Carisma M.S.C.


 Se define el carisma como un don del Espíritu Santo dado a un individuo para bien de otros... Conduce a centrar su atención (la del Fundador) en algún aspecto concreto de la vida de Jesús, impulsando a un seguimiento de Jesús y, por su amor, a servir a los demás de forma especial.

Tres son los aspectos que conforman el carisma que el P. Chevalier quiso transmitir a sus hijos:

1) Una profunda solicitud hacia todos los hombres, especialmente hacia los que sufren los males de nuestro tiempo.

2) Una fuerte creencia en el amor de Dios, revelado en Cristo misericordioso, junto con la convicción de que los hombres pueden hallar en su divino Corazón, signo de su amor, la respuesta a sus necesidades más profundas. Consecuencia de tal constata­ción será la misión de llevar ese amor a todos los hombres.

3) Este amor debe ser revelado mediante la caridad, la amabilidad y la bondad de aquéllos y aquéllas que están llamados a participar en la misión de Cris­to, de revelar la bondad de Dios.

Estas son las tres constantes que se destacan en las dos Congregaciones religiosas fundadas por el P. Chevalier (Misioneros del Sagrado Corazón e Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón) y en las Misioneras del Sagrado Corazón de Hiltrup, fundadas por el P. Linckens, M.S.C., a las que dio también el mismo carisma.

 

Los males de nuestro tiempo

Todos los documentos de la Congregación, desde los más antiguos, reflejan la constante preocupación que sentía el P Chevalier por los males de nuestro mundo de nuestra época. Así mismo, se constata en ellos que la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es el remedio más eficaz para superar esos males del mundo. Los miembros de sus Con­gregaciones deberán, pues, extender todo lo posible esa devoción al Sagrado Corazón. Una devoción que no debe limitarse a un conjunto de prácticas religiosas determinadas, sino a hacer vida en cada uno de sus miembros la forma de vida de Jesús, repre­sentada en su Corazón. Es la espiritualidad del Corazón.

 

El Corazón compasivo y misericordioso de Cristo

El vivo contacto con la devoción al Sagrado Corazón fue el que transformó en el P. Chevalier una respuesta ordinaria y generosa en una gracia carismática. Y esa devoción, considerada por muchos como «privada», pasó a ser una forma de vida, un imitar a Jesús «que nos guía en nuestra fe y la lleva a la perfección». Y es en esta meditación donde descubre que la naturaleza de Dios es Amor. «El único Hijo, concebido desde la eternidad por el Corazón de Dios Padre, es el resplandor de su caridad entre los hombres», comentará. El P. Chevalier había descubierto al Cristo «que tenía compasión con las multitudes», el Cristo que «era capaz de sentir nuestras miserias con nosotros», el Cristo misericordioso, el Cristo humano, el Corazón humano de Cristo, que nos amó con amor humano.

Para el P. Chevalier, el Corazón de Cristo es la expresión última de todas las cosas. «Toda necesidad despertaba en Jesús la compasión». De ahí frases como «El Corazón de Jesús es esencialmente misericordioso» o «El Sagrado Corazón está llenó de amor y misericordia». Por eso propone en sus meditaciones a sus misio­neros el espíritu y el ejemplo del Buen Pastor. Un Buen Pastor cuyo Sagrado Corazón es el resumen y expresión viviente de su divina persona. Su Corazón y Él mismo son la misma cosa. Esta fue la singular manera -su carisma- de mirar a Jesús en los Evangelios.

 

«Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús»

También podríamos decir «Amado sea en todo el mundo, en toda la Creación, el Amor de Dios» Es el lema de los Misioneros del Sagrado Corazón y, por lógica, de todos los que viven su carisma. Cada día son millones de voces que claman a Dios con esta oración en una infinidad de lenguas.

Con esa corta jaculatoria, el P. Chevalier quería expresar ese sentido de amor que le envolvía a él hacia el Corazón que tanto amó a los hombres y que tan poco era correspondido. De ahí evolucionará ese sentimiento de reparación tan marcado en toda la obra del P. Chevalier: hay que reparar las ofensas que se hacen al Corazón de Jesús, al amor de Dios.

Y en ese contexto se encierra también una de las características principales del carisma de los Misioneros del Sagrado Corazón: si el Corazón de Jesús es amado, los males de la sociedad estarán superados. Porque los males de nuestra sociedad nacen de un claro olvido del amor misericordioso de Dios hacia nosotros. Y si, para conseguir que tal plan llegue a su culmen, hace falta dar la vida, se dará, como indican las Constituciones.

 

La misión de amor: manifestar la bondad y misericordia de Dios

Esta misión, en el pensamiento del P. Chevalier, se lleva a cabo en forma de servicio y por la manera de servir: con bondad y entrega amorosa.

El servicio consistirá en ser misioneros, portadores del amor de Cristo, trabajando para liberar a los hombres de los males de su tiempo. Había que aplicar el remedio y propagar los beneficios de ese remedio. Así, un Cristo humilde doblegará el orgullo; un Cristo obediente, totalmente sometido a la voluntad del Padre, hará frente al espíritu de total independencia del hombre; la inmensa caridad de Cristo y su deseo de unidad superarán el espíritu de división; la generosa fortaleza nos librará del espíritu de servilismo hacia las injusticias que se cometan a nuestro alrededor.

Y la mejor forma de servicio es practicar sus virtudes: su celo por la gloria de Dios, su caridad hacia los demás, su pobreza, su humildad, su amabilidad, su presencia. Y la base de todo, la mansedumbre del Corazón de Cristo. «Esta virtud es indispensable -escribe-. Es la virtud privilegiada de su Corazón. Con ella tenemos todas las demás. De hecho, no podemos ser mansos sin ser humildes, caritativos, pacientes, mortificados, dueños de nosotros mismos».

Resumiendo: Al M.S.C. le mueve la preocupación por los males que sufre el hombre en el mundo de hoy; el convencimiento de que Jesucristo -con su amor compasivo y misericordioso, valeroso y fuerte, constante y fiel- es solución valedera para los males modernos. Y así, viviendo unido al Corazón de Jesús, el M.S.C. se siente su enviado -su misionero- a los hombres que sufren esos males, y está dispuesto a ir para ello a cualquier lugar, por difícil que sea.

 

La espiritualidad M.S.C.

Un carisma se expresa viviendo íntegramente la espiritualidad cris­tiana, pero dando un tono especial en la visión del misterio cristiano y des­tacando ciertos aspectos y prioridades de las virtudes. Lo que diremos a continuación serán los datos más importantes de la espiritualidad que emana del Carisma M.S.C.

La Misión: El P. Chevalier no escogió a la ligera el titulo de Misioneros para su Congregación. La palabra Misionero, misión, no estaba en su mente en sentido restrictivo dirigi­da hacia los que aún no han recibido el Evangelio o para trabajar en las iglesias de otros países. El P. Chevalier usó el término «misionero» en su sentido más amplio de ser enviados a todos los que tienen necesidad, fuera o dentro del país, «para llevarles los tesoros de amor y misericordia del Corazón de Jesús». Para el P. Chevalier, el amor de Cristo era Re­dentor: «Nos esforzamos en reproducir en nuestros corazones los senti­mientos del Corazón de Jesús...». Así fue cómo su preocupación por la humanidad se convirtió en misión.

Pero él sabía que, si sus misioneos querían que Cristo trabajara por medio de sus man9s, ellos deberían vivir siempre ante El y tenerle en sus corazones. «Hemos llegado a conocer el amor que Dios nos tiene y hemos creído en El».

El valor: El P. Chevalier consideraba al valor, la fortaleza y la constancia como las tres virtudes más significativas del Corazón de Cristo, porque expresan las verdaderas cualidades del amor.

Y esas tres virtudes, que él tuvo siempre delante cada día de su vida, fueron las que le hicieron ser cons­tante en las muchas dificultades por que tuvo que pasar.

Obediencia y mutua caridad:

Para el P. Chevalier, ni la obediencia es sólo parte de los votos, ni la caridad pertenece tan sólo al espíritu de la Congregación. Para él, la obediencia estaba íntimamente relacionada con su carisma, y «obediencia en la mutua caridad» es el punto fuerte de su concepción religiosa.

La renuncia:      

Decía el P. Chevalier: «El único elemento que constituye la verdadera esencia de toda espiritualidad es el ritmo vital compuesto de renuncia y positiva unión». Ninguna espiritualidad puede ser real fuera de ese ritmo: «Si alguno quiere ser mi discípulo, que renuncie a sí mismo y tome su cruz (el lado negativo) y que me siga (el lado positivo)».

Este «lado negativo» de la renuncia no debe olvidarse nunca en la espiritualidad del P. Chevalier. Los otros elementos del carisma pueden ser muy atractivos, pero no se entendería el carisma MSC sin este aspecto de la renuncia: es la constante entrega -diaria- al apostolado; es la disponibilidad de las 24 horas. Y esa disposición nunca podrá entenderse si no se mira la profundidad de la herida del costado de Cristo, en la que se puede valorar su amor.