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4c. Inglaterra e Irlanda: Julio Chevalier, un Hombre con una Misión (E. J. Cuskelly MSC)

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Julio Chevalier, Fundador de los Misioneros del Sgdo Corazón con nuestra Señora del Sagrado Corazón


INGLATERRA E IRLANDA

 

El P. Juan María Neenan, el hombre que moriría como joven sacerdote en Watertown, había llegado a la Congregación M.S.C., de la diócesis de Cork, en Irlanda. Ya estaba ordenado cuando entró en el noviciado en 1876, para hacerse miembro abnegado de la comunidad M.S.C. Era tan entusiasta de la Congregación que convenció a dos de sus hermanos para seguirle fuera de Irlanda; primero Guillermo y luego Daniel. De camino hacia Watertown logró nuevos refuerzos para los M.S.C. en Irlanda e Inglaterra, y consiguió cinco candidatos más para la Congregación; tres de Irlanda y dos de Inglaterra. Parecía ser cualidad propia de estos primeros M.S.C. irlandeses, el convertirse en ardientes reclutadores en pro de la Congregación. En 1881 Miguel Tierney, escolar profeso, fue a su casa de vacaciones y trajo, al regresar, nuevos can­didatos consigo.

Este fluir de vocaciones del otro lado del Canal y del Mar de Irlanda -justo en el momento en que la posición en Francia se presentaba menos prometedora- animó al P. Chevalier a mirar en aquella dirección con vistas a una nueva fundación. Mirando retrospectivamente, deberíamos lamentarnos que no se hiciese inmediatamente una fundación en Cork, Irlanda, de donde procedían muchas de aquellas primeras vocaciones y en donde, aún hoy, tiene su residencia la Casa Provincial de la provincia irlandesa. Hubo un intento inicial para abrir una casa en Irlanda, que resultó fallido. O más bien que, mientras los primeros sondeos M.S.C. se recibían con la típica precaución irlandesa, llegaban algunos ofrecimientos con­cretos de Inglaterra; y uno de ellos fue aceptado. Y así fue como la primera fundación M.S.C. al otro lado del Canal se hizo en Inglaterra, y no en Irlanda. Durante algún tiempo Issoudun mantuvo correspondencia con diócesis de Inglaterra, en relación con la devoción de Nuestra Señora del Sagrado Corazón. La devoción se habla difundido rápidamente por Inglaterra y el Arzobispo Manning la había aprobado para la Arquidiócesis de Westminster. Luego, en 1876, el duque de Norfolk, jefe de esta familia ducal inglesa, tan firmemente católica, había escrito a Issoudun con vistas a una posible fundación en Inglaterra. El P. Jouët fue enviado allá para examinar éste y otros ofrecimientos, y el propio P. Chevalier hizo un viaje, atravesando el Canal, en 1882.

   A continuación de la visita del P. Chevalier tuvo lugar un comienzo en Madeley -Shropshire-. El P. Deidier llegó de España para iniciar el trabajo, con Santiago Lynch, que fue cocinero y "factotum" por algún tiempo. En Madeley había una amplia casa rectoral, un hermoso santuario de la Virgen... pero muy pocos católicos. Puesto que no había posibilidad de muchos candidatos por aquellos contornos, pensó en buscarlos más lejos. Miguel Tierney, que ya había demostrado sus cualidades para la recluta, fue enviado a Irlanda en busca de vocaciones. Y él también llegó a Madeley, en donde se abrieron la Escuela Apostólica, el centro para la Cofradía de Nuestra Señora del Sagrado Corazón y una oficina editorial para los Anales en inglés.

Pronto hubo dieciséis chicos en la Escuela Apostólica; había un gran entusiasmo por la devoción a Nuestra Señora del Sagrado Corazón. En 1886, se trasladó la fundación a Glastonbury, donde el colegio tendría más espacio para ampliarse. Esto se realizó bajo la dirección del P. Pedro Treand, que sustituyó a P. Deidier..., y el futuro se hizo muy prometedor.

Las promesas, sin embargo, se desvanecieron por algún tiempo. El P. Treand fue destinado en 1891 a Sidney, donde realizaría un estupendo trabajo organizando la Provincia Australiana. Pero lo que ganó Australia, fue una pérdida para Glastonbury, donde la obra decayó tras su partida. Pero la promesa temprana nunca murió; con todo, no llegó a cobrar vida pujante hasta después de la apertura de la casa de Cork, en 1909.

 

3.   MISIONES EXTRANJERAS Y ULTERIOR EXPANSIÓN

 

El 1 de septiembre de 1881 fue un día histórico y significativo en la vida de la Congregación M.S.C., pues fue el día de la primera salida de un grupo de misioneros hacia "tierra de infieles". Aquella mañana, en la pequeña capilla de Barcelona, había tenido lugar una conmovedora ceremonia de despedida. Por la tarde embarcaron en el buque "Barcelona" y partieron hacia los mares del sur, hacia "la misión de Melanesia y Micronesia", hacia Nueva Guinea sobre todo. Un telegrama de Roma les trajo un animoso mensaje de despedida:

"Su Santidad, el Papa León XIII, bendice cordialmente al P. Durin, a sus compañeros, bienhechores, y a toda Melanesia y Micronesia consagradas al Sagrado Corazón"

Los compañeros del P. Durin en este primer grupo misionero que capitaneaba eran los P. P. Luis Andrés Navarre, Teófilo Gramaille, y los Hnos. Mesmin Fromm y Jorge Durin. Su campo de acción era una vasta área de Oceanía, aunque, de hecho, los M.S.C. se concentrarían posteriormente en Papua, Nueva Guinea y las Islas Gilbert. En la Fiesta del Sagrado Corazón, 24 de junio de 1881, un decreto de Roma había confiado oficialmente al cuidado de los Misioneros del Sagrado Corazón el "Vicariato de Melanesia y Micronesia".

Este fue el comienzo de muchas páginas gloriosas de nuestra historia misional, de viajes difíciles, de sufrimiento y sacrificio, de hombres que murieron muy pre­maturamente por la fiebre y los efectos de la pobreza. Pero el esfuerzo abnegado de la larga lista de hombres que navegaron hacia el Sur y el Este desde Europa, tuvo como efecto la edificación de la Iglesia en muchas tierras: en Papua-Nueva Guinea, las Islas Gilbert, Indonesia y Filipinas.

   Aquel 1 de septiembre fue un día histórico y significativo, que vio llevado a la realidad el espíritu que había alentado durante largo tiempo en la Congregación MSC.  Este espíritu había surgido primeramente en el alma de Julio Chevalier, seminarista: "Leyendo los Anales de la Propagación de la Fe, sentí que el deseo de las misiones extranjeras nacía en mi interior. Me sentí dispuesto a hacer cualquier sacrificio, para llevar la luz del Evangelio a los infieles".

Este deseo tendría que ser refrenado por largo tiempo; primero, porque el Rector del Seminario le dijo que no volviera a hablar de ello; más tarde porque, en los días tempraneros de la fundación de los M.S.C., el bienhechor de quien dependía su obra, pensaba exclusivamente en términos de tarea misionera dentro de la misma Francia. A pesar de todo, el "en todas partes" del lema de la Congregación siempre fue tomada en serio: "Amado sea en todas partes el Sagrado Corazón de Jesús”. Además, como ya hemos visto, las Escuelas Apostólicas M.S.C. estaban parcialmente inspiradas en la idea del P. Foresta SJ., cuya "escuela apostólica" fue fundada para proporcionar sacerdotes a las misiones extranjeras. En el mismo primer año de la Escuela Apostólica M.S.C., el espíritu y la intención de la misión en el extranjero, respira en las cartas de los chicos; vg.: "Dejé a mis padres... principalmente para adquirir los conocimientos y la piedad que necesitan los muchachos destinados, como nosotros, a propagar la fe y el conjunto del cristianismo en lejanas tierras, salvajes y subdesarrolladas".

"Cuando hablamos del futuro... algunos dicen: Yo quiero ser misionero en China, otros en Japón, otros en Australia, etc" "Trabajar entre los infieles" figuró pronto en las Constituciones - o Formula Instituti- como una de las tareas para las que existía la joven Congregación. Y aún cuando alguien pueda pensar que no era exactamente lo mismo, o que difícilmente podría considerarse como "trabajo entre infieles", lo cierto es que cuando el pequeño grupo M.S.C. salió hacia Watertown, recibió una verdadera despedida misionera. Por idéntica razón, cuando los estudiantes fueron a estudiar a Roma, declinaron el ofrecimiento de asistir al Seminario Francés aceptando el de Propaganda, puesto que en éste podrían prepararse mejor como futuros misioneros.

Por tanto, para un grupo animado por tal espíritu, el problema no era si debían ir a misiones o no, sino cuándo se hallarían en situación de aceptar tal trabajo, con la conciencia de tener los recursos suficientes para hacerlo con éxito. Cuando a comienzos de 1879, se propuso a los M.S.C. que se hicieran cargo de la misión de Auckland, en Nueva Zelanda, hubo, naturalmente, un gran revuelo por toda la Congregación. El Cardenal Simeoni, Prefecto de Propaganda Fide, se había dirigido al P. Jouët, Procurador M.S.C. en Roma, y le había pedido que escribiera al P. Chevalier hablándole del asunto. Chevalier deseaba muchísimo aceptarlo. El mismo P. Piperon escribía: "Si fuera joven solicitaría el honor de estar entre los primeros en ir”. Se hicieron novenas; se pidieron opiniones; hubo largas discusiones sobre personas y posibilidades. La gran duda era si se pudiese prescindir en las obras de Europa de los hombres que podrían garantizar el éxito de la misión. A pesar del "No" tajante de algunos, sobre todo del P. Guyot, miembro del Consejo General, el Padre Chevalier no pudo resignarse a la negativa. Sin embargo, pidió a Roma que le diese tiempo para estudiar bien la situación y sopesar todos los detalles cuidadosamente. Pero Propaganda encontró al cabo de poco tiempo otra solución y, hasta el presente, no hay fundación M.S.C. en Nueva Zelanda.

El año 1880, con la expulsión de Francia, el P. Chevalier tenía muchas otras cosas en que pensar; pero las persecuciones no pudieron sofocar su celo misionero. En febrero de 1881, apenas había muerto el anciano Mons. Steins, que había sido nombrado obispo de Auckland, el P. Chevalier escribió al P. Jouët: "¿Cree que volverán a ofrecernos esa misión? " Pero ya había tomado la delantera un grupo de benedictinos que había ido a Auckland con Mons. Steins, y el P. Jouët contestó: "El Prefecto de Propaganda tiene gran deseo de que aceptemos la grande y hermosa misión de Nueva Guinea e islas adyacentes... Podemos empezar poco a poco... y Dios dará el crecimiento

Volvieron, pues, las discusiones y recomenzaron las novenas, pero esta vez para decidir si la pequeña Congregación M.S.C. debía aceptar la misión de Nueva Guinea o "Melanesia y Micronesia". El P. Chevalier sabía dos cosas con mucha claridad: una era que el P. Guyot se opondría a la aceptación de la misión; la otra era que no permitiría que la oposición le detuviera.

La oposición del P. Guyot está ligada a un número de factores personales concernientes a su carácter y a sus relaciones con el P. Chevalier. Estas habrán de ser consideradas en un capítulo posterior. Al presente, bástenos notar que la oposición de Guyot, miembro del Consejo General, amenazaba con poner en peligro este proyecto misionero. Por ello, el P. Chevalier se dispuso a soslayar el peligro y escribió a su fiel aliado en Roma, el P. Jouët: "Tenemos que aceptar esta hermosa e importante misión. Las circunstancias no serán nunca tan favorables... Y el anuncio de esta misión atraerá grandes bendiciones y numerosas vocaciones a nuestra Congregación. Tal es mi convicción...

Luego empieza a asegurar la aceptación de los miembros del Consejo: "Esto es lo que usted debe hacer. Debe escribirme una carta que yo pueda enseñar al Arzobispo de Bourges -quien, evidentemente, no estará en favor de la misión- y a los sacerdotes de nuestro Consejo. Ud. debería decirme en esta carta que el Santo Padre ha hecho saber, a través del Cardenal Simeoni, que quiere que aceptemos la misión de Nueva Guinea..., que deberíamos complacerle, que es un nuevo servicio que solicita de nosotros, que nos protegerá, etc., etc. El Cardenal Simeoni debería escribirme también una carta en la que venga a decir lo mismo. Pero que diga claramente que la Santa Sede nos confía esta misión.

"De este modo, no habrá más oposiciones por parte del Arzobispo, ni por parte de nuestros padres, que se inclinarán ante el soberano deseo del Santo Padre...

Y más adelante: "Cuanto más reflexiono más me convenzo de que debemos aceptar... Todos los padres piensan como nosotros, excepto los padres del Consejo... Si el Papa expresa un deseo real y silo da a conocer por escrito, creo que la causa está ganada... "

Cuando un Fundador se encuentra con que su Consejo tiene menos visión e intrepidez que él, se ve obligado a esta clase de maniobras. Cuando llegó la petición de Roma, les dijo piadosamente que debían repetir las palabras de Pedro, a despecho de las dificultades: "Porque tú lo mandas, echaremos la red." Sintió en este momento que estaba usando su derecho, como Fundador, de interpretar el significado de su propio Carisma y los deseos de la mayoría de los miembros de la Congregación.

¿Y Guyot? Dio su "placet" de bastante mala gana: "Esta mañana, después de misa, me vino el pensamiento de que, desde el punto de vista humano, hemos cometido bastantes disparates que, sin embargo, han servido para glorificar al Sagrado Corazón, y nuestra aceptación de la misión de Nueva Guinea podría dar el mismo resultado... ". Los otros fueron más generosos en dar su conformidad y la misión fue aceptada. Aún así, el nombramiento del P. Durin como superior de la misión, reavivó el rescoldo del resentimiento del P. Guyot, que escribió a Roma dando todas las razones por las que no se debería confiar tal misión a los M.S.C. Se necesitó una cierta dosis de relaciones públicas, a cargo del P. Jouët, y la Santa Sede, a pesar de las razones aducidas por el P. Guyot, siguió adelante con el plan. Como iban a demostrar los hechos, Guyot no necesitaba haberse preocupado tanto por el P. Durin, puesto que enfermó en la larga travesía a Nueva Guinea y hubo de volver a casa, dejando al P. Navarre para que le reemplazase como superior de la misión.

Por fin llegó el día por el que tanto había suspirado el P. Chevalier: un grupo de Misioneros el Sagrado Corazón se embarcaban rumbo a las misiones de Oceanía. Sintió muy hondamente no poder estar en persona en Barcelona, para darles su bendición y despedirles; pero en aquellos días de persecución de las órdenes religiosas, tenía que actuar como si fuese "un simple sacerdote secular de la diócesis de Bourges". Escribía: "¡Me es imposible estar presente en la partida de nuestros queridos y heroicos hermanos que van a llevar el amor del Sagrado Corazón y de Nuestra Señora a Oceanía! ¡Oh, cómo les envidio! Qué sacrificio para mí no poder bendecirles y abrazarlos en esta hora solemne! Tenga a bien presentar mis excusas a estos hombres privilegiados... ¡Ah, cómo sufro por no poder estar presente en Barcelona, en esta hora solemne! "

Esta carta fue escrita desde el Seminario de Bourges donde el P. Chevalier se hallaba participando en la "retraite pastorale" (el retiro pastoral).

A lo largo de los años, dio siempre a sus misioneros el más total apoyo, enviándoles hombres y dinero tan generosamente como le era posible, animando, aconsejando, mostrándoles su aprecio y escribiendo a menudo cartas como ésta: "¡Cuide su salud! ¡Modere su celo! No se exponga innecesariamente al peligro ni a la fatiga extrema... ". (A Mons. Verius).

La historia de estas misiones tiene muchos capítulos heroicos. Han sido escritos con afecto y admiración en más de un relato, en los Anales, en libros y artículos, y siguen todavía hoy escribiéndose en la vida diaria de cientos de M.S.C. que viven y trabajan en "Melanesia y Micronesia", en Indochina, Filipinas, África, Ibero América y Japón.

 

 

Ulterior expansión

 

AUSTRALIA

 

Este esfuerzo misionero en Oceanía sería ocasión de un más amplio desarrollo de la Congregación M.S.C. Ante todo era necesario para ellos tener una base en Australia. El Cardenal-Arzobispo de Sidney, Cardenal Moran, interesado personal y vivamente en la evangelización de las islas, dio a los misioneros ayuda y aliento. Se estableció una base para las misiones en Sidney y, como más amplia ayuda, el Cardenal dio a los M.S.C. las parroquias de Botany Bay y Randwick. A partir de estos comienzos en 1884 y 1885, y debido sobre todo a la influencia del P. Pedro Tréand, se desarrolló una provincia australiana, que fue oficialmente constituida en 1905.

El Cardenal Moran estaba de visita en Roma en 1885, cuando el P. Jouët le invitó a visitar la comunidad M.S.C. de Piazza Navona. Hablaron de las misiones y discutieron la posibilidad de fundar un "seminario para las misiones" el algún punto de Europa; sería parecido al seminario que los Padres de Scheut habían fundado hacía poco para las misiones de África. El cardenal escribió al P. Chevalier sugiriéndole la idea y el P. Jouët dio publicidad a la iniciativa en varias ediciones de los Anales. El P. Chevalier y el Consejo General aprobaron la idea.

Quedaba el asunto de dónde habría de establecerse el seminario. Francia estaba, evidentemente, fuera de consideración, debido a su situación política. Mientras tanto, había entrado en juego un nuevo factor que afectaba a la planificación misionera: se trataba de que en 1884 Alemania estaba colonizando en el Sur del Pacífico, anexionándose Nueva Bretaña y el norte de Nueva Guinea. Aunque Alemania no se oponía al envío de misioneros a sus colonias, tampoco era muy favorable, en aquellos momentos, a los misioneros franceses. Por consiguiente, el P. Chevalier empezó a pensar en una fundación que pudiera proporcionar a su Congregación novicios alemanes. Sin embargo, Bismarck no era más favorable a las fundaciones religiosas, que el propio régimen francés.

 

BÉLGICA

 

Por fin quedó decidido que se abriese el seminario misionero en Amberes. Con su importante puerto, era un centro internacional donde tanto franceses como belgas, alemanes y holandeses se sentirían de algún modo en su tierra. En enero de 1886 el Arzobispo de Malinas -Mechlin- dio permiso para que parta de la comunidad M.S.C. se trasladase de Tilburg a Amberes. Se consiguió una propiedad en Borgerhout y el P. Piperon se trasladó allí en 1886 con sus novicios. El P. Klotz, joven sacerdote asumió el cargo de superior de Tilburg. (Su nombre debe destacarse, pues jugará un importante papel en un capítulo posterior de la historia de la Congregación). Dado que la finalidad de esta fundación en Amberes era ganar más vocaciones para la joven congregación misionera, al comenzar el curso escolar 1887-1888, se instaló allí la Escuela Apostólica. Desde los mismos comienzos hubo ya algunos estudiantes alemanes.

 

AUSTRIA

 

Con todo, puesto que una de las razones muy especiales para esta fundación era conseguir estudiantes de Alemania, el curso normal de las cosas pedía, que se pensase en una fundación en el propio territorio alemán. Ya dos años antes habían sido enviados para investigar las posibilidades de tal fundación dos sacerdotes: el P. Ilge, alemán, y el P. Baltzer, alsaciano. Se habían establecido en Berlín, pero con Bismarck las perspectivas no eran halagüeñas y parecía más prudente buscar un clima más amistoso. Lo encontraron en Austria. Los PP. Ilge y Pedro Barral fueron enviados a tantear el terreno y encontraron una propiedad en Liefering, a las afueras de Salzburgo.

Realizadas con éxito las negociaciones, y a pesar de ciertos recelos, de que la Congregación estaba tal vez efectuando demasiadas fundaciones, la casa de Salzburgo quedó oficialmente erigida en 1888. El P. Klotz fue nombrado superior y a los dos años había ya veinticinco estudiantes en la Escuela Apostólica, mientras que el noviciado de hermanos, iba también muy bien.

De estos comienzos se desarrollarían las dos provincias alemanas M.S.C.: una en el norte, y otra englobando Austria y Baviera.

Los años entre 1881 y 1888 fueron de mucho movimiento interno en la Congregación: el desarrollo misionero tomaba un aspecto importante y complejo, y tenían lugar una serie de nuevas fundaciones. Dar tales pasos suponía una fe sólida en la futura expansión de la Congregación, puesto que ello exigía dispendios de hombres y dinero. Por supuesto, el P. Chevalier pensó siempre de una manera positiva y creía que era bueno seguir los rayos de esperanza, donde quiera que brillaban. Opinaba, que, supuestas una serie reflexión y planificación, se podía asegurar el éxito del futuro por medio de una actuación decidida y la confianza en la Providencia. No todos entre sus compañeros compartían su confianza; muchos de ellos eran más cautos y calculadores y quizá un poco temerosos de las nuevas exigencias, que un tan amplio crecimiento causarían. La verdad es que abrigaban cierta inquietud sobre si la Congregación pudiese realmente sostener todos los compromisos que había aceptado. En consecuencia, no siempre se sentían tranquilos con las decisiones tomadas.

Sin embargo, la historia evidencia que el valor del Fundador quedó bien galardonado, puesto que todas estas decisiones tuvieron resultados muy positivos para la vida y el trabajo de su Congregación.

 


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