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El P. Julio Chevalier y su tiempo

Jean Tostain msc
Páginas relacionadas 

Introducción

1- El Padre Chevalier y su tiempo

2- El Padre Chevalier y la sociedad de su tiempo

3- El Padre Chevalier y la Iglesia de su tiempo

Conclusión

 

R. P. Julio Chevalier msc Fundador de los Misioneros del Sagrado Corazón

 


Introducción
Hablar del tiempo del Padre Chevalier no tiene un interés solamente anecdótico. Es una clave para comprender el talante de nuestro fundador. Su vocación, su misión era ofrecer "el verdadero remedio a los males de su tiempo". Comprender mejor lo que eran estos males y este tiempo es comprender mejor su misión y la misión que legó a los Misioneros del Sagrado Corazón.

Los "males de su tiempo" no deben por otra parte entenderse como males temporales, dificultades pasajeras como las atraviesa toda sociedad humana. Julio Chevalier se concienció de que el tiempo que era el suyo, ponía en total evidencia los verdaderos males de la humanidad de todos los tiempos.

Las dificultades de su tiempo indicaban una crisis profunda, que tenía sus raíces en el pasado y provocaba una conmoción sin retomo. La Iglesia de Francia en concreto vivió de modo intenso esta conmoción. El momento fuerte y más visible de este trastorno fue la Revolución francesa, pero sus orígenes se remontan a un pasado más lejano. La intuición del Padre Chevalier fue comprender más tarde que era inútil el querer restaurar el orden antiguo, que era necesario hacer nacer los hombres a un mundo nuevo para remediar los males surgidos tras su desaparición. "veo surgir un mundo nuevo del Corazón de Cristo..."

Lo que es relevante es que Julio Chevalier parece haber tenido siempre conciencia, al menos intuitivamente, de los males de su tiempo. No hubo en él un descubrimiento súbito, de "conversión". El descubrimiento, la iluminación súbita fue la del "remedio" a estos males, la que le apareció de repente con la revelación de lo que es en verdad la "devoción" al Sagrado Corazón.

La infancia es un momento en que uno queda marcado inconscientemente por los acontecimientos y el ambiente en que se vive. Y por la época del pequeño Julio, los acontecimientos de la Revolución francesa de 1789 eran historia reciente. Nuestro fundador nació en 1824, exactamente 35 años solamente después del comienzo de estos sucesos. En su infancia, él vivió sus consecuencias.

En su pequeña ciudad natal, Richelieu, la iglesia había sido transformada por los revolucionarios en "templo de la Razón", después abandonada casi en ruinas. En tiempo de la infancia de Julio, había sido reparada a medias. Esta ciudad de Richelieu había sido total y artificialmente construida para el servicio del castillo del príncipe de Richelieu. De este castillo, pues, confiscado en el momento de la Revolución, no conoció el joven Julio más que las ruinas de las que aún entonces se vendían las últimas piedras al mejor postor.

La iglesia, el castillo... A sus ojos, en miniatura, era el ejemplo de una sociedad que había perdido su identidad.

Es todo un sistema social lo que se estaba hundiendo en todo el país. El deseo de igualdad había engendrado una voluntad de eliminación de todos los que no eran "el pueblo": los nobles, los ricos, los sacerdotes, pero también habían sido perseguidos, detenidos y decapitados los intelectuales y los sabios. En tiempo del joven Julio Chevalier se habían calmado estos tiempos de furor. Pero su madre había sido educada por una tía que había conocido la prisión porque se sospechaba de que había escondido a sacerdotes. A veces, los recuerdos de familia marcan más que sucesos mayores más lejanos...

Ya se adivina entonces lo que será la reacción de Julio Chevalier a todo lo largo de su vida. Puesto que nada parece seguro, instintivamente se vuelve hacia lo que es eterno y cierto: Dios. El niño era muy piadoso, levantándose pronto para ir a ayudar a misa, poniéndose al servicio del sacerdote en toda ocasión. Hay aquí más que un asunto de sentimiento pasajero como sucede a veces en los niños. Julio comenzó muy pronto a trabajar en un oficio sin gran interés pero pagado: el de zapatero. En aquel tiempo los niños trabajaban 10 horas al día. Esto le dejaba poco tiempo libre. Pero, si debía levantarse más temprano para ir a la iglesia, nunca tenía tiempo para ir a divertirse con los jóvenes de su edad. Con la esperanza, que parecía imposible, de entrar un día en el seminario, aprenderá la gramática latina a la vez que reparaba el calzado...

Son hechos pequeños pero significativos del modo como Julio Chevalier quería ya dominar su tiempo en lugar de dejarse arrastrar por él. .



1. - Julio Chevalier y las ideas de su tiempo

La Revolución francesa, que tuvo repercusiones hasta en las aldeas más pequeñas, es mucho más que una simple revolución como tantos países las han conocido en el curso de la historia. No se trata solamente de un cambio de régimen, sino de una turbación de las mentalidades, de un hundimiento de todo un sistema de valores que habían guiado al mundo occidental hasta el presente. La comparación más cercana que podemos hacer es la del hundimiento del mundo soviético. Pero, en el fondo, la comparación es muy débil, ya que el sistema soviético era bastante reciente (3/4 de siglo) y frente a él se hallaba todo el mundo llamado "libre". Por el contrario, la Revolución francesa es el suceso que marca el fin de un sistema de valores establecido desde hacía más de 10 siglos, al que se refería todo el mundo occidental y que se llama: la cristiandad.

El IV Concilio de Letrán (1215), la asamblea más imponente de toda la Edad Media, consagró este régimen teocrático, ya instaurado claramente por el Papa Inocencio III. Dependencia de la Iglesia de los "dos poderes" espiritual y temporal. La autoridad de los soberanos procedía de una delegación pontificia, así como ésta procedía de una delegación divina.

No se concebía que pudiera existir otro régimen más que el régimen monárquico, con un rey "de derecho divino" bajo la autoridad del Papa que no dudaba en lanzar un anatema a todo un país, si el monarca no se sometía al derecho cristiano, a la moral cristiana y a la autoridad del Papa.

La Iglesia reinaba como dueña y señora sobre toda la enseñanza (no había más universidades que las católicas, en las que la teología ocupaba el primer lugar); sobre la ciencia (se atenían a una interpretación fundamentalista de la Biblia, el libro que explicaba todo. A notar: 150 años solamente antes de la Revolución: la condenación de Galileo); sobre la justicia (no había más tribunales que los eclesiásticos); sobre la política y las alianzas entre las naciones; sobre las artes, la literatura. . . En una palabra, sobre la vida entera de los hombres.

La primera fisura en este sistema de valores fue el advenimiento del protestantismo (Lutero en el siglo XVI). Simplificando un poco, digamos que en un principio es la negación de la autoridad del Papa sobre las conciencias, pero también una cierta acusación contra la revelación, dando un amplio margen a la interpretación personal de las Escrituras. En su "Pequeño tratado sobre la libertad humana" Lutero afirma la autoridad única de la Sagrada Escritura y precisa la doctrina de la justificación por la fe. "La libertad humana"... "Libertad" será la palabra clave de la Revolución francesa.

Pero en su libro sobre el Sagrado Corazón, el Padre Chevalier hace remontar la verdadera primera ruptura al filósofo Descartes (1596-1650). Al romper con la escolástica, Descartes no admite otra base de la ciencia que la razón. El "Método" que preconiza es el de alcanzar la verdad a partir de una intuición evidente seguida de una deducción lógica. La "Razón". . . "La Libertad ", es después, la otra palabra clave de la Revolución francesa que llegó a instituir un culto y ceremonias grandiosas a "la diosa Razón" (incluso, lo hemos visto, en Richelieu). La Razón que se opone a la Revelación: ahí está la raíz de la conmoción.

Los hombres de buena voluntad del tiempo de Julio Chevalier fluctuaban entre la fidelidad a lo que había sido la Iglesia durante siglos y lo que tenían de bueno estas nuevas ideas. Pues la razón y la libertad son valores que no niega la fe cristiana, muy al contrario; pero quizá haya hecho un mal uso de ellos.

A propósito de la razón, decía San Pablo:

"Lo que podemos conocer de Dios es manifiesto (.), de suerte que no tienen excusa;

(.)han perdido el sentido de sus razonamientos (..), en su pretensión de la sabiduría, se han vuelto locos" (Rom 1, 16-20)

En cuanto a la libertad, para San Pablo es fácil la elección: El hombre no sabe ser libre. O bien reconoce su dependencia de Dios y Dios le libera, o bien no la reconoce y se convierte en esclavo del pecado.

¿ 'No sabéis (...) que sois esclavos de aquel al que obedecéis, ya sea del pecado que conduce a la muerte, ya de la obediencia que conduce a la justicia?" (Rom 6,16) "Habéis recibido un espíritu de libertad" (Gal 5,13)

Santa Margarita Maria (1647-1690) es contemporánea de Descartes (nació tres años antes de su muerte), y el P. Chevalier presenta en su libro sobre el Sagrado Corazón las revelaciones y el culto al Sagrado Corazón como una respuesta a la nueva filosofía.[1]

En el fondo esto es lo que descubre la víspera de su subdiaconado. Para él significa una iluminación. Al descubrir en el Sagrado Corazón "el Centro, el pivote, la quintaesencia del cristianismo "[2], descubre por el mismo hecho, el remedio a los males de su tiempo. El Amor hace que sea superado el conflicto entre autoridad y libertad, lo mismo que entre revelación y razón.

Al conflicto razón-revelación responde él. "El que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios" de San Juan (1 J. 4,7); o también: "El amor encuentra su alegría en la verdad..." de San Pablo (1 Cor. 13,6. En el conflicto libertad-obediencia, otra vez San Juan: "En esto consiste el amor de Dios: en que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son una carga" (1 J. 5,3) cómo un eco de las palabras mismas de Cristo: "Mi yugo es suave y mi carga ligera".

Se comprende su exaltación ante esta evidencia que lo ilumina todo, lo resuelve todo.

A menudo se oye decir que no hay nada de extraño en que el Padre Chevalier hubiera escogido inscribir al Sagrado Corazón en el titulo de su Congregación ya que muchas de las numerosas congregaciones nacidas en el siglo XIX se encomendaban al Sagrado Corazón. La devoción al Sagrado Corazón estaba entonces muy en boga en la Iglesia de Francia y en el pueblo (1873: la Basílica del Sagrado Corazón de Montmartre.) Pero cómo ha escrito el P. Braun:

"La devoción al Sagrado Corazón no era para nuestro fundador una devoción entre muchas otras. Para J. Chevalier, la devoción al Sagrado Corazón era la quintaesencia del cristianismo, el centro donde todo converge, el compendio de todo." Fue ante todo "un descubrimiento personal que, desde el comienzo, está en relación con el misterio de la Encarnación. Misterio de la Epifanía, de la manifestación del amor de Dios en Jesucristo, con sui corazón humano, su corazón abierto para todos”.

El Sagrado Corazón es “todo Jesús" como el P. Chevalier no ha cesado de repetirlo una y otra vez. Y Jesús es el amor de Dios Encarnado, que continua encarnándose en los hombres. Así comprendida, la "devoción" al Sagrado Corazón era verdaderamente para el P. Chevalier, la respuesta a los principales males de su tiempo, el racionalismo y el "egoísmo" (en el sentido de: soy el único que decide sobre lo que es bueno y sobre lo que debo creer y hacer)... Razón y Libertad. Estas dos entidades que, en este contexto, se convierten en "los males". Males a los que respondían a menudo un dogmatismo y un moralismo intransigentes que ya no tienen lugar en el Reino del Amor.

El amor trasciende todo dogma y todos los pasos de la razón. San Pablo decía a los Corintios:

"¿Las profecías? Desaparecerán. ¿El saber? Desaparecerá.

El amor no acaba nunca". 1 Cor. 13,8)



2 - Julio Chevalier y la sociedad de su tiempo

Otro contexto al que tuvo que enfrentarse el P. Chevalier en su tiempo, es la llegada de la democracia. Para nosotros, gente del siglo XX, es un bien esencial y, si no está todavía establecida en todos los países, estamos persuadidos de que es una cuestión de tiempo y deque, a veces con dificultad, todas las naciones están en marcha hacia la democracia. En el siglo XIX, era una profunda conmoción de todos los valores establecidos. La democracia nació en verdad de la Revolución francesa. Y, por esto, una vez más, esta revolución no fue solamente un suceso local sino de importancia mundial.

En la antigüedad habían existido regímenes "democráticos", pero en realidad era una clase social la que dirigía, los aristócratas (en griego: aristos = el mejor). Ni hablar de que el pueblo, menos aún los esclavos, tomaran parte en las decisiones.

Sin embargó, la idea de democracia iba abriéndose camino desde hacía algunos decenios. Se puede decir que las comunidades protestantes que fueron a establecerse en lo que iba a ser los Estados Unidos de América vivieron de hecho la democracia. Pero era debido a una cadena de circunstancias históricas, más que a una voluntad deliberada de establecer un nuevo sistema de relaciones sociales. No hubo un líder para predicar el sistema de la democracia por oposición a otro, únicamente la voluntad de liberarse de la tutela de Inglaterra (que por otra parte conocía un régimen bastante liberal) y de gobernarse por sí mismos.

El concepto teórico de la democracia nació más bien de los filósofos franceses del siglo 18, que prepararon las mentalidades para la Revolución y que hoy llamamos los "filósofos de las Luces". Y entre ellos, hay que citar en particular a Jean-Jacques Rousseau. En el "Contrato Social", una de sus numerosas obras que tuvo una resonancia considerable, Rousseau imagina al hombre de los orígenes, este estado de naturaleza, este momento cero en el que aún no reina ninguna legitimidad. Si, por consiguiente, esta legitimidad no ha existido desde toda la eternidad, no viene ni de la naturaleza (como por ejemplo, la autoridad de los padres), ni de Dios, sino de la voluntad de los hombres, es decir, de un contrato. Estamos como asistiendo al nacimiento de la idea democrática: lo que hace que un régimen político sea justo, no es el hecho de que iba a imitar un orden natural, no es tampoco que él se iba a basar en un pretendido "derecho divino", es que se arraiga en la "voluntad general". Lo que es decidido ó admitido por todos ó al menos por la mayoría, está es la norma, esto es lo que es justo y legítimo.

Se comprende que la Iglesia de aquel tiempo no quisiera saber nada de esta democracia. E incluso en nuestros días, nos preguntamos a veces sobre algunas consecuencias de este sistema del que Churchill decía que era el "peor de todos los sistemas de gobierno, a excepción de todos los demás". Incluso, si uno es un demócrata convencido, puede interrogarse sobre la legitimidad de ciertas cosas reconocidas como totalmente "legales" (aborto, eutanasia...).

El clero de Francia se opuso vigorosamente a esta democracia. No para defender sus privilegios, como se ha dicho a menudo. El bajó clero tuvo un papel importante y decisivo en las reuniones de los "Estados Generales" que marcaron los comienzos de la Revolución. Bajó su influencia file votada una de las primeras leyes revolucionarias (la abolición de los privilegios - 4 de agosto de 1789). Y el clero del siglo XIX, en el periodo post-revolucionario, file un clero pobre, generoso y desinteresado (el Cura de Ars es un ejemplo de ello). En este sentido hubo una verdadera regeneración del clero. Pero este clero seguía visceralmente unido al régimen monárquico único capaz de mantener, le parecía, el derecho divino y el de oponerse al "derecho" aleatorio de la "democracia". Con nuestras palabras de hoy y con nuestras normas actuales, se dice que el clero de entonces era "de derechas", mientras que por el contrario, una gran parte de nuestro clero actual se ufana de ser "de izquierdas". Pero en el siglo XIX no se aplicaban estas categorías. "Ser de izquierdas", es actualmente querer estar del lado de los pobres, para la defensa de los pobres. El clero de Francia del XIX, en cuanto tal, estaba mucho más que nosotros "del lado de los pobres", multiplicando las obras de caridad, de enseñanza a los más pobres, y viviendo él mismo, de un modo general, en una gran pobreza. Pero se encontraba al lado de los ricos en el momento de la lucha por la "Restauración", por lo tanto, para la vuelta definitiva del rey, pero ante todo, para la vuelta a los verdaderos valores fundamentales.

A finales del siglo XIX, después de varias tentativas bastante lamentables para restaurar la monarquía (Luís XVIII, Carlos X, Luís Felipe, Napoleón III), y de los sobresaltos particularmente sangrantes (la Revolución de 1848, la "Comuna" en 1871), y una guerra (1870), la República (la 3era ya) está definitivamente instaurada, con la mayoría por un solo voto. Es 21 años después (1892) cuando el Papa León XIII, muy tardíamente pues, declara[3] que la Iglesia de Francia debe aceptar este régimen republicano que, cien años después de la revolución, se había suavizado mucho. En la mayor parte del clero hubo una gran tristeza y una incomprensión.

Y ¿qué fue del Padre Chevalier en este grave debate de su tiempo? Nos veríamos tentados a decir que él no entró en modo alguno en la polémica. Contrariamente a todos los que tenían alguna autoridad ó audiencia en la Iglesia de la Francia de entonces, y es una excepción totalmente notable, no encontramos en sus escritos ninguna línea para defender el principio de la monarquía (y el Padre Chevalier habría tenido ocasión para ello con las multitudes que venían a Issoudun, con los Anales muy extendidos.. .).Tampoco se puede decir que fuera "republicano". No podía serlo. Era imposible que fuera "republicano" en el sentido que entonces tenia este nombre, ya que el republicano se distinguía, en está época, por su admiración por la Revolución que liberó a los Franceses de la esclavitud de los nobles y de los sacerdotes. El católico es para él como un testimonio de una religión oscurantista llamada a desaparecer ( y que hay que ayudar a que desaparezca).

El P. Chevalier se mantiene, pues, desde los comienzos no fuera del debate sino por encima de él. Su objetivo, su misión es la de luchar contra lo que él llama la indiferencia y el egoísmo, que son para él los dos principales "males de su tiempo". La indiferencia es ignorar a Dios, es haber perdido la referencia a Dios. El egoísmo es no dar valor más que a lo que conviene al hombre, sin otra referencia que uno mismo.

Pero el P. Chevalier no habla de "lucha", de "combate", de "restauración", de "restablecimiento", habla del "remedio" que hay que proponer contra los males de su tiempo, y este remedio, es dar a conocer el amor de Dios. Cualquiera que sea el régimen político, lo esencial para él es establecer el reino del amor, el Amor del Verbo Encarnado. Cuando el P. Chevalier busca a Emilio Maugenest para proponerle fundar una congregación, le dice: 'Dos plagas corroen nuestro desgraciado siglo: la indiferencia y el egoísmo. Es necesario un remedio eficaz que pueda aplicarse a estos dos males. Este remedio se encuentra en el Corazón Sagrado de Jesús que no es más que amor y caridad...".

Al contrario de los predicadores de la época, herederos de una larga tradición jansenista, que llaman a la penitencia, a la conversión, a la "vuelta" al recto camino, haciendo temblar a las muchedumbres (tan numerosas por otra parte) al recordarles sus obligaciones y las exigencias de un Dios todopoderoso, el P. Chevalier pide a los Misioneros del Sagrado Corazón "que hablen mucho de la misericordia de Dios". Hacer conocer a los hombres que Dios les ama y que ellos pueden amarlo... Su política es esta: no cambiar las instituciones, sino atacar el mal en su base cambiando el corazón de los hombres. Donde reina el amor, ya no hay injusticia.

Nuestras Constituciones MSC, incluso renovadas en su forma y completadas, son la concretización del mensaje del P. Chevalier y cuya primera versión él mismo redactó. Leemos en ellas:

"Con Nuestro Fundador, contemplamos a Jesucristo, unido al Padre...Él es el Buen Pastor.. Él nos inspira la voluntad de servir. . Él nos ayuda a vivir como artesano de justicia y de paz. . Él libera al hombre del miedo. . . Queremos proclamar su amor al mundo. . . " (6-10)

Y continúan:

"Siguiendo el ejemplo de Jesús, nos esforzaremos por llevar a los demás a Dios. . ., para unirlos a Él mediante el amor y librarlos del temor. . . Él espíritu de nuestra Congregación… es, sobre todo, un espíritu de amor por la justicia y de preocupación por todos, especialmente por los más pobres". (6-13)

"Siguiendo a nuestro Fundador, estaremos atentos a los que sufren. . . descubriremos el rostro de Cristo en los pobres, en los pequeños, y en todas las víctimas de la injusticia y de la violencia. . . Manifestaremos nuestra compasión por ellos trabajando con coraje para garantizarles sus derechos humanos y para cambiar los corazones de sus opresores..” (20-22)

He aquí un espíritu (herencia del P. Chevalier) de lo más "republicano”...

Está bien que las nuevas constituciones hablen del "respeto de los derechos humanos"... En efecto, la "Declaración de los Derechos del hombre" data del año mismo de la Revolución francesa (1789) (file completada en 1793, después en 1795, antes de servir de base para la Declaración de la ONU en 1948). Los Revolucionarios, habiendo hecho tabla rasa del pasado establecido sobre el "derecho divino", se sintieron obligados a crear una nueva base de derechos, los "derechos del hombre". El P. Chevalier no niega estos derechos del hombre, muy al contrario, como, de un modo general, lo hará con toda su fuerza la Iglesia de su tiempo. Es verdad que tampoco habla de ello. Era un tema tabú y polémico. Pero escribió líneas sencillas, casi ingenuas, pero magnificas sobre el hecho de que cada uno es un ser único y por lo tanto digno de un respeto infinito (Cf. "El Sagrado Corazón, p.81 a 85)[4].

Por otra parte tenemos sin duda un reflejo de este espíritu "democrático" del P. Chevalier que no quería hablar de obligaciones y de derechos, de sumisión y de obediencia, sino solamente de amor, en la manera misma como nos hablan nuestra Constituciones sobre la obediencia, recordando ante todo que "Jesús se hizo obediente por amor...", continúan: "Hacemos profesión de obediencia para participar en sui espíritu de obediencia de suerte que podíamos servir mejor a nuestros hermanos. . . "Y también: "Tratamos de descubrir la voluntad de Dios en comunión con nuestros hermanos'" (38-40).

Este problema de política (Realistas, Republicanos...) ha podido quizá a veces parecer secundario. En Francia, ha tenido (y la conserva) una importancia considerable a causa del contexto histórico y del impacto decisivo que pareció tener para el futuro de la Iglesia. En tiempo del P. Chevalier tenia una gran importancia. Él no lo eludió sino que se adelantó a él.



3 - Julio Chevalier y la Iglesia de su tiempo

En las poderosas corrientes que se manifestaban entonces en la Iglesia, el P. Chevalier se presentaba ardientemente como un "ultramontano[5].

El "Ultramontanismo" (de "ultra": más allá, y "montes": los montes, en este caso los Alpes) designa una fortísima corriente de pensamiento favorable a la autoridad del Papa, que se extendió en los ambientes católicos de Francia (pero también en los países germánicos) a todo lo largo del siglo XIX. Se opone a las teorías del Galicanismo (Gallia = Francia) y a otros movimientos que tendían a hacer prevalecer la autoridad de los concilios nacionales sobre la del Papa, y los derechos soberanos del Estado sobre el funcionamiento de una Iglesia nacional. El Galicanismo no databa de la Revolución; tenia raíces más lejanas. Los reyes, los estados, en reacción contra la autoridad absoluta de Roma en todas las esferas, buscaban más autonomía e independencia. Pero en el siglo XIX, el ultramontanismo manifiesta una reacción contra los ex­cesos a los que habían dado lugar estas teorías: como la "Constitución civil del Clero" en 1790 (debiendo todo sacerdote prestar juramento de fidelidad al estado) y los "artículos orgánicos" añadidos por Napoleón al Concordato de 1801, para privilegiar el papel del Estado en la organización de la Iglesia. El movimiento ultramontano apuntaba a la restauración de la autoridad espiritual del Papa después de la crisis revolucionaria (a ello dedicó su esfuerzo Pío VII y después Gregorio XVI). Es sobre todo Pío IX (1846-1878) el que comenzará una política de centralización romana y de los poderes del Papa. Esta logrará su coronación en 1870 con la proclamación, por el Concilio Vaticano I. del dogma de la infalibilidad pontificia.

Es una cuestión difícil de evocar tan brevemente. Ha llevado, principalmente en nuestro país, a muchas violentas y largas polémicas que están lejos de estar apagadas.

Pues es verdad que los medios conservadores veían en la restauración de la autoridad espiritual del Papa, la esperanza de restaurar un orden social basado en la preeminencia de la Iglesia.

Es verdad que a su encíclica "Quanta Cura" (1864) que condenaba el naturismo, el liberalismo y el indiferentismo, Pío IX añadió el "Syllabus", condenando 80 "errores de nuestro tiempo": algunas proposiciones eran atrevidas (por primera vez se condenan en él los daños del liberalismo económico) pero muchas otras parecen inaceptables, sobre todo a nuestros ojos de hoy, como el rechazo de la separación de la Iglesia y el Estado, la proclamación de la religión católica como la única religión de Estado, la prohibición de todo culto para las otras religiones. . . Era un texto torpe e inoportuno, pero que no hacía sino retomar las condenas 6 precedentes de otros Papas y que quería ser más una llamada de atención que una condena[6].

Esto hace que muchos hermanos, sobre todo en Francia, sabiéndola adhesión del P. Chevalier al Papa, consideren a nuestro fundador como un conservador que no podría ser seguido en este punto.

El reproche es injusto.

La adhesión del P. Chevalier ala Santa Sede es muy anterior a Pío IX. De sus elementales estudios de seminarista ordinario, Julio Chevalier no había conservado más que los perjuicios del viejo Galicanismo. Así en Francia, tras los pasos de la Iglesia anglicana, la Asamblea general del Clero, reunida en "Concilio" (1862), había proclamado las libertades de la Iglesia galicana casi independiente de Roma. El rey Luís XIV (1638-1715) se creía jefe de la Iglesia de Francia, consagrado por la unción, apoyado en esto por el alto clero y por hombres eminentes como Bossuet.

Para Julio Chevalier, todas las desgracias de Francia venían de allí; de esta ruptura con la Iglesia universal en provecho de las Iglesias locales. Es un punto de vista que no se parece forzosamente al de nuestra época. Hoy desearíamos más autonomía para las Iglesias locales para que se adaptaran mejor, en el plan pastoral y litúrgico, a las necesidades, a las culturas, a las mentalidades de cada país. Pero lo que proponía Julio Chevalier, erala independencia de la Iglesia. Francia, entre otros países, había tenido la experiencia de una Iglesia sometida al poder civil. La Iglesia estaba entonces considerada como un instrumento político, una garantía de orden social, tenía un lugar preponderante en la buena marcha de los asuntos del Estado[7]. Evidentemente que no es su papel, y, para Julio Chevalier, la Iglesia galicana había perdido así su razón de ser que es esencialmente la de anunciar el Reino de Dios y no la de administrar los reinos terrestres. Le parecía pues que poner en su lugar ala Iglesia universal era una prenda de libertad, de renovación, de renacimiento, de pureza original.

Al llegar Napoleón al poder en 1799 es consciente de que, después de las violencias de la Revolución, la unidad nacional rota no podrá ser restaurada sin la paz religiosa. Entabla pues negociaciones difíciles con Roma que desembocan por fin en un Concordato en 1801. Un Concordato es un compromiso. Es así como la religión católica es reconocida como la religión "de la mayoría de los franceses" (y no del Estado), y que el emperador se reserva el derecho y el poder exclusivo de nombrar a los obispos. Están sometidas a autorización la publicación en Francia de todos los textos de la Santa Sede, la celebración de los sínodos. . .etc. . . Lo que efectivamente deseaba un Julio Chevalier (que vivió toda su vida bajo el régimen del Concordato) erala independencia plena y entera de la Iglesia.

Al margen del Concordato, Napoleón, para justificarse ante la Asamblea de la que él había salido, declaraba:

“No veo en la religión el misterio de la Encarnación, sino el misterio del orden social; (...) vincula al cielo una idea de igualdad que impide que el rico sea masacrado por el pobre. ¿Cómo tener orden en un Estado sin religión? (...) Cuando un hombre se muere de hambre al lado de otro que rebosa bienes, le es imposible aceptar esta diferencia si no hay una autoridad que se lo diga: 'Dios lo quiere así, en el mundo tiene que haber pobres y ricos; pero después y durante la eternidad el reparto se hará de otro modo”[8].

Julio Chevalier tenía evidentemente una idea distinta del sacerdote,

Este mismo Napoleón, algunos años más tarde, retuvo prisionero al Papa Pío VII durante cinco años fuera de Roma (1809-1814). Reunió un Concilio nacional (1811) que decidió, presionado por él, conceder a los arzobispos el poder de investidura de los obispos, "impidiéndoselo " al Papa. Esto ocurría 10 años solamente antes del nacimiento de Julio Chevalier...

He aquí por qué, en este tiempo que era el suyo, el Padre Chevalier era "Ultramontano", no soñando con una Iglesia todopoderosa, sino para ver renacer una Iglesia independiente que llegue a ser plenamente ella misma.

Amó ala Iglesia "como Cristo amó a la Iglesia..."

la quiso resplandeciente, sin mancha, santa e irreprochable ". (Cf. Ef 5-25-27)

Pues "este mundo nuevo" que él veía surgir del Corazón de Cristo, esta creación llena de grandeza y de fecundidad inspirada por el amor y la misericordia, es la Iglesia, este cuerpo místico de Cristo, que la perpetuará en la tierra...”



Conclusión
"El Padre Chevalier y su tiempo" es un tema amplio. Para tratarlo, seria necesario al menos una semana, entrando más adelante en los hechos concretos.

A propósito de las Ideas de su tiempo,

se podría hablar del anticlericalismo (la próxima inauguración dela dos calles nos lo recordará)

y de sus consecuencias (la expulsión de los religiosos, la separación dela Iglesia y el Estado...)

A propósito de la Sociedad de su tiempo,

convendría examinar el grave problema de la gran pobreza del pueblo, del éxodo rural, de la industrialización y de la emergencia de una clase obrera desgraciada y explotada. Abordar también el tema muy interesante de los fulgurantes progresos de la ciencia, y en particular de la medicina. Una medicina materialista, "Mecanicista" ala que se opone enérgicamente el P. Chevalier (principalmente en su libro sobre el Sagrado Corazón).

A propósito de la Iglesia de su tiempo,

convendría evocarla corriente jansenista, de raíces tan antiguas y aún tan poderosa

Examinarla situación pastoral deplorable de esta época, y cómo el P. Chevalier le hizo frente, sobre todo como párroco.

Hablar del impulso misionero extraordinario, en Francia, en el siglo XIX, y de la visión misionera particular del P. Chevalier.

Considerarla eclosión en esta época de una multitud de congregaciones, y en este contexto, cómo nuestra Congregación MSC tiene algo de singular.

Y hablar también de la intuición que el P. Chevalier tuvo del papel de los laicos en la Iglesia. En su tiempo, esta visión fue incomprendida y desaprobada; ahora parece esencial ala Iglesia de nuestro tiempo.

Podrían también ser abordados muchos otros temas, a veces secundarios pero reveladores.

No he podido, en este tiempo limitado, más que evocar (mal, me temo) temas generales pero que me parecían esenciales.

***

De lo que debemos tener conciencia ante todo, estoy profundamente convencido de ello, es que el P. Chevalier no nos deja una manera de obrar, un "método" que deberíamos aplicar o adaptar a nuestra época. Es posible incluso que en situaciones parecidas, habiendo cambiado los tiempos, habiendo cambiado el mundo, sigamos un proceder diferente del suyo. El P. Chevalier no es un intelectual que ha elaborado una doctrina. Es ante todo el hombre de una intuición. Cualesquiera que sean los males que encontremos, debemos inspirarnos en esta intuición para ponerles remedio.

Nuestro fundador ha vivido en un siglo cruzado por corrientes poderosas y contradictorias, un siglo de conmociones. Pero tuvo esta intuición de lo esencial: Dios Padre es amor, el Verbo nacido de él es amor, su Encarnación es la encarnación del amor, y la Iglesia salida de su Corazón abierto no puede ser sino amor[9]. Abrir los ojos y el corazón de los hombres a este amor, esa es la misión de lo esencial. Sirve para todos los tiempos (por lo tanto para el nuestro) y para todas las situaciones. El Padre Chevalier no está en favor de ningún medio particular ni de ninguna misión particular. "En todas partes. ., para todos. . ., por todos..., por todos los medios y todos los ministerios. . . "con tal que tengamos como objetivo lo esencial "Con nuestro fundador, contemplamos a Jesucristo unido al Padre...”[10] y, como Pablo, completando en su carne lo que falta ala Pasión de Cristo (Col 1,24), queremos acabar lo que falta ala venida de este "mundo nuevo..., esta creación inspirada por el amor y la misericordia...

Julio Chevalier no nos ha dejado un método. Nos lega un espíritu.

Issoudun, 8 de septiembre de 1999


Notas
[1]"El Sagrado Corazón", p. 183-184
[2] "El Corazón del divino maestro es el centro en el que todo converge en el antiguo como en el nuevo testamento, el pivote sobre el cual todo gira en el catolicismo, el sol de la Iglesia, la frente de nuestros misterios, el origen de nuestros sacramentos, la prenda de nuestra reconciliación, lasalvación del mundo, el remedio a todos los males, el arsenal del cristiano. Así es como yo entiendo la devoción al Sagrado Corazón de Jesús: ella lo abarca todo, ella es la respuesta para todo"
(Chevalier 1862 - Carta al P. Ramiére S.J.-Citada en Florilegio Chevalier- en el 16 de agosto p. 262)
[3] Encíclica: "En medio de las preocupaciones", 16 de Febrero de 1892
"La novedad de la forma política no afecta en modo alguno al poder considerado en sí mismo. En toda hipótesis, el poder civil, considerado como tal, es de Dios y siempre de Dios (Rom 13,1 "Que cada uno se someta a las autoridades en el ejercicio de su cargo. Pues no hay ninguna autoridad que no venga de Dios, y los que existen están constituidos por Dios").
Pero el respeto que se debe a los poderes constituidos no puede imponer la obediencia sin limite a toda medida promulgada por estos mismos poderes..."
[4] "Hay en nosotros el deseo de ser distinguido, de ser nosotros, de ser para Dios lo que ningún otro será. Y hay en Dios la voluntad de no crear dos creaturas iguales (...)
-"Cada uno, para la eternidad, es un ser aparte, (...) pudiendo decir: "Yo soy esto, algo que no es ni será nunca otra cosa".(. ..) En el cielo, cada uno recibirá el nombre de su ser, nombre personal, diferente de todo otro, que dirá eternamente lo que es el que lo lleva"
-"El Buen Pastor llama por su nombre a cada una de sus ovejas..."
-"Estamos en el Cuerpo de Cristo, como miembro particular (...)
-"En la cepa divina, somos esta rama, esta hoja, este fruto. . . Y lo que somos, nadie lo será nunca. . .
("El Sagrado Corazón" extractados de las páginas 81 a la 85)
[5] Conocemos el episodio que narra de sus primeros años de seminario.
"Hice la filosofía en Descartes cuyo ingenio nos hacia admirar el profesor, y la teología en Baylly que se nos proponla como un autor práctico y seguro en sus opiniones. Dios me dio la gracia de no compartir este parecer. El sistema cartesiano me parecía falso y peligroso; lo combatí en clase con el respeto debido al profesor. En cuanto a las teorías de Bailly, archi- galicano, sobre los cuatro artículos, sobre la constitución dela Iglesia, sobre los Concilios universales, sobre el Papa, me horrorizaban instintivamente. Por eso las discusiones eran ardientes, apasionadas. Yo pasaba por ultramontano, y no era el único. Casi todos estaban en contra del autor y del profesor” . . .
(Fontes Societatís -NOTAS INTIMAS Serie I, Vol.2,p.13)
[6]El Papa lo admitió para tranquilizar los ánimos, después dela intervención de Mons. Dupanloup, obispo de Orleans, jefe dela Iglesia liberal, que se oponía ala proclamación dela infalibilidad pontificia.
[7] En Francia fueron ocupados por cardenales puestos muy importantes (Richelieu: 1624-1642: 18 alios como primer ministro.- Mazarino le sucedió de 1642 a 1661 - Dubois, ministro de asuntos exteriores, después pimer ministro (1721-1723) era al mismo tiempo Presidente dela Asamblea del Clero).
[8] 1801 - declaración en el Consejo de Estado. (en "Para leerla historia dela Iglesia"- J.Comby, ed, Cerf-Tomo 2 p.99).
Otra "profesión de fe" de Napoleón:
"Haciéndome católico es como he acabado la guerra de Vendée, haciéndome musulmán me he establecido en Egipto haciéndome ultramontano me he ganado a los espíritus en Italia; si gobernara a un pueblo de judíos, volvería a construir el templo de Salomón', (1800 – al Consejo de Estado)
y también:
"Un sacerdote vale más que cuatro guardias”...
[9]"De este Corazón adorable, rasgado por la lanza y de donde había salido la vida, nace otra vida. Es la vida de los hijos de Dios y de los herederos del cielo.
El Verbo, salido del Corazón de su Padre, hace surgir el mundo dela nada, y del Corazón del Verbo Encarnado,
atravesado en el Calvario, veo salir un mundo nuevo, el mundo de los elegidos.
Y esta creación, llena de grandeza y de fecundidad, inspirada por el amor y la misericordia, es la Iglesia,
este cuerpo místico de Cristo, que la perpetuará en la tierra hasta la consumación de los siglos,
y vivirá de su vida divina por toda la eternidad".
("El Sagrado Corazón" p. 145-1466; citado en Florilegio Cbevalier, en el 6 de julio, p.221)
[10]Constituciones MSC n° 6.


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