente los jóvenes no se sienten atraídos por "devociones" sino van directo "al grano". Además es evidente que uno puede ser un buen cristiano sin tener una devoción particular al Sagrado Corazón de Jesús.

Sin embargo la Espiritualidad del Sagrado Corazón nos lleva al centro del misterio de la salvación. Es una manera de ver y vivir el misterio de Cristo en su totalidad; bajo un aspecto particular, es cierto, pero un aspecto que es fundamental para la fe cristiana, es el amor de Dios manifestado en Jesucristo cuyo corazón traspasado es un símbolo elocuente. Vemos la persona de Cristo en el cual Dios nos ama con un corazón humano. Es una visión y una experiencia de Cristo que abarcará la vida entera del cristiano.

Es ante todo una visión: "Hemos Conocido el amor que Dios nos tiene" (1 Jn 4,15). Sin el amor del Corazón de Cristo su personalidad profunda nos quedará incomprensible. Pero por el amor todo se nos hace inteligible y luminoso: sus palabras y acciones, su vida y su muerte, la Iglesia que fundó, el Espíritu que nos ha dado, los Sacramentos que nos ha dejado. De esta manera el Padre Chevalier cuando habla de la devoción al Sagrado Corazón, la entiende como espiritualidad y por eso podía escribir "Incluye Todo".

Además se trata de una experiencia personal: "Hemos creído" (en su amor). La respuesta del hombre es una respuesta de fe y de amor. Esta adherencia a Cristo, este amor es una fuerza que a su vez moviliza la vida del hombre, su ser y su acción. Así podemos entender que esta manera de contemplar y vivir el misterio de Cristo se transforma en una espiritualidad.

Esta distinción entre devoción (culto) y espiritualidad del Corazón de Cristo no significa que las prácticas de la devoción y veneración deberían ser suprimidas, especialmente las que se refieren a la Eucaristía, el sacramento del amor. Una espiritualidad siempre buscará expresar-se. Los que quieren seguir con las prácticas tradicionales pueden sacar provecho de ellas. Los que consideran anticuadas estas prácticas, casi necesariamente encontrarán otras más adaptadas a su mentalidad en el ámbito de la renovación litúrgica de la Iglesia.

Nuestra espiritualidad consiste principalmente en amor, imitación y reparación.

Amor: El Corazón de Cristo espera del hombre una respuesta de amor: un amor sincero y profundo que es un encuentro personal e íntimo, una experiencia de Cristo en una fe viva. Esto es fundamental para una espiritualidad del Sagrado Corazón y responde a las aspiraciones del hombre moderno. Existe hoy en día un esfuerzo por una auténtica vida interior, un volver a la oración. Se instrumentaliza toda clase de métodos, hasta los orientales, en el es-fuerzo de encontrar un camino que conduzca a esta casi mística relación con Dios. Muchos "movimientos de jóvenes" consideran esta experiencia de Jesús como esencial. ¿Acaso el amor no busca la presencia de la persona amada?

Imitación: Esta respuesta de amor debe ser auténtica (otra exigencia de los jóvenes); debe comprobarse en acciones, debe dirigirse al hermano como Cristo lo ha enseñado. Y esto necesariamente conduce a la imitación de Cristo, y de su corazón. A veces se reprocha a la devoción del Sagrado Corazón que seria demasiado y exclusivamente interior y personal cuando se desea formar apóstoles. Evidentemente esto es una idea errónea del Corazón de Cristo, "el Hombre para los demás", cuya preferencia eran los pobres, los marginados, los abandonados. En nuestros días esta imitación de Cristo exige colaboración con los demás para construir un mundo nuevo y mejor, en justicia y paz.

Reparación: El amor de Cristo nos impulsará a la reparación de la ingratitud e indiferencia de los hombres. El deseo humilde de expiar y compensar nuestras faltas por el amor, por un fervor renovado de caridad, es sencillamente una reacción espontánea de un amor sincero. Pero es cierto que nuestro tiempo tiene menos inclinación para la reparación. Resulta inútil entonces buscar toda clase de explicaciones teológicas, aunque queda verdad que los misterios de Cristo superan la sucesión del tiempo. Basta entender con un "pensamiento de corazón" que Cristo sigue en agonía hasta el final de los tiempos y que no podemos dormir durante este tiempo. Así nos preguntamos: ¿Qué hemos hecho con Cristo hoy día? ¿Cómo lo hemos comprendido? ¿Hemos tal vez deshonrado su nombre y deformado su mensaje? - Son tantas las razones para ofrecer reparación. Y hasta los cristianos de hoy harán reparación si su amor a Cristo es suficientemente fuerte.

Fundamento bíblico: Nuestro tiempo exige que la teología del Sagrado Corazón tenga un sólido fundamento bíblico. Se reprocha a veces al Culto del Sagrado Corazón igual como a la devoción a la Virgen María que ha crecido durante siglos sin tomar en cuenta la escritura basándose sólo en escritores de espiritualidad. Somos muy sensibles a este reproche. Sin duda es exagerado. El Padre Chevalier p.e. en su libro sobre el Sagrado Corazón ha hecho un esfuerzo para relacionar la devoción al Sagrado Corazón con sus fuentes bíblicas y de colocaría en el centro de la revelación. Tomando en cuenta que no tenía formación especial en teología y escritura tenemos que decir que fue un ensayo de mucho valor. Recordamos también que las ciencias bíblicas han hecho enormes progresos desde entonces. De esta manera podemos dar hoy en día un fundamento mucho más sólido a la teología y espiritualidad del Sagrado Corazón aprovechando las riquezas de la investigación bíblica desconocida hasta ahora. Esto vale ante todo para la doctrina de S. Pablo respecto a la doctrina de la redención por amor, y mucho más aún respecto a la teología de S. Juan quien hace del amor de Dios el centro y punto culminante del misterio de Cristo.

Juan es un teólogo. Ha meditado por mucho tiempo la vida y el mensaje de Cristo. Hay en su teología como en todo sistema teológico, principios fundamentales, resultado de su larga meditación, de los cuales depende todo el resto y que contienen, como en una semilla, toda la doctrina. San Juan presenta uno de estos principios en su primera carta (1 Jn 4,16) "Dios es amor'. Al final de su evangelio (Jn 19,31-37) repite este principio en forma concreta y visible, en "una imagen teológica", como dicen: la imagen de Cristo en la cruz. Juan atribuye mucha importancia al corazón traspasado y al agua y la sangre que mana del costado abierto. Entendemos que esta escena es el punto culminante de su evangelio, una escena que comprende toda la historia de salvación las profecías del A T la encarnación, vida y muerte de Cristo la Iglesia los sacramentos y el don del Espíritu

Y este misterio es presentado como un misterio de amor Es la conclusión final de lo que dijo Juan en su evangelio como por ejemplo (Jn 3, l4-l5; 7,39; 12,32): Cuando seré elevado atraeré a todos hacia mí. (19 37): Mirarán al que han traspasado. (15 13): Nadie puede tener un amor más grande que aquel que da su vida por sus amigos.

Así podemos preguntarnos si hoy en día la imagen de Cristo en la cruz con el costado abierto no serviría mejor para la devoción y la espiritualidad del Sagrado Corazón especialmente cuando la imagen bíblica nos lleva al centro del misterio de la salvación como misterio de amor. Eliminaría las imágenes "azucaradas" de estilo "hippy" que puedan haber satisfecho las exigencias del siglo pasado aunque dieron una imagen distorsionada de la personalidad de Cristo. Hoy en día son la razón por-que muchos cristianos han perdido el interés en la devoción del Sagrado Corazón. Además hablando de esta espiritualidad no deberíamos utilizar demasiado la palabra "Corazón" aunque quedará como símbolo universal de amor. En el pasado se ha abusado de esta palabra hasta para fines políticos y patrióticos.

Una espiritualidad del Sagrado Corazón puede satisfacer las profundas aspiraciones de hoy. Actualmente nuestro tiempo es un tiempo de la persona humana. La problemática se centra en los derechos del hombre, el respeto a la persona, en las ciencias acerca del hombre etc., mientras exista un deseo universal por tener más fraternidad y unidad entre los hombres. La Iglesia ha dado eco a esta aspiración universal. "Las condiciones de nuestra época hacen más urgente este deber de la Iglesia, a saber, el que todos los hombres, que hoy están más íntimamente unidos por múltiples vínculos sociales, técnicos y culturales, consigan también la unidad completa en Cristo." (Lumen Gentium Nº- 1) Porque "sólo por la verdad del misterio de la Encarnación recibe su luz el misterio del hombre" ... "Cristo, el segundo Adán, por la revelación del misterio del Padre y su amor, revela plenamente al hombre y explica su destino supremo". (Gaudium et Spes. Nº 22). Como el hombre perfecto "el Señor es la meta de la historia humana, punto de convergencia hacia el cual tienden los deseos de la historia y civilización, centro de la humanidad, gozo del corazón humano y plenitud total de sus aspiraciones." (G.S. N2 45)

En esta línea tenemos que ver el carisma del Padre Julio Chevalier. No ha perdido nada de su actualidad.

Es a través de este carisma que la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús encuentra su identidad. Hoy como ayer desea ser una fraternidad apostólica cuya meta es vivir y propagar la espiritualidad del Sagrado Corazón.

 

                                        (Según P. J. van Kerckhoven MSC)