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EN EL CORAZÓN DE JESÚS DIOS DONA AL MUNDO NUEVA VIDA: Meditación para todos los días del mes de junio, mes del Sagrado Corazón

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Sagrado Corazón de Jesús que da la vida al mundo
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I.  CORAZÓN DE JESÚS MANIFESTACIÓN TOTAL DEL AMOR DE DIOS

 1)   Revelación del Amor de Dios

 2)   Corazón de Jesús, centro del universo


 3)   Corazón Divino - Corazón Humano


 4)   Inmolado por el mundo

 5)   Sacrificio de adoración

 
 6)   Fuente de Gracia para el mundo

 
 7)   Dador del pan para la vida del mundo
 
 8)   Ansia de la vida eterna
 
 9)   Rico en misericordia

10)   Fuente de vida y santidad

II.    CORAZÓN DE JESÚS NUESTRO MODELO EN EL MUNDO

11)   En este mundo, pero no del mundo

12)   Modelo de humanidad

13)   Obediente hasta la muerte

14)   Centro de la vida familiar

15)   Rico en la pobreza

16)   Lleno de bondad para con los hombres

17)   Lleno de amor para con los enemigos

18)   Salud de las naciones

19)   Modelo de nuestra expiación

20)   Conciencia del mundo

III.   CORAZÓN DE JESÚS NUESTRA VIDA EN EL PADRE

21)   Honor y Gloria del Padre 


22)   Consagrado al dolor

23)   Símbolo de nuestra amistad con Dios

24)   Fuente de santidad para todo el mundo 


25)   Ejemplo de entrega total

26)   Unido con el Padre en la oración

27)   Complacencia del Padre

28)  Camino hacia el Padre

29)   Nuestra esperanza en la eternidad

30)   Nuestro Intercesor ante el Padre


31)    Letanías del Sagrado Corazón (con respuestas)

 

 

I. Corazón de Jesús manifestación total del Amor de Dios

 

1)   Revelación del Amor de Dios

L.  Divino Salvador, en la conversación con Ni­codemo le hiciste comprender que Dios des­de toda la eternidad concibió el plan de salvar al mundo por la muerte de su Hijo. Le dijiste:

1.  "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del Hombre para que todo el que crea, tenga por El vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3;14 -16).

2.  En la fiesta de los Tabernáculos dices clara­mente que de tu Corazón "Correrán ríos de agua viva". (Jn 7,38)

1.  Por eso entregaste tu vida por nosotros en la cruz y dejaste traspasar tu costado.

2.  Así, tu corazón abierto hace visible tu entrega invisible al Padre en el Espíritu Santo y tu amor por todos los hombres pecadores.

T   "En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de El". (1 Jn 4,9)

L.  "Porque Dios es Amor". (1 Jn 4,8)

T.  "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único que está en el seno del Padre, El lo dio a conocer". (Jn 1,18)

 

 

2)   Corazón de Jesús, centro del universo

L.  Hijo eterno del Padre. Tú eres la Palabra que "desde el principio estaba con Dios" (Jn 1,2)

1.  Tú mismo eres Dios. En ti se reconoce y se ama el Padre.

2.  Por Ti y en Ti reconoce y crea el Padre todo lo que ama. "Todo se hizo por la PALABRA y sin ella no se hizo nada de cuanto existe".

(Jn 1,3)

1.  Tu corazón es imagen del amor creador del Padre; y por tanto, el centro del universo, corona de toda la creación.

2.  La obra maravillosa del mundo visible: las aguas y rocas, plantas, animales y hombres, inclusive los ángeles encuentran en Ti la unidad y perfección.

1.  En tu corazón todo el universo se conocerá y se une con Dios; pues, Tú eres el "Primogénito de toda la creación" porque en Ti fueron creados todas las cosas en los cielos y en la tierra...

2.  Todo fue creado por Ti y para Ti. Tú existes con anterioridad a todo y todo tiene en Ti su consistencia (col 1.16,17). En tu Corazón Dios "ama a todos los seres y nada de lo que existe aborrece" (Ab 11,24).

1.  Oh Jesús, también nosotros hemos sido cre­ados por el Padre por Ti, llamados de la nada a la  vida.

T.  Haz que reconozcamos el mundo como repercusión de la PALABRA que Dios pronun­ció en su amor: Tu corazón como centro del universo.

 

 

3)   Corazón Divino - Corazón Humano

L.  Oh Jesús, Señor y Redentor, "Tú bajaste del cielo por nosotros los hom­bres y por nuestra salvación te hiciste hom­bre". (Credo)

1.  Pobre y débil yaces sobre paja en el pesebre y sigues siendo verdadero Hijo de Dios, aun­que te has apropiado un cuerpo humano, un alma y un corazón humano.

2.  Según el plan de Dios la evolución del Uni­verso debía real izarse de tal manera, que Tú pudieras aparecer en la tierra como hombre.

1.  También el transcurso de la historia - a través de los siglos - fue encauzado por el Padre.

2.  Cuando llegó el tiempo a su plenitud, naciste como hijo de tu pueblo en Belén. La Virgen María te dio la vida como madre.

1.  Ahora eres uno de nosotros, nuestro herma­no. Siendo hombre estás como nosotros en medio del mundo, y compartes con nosotros la herencia y la naturaleza.

2.  Tu amor te impulsa a atraer a todas las criaturas a tu corazón para presentarlas al­gún día como creación nueva a tu Padre. Cada latido de tu Corazón nos dice:

T.  "Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3,16).

L.  Oh Jesús, con tu venida ha comenzado la plenitud de los tiempos.

T.  Ahora Dios ama al mundo con un corazón humano.

 

 

4)   Inmolado por el mundo

L.  Jesús crucificado, en el Calvario se encuentra tu altar - un madero y tres clavos - la cruz. En ésta mueres cruelmente. "Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,13).

1.  “Así como el delito de uno solo (Adán) atrajo sobre todos los hombres la condenación" (Rom 5,18); así Tú nos has amado y lavado con tu sangre de nuestros pecados (Ap 1,5).

2.  "A quien no conoció pecado. le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en el" (2 cor 5,21).

1.  Esta es la verdadera grandeza de tu sacrificio: que te entregaste al Padre por amor. Tu sacrificio se consumió más en la entrega amorosa de tu Corazón al Padre que en los dolores físicos.

2.  Fue tu amor que te llevó hasta la muerte, que quitó el pecado y reconcilió el mundo con Dios.

T.  Por tu Corazón "nos gloriamos en la esperan­za de la gloria de Dios" (Rom 5,2).

L.  Por la sangre de tu corazón todos los pueblos han sido salvados.

T.  Haz que nos amemos como hermanos sin distinción de raza ni rango.

 

 

5)   Sacrificio de adoración

L.  Jesús Crucificado, llegando a Ti y hallándote ya muerto, no te quebraron las piernas, sino uno de los soldados atravesó tu costado con una lanza" (Jn 19,33-34).

1.  Grande es el misterio de tu pesebre; pero aún más grande es el misterio de tu cruz.

2.  Impenetrable es tu amor al hacerte hombre pero más insondable es tu corazón traspasa­do por la lanza.

1.  El odio del infierno perfora tu costado para asegurarse de tu muerte. Mas. tu Corazón herido convierte el odio en amor y se abre como fuente de vida y de gracia.

2.  Dolor y amor se consagran como sacrificio, en el cual toda la creación adora al Padre. En tu sangre, todo el universo es bautizado.

T.  En tu corazón, todas las criaturas son lla­madas a adorar a Dios.

L.  "Y todos miramos a aquel a quien traspasaron" (Zac 12,10).

T.  La correcta organización de la vida del mundo de hoy solo la encontramos en tu Corazón.

L.  Acoja también nuestro tiempo en tu Amor.

T.  Para que el progreso y la técnica del mundo moderno honren a Dios y sirvan al amor y a la paz.

 

 

6)   Fuente de Gracia para el mundo

L.  Redentor del Mundo, en la hora de tu muerte en la cruz tembló la tierra y se oscureció el sol.

1.  Mas, San Juan, testigo fiel, no hizo mención de estos hechos, sino quedó contemplando

-    fascinado y conmovido - como un soldado atravesó tu costado con una lanza y como de la herida salieron sangre y agua.

2.  Ahora está seguro que se ha cumplido tu promesa de darnos el Espíritu Santo en la hora de tu glorificación en la cruz.

1.  En aquel tiempo, en la fiesta de los Taber­náculos, grito al mundo, sediento de salva­ción; "Si alguno tiene sed, venga a Mí; y beba el que crea en Mí como dice la Escri­tura; de su seno correrán ríos de agua viva"

(Jn 7,38).

2.  Desde entonces mana, sobre nuestra tierra, la plenitud de la vida. En el bautismo hemos renacido del manantial de tu corazón por medio del Espíritu Santo como hijos de Dios.

1.  A cada uno de nosotros has incorporado como miembro vivo en tu Cuerpo Místico. Y juntos somos "linaje elegido sacerdotes re­ales y una nación santa" (1 P 2,9).

2.  Con nosotros has reorganizado toda la crea­ción y le has infundido el germen para crecer en la "plenitud del que lo llena todo en todo" (Ef 1,23).

T.  Sagrado Corazón de Jesús, te damos gracias por el don incomparable del santo bautismo. A tu Corazón le debemos la gracia inmereci­da de la filiación divina.

 

 

7)   Dador del pan para la vida del mundo

L.  Señor Jesucristo, en la última cena tomaste pan y pronunciaste la bendición, lo partiste y dándoselo a los discípulos, dijiste; "Tomen y coman, este es mi cuerpo" y luego les diste el cáliz diciendo "Esta es mi sangre".

1.  De esta manera anticipaste misteriosamente tu sacrificio en la cruz y nos lo diste por siempre como sacrificio y banquete.

2.  el odio te clavó en la cruz, pero tu amor coloca la cruz en el altar y entrega tu cuerpo como pan de vida y tu sangre como bebida.

1.  Invitas a todos los hombres, como hermanos de la gran familia de Dios, a participar en tu banquete.

2.  El mundo de hoy espera que hagamos visible que el compartir una misma fe y una misma mesa nos hace hermanos en la vida diaria.

1.  "El cáliz de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión por la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión por el cuerpo de Cristo?

T.  Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan" (1 Cor 10,16).

L.  En la mesa eucarística nos encontramos como hermanos.

T.  ¿Cómo podemos salir de la celebración como extraños?

 

 

8)   Ansia de la vida eterna

L.  Señor Jesucristo, en tu gloriosa Resurrección, el Padre manifiesta haber aceptado tu sacri­ficio y lo lleva a una plenitud en la ascensión triunfal.

1.  Ahora la herida transfigurada de tu corazón resplandece por toda la eternidad. "Estás siempre vivo, para interceder en nuestro fa­vor" (Heb 7,25) ante el Padre.

2.  En unión con El nos envías al Espíritu Santo, el amor personal de Tu corazón, ya que desde el cielo quieres atraer a todos hacia Ti.

1.  Nos has creado para ti e intranquilo estará nuestro corazón hasta que esté contigo.

2.  Por eso "nosotros mismos gemimos en nues­tro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo" (Rm 8) el día de nuestra resurrección.

1.  Todas las gracias y todos los sufrimientos de esta vida nos provienen de tu amor para prepararnos a nosotros y por nosotros a to­dos los hombres para el día en que poseere­mos a Ti y en Ti al Padre.

2.  Haz que las alegrías de esta vida nos recuer­den siempre la gloria eterna imperecedera.

1.  Y que nuestra juventud, sedienta de felicidad, descubra tu Corazón como centro de su vida y siga animosamente este ideal.

T.  "Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros" (Rom 8,18).

 

 

9)   Rico en misericordia

L.  Señor glorificado, tan grande fue tu amor hacia los hombres que has hecho participar de la gloria eterna a tu naturaleza humana. Donde estás Tú, allí nos quieres tener a nosotros.

1.  Por eso, tu Corazón late por nosotros pe­cadores con inmensa bondad.

2.  Tu Corazón perforado nos recuerda sin cesar la crueldad del pecado.

1.  Solo Tú has conocido y sufrido, en la agonía de tu Corazón, la seriedad de la malicia humana.

2.  En el abandono de la cruz nos has visto levantar los puños contra el Padre, pisotear el orden y la Ley, arrojar al Espíritu Santo de nuestra alma, traicionar la Iglesia.

1.  Ofendimos tu corazón y lo perforamos. Sin embargo - tan cruel como fue tu muerte tan bondadoso es tu corazón. Y te dejarlas cru­cificar una vez más si de esto dependiera la salvación de una sola alma.

2.  Apreciamos tan poco tu misericordia, porque no tomamos en serio el pecado, no consid­eramos sus consecuencias frente a Dios ni la desgracia que trae para el mundo.

1.  Danos la gracia de arrepentimos sincera­mente de nuestros pecados y de abandonar­nos confiadamente a tu misericordia.

2.  Te damos gracia por el regalo más grande de tu amor misericordioso: el Sacramento de la Reconciliación.

T.  Odiaremos el pecado mortal como la desgra­cia más grande, pero jamás dudaremos de tu misericordia.

 

 

10) Fuente de vida y santidad

L.  Señor glorificado, el agua viva de tu Corazón mana sin cesar sobre nuestra tierra.

1.  Lo que comenzaste en tu amor, lo llevas a cabo hasta que veamos al Padre en tu gloria.

2.  Por los dones de los siete Sacramentos el Espíritu del Amor nos transforma según tu Corazón.

1.  En el Bautismo renacemos de este Espíritu y nos convertimos en miembros de tu Cuerpo Místico; por la naturaleza de la gracia de la Confirmación, este Espíritu nos lleva a la madurez de cristianos comprometidos, co­memos tu cuerpo, pan de la vida que nos preparas en tu altar.

2.  Cuando somos heridos por el maligno, tu amor sana nuestra alma en el sacramento del perdón; nos devuelves la salud física y espiritual en la unción de los enfermos; Con el Viático nos preparas para el encuentro eterno contigo.

1.  Consagras al sacerdote para que proclame tu Palabra y nos comunique tu gracia; a los padres de familia, para que mediante el ser­vicio a la vida, sean reflejo del desposorio entre Ti y la Iglesia.

2.  Haz que nuestro mundo, hambriento de vida, comprenda que sólo tu amor puede darla y sólo el que alcanzó la perfección de este amor, ha llegado a la meta de su vida. Sólo esto es santidad, verdadera felicidad y per­fecta alegría.

T.  Haz que te sirvamos todos los días con la misma alegría

 

 

II. CORAZÓN DE JESÚS NUESTRO MODELO EN EL MUNDO

 

 

11)  En este mundo, pero no del mundo

L.  Señor Jesucristo y Maestro, al entrar en este mundo dices: "He aquí que vengo a hacer; oh Dios, tu voluntad" (Heb 10,7)

1.  Pusiste todo tu corazón en la misión que el Padre te confió en este mundo. No buscaste ni honores ni tu voluntad. Para ti cada hora de tu vida fue una deseable oportunidad para complacer el Padre y expiar la infidelidad de los hombres con mayor fidelidad.

2.  Estás totalmente en el mundo, porque eres siempre lo que has de ser: totalmente niño, en el pesebre; obrero, en Nazaret; Redentor en la cruz.

1.  Pero no eres de este mundo, porque no buscas el mundo y la acción por si solos, sino porque te prestan la oportunidad para amar - en todo lugar y en todo momento - al Padre; ayuda a los hombres y salvar al mundo.

2. Ayúdanos a realizar nuestras acciones con responsabilidad y generosidad.

T. Sólo para Ti sin buscar honores ni grandezas.

L. Haz que estemos en este mundo con todo nuestro ser,

T.  pero no permitas que sirvamos al espíritu del mundo, sino que demos al mundo testimonio del espíritu de tu corazón.

 

 

12)   Modelo de humanidad

L.  Señor Jesucristo y Maestro, Tú nos dices: “Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29).

1.  Humildad es verdad, es la justa apreciación de si mismo ante Dios y los hombres.

2.  Por eso ser humildes significa: no querer otra cosa que lo que Dios ha dispuesto para nosotros.

1.  El Padre te dio la misión de salvar a nosotros los hombres.

2.  Por eso quieres ser el siervo fiel, fiel hasta la muerte; el Cordero de Dios, que se mantiene disponible para el día de su inmolación.

1.  Siempre estás contento y agradecido por todo: Amas a los niños por ser sencillos y sinceros; rechazas a los fariseos por ser hipócritas. Sin embargo, el la virtud de la humildad lo que llega a ser el tesoro de tu corazón.

2.  Ayúdanos a ser fieles y sinceros como Tú. Presérvanos de toda presunción u soberbia y haz que la sencillez y sinceridad sean apreciadas en la vida pública.

T.  Ayuda también a los pueblos, que buscan la libertad, para que no resten valor a su inde­pendencia, rechazando el Evangelio, sino que busquen auténtica dignidad en la resig­nación y autodeterminación.

 

 

13)   Obediente hasta la muerte

L.  Oh Jesús, siervo obediente de Dios, Tú mis­mo resumiste tu vida en estas palabras:

1.  "He bajado del cielo, no para hacer mi volun­tad, sino la voluntad del que me ha enviado" (Jn 6,8). "Padre no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22,42).

2.  ¿Por qué es tu vida una vida de obediencia hasta la muerte en la cruz? En su desobe­diencia Adán separó a toda la humanidad de Dios; y en tu obediencia nos llevaste nueva­mente al seno del Padre.

1.  Obedecer, servir, es entregar su voluntad y libertad a Dios. Así, la verdadera obediencia es amor perfecto y da sentido y plenitud a la vida.

2.  El que obedece a Dios y por amor a Dios, a la autoridad legitima, ama y vive el espíritu de tu Corazón.

1.  Has que los hombres de hoy, con su anhelo de libertad, comprendan que la obediencia, querida por Dios, es amor y por eso libertad.

2.  Líbranos de los que gobiernan con arbi­trariedad y tiranía. Y da valentía y fe profunda a los que sufren injusticias, dominación y persecución.

T.  Danos un corazón obediente como el tuyo, siempre atento a la voluntad de tu Padre en amor y generosidad

 

 

14)   Centro de la vida familiar

L.  Jesús Hermano Nuestro, durante treinta años has vivido en Nazaret, has santificado la vida familiar por tu trabajo y oración, por tu amor y obediencia.

1.  Tu primer milagro lo realizas en una bodas. Por medio de este símbolo quieres mani­festar que: En tu reino la familia cristiana ha de ser santuario de la gracia, imagen del amor de tu corazón a tu Esposa, la Iglesia.

2.  Por el sacramento del matrimonio los esposos son consagrados para servir a la vida de los futuros hijos del Dios. Además las bodas terrestres señalan las bodas celestiales en la gloria eterna.

1.  Por eso de la familia consagrada han de surgir aquellas almas que consagran todo su amor a tu corazón y entregan su vida a Ti y tu Reino.

2.  Dirige tu mirada bondadosa a nuestras familias para que reconozcan su dignidad y misión.

T.  Y has que germinen en ellas muchas voca­ciones sacerdotales y religiosas.

L.  La renovación de la vida familiar, en el espíritu y en el amor de tu corazón, da de ser nuestra preocupación principal;

T.  Pues sin familias santas y llenas de fe no puede sanar el mundo actual.

 

 

15)   Rico en la pobreza

L.  Jesús, Maestro Nuestro, tu amas al Padre. Pues, "Donde está tu tesoro, allí está tam­bién tu corazón" (Tm 6,21).

1.  Por eso no buscaste las cosas de este mundo; más bien quisiste nacer pobre, vivir pobre, y morir pobre, aunque no despreciaste las cosas de este mundo.

2.  Nadie habló con tanto cariño de los campos y de la siembra, del pan y del pescado, de las flores y de los pájaros como Tú.

1.  Todo te revelaba el amor del Padre, todo irradiaba su bondad.

2.  No rechazaste el vino en las bodas ni el banquete en la casa de fariseo; pero también te contentaste con los granos de las espigas arrancadas y con el banco de remeros para descansar.

1.  Estuviste agradecido al Padre por todo.

2.  Fuiste el más rico, aunque no poseías nada; el más dichoso porque no podías perder nada; el más feliz, porque tu corazón siempre estuvo contento.

T.  Danos la felicidad de tu corazón.

L.  Haz que nuestro mundo comprenda que ni el dinero ni los bienes materiales hacen feliz ni al rico ni al pobre rico.

T.  Haz que en los pobres y ricos reine el espíritu de tu corazón, los libre del espíritu materia­lista y que reine en ellos la justicia y el amor.

 

 

16)    Lleno de bondad para con los hombres

L.  Buen Jesús, lleno de admiración San Pablo exclamaba; "Se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador; y su amor a los hom­bres, El nos salvó". (Ti 3,4)

1.  Tiene razón. Tu quieres el bien de todos, por­que eres bueno de corazón. Así como el Padre te ama a ti y Tu al Padre, así nos amas Tú.

2.  De allí el simbolismo: tu corazón herido y rodeado de llamas y corona de espinas. Así también nuestro amor a Ti solo es auténtico en cuanto amamos a nuestros hermanos con la misma bondad con la que nos amas Tú.

1.  por la sangre que brotó de tu corazón, todos somos hijos de un mismo Padre y hermanos entre nosotros.

2.  Desde toda la eternidad nos amas a todos sin distinción no sólo con palabras, sino que te entregaste por nosotros a la muerte en la cruz, a pesar de nuestra ingratitud.

1.  Por eso nos dices: "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn 13, 34 s).

2.  Tal amor abre el corazón y lo hace accesible a las necesidades de los demás, pero el egoísmo endurece el corazón. Donde el amor pierde su calor, allí mueren la fe y la piedad.

1.  No permitas que toleremos que tantos her­manos nuestros mueran de hambre, mien­tras nosotros llevamos una vida cómoda. Haznos comprensivos frente a los dolores de los demás; generosos frente a su miseria y bondadosos para con los que sufren angus­tias del alma.

 

17)   Lleno de amor para con los enemigos

L.  Maestro bueno, como en ningún otro lugar revelas la profundidad de tu corazón al rezar por tus verdugos: "Padre, perdónales, por­que no saben lo que hacen" (Lc 23,24).

1.  Amas a los que te odian; perdonas a los que te asesinan, buscas el bien de tus enemigos como si fueran tus amigos.

2.  "Habéis oído que se dijo a los antepasados: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestro enemigo y orad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial" (Tm 5,43ss).

1.  Este es el espíritu de tu corazón. Ay de nosotros que lo olvidamos con tanta frecuen­cia! El odio y la enemistad envenenan la vida entre las naciones; el engaño, la política; la desunión, la familia. En la vida social domi­nan la desconfianza y la antipatía, la envidia y las sospechas.

2.  Todos nosotros somos culpables, ya que cada uno de nosotros piensa en sí mismo y reclama su derecho - porque no sabemos ni perdonar ni olvidar.

T.  Da a los gobernantes mentalidad y actitud cristiana y a nosotros el espíritu de perdón y comprensión.

L.  Has que los pueblos se perdonen, se acer­quen a las naciones y juntamente busquen la paz y la justicia.

T.  Que aprecien la nobleza de corazón y sus auténticos valores más que la energía nu­clear y la tecnología.

 

18)    Salud de las naciones

L.  Salvador del mundo, el amor salvador de tu corazón abarca a toda la humanidad. Nadie es excluido. desde la cruz quieres "atraer a todos hacia Ti" (Jn 12,32) pues tu sangre lo derramaste "por muchos" (Tm 26,28).

1.  Quieres "que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad".

2.  Antes de subir al cielo enviaste a tus Apóstoles a todo el mundo para que reúnan a todos los pueblos en tu Iglesia.

1.  Para eso quieres quedar entre nosotros hasta el fin del mundo. El deseo de tu corazón es y será: la salvación de todos los pueblos, la expansión de tu iglesia sobre toda la tierra, la entrega generosa de muchos misioneros para la evangelización de los hombres.

2.  Esta obra la comenzaste estando en la tierra; ahora la continúas por medio de tu iglesia.

1.  Tu mismo vives y obras por medio de cada misionero para salvar al hombre por el hom­bre - ¡misionero de tu corazón!

2.  Misterio de tu amor! El que conoce tu corazón se siente llamado a la cooperación.

T.  Haz que reconozcamos que el despertar actual de continentes enteros en el campo político es la hora para las obras misionales de la Iglesia.

L.  Danos conciencia de que todos los bautiza­dos somos llamados a evangelizar.

T.  A ejemplo Tuyo, nuestra voluntad de colabo­rar ha de brotar del corazón; más, el corazón no pregunta: "que he de hacer", sino "que puedo hacer".

 

 

19)        Modelo de nuestra expiación

L.  Señor y Redentor nuestro, el Papa Pío Xl definió la veneración y adoración de tu sagra­do Corazón como suma de nuestra religión y como medios para alcanzar una vida cris­tiana perfecta.

1.  Tú mismo eres el centro de nuestra fe y tu corazón nos manifiesta que en nuestra rela­ción con Dios sólo tiene valor el amor perso­nal.

2. Por eso, toda la obra salvífica se basa en el amor de tu corazón. Tú nos amas y nos das tu infinita misericordia.

1.  Pero más grande aún es tu amor al Padre. A El, al Dios ofendido, quieres ofrecerle la ex­piación por nuestros pecados.

2.  Expiar significa: dar por amor lo que el pe­cador niega conscientemente; significa: tributar al ofendido un honor tal, que sobre­pase el agravio sufrido.

1.  Así tu sacrificio en la cruz fue una gracia para nosotros, expiación al Padre y de allí, reden­ción para el mundo.

2.  Pero, tu amor es más grande aún. Tú nos dejas participar de la fuerza expiatoria de tu cruz. Nos acoges en tu amor para ofrecer reparación al Padre por las culpas nuestras y ajenas y dejándonos participar en la sal­vación del mundo. Qué misterio!

1.  Qué responsabilidad! Pues todo depende de nosotros. Toda oración, toda obra por tu re­ino, toda renuncia así mismo por amor a ti es participar en tu obra expiadora.

2.  Tú mismo nos has pedido amor reparado.

T.  Nuestro tiempo necesita hombres que sigan este llamado.

 

 

20)     Conciencia del mundo

L.  Jesús, Salvador de mundo, la "venida del reino de Dios" es la gran preocupación de tu corazón. El poder y la benevolencia del Pa­dre han de reinar en todo el mundo.

1.  San Pablo comprendió la intención de tu corazón cuando escribió: "Siendo sinceros en el amor; crezcamos en todo hasta aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo recibe trabazón y cohesión por medio de toda clase de junturas... realizando así el crecimiento del cuerpo para su edificación en el amor

2.  Os digo, pues, esto y os conjuro en el Señor; que no viváis ya como viven los gentiles, según la vaciedad de su mente, sumergido su pensamiento en las tinieblas y excluido de la vida de dios por la ignorancia que hay en ellos, por la dureza de su cabeza.

1.  No es éste el Cristo que vosotros habéis aprendido, si es que habéis oído hablar de El y en El habéis sido enseñados, conforme a la verdad de Jesús, a despojaros, en cuanto a nuestra vida interior, del hombre viejo... y a revestiros del Hombre Nuevo, creado se­gún Dios, en la justicia y santidad de la ver­dad" (Te 4, 15 ss).

2.  Esta palabra vale también para hoy y es un relato para nuestra conciencia cristiana.

T.  Todos somos responsables del espíritu del tiempo y cada uno de nosotros debe preocu­parse, a fin de que prensa, radio y televisión sirvan a la verdad y al amor y que tu corazón llegue a ser la conciencia del mundo.

 

 

III.  CORAZÓN DE JESÚS NUESTRA VIDA VN EL PADRE

 

 

21)        Honor y Gloria del Padre 

L.  Señor y Redentor nuestro, tu muerte en la cruz fue la realización del anhelo de tu Cora­zón: la glorificación del Padre.

1.  Por eso, antes de morir oras: "Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti" (Jn 17,1).

2.  Súplica misteriosa! Tu muerte es la mayor honra y adoración del Padre.

1.  Porqué? Nadie conoce al Padre tan perfecta­mente como su Hijo. Ante tu Padre vibras de admiración y asombro.

2.  Tu Corazón es un derroche del amor del Padre al mundo. Al abrirse tu corazón en la cruz, se cumple el plan salvador del Padre sobre este mundo.

1.  Es la hora en la que el "Padre es adorado en espíritu y en verdad" (cf. Jn 4,23), porque tu corazón le ofrece el supremo honor y amor. Por eso invitas al mundo moderno a glorificar al Padre en Ti y contigo.

2.  Haz que los descubrimientos de la conciencia y los progresos de técnica, sean un himno de alabanza a la gloria de Dios.

T.  Y que el hombre de hoy, en su afán de superación, encuentre el ambiente y el tiempo necesario para adorar junto contigo al Padre.

 

 

22)     Consagrado al dolor

L.  Oh Jesús, tu corazón está marcado con una herida mortal, rodeado de espinas, soportas la cruz.

1.  Todo esto habla de dolor. Porqué? el su­frimiento y la muerte tiene su origen en el pecado; pues, quien se aleja de Dios, elige la muerte y lo que conduce a la muerte.

2.  Tú has convertido el sufrimiento en gracia, al aceptar incondicionalmente la muerte como voluntad del Padre y al devolver lo que Adán le quitó; adoración gratuita y amor.

1.  En Ti también nosotros somos llamados a esta entrega; también nuestros dolores, lle­vados a ejemplo tuyo, desde ahora son ben­decidos en tu cruz.

2.  Misterio insondable de tu Corazón traspasado! Quien acepta la cruz que Dios le manda, participa en tu obra salvadora, se entrega así mismo al Padre en humildad, fidelidad y valentía.

1.  Los dolores, soportados con paciencia expían la culpa propia y ajena y nos confirman en el amor.

2.  Qué necio, pensar que la veneración de tu Corazón herido es inadecuado para el tiempo de hoy! El valor de este corazón lo necesitan todos aquellos que tienen manos marcadas por el trabajo, la espalda encor­vada y el alma llena de preocupaciones.

T.  Señor, ayuda a todos aquellos que llevan la vida como una carga:

L.  Conforta a los enfermos, a los accidentados y a los moribundos.

T.  A todos se les "ha concedido la gracia de que por Cristo... no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis con él" (Fil 1,29).

 

 

23)     Símbolo de nuestra amistad con Dios

L.  Señor y Maestro nos has llamado "amigos" (Jn 15,15). En esta  palabra está contenida toda la afabilidad y bondad de tu Corazón.

1.  Toda tu vida es una confirmación, cuán en serio has tomado el amor a los amigos; pero esta palabra toca nuestra conciencia; pues, amistad es amor mutuo. Donde alguien la niega, ya languidece la amistad.

2.  El que es amigo da su corazón, y lo da todo. Por eso dices "El que no está conmigo, está contra Mi, y el que no recoge conmigo, de­sparrama" (Mt 12,30).

1.  El que ama a su Padre o su madre más que a Mi, no es digno de Mi (Mt 10,37).

2.  Esta palabra tuya no es dura para aquel que alguna vez ha experimentado en la profundi­dad de su corazón lo que significa ser amado por ti.

1.  Al contrario. En el bautismo nos impusiste tu mano y nos dijiste: "Te he llamado por tu nombre. Tú eres mío" (Is 43,1).

2.  A Ti hemos de pertenecer por el tiempo y la eternidad! Sólo a ti hemos de brindar nuestro amor. Y sólo en ti podemos y hemos de amar todo lo demás, también a nuestros seres más queridos. Pues, todo amor procede de tu Corazón.

T.  por eso te suplicamos: Enséñanos a amar todo lo que apreciamos en esta vida.

L.  Oremos especialmente por aquellos que más necesitan de tu amor.

T.  Por los pecadores que se han alejado de Ti.

 

 

24)      Fuente de santidad para todo el mundo 

L.  Divino Salvador, tu Corazón es santo, porque participa de la santidad infinita de tu natu­raleza divina, porque toda santidad humana es gracia de tu corazón.

1.  Tú anhelas una sola cosa: santificarnos más, hacernos crecer en el amor al Padre hasta que lleguemos a participar de la vida de la Santísima Trinidad.

2.  Por eso rezas antes de subir a la cruz. "Por ellos me consagro a mi mismo en la muerte, para que ellos también sean consagrados en la verdad" (Jn 17,19).

1.  Haznos comprender que el único fin de nues­tra vida es nuestra santificación: que ser santo no significa otra cosa que ser agracia­dos y amados por Dios, dejarse amar por Dios y con su ayuda responderle a este amor.

2.  Por eso, la veneración de tu Corazón es el camino, más seguro hacia la santidad; pues en él encontramos el ideal más puro de la santidad humana.

1.  Tu corazón es fuente y ejemplo de la entrega auténtica y amorosa al Padre por la que toda santidad llega a la perfección.

2.  Danos a conocer tu Corazón, haznos amar tu Corazón para que en este amor lleguemos a ser santos.

T.  Así como ardía tu Corazón en deseos de santificar a los hombres, así haznos también santos a una vida santa. Haznos portadores y mensajeros de la santidad de tu Corazón.

 

25)   Ejemplo de entrega total

L. Señor y Salvador nuestro, tu Corazón es un corazón que salva. Con amor inefable lo entregaste al mundo no para juzgarlo, sino para salvarlo, para "buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19,10).

1. Tú sigues caminando por este mundo y bus­cas a hombres que comprendan tu Corazón y respondan a la llamada de tu amor.

2. Tú te regocijas cuando alguien te pregunta como San Juan "Maestro, donde vives?" (Jn 1,38) y pone su vida en tus manos; cuando un Andrés llama a su hermano Pedro, un Mateo deja el despacho de impuesto y una María se coloca a tus pies para escucharte.

1. Todos ellos han entregado su corazón al Tuyo. También al joven rico invitaste y te pusiste triste, cuando él se marchó apenado.

2. Estuvo apegado demasiado a los bienes de éste mundo. Con cuánta frecuencia has de experimentar esto hoy en día? No porque llamas con menos frecuencia se disminuyen las vocaciones sacerdotales y religiosas, sino porque muchos se han vuelto sordos por el bullicio del mundo.

1. Muchas veces es el ambiente incomprensivo y saturado que impide el crecimiento y el desarrollo de la vocación.

2.  Señor, haznos dignos de nuevas vocaciones.

T.  Todos nosotros somos responsables de las vocaciones de hoy.

L.  "No la maldad de los perversos es el gran peligro para el tiempo de hoy,

T. sino el cansancio de los buenos" (Pio XII)

 

 

26)  Unido con el Padre en la oración

L.  Jesús, Hijo de Dios, Tú y el Padre son uno: uno en el conocer, uno en el querer y uno en el amar.

1.  Siendo Palabra eterna del Padre, respuesta eterna a su amor, descansas en la felicidad del Padre.

2.  Tu Oración en esta tierra es el eco del colo­quio de la Santísima Trinidad.

1.  Por eso te sentiste impulsado de salir a la noche, a la soledad, al desierto para unirte con el Padre en la oración.

2.  Tus ojos resplandecieron, tu rostro brilló; por eso tus discípulos te suplicaron: "Maestro, enséñanos a orar" (LC 11,1).

1.  Les enseñaste a repetir aquellos pensamien­tos que aquel momento conmovieron tu co­razón en la unión íntima con tu Padre.

2. Cómo arde el Padre Nuestro (Mt 6,9) de tu celo por la gloria, la voluntad y el reino del Padre!

1.  Pero al mismo tiempo has rezado por nosotros: Por nuestro pan de cada día, por el perdón de nuestras culpas y por nuestras necesidades.

2.  Ahora podemos rezar nosotros con la ampli­tud y la confianza de tu Corazón.

1.  Señor, cuán prodigioso es tu oración! Toda la creación retiene el aliento, cuando rezamos; cuando nos colocamos en nombre de todo el mundo en la presencia de Dios, diciendo: "Padre Nuestro".

2.  Pones en nuestros labios el canto de ala­banza a la gloria del Padre; haces depender de nuestra oración el destino del mundo y quieres que llevemos las necesidades de nuestros hermanos ante el trono de tu Padre.

T.  Señor, ayúdanos a rezar conforme a tu Co­razón.

 

 

27)          Complacencia del Padre

L.  Divino Salvador, cuando, después del bau­tismo, saliste del agua para iniciar tu vida pública, escuchaste las palabras: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco" (Mt 3.).

1.  Tu entrega a la obra salvadora le agrada al Padre; y tu corazón no conoce obra más grande que complacerle a El haciendo lo que a El le agrada.

2.  Tú puedes decir: "El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a El" (Jn 8,29).

1.  Ya que el Padre está siempre unido a Ti en el amor, le manifiestas fidelidad y haces lo que a El le complace.

2.  El puede contar contigo. Tu conoces su an­helo: atraer el mundo a su amor. Nosotros no podemos hacer cosa más grande que aten­der los deseos de tu Corazón:

1.  apoyarnos en Ti para que el Padre sea cono­cido mejor y amado más fervientemente.

2.  No espera de nosotros grandes rendimientos, ni éxitos, ni obras realizadas por propia fuer­za: solamente puede complacerse de nues­tra buena voluntad y disponibilidad de entre­garle nuestro corazón en amor.

T.  Líbranos de la creación que la propaganda y las estadísticas pueden sustituir nuestro amor. Mas bien, haznos decir con el publi­cano: "Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador! (Lc 18,13)

 

 

28)          Camino hacia el Padre

L.  Señor Jesucristo, cuando durante la última cena tus discípulos te suplicaron les enseñes el camino hacia el Padre, Tú les respondiste: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por Mi.. El que me ha visto a Mí ha visto al Padre... Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mi" (Jn 14, 5 ss).

1.  Con esto has encaminado nuestra vida hacia el Padre. En tu persona, tu sentimientos y tu corazón hallamos el camino hacia el, porque tú y el Padre son uno.

2.  La bondad del Padre y su amor se reflejan en tu Corazón El que piensa como Tú, el que obra como Tú, vive en el Padre y el Padre en él.

1.  Para él que se niega a asimismo y busca la gloria del Padre, para él que en profesión escucha la llamada del Padre de conducir el mundo hacia su reino, eres Tú el Camino al Padre.

2.  Por esto basta identificarnos con tu Corazón; ya que tú mismo dices: "El que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré y me manifestaré a él" (Jn 14,21).

L.  Señor, en el caos de la ideologías del tiempo actual danos la firmeza de seguir fielmente la verdad y los principios de vida, que tu Corazón nos enseña.

T.  Queremos "permanecer en tu amor" (Jn 15,9).

 

 

29)          Nuestra esperanza en la eternidad

L.  Señor Glorioso, en unión con el Padre y en comunión con el Espíritu Santo reinas por toda la eternidad.

1.  Desde ahora tu Corazón anhela una sola cosa: que permanezcamos en tu amor y que algún día estemos contigo en la gloria eterna.

2.  Tu corazón es nuestra esperanza y nos ga­rantiza que jamás nos olvidas, que nos tienes presente en cada momento y que siempre estás pronto a perdonar ayudarnos.

1.  Por eso diste a conocer el mundo moderno tu corazón y por medio de Santa Margarita María llamaste a todos los fieles a amar y venerar tu Corazón.

2.  Desde entonces la Iglesia no se cansa en exhortarnos, poner toda nuestra esperanza en tu Corazón y buscar en él la solución de los problemas del tiempo de hoy.

1.  Más, ayúdanos: amar tu Sagrado Corazón no sólo con los labios, sino con todo nuestro ser; no olvidar que el autentico amor va al en­cuentro del amado, se entrega a el y busca estar unido con él para siempre.

T.  Despierta en nosotros el deseo de poder ver algún día tu Sagrado Corazón en la gloria eterna y en él al Padre.

 

 

30)     Nuestro Intercesor ante el Padre

L.  Señor Glorioso, en la víspera de tu pasión dijiste: "Me voy al Padre.. Y lo que pidáis Padre en mi nombre, os lo dará..."  (Jn 16,17.23) para que así el Hijo sea glorificado en el Padre.

T.  Pedir en tu nombre significa: orar según los sentimientos y el espíritu de tu Corazón. Por eso, acoge en tu Corazón las precauciones de nuestros días y llévalos ante el Padre.

- Para que el Padre se adorado y glorificado, roguemos al Señor,

T.  Te lo pedimos Señor.

- Para que los pueblos y naciones busquen la voluntad de Dios y no obstaculicen la venida de su Reino,

T.  Roguemos al Señor.

- Para que los pueblos en vía de desarrollo descubran en tu Evangelio la autentica liber­tad y en tu amor, su única ley,

T.  Roguemos al Señor.

- Para que los gobernantes de los pueblos y los responsables de la paz en el mundo utilicen la energía atómica en bien de toda la humanidad,

T.  Roguemos al Señor.

- Para que la iglesia mantenga vivo en noso­tros el ideal de asemejamos a tu Corazón,

T. Roguemos al Señor.

Para que nuestros hermanos separados lleguen a unirse con nosotros en la fe, y los incrédulos a la luz de la verdad,

T. Roguemos al Señor.

- Para que los pecadores busquen en tu Corazón el perdón y la paz y que los difuntos encuentren en Ti el descanso eterno,

T. Roguemos al Señor.

- Para que algún día lleguemos a contemplar tu Sagrado Corazón en la gloria eterna.

T. Roguemos al Señor.

 

31 Letanías del Sagrado Corazón

Corazón de Jesús, Hijo del Eterno Padre:

-   Revela a tu Padre a todos los hombres.

Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Maria:

-   Envía tu Espíritu Santo a nuestros corazones ¡ y fórmalos según tu corazón.

Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo de Dios:

- Atráenos más y más hacia Ti. Corazón de Jesús, de majestad infinita:

-   Impúlsanos a bendecir y alabarte sin cesar.

Corazón de Jesús, templo santo de Dios:

-       Ayúdanos para que seamos cada vez más templos de Dios.

Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo:

-          Transfórmanos en tu tabernáculo ¡ donde los demás puedan encontrar a Dios.

Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo:

-       Muéstranos el camino al cielo ¡ para vivir contigo por toda la eternidad.

Corazón de Jesús, hoguera ardiente de caridad:

-      Enciende en el mundo entero el fuego de tu amor.

Corazón de Jesús, donde habitan la justicia y el amor_ 

-      Concédenos participar cada vez más de tu amor.

Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor:

-      Llena también nuestros corazones ¡ de amor verdadero, de bondad y de misericordia.

Corazón de Jesús, de donde brotan todas las virtudes:

-      Siembra en nuestros corazones las virtudes de tu amor ¡ para que seamos verdaderos discípulos tuyos.

-     Concédenos glorificarte ¡ por medio de una vida santa.

Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones:

-    Implanta el Reino de tu amor 1 en los cora­zones de todos los hombres.

Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia:

-  Concédenos relacionarnos más íntimamente contigo ¡ y así comprender mejor tu amor.

Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad:

-     Que todos los hombres Te conozcan a Ti, ¡ el Hijo del Padre eterno ¡ quien contigo y el Espíritu Santo ¡ es un solo Dios.

Corazón de Jesús, en quien el Padre tiene todas las complacencias:

-   Que todas nuestras obras sean agradables ¡ante el Padre celestial.

Corazón de Jesús, ansia eterna de toda la creación:

-      Despierta en nosotros el deseo ¡ de mirarte, de encontrarte y de estar a tu lado.

Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido:

-      Infunde en nosotros corazones la gracia de tu amor y de tu santidad.

Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia:

Corazón de Jesús, digno de toda alabanza:

-   Que todos los pecadores conozcan tu miseri­cordia ¡ y que se dirijan a Ti en busca del perdón.

Corazón de Jesús, rico para todos los que Te invocan:

-   Atiende las súplicas que Te dirigimos ¡ para que venga tu Reino.

Corazón de Jesús, fuente de vida y de san­tidad:

-   Haznos participes de tu vida divina ¡ y llénanos de tu santidad.

Corazón de Jesús, saciado de oprobios por nuestras injurias:

-   Enséñanos a seguirte ¡ por el camino de la humildad, ¡ que aprendamos a recibir humilla­ciones ¡y así asemejamos más a Ti.

Corazón de Jesús, triturado por nuestros pecados:

-   Llena nuestros corazones con pensamientos de arrepentimiento y contrición ¡ por nuestros pecados.

Corazón de Jesús, obediente hasta la muer­te:

-   Sí, hasta la muerte en la cruz ¡ donde Te entregaste por la salvación del mundo. ¡ Ayú­danos a obedecer siempre ¡ y permítenos colaborar con nuestra obediencia ¡ en la sal­vación del mundo.

Corazón de Jesús, traspasado por la lanza:

-   Derrama sobre nosotros ¡ los torrentes de gracia ¡ que brotan de tu corazón abierto.

Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo:

-   Se siempre para nosotros la alegría verdadera ¡ y nuestro consuelo.

 

Corazón de Jesús, vida y resurrección nues­tra:

-   Resucita a todos los que están muertos por el pecado ¡ para que puedan vivir en tu gracia.

Corazón de Jesús paz y reconciliación nues­tra:

-   Concédenos la reconciliación a todos los hom­bres ¡ y la paz al mundo entero 

Corazón de Jesús, víctima por los  pecados:

-   Convierte a todos los pecadores ¡ y recíbelos en tu bondad.

Corazón de Jesús, salvación de 105 que en Ti esperan:

-   A nosotros que esperamos en Ti, líbranos de todo mal y protégenos con tu amor.

Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren:

-   Que vivamos siempre en tu amor y que en tu amor también podamos morir. 

Corazón de Jesús, alegría de todos los san­tos:

-   Tú serás nuestra delicia en el cielo, se ya en esta vida nuestra alegría.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

-   Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo:

-   Ten piedad de nosotros.

Jesús, manso y humilde de corazón:

-   Haz nuestro corazón semejante al tuyo.

(1) OREMOS: Padre eterno, enciende en nuestros corazones el fuego de tu amor que ardía en el Corazón de tu Hijo, para que amemos sólo a Ti y todo lo demás sólo por Ti, hasta que lleguemos a amarte para siempre en el cielo, la patria de todo amor. Esto Te lo pedimos por Cristo, nuestro Señor.

(2) Señor Jesucristo, Tu nos enseñaste que el amor a Dios tiene que comprobarse en el amor al prójimo. Ayúdanos a superar nuestro egoísmo y a irradiar el bien en nuestro ambi­ente. Infunde, por favor, en nuestros corazones la bondad cariñosa y el amor de tu corazón para que nosotros lleguemos a ser reflejos de tu amor y seamos así reconocidos como tus discípulos. Tu que vives y reinas por los siglos de los siglos.

T. Amén.

 

 

 


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