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Julio Chevalier, Fundador y Primer Superior General de los Misioneros del Sagrado Corazón (Notas biográficas del P. Piperon MSC)

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Capítulo XII

LA CONGREGACIÓN DE MISIONEROS DEL SAGRADO CORAZÓN

CONTRARIEDADES Y PRUEBAS

 

La obra fundamental del P. Chevalier era la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón. Julio Chevalier Fundador de los Misioneros del Sagrado CorazónTodas las demás, fundadas durante su larga vida, no exentas de importancia ciertamente, se ofrecen a nuestra vista como flores y frutos de un árbol plantado en un suelo fecundo. El mismo estaba plenamente convencido de esta realidad. Ni sus agotadores trabajos, ni sus prolongados y dolorosos sufrimientos, ni las incontables pruebas surgidas en las distintas épocas de su vida fueron capaces de desviar su mente de la Congregación. En la jerarquía de sus afectos, después de su acendrado amor al Sagrado Corazón y a Nuestra Señora, era ella la que ocupaba el puesto de honor, y nada podía desbancarla.

La fundación de una Congregación religiosa no es una obra normal y corriente, dependiente de la voluntad del hombre, que puede emprenderla o no según su capricho, como la construcción de un monumento, la explotación de una propiedad, o cualquier otra operación dejada al arbitrio de sus inclinaciones naturales. Sólo el pensarlo sería ignorar una verdad de nuestra Religión.

El Fundador recibió su misión de arriba. Como a Moisés, le fue dicho: "Considera y ejecuta el modelo que te ha sido mostrado" (Exod. 25,40). De la fidelidad a las luces del Espíritu Santo depende el éxito o fracaso de su empresa. De ahí también para una familia religiosa la obligación de conservar entrañablemente el espíritu de su Fundador, si no quiere sucumbir. La historia puede aportar, desgraciadamente, demasiados ejemplos que lo confirman.

El P. Chevalier fue el hombre iluminado elegido por Dios para fundar la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón. Cuanto hasta aquí hemos visto de su vida confirma nuestra convicción. Todo! Su origen humilde, su infancia, sus primeros pasos hacia el Sacerdocio, las obras de su ministerio nos desvelan la acción de la Providencia llevándole de la mano hacia el lugar escogido para establecer en él la obra a que estaba predestinado. Las demás grandes tareas llevadas a cabo por este ardiente apóstol después de haber puesto los cimientos i humildes cimientos! de la Congregación, no son más que el complemento del plan marcado por Dios a nuestroPadre. Han sido queridas por Dios como la misma Congregación. De otro modo no habrían podido ni nacer ni desarrollarse en un tallo tan débil, incapaz de proporcionarles la savia necesaria para su vida. ¿Cómo explicar la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón, su rápida extensión en todo el mundo, el maravilloso e irresistible atractivo que atrae a los peregrinos, sin reconocer la acción providencial del Sagrado Corazón de Jesús? El Padre lo sabía mejor que nadie. ¡Cuántas veces, a los cumplimientos recibidos bien a su pesar, le hemos oído contestar: " i Demos gloria a Dios; El es quien lo hace todo; el hombre no es nada!".

La Congregación se iba desenvolviendo lentamente. El Padre comenzó su obra como hemos visto, con un solo hombre que bien pronto le fue arrebatado con dolor de su corazón. Otro permaneció solamente unos años. Solamente después de la erección de la Archicofradía de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en 1864, es decir, diez años después de su primer brote, la Comunidad vio multiplicarse sus miembros. ¿De dónde venía esta aparente esterilidad que fue para algunos un escollo que los detuvo en los umbrales mismos de la casa? La divina Providencia tiene previsto en su sabiduría el momento y la hora para el desenvolvimiento de sus obras. Exactamente igual que como para la semilla confiada a la tierra: queda soterrada durante el tiempo preciso, siguiendo las leyes de la naturaleza y las circunstancias que retardan o apresuran su germinación.

El Padre Chevalier, sin la menor turbación por la demora, esperaba tranquilamente la llegada de la hora de Dios. Estaba seguro que el Señor quería la Congregación; por eso las contrariedades no pudieron quebrantar su confianza. Contaba con la protección poderosa de la Tesorera del Corazón de Jesús. No podía abandonarle

la Madre que hasta entonces "lo había hecho todo" en la Congregación. De haber dejado penetrar en su confianza el más mínimo resquicio de duda en este sentido, el piadoso Fundador se habría acusado culpable de la más negra ingratitud hacia su Celestial Protectora.

Si, porque ¿qué era la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón hasta que le fue confiada la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón sino un tallo enclenque y desmedrado cuyas raíces apenas podían asimilar la savia necesaria para su desarrollo? ¿Qué fue para la Congregación la Archicofradía de Nuestra Señora del Sagrado Corazón sino la cepa vigorosa y fecunda en que quedó injertada? Ella fue la que le infundió una vida más intensa. Ella la que le dio la facultad de producir al instante los frutos más abundantes y sabrosos. En los planes de la Divina Providencia todo se armoniza de manera admirable: el poder y la debilidad; la soberanía de la grandeza e insignificancia de la nada; la obra de Dios y la cooperación de la voluntad del hombre.

El Corazón de Jesús que deseaba más que nunca ser glorificado y amado en el mundo entero —"ubique terrarum"— había confiado a su Madre el cuidado de conducir a la naciente pequeña Sociedad hacia este noble fin, fortalecerla en su debilidad, protegerla y defenderla contra sus poderosos enemigos y auxiliarla en todas sus dificultades.

Con gratitud lo digo: si la Congregación pudo nacer, crecer y desparramarse por todas partes, lo debe a la Virgen Inmaculada, Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

En medio de tantas contrariedades surgidas sin interrupción, la Congregación tenía que haber perecido como perece ahogada la semilla que cae en medio del zarzal. Al cabo de 20 años (1874) contaba solamente con tres casas: Issoudun, que había sido su cuna; Chezal-Benoît, la casa de estudio de los niños de la escuela apostólica, y el Noviciado de Saint-Gérand-le-Puy, en la Diócesis de Moulins. Pero ¿qué son 20 años en la vida de una Congregación? ¿No exige un tiempo más largo la formación completa de un hombre según las leyes ordinarias de la naturaleza?

El P. Chevalier que, desde los primeros tiempos alimentaba la convicción de ver un día a los Misioneros del Sagrado Corazón esparcidos hasta los más extremos países del mundo, sufría por la rémora en el desarrollo de su obra, no por eso se debilitaba ni su confianza ni su tesón. A pesar de su natural vehemencia y de su deseo intenso de multiplicar el número de los obreros del Evangelio, permanecía humildemente abandonado a la Providencia divina, esperando con serenidad la hora marcada por sus designios. Esta hora iba a llegar, pero con qué séquito de sufrimientos, desconsuelos y contrariedades! Ya es sabido que las obras de Dios nacen, se consolidan y crecen en el Calvario, a la sombra de la cruz. Es una ley general a la que no se escapó el P. Fundador. Cada paso de su obra iba precedido o anunciado por la prueba, o bien ella lo seguía como la tempestad que obliga a consolidar y a hundir más las raíces de las plantas jóvenes. No cabe aquí entrar en detalle de los sufrimientos múltiples soportados por el sufrido Padre, bien que podamos hacer mención de alguno para resaltar la acción divina en la fundación de nuestra Congregación.

Al final del Capítulo VI, al referirnos a las fiestas de la Coronación de la imagen de Nuestra Señora, hemos dejado constancia del episodio que transformó para el P. Fundador una fiesta de gozo y de gloria en una jornada de dolorosa angustia. No vamos a volver sobre ello. Pero a raíz de aquello se preparaba otra serie de pruebas más angustiosas aún; pruebas que se prolongaron durante largos años.

En 1872 se había fundado en Roma una Cofradía en honor de Nuestra Señora del Sagrado Corazón dirigida por una junta compuesta por sacerdotes y laicos. Tuvo su sede en la iglesia de San Andrés del Valle. Esta Cofradía fue muy bien acogida por el pueblo romano, adquiriendo en poco tiempo gran expansión.

El P. Fundador, al corriente de las honras que se tributaban a Nuestra Señora del Sagrado Corazón en la Ciudad Eterna, se alegraba infinitamente, pero su alegría duró poco. Durante el primer año las relaciones con el Centro de la Devoción fueron, como debían ser, complacientes y cordiales. Pero las cosas cambiaron.

Con el pretexto de que la imagen de Issoudun no encajaba exactamente en el estilo de la piedad romana para representar a la Virgen, la Junta la rechazó y escogió otro modelo, la conocida Virgen de Overbeck, pintura ciertamente preciosa en sí misma, pero en modo alguno apropiada para representar a Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Para adaptarla a su nueva advocación creyeron suficiente colocar en el pecho del Niño Jesús un corazón y, en la peana de la Imagen la inscripción "Nuestra Señora del Sagrado Corazón, Rogad por nosotros".

Al año siguiente (agosto de 1873) la Junta solicitó y obtuvo la erección de una Archicofradía Universal de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. A partir de este momento comenzaron complicadas dificultades. La Junta Rectora se creyó con derecho a dirigir todo lo concerniente a la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón sin tener en cuenta los legítimos derechos de la Asociación establecida en Issoudun, cuyo Fundador y Director era indiscutiblemente el P. Chevalier. Además él quería que la Imagen que había adoptado fuese la única para todas las cofradías. Era trastornar de golpe la Obra del P. Chevalier, "someter la madre a las exigencias de la hija", como dice él mismo en sus notas; es decir, la Asociación de Issoudun a la Asociación de Roma, una de las hijas que había dado a luz.

Poco después se hizo pública una respuesta del Cardenal Patrizi (28 febrero 1875) al Obispo de Prismil en Galicie a propósito de una falsificación de la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Issoudun. En pocos días se enteraron en todos los lugares en que se conocía la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Para colmo, la mayor parte de los prospectos en que se anunciaba esto se contentaron con extractar algunos párrafos faltos de relación con el contexto. A estas frases aisladas que falseaban la idea del Cardenal, los redactores añadían comentarios más o menosexagerados que manifestaban una absoluta ignorancia del tema y en el mejor de los casos una clemencia más o menos dudosa. Incluso algunos se desentendieron alegando que la Santa Sede había condenado la Imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Issoudun, coronada en nombre de Pío IX, y que había recibidouna censura toda la Asociación.

Todo el embrollo armado por las publicaciones religiosas con ocasión de esta respuesta produjo una gran turbación entre los numerosísimos Asociados. El Padre, que no había recibido ninguna comunicación oficial de la carta, y que no la conocía más que por los párrafos aparecidos en los prospectos publicados, tuvo un disgusto tanto mayor cuanto que desconocía los motivos que habían decidido a la Santa Sede a manifestar sus disposiciones. Se preguntaba ansiosamente qué medidas había de tomar para acatar las órdenes del Santo Oficio.

Dos interminables meses duró esta ansiedad. Hasta que el 1 de mayo de 1875, el Arzobispo de Bourges, después de haber consultado al Santo Padre, pudo escribirle la carta que transcribimos a continuación:

Bourges, 1 de mayo de 1875

Rdo. Padre:

"Es para mí una gran satisfacción poder tranquilizarle absolutamente respecto a la respuesta dada últimamente por S.E. el Cardenal Patrizi al Obispo de Prismil en Galice.

Esta carta publicada en los diarios con comentarios más o menos exactos, había producido una gran conmoción. Todo parecía que la Santa Sede había desaprobado la Imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Issoudun. Felizmente estos temores carecen de fundamento.

El Cardenal Patrizi, en carta particular me indica que en la respuesta dirigida al Obispo de Prismil no hay ni una sola palabra que se refiera a la "forma" de la Imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón venerada en Issoudun; que erróneamente se ha llegado a la conclusión de que había sido desaprobada por el Santo Padre. Lo que el Santo Padre ha indicado es que, en lo sucesivo, las estatuas y pinturas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón "destinadas al culto público", fuesen modificadas para evitar algunos abusos producidos en países extranjeros.

Tranquilícense, pues, los numerosos asociados de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. La hermosa imagen de Issoudun que Nos mismo hemos coronado en nombre del Santo Padre en 1869, seguirá siendo venerada en su Santuario".

El piadoso Arzobispo terminaba su carta felicitando al P. Fundador por haber previsto los deseos del Santo Padre presentando a su aprobación un nuevo arquetipo de imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, el único que en adelante podrá ser reproducido. Esta Imagen es bien conocida de nuestros lectores de Anales, puesto que aparece en la cubierta. La Archicofradía no reconoce ninguna otra.

En cuanto a, la estatua que preside la Capilla de Peregrinaciones en Issoudun no solamente se autorizó al P. Chevalier a conservarla, sino que en consulta al Santo Oficio se le contestó oficialmente: "No debe cambiarla".

Yo mismo recibí idéntica respuesta en otro momento en que tuve que hacer otra consulta en nombre del Padre.

Estas pruebas que hemos expuesto tan someramente y muchas más contribuyeron a afligirle profundamente. Aunque su mente impregnada de amargura no logró aún vislumbrar el medio de recobrar sus derechos sobre la Archicofradía Universal de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, de los que la Junta romana le había desposeído injustamente, nunca perdió la esperanza, teniendo como tenía por Abogada a Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Se confió a su poderosa protección que nunca le había defraudado; rezó e hizo rezar. En aquella coyuntura, algunos amigos conocedores de las costumbres de Roma, le aconsejaron establecer cerca de la Santa Sede un Procurador General encargado de los asuntos de la Congregación con una iglesia pública. "De otro modo serán vanos todos sus esfuerzos", le decían.

Esto fue para él una luz y la respuesta de Nuestra Señora del Sagrado Corazón.

 


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