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Julio Chevalier, Fundador y Primer Superior General de los Misioneros del Sagrado Corazón (Notas biográficas del P. Piperon MSC)

Páginas relacionadas 

 

Capítulo V

PEREGRINACIONES

VISITA AL SANTO CURA DE ARS

LOS SACERDOTES SECULARES DEL S.C.

LOS SACERDOTES DE LA OBRA

DEL APOSTOLADO RURAL

LA ASOCIACIÓN DE NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN

LA PEQUEÑA OBRA

 

Julio Chevalier Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón

 

 

En el mes de julio de 1858[1] el piadoso Fundador hizo una peregrinación a Louvesc con el fin de encomendar todos sus proyectos a S. Francisco de Regis, el gran misionero del Velay, el Viverais y Cévennes; más tarde peregrinó también a La Salette.

   "Había tanto que pedir y tanto que agradecer!" contaba él en sus apuntes.

Al regreso quiso visitar al santo Cura de Ars para consultarle sobre la fundación y pedirle la ayuda de sus oraciones. Aunque no pudo permanecer en Ars más que unas horas, tuvo el placer de poder conversar con él detenidamente. El santo Cura le escuchó con especial interés, y, al terminar, le dio su bendición y le dijo:

   "El cielo bendecirá su Obra, pero después de muchas pruebas. Tenga valor y confianza. ¿Cuándo estará de regreso en Issoudun?".

   El 26 de julio.

   Perfecto! El mismo 26 de julio comenzaremos una novena; únanse a mí Vd. y su compañero, y el Sagrado Corazón los protegerá".

Unos días más tarde los periódicos anunciaban la muerte del piadoso Cura Juan Bautista Vianney, noticia que nos hizo exclamar: "El Santo Cura de Ars ha ido al cielo a continuar la novena por nuestra Obra; él será nuestro intercesor".

Hacia finales de agosto del año siguiente —1860— el Padre salió para Roma. Deseaba ardientemente la Bendición del Sumo Pontífice para su Congregación.

En audiencia particular —"la Iglesia celebraba aquel día la fiesta del Santo Nombre de María", hace constar el P. Fundador expuso detalladamente a Pío IX el fin de su obra y el objetivo de la Congregación tal como él lo había concebido.

El Soberano Pontífice le escuchó con suma atención y le contestó:

— "Hago votos por la prosperidad de vuestra empresa; la bendigo de todo corazón. Me gustaría que todos los Sacerdotes formaran parte de ella. "Creced y multiplicaos". Tanto la Iglesia como la Sociedad no tienen otra esperanza que el Corazón de Jesús; El es el único remedio a nuestros males. Extended por todas partes la devoción a este Divino Corazón, pues ella será la salvación del mundo. Daos prisa en asociaros, y para mí será una alegría concederos la licencia canónica que os falta".

En efecto, en 1869 Pío IX concedía el primer Decreto llamado de Alabanza. Después, en 1874, en la fiesta del Sagrado Corazón, aprobó la Congregación; y por fin, en 1877 confirmó por 10 años la aprobación de las Constituciones. Fue S.S. León XIII quien dio la aprobación definitiva el 24 de julio de 1891.

La peregrinación a la Ciudad Eterna fue para el venerado Fundador y su Congregación naciente una fuente de abundantes bendiciones. Además de las especiales luces necesarias para la conformación de su Obra, encontró generosos protectores y prudentes consejeros que le prestaron magníficos servicios. La Divina Providencia le había procurado esta ayuda en previsión de los muchos obstáculos que había de encontrar a lo largo del camino.

Regresó a Issoudun con el alma henchida de consuelo: Pío IX había bendecido su Obra; en lo sucesivo podría caminar con absoluta confianza y no habría obstáculo capaz de doblegar su enérgica voluntad. De esta manera reemprendió sus trabajos con renovado entusiasmo, dedicando todos sus esfuerzos a la terminación de la iglesia del Sagrado Corazón, que por fin se acabó de construir en 1863, para ser consagrada el 2 de julio del año siguiente.

Durante toda su vida el P. Chevalier profesó un gran respeto y un entrañable afecto a sus compañeros en el sacerdocio. Todos cuantos vivimos a su lado sabemos muy bien con qué sentimientos de cordialidad los acogía siempre. Le aterraba la soledad en que se veían obligados a vivir la mayor parte de los sacerdotes dedicados a las parroquias. Por eso a todos y a cada uno les abría de par en par las puertas de su casa y las de su corazón. Habría querido ofrecerles a todos las ventajas de la Vida Religiosa compensadora de los sacrificios que lleva consigo el ministerio parroquial. De este deseo nació la Obra de los Sacerdotes Seculares del Sagrado Corazón, que podría decirse nació casi al mismo tiempo que la Congregación[2].

La Obra de los Sacerdotes Seculares había empezado a multiplicarse en Francia. El P. Chevalier había entrado en relación con la mayor parte de los Directores. A finales de 1863 logró reunir en Issoudun un cierto número de ellos[3] en una especie de Asamblea. La idea del P. Chevalier era la de establecer en aquella Asamblea las bases de una única Asociación bajo el patrocinio del Sagrado Corazón. Su amor al Sagrado Corazón le hacía augurar a esta unión grandes beneficios para todos.

Se puede decir que si bien la tal Asamblea no se decantó completamente según su opinión, fue realmente positiva y provechosa por el intercambio de puntos de vista y opiniones: surgió una especie de Federación General de todas las Obras cuyo lazo de unión había de ser el Sagrado Corazón.

A medida que se iba propagando la Devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón iban llegando cada vez en mayor número los relatos de favores obtenidos por su intercesión y más numerosas las peticiones de inscripción en la Cofradía de Honor. Pero por entonces no existía aún ninguna asociación con tal carácter. Todavía el P. Chevalier no había pensado en crearla.

En el mes de noviembre de 1863, con ocasión de una visita que hizo al señor Arzobispo para programar las solemnes ceremonias de la consagración de la iglesia, comentó con él la admirable aceptación que despertaba Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Impresionó vivamente al Prelado semejante testimonio, y le sugirió:

— "Mire, Padre, tiene que fundar cuanto antes una Asociación de oraciones. Elabore los Estatutos y envíemelos rápidamente para proceder a la aprobación y establecer canónicamente esta Asociación".

Contra su costumbre, el Padre tardó un par de meses en corresponder a los deseos del Prelado. El 29 de enero siguiente quedó firmado el Decreto de erección, pero no fue publicado hasta comienzos de abril por el mismo Sr. Arzobispo, el cual, en señal de su ferviente adhesión inscribió su nombre encabezando una lista que fue seguida por más de cien mil Asociados. El 2 de julio, después de la ceremonia de la consagración de la iglesia, presentamos al Arzobispo el Libro de Registro: contenía ya para entonces más de cincuenta mil nombres; y, al finalizar aquel mismo año, se habían sobrepasado con mucho los cien mil que había calculado el mismo Prelado. Hoy, al cabo de 48 años, el número de los asociados inscritos en Issoudun se calcula aproximadamente en veinte millones, teniendo en cuenta que en esta cifra no están incluidos los miembros de las numerosas Cofradías filiales repartidas por todo el mundo.

i Bendita sea Nuestra Señora del Sagrado Corazón por la maravillosa y rápida difusión de su Archicofradía! i Bendita sea por los innumerables favores que concede a cuantos la invocan confiadamente! ¡Gloria y acción de gracias por tantos y tan admirables prodigios! Del Corazón de Jesús obtiene su mano maternal los tesoros inagotables que encierra, para derramarlos sobre nosotros, sus hijos. Una y mil veces alabanza y agradecimiento le sean dadas por haber inspirado a nuestro Fundador la advocación con que quiere ser invocada. Sin género de duda, Ella misma fue la que inspiró este nombre mil veces bendito Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

¿Se le ocurriría alguna vez al buen P. Chevalier pensar por un momento cuando lo escuchó por primera vez en su corazón, que iba a tener resonancia de un extremo al otro del mundo? ¿Habrá sido capaz de figurarse la gloria que esta advocación aportaría a nuestra Madre? ¿Habría previsto que esta nueva invocación haría brotar una fuente inagotable de bendiciones y gracias para sus devotos?

Es un secreto que nunca hemos podido desvelar. Pero lo que ciertamente sabemos, lo que está bien patente es que el humilde Misionero cumplió fielmente su promesa: la de honrar y hacer honrar "de una manera especial" a su excelsa Protectora.

Por su parte, Ella, tan ensalzada por su apóstol agradecido, quiere asociarlo a su gloria de alguna manera: donde quiera que se invoque a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, se sabrá que este nombre bendito ha sido inspirado por María al venerado Padre Chevalier, y que Ella fue quien confió a él y a su Congregación la gloriosa y magnífica misión de hacerlo conocer por el mundo entero.

Para llevar a cabo esta laboriosa pero gratificante tarea, se imponía una publicación periódica. Estaba bien persuadido de ello, pero entre sus jóvenes colegas ninguno poseía las cualidades y el tiempo necesarios para entregarse a esta nueva ocupación. El y yo, sobrecargados por el trabajo ordinario, ya no podíamos añadir más a nuestras ocupaciones cotidianas. Una vez más fue la Virgen Santísima la que acudió en ayuda de su apóstol.

Al día siguiente de la Fiesta de Navidad de este mismo año 1864, llegaba a Issoudun de buena mañana un joven sacerdote de la Diócesis de Marsella. Venía enviado por su Obispo, Monseñor Cruice, para estudiar sobre el terreno la Congregación de Misionerosdel Sagrado Corazón.

— Mire a ver si esta nueva Congregación —le había dicho su Obispo— puede sernos útil para la "Obra de Sacerdotes del Sagrado Corazón" que queremos establecer en Marsella.

Desgraciadamente aquel proyecto no pudo realizarse. Mons. Cruice, afectado por una grave enfermedad, moría inesperadamente antes, incluso, de que regresara su enviado.

Nuestra Señora del Sagrado Corazón tenía otros planes sobre aquel joven sacerdote. Ella lo había escogido sin que él mismo lo sospechara, para ser el primer "analista" de su Asociación y su fervoroso y abnegado apóstol.

No llegaron a 48 horas las que estuvo con nosotros, pero fue tiempo más que suficiente para que la Santísima Virgen le convirtiera en uno de sus más entusiastas propagandistas.

En cuanto entró en conocimiento del nuevo título dado a María en el Santuario de Issoudun, se entregó de lleno al servicio de la inefable Tesorera del Corazón de Jesús, poniendo a su servicio fuerzas y sacrificio, inteligencia y corazón, sangre y vida, con tal de que fuera conocida, amada e invocada.

El Rdo. Víctor Jouet —nombre harto conocido y apreciado por los primeros lectores de los ANALES— era un sacerdote magníficamente dotado, de inteligencia y virtudes poco comunes. Su espíritu generoso no se rendía fácilmente ante la dificultad por complicada que fuera.

" iVivan las complicaciones!", le oíamos exclamar cuando alguna se le presentaba. Y acto seguido, sin dudarlo un instante, ponía manos a la obra encomendada por la obediencia. Su lema favorito era siempre "Todo por el Corazón de Jesús; todo por Nuestra Señora".

Durante 30 años fue la mano derecha del P. Chevalier en todas sus actividades. Y i qué bien se complementaban el uno con el otro!.

Desde su llegada, no hubo en la Congregación ni en la Archicofradía actividad alguna en la que el P. Jouet no tomara parte.

Si me es permitido resumir aquí mi opinión, añadiría que, si el P. Chevalier fue el elegido por Dios para ser el Fundador de cuantas Obras despiertan nuestra admiración, el P. Jouet fue el escogido por Nuestra Señora para ser su más eficaz y activo colaborador.

Pero es posible que se me pregunte ¿cómo es posible que abandonara una Obra tan entrañablemente querida, después de 30 años de semejante entrega? Creo que sólo yo podría dar una respuesta, ya que soy el único conocedor del motivo que produjo el abandono. Sencilla y llanamente fue así:

Yo estaba entonces en Roma con el Padre en la casa de la Plaza Navona, de la que él era entonces Superior. Al verle sumamente apenado, le pregunté:

              ¿Qué le pasa? ¿Qué tristes pensamientos le acongojan?

  Mi misión en la Congregación ha terminado; estoy viendo que ya no puedo realizarme en ella. Pero el caso es que aún no veo clara la voluntad de Dios.

Y como desahogo confidencial, a corazón abierto, abrió el aliviadero de su angustia:

              ¿Qué le parece? ¿Qué debo hacer?

   Mire, en Roma, quizá mejor que en otro lugar hay consejeros clarividentes cuya prudencia y rectitud pueden inspirarle confianza. Vd. mismo conoce algunos; elija el que mejor le parezca y expláyese con él como acaba de hacerlo conmigo. Pienso que es elmedio más oportuno para resolver el asunto.

Agradeció el consejo, y, al día siguiente solicitaba una audiencia del Protector de la Congregación : Cardenal Monaco de Lavalette.

Conversaron detenidamente y regresó decidido y tranquilo. Poco después, según había sido aconsejado, visitó al Vicario General de Su Santidad, Cardenal Parrochi para tratar de regularizar su situación en Roma, donde deseaba permanecer.

El Cardenal le asignó como residencia el populoso distrito de Prati di Castello, de reciente construcción, con la misión de construir la iglesia de que carecía, y autorizó y bendijo la Obra de las Almas del Purgatorio a la que el querido Padre se dedicó con admirable entusiasmo y hermosos resultados.

No hubo escisión entre el Fundador y su fiel colaborador. Hubo simplemente una bifurcación, una dolorosa bifurcación entre uno y otro que, en realidad no fue suficiente para romper los lazos de amistad ni interrumpir las relaciones del pasado. Bifurcación o distanciamiento motivado sabe Dios por qué motivos. El Señor había confiado a su servidor un trabajo; terminada la tarea, quiso confiarle el cultivo de otro campo. Así de sencillo. Sería temerario criticar la voluntad del Amo o censurar la obediencia del criado.

El primer fruto de aquella primera visita del P. Jouet en 1864 había sido la publicación de los ANALES de NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN cuyo número uno apareció en enero de 1866. Durante 17 años el P. Jouet había sido su Director y prácticamente su único Redactor.

El segundo fruto fue un librito publicado a finales del mes de abril de 1866 con el título de "Mes de Mayo dedicado a Nuestra Señora del Sagrado Corazón" sumamente apreciado por los miembros de la Archicofradía, del que se hicieron varias ediciones, y al que siguieron otros opúsculos no menos apreciados.

Al año siguiente —1865— llegó el P. Vandel, bien conocido por los amigos de la PEQUEÑA OBRA. En el número de diciembre de 1907, el P. Lanctin dejó descritas mejor de lo que lo habríamos hecho nosotros, las circunstancias providenciales en que llegó el "santo Padre Vandel" —como se le llamaba familiarmente. Damos paso a su narración:

"Hemos citado al P. Vandel cuya abnegación y santidad tanto han contribuido al buen hacer y desarrollo de la Congregación de  Misioneros del S.C. que en realidad de verdad bien puede ser considerado como el segundo Fundador.

Traer a colación el verdaderamente providencial encuentro de estos dos hombres de Dios, es hablar de la PEQUEÑA OBRA y la parte que los dos tuvieron en su nacimiento.

El 8 de diciembre de 1854, uno y otro, bajo los auspicios de la Virgen Inmaculada, daban forma al proyecto de extender el Reinado del Corazón de Jesús, hacia el cual los dos sentían una especial veneración. Aquel día el P. Chevalier plantaba los cimientos de la Congregación de Misioneros. El Rdo. Vandel, en la celebración de la Santa Misa, se proponía la OBRA DEL APOSTOLADO RURAL. Cada cual por su lado trataba de encontrar los medios de establecer y fortalecer su obra, y multiplicar el número de apóstoles, el uno para dar Misioneros a la Iglesia, el otro para acudir en ayuda de las parroquias desprovistas de pastor.

Lejos estaban entonces de pensar que Dios había de unirlos para una obra común. Y esta conjunción llegó en el mes de marzo de 1866.

Ambos coincidieron en una estación termal de los Pirineos, Amelie-les-Bains, a donde habían acudido en régimen de descanso para reparar las fuerzas extenuadas por la enfermedad o el trabajo.

Disfrutaban hablando de sus proyectos en los ratos de intimidad. De una de aquellas conversaciones nació la idea de la PEQUEÑA OBRA.

  Yo había propuesto al Consejo de la Obra del Apostolado Rural, decía el P. Vandel, un medio bien sencillo de obtener recursos para ayuda de las vocaciones eclesiásticas, pero, bien a mi pesar, fue rechazado.

  Y ¿cuál es ese medio?, repuso el P. Chevalier.

  No me atrevo a exponerlo; puede que también Vd. se ría de mí.

  Dígalo sin miedo.

  Mire; yo proponía al Consejo General pedir a los socios de la Obra la aportación de 5 céntimos al año. iCinco céntimos! Nadie se habría negado; y esos 5 céntimos multiplicados, habrían podido dar, creo yo, Sacerdotes y Apóstoles a la Iglesia"...

Esto fue un rayo de luz para el P. Chevalier que, desde hacía tiempo, estaba preocupado por encontrar candidatos para su pequeña Sociedad.

— Querido P. Vandel, le dijo entusiasmado, acepto la idea. Vd. - también será Misionero del S.C. Hace tiempo que a Vd. le ronda la idea. Vamos a crear juntos una Escuela Apostólica y le vamos a aplicar esa idea de los Cinco Céntimos que me parece fecunda".

El P. Vandel se sintió feliz por la aceptación del P. Chevalier. La tertulia se prolongó para esbozar el plan de la Obra. Se llamaría PEQUEÑA OBRA por la nimiedad del medio que se iba a emplear; y PEQUEÑA OBRA DEL SAGRADO CORAZÓN por la nobleza del objetivo que perseguía, esto es, la formación de apóstoles destinados a dar a conocer y amar por todas partes el Sagrado Corazón de Jesús.

De esto hace ya cuarenta años. La Obra nació y se desarrolló a través de tormentas. A pesar de todo y por encima de todo, ha producido frutos que superaron toda esperanza; y por muchas que sean las tribulaciones y dificultades actuales, todo hace augurar que los irá multiplicando en el futuro.

Así fue como, gracias al P. Chevalier, pudo el P. Vandel ver realizado el sueño que se albergaba en su corazón.


 

[1] En 1859, segun Analecta de 1901, pág. 35. Ver también más adelante. (Nota del traductor).

[2] A pesar de las dificultades actuales, esta Obra sigue funcionando con gran provecho de sus miembros. Más de 1,200 Sacerdotes se han ido enrolando en sus filas bajo la enseña del Sagrado Corazón

[3] 10. Analecta de 1902 enero 37. (Nota del traductor).

 


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