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DIRECTORIO GENERAL PARA LA CATEQUESIS - SEGUNDA PARTE: El mensaje evangélico

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“ Padre, ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo ” (Jn 17, 3).

“ Jesús proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Remo de Dios está cerca: convertios y creed en la Buena Nueva ” (Mc 1,14-15).

“ Os recuerdo el Evangelio que os proclamé... Lo primero que os transmití, como lo había recibido, fue esto: Que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día, según las Escrituras ” (1 Co 15, 1-4).

Significado y finalidad de esta parte

92. La fe cristiana, por la que una persona da el “ sí ” a Jesucristo, puede ser considerada en un doble aspecto:

— Como adhesión a Dios que se revela, hecha bajo el influjo de la gracia. En este caso la fe consiste en entregarse a la Palabra de Dios y confiarse a ella (fides qua).
— Como contenido de la Revelación y del mensaje evangélico. La fe, en este sentido, significa el empeño por conocer cada vez mejor el sentido profundo de esa Palabra (fides quae).

Estos dos aspectos, por su propia naturaleza, no pueden separarse. La maduración y crecimiento de la fe exigen que ambas dimensiones progresen orgánica y coherentemente. Sin embargo,
por razones metodológicas, ambos pueden considerarse separadamente. (295)

93. En esta segunda parte se trata del contenido del mensaje evangélico (fides quae).

— En el capítulo primero se indican las normas y criterios que debe seguir la catequesis para fundamentar, formular y exponer su propio contenido. Cada forma del ministerio de la Palabra, en efecto, ordena y presenta el mensaje evangélico con arreglo a su carácter propio.
— El capítulo segundo se refiere al contenido de la fe tal como se expone en el Catecismo de la Iglesia Católica, que es texto de referencia doctrinal para la catequesis. Se ofrecen por ello algunas indicaciones que puedan ayudar a asimilar e interiorizar el Catecismo, así como a situarlo dentro de la acción catequizadora de la Iglesia. Igualmente, se presentan algunos criterios para que, en referencia al Catecismo de la Iglesia Católica, se elaboren en las Iglesias particulares Catecismos locales que, guardando la unídad de la fe, tengan debidamente en cuenta las diversas Situaciones y culturas.

CAPITULO 1

Normas y criterios para la presentación del mensaje evangélico en la catequesis

“ Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales ” (Di 6,4-9).

“ Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros ” (Jn 1,14).

La Palabra de Dios, fuente de la catequesis

94. La fuente de donde la catequesis toma su mensaje es la misma Palabra de Dios:

“ La catequesis extraer siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura, dado que la Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura constituyen el único depósito sagrado de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia ”. (296)

Este “ depósito de la fe ” (297) es como el arca del padre de la casa, que ha sido confiado a la Iglesia, la familia de Dios, y de donde ella saca continuamente lo viejo y lo nuevo. (298) Todos los hijos del Padre, animados por su Espíritu, se nutren de este tesoro de la Palabra. Ellos saben que la Palabra de Dios es Jesucristo, el Verbo hecho hombre y que su voz sigue resonando por medio del Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo.
La Palabra de Dios, por admirable “ condescendencia ” (299) divina, se dirige y llega a nosotros a través de “ obras y palabras ”humanas, “a la manera como un día el Verbo del Padre eterno, al tomar la carne de la flaqueza humana, se hizo semejante a los hombres ”.(300) Sin dejar de ser Palabra de Dios, se expresa en palabra humana. Cercana, permanece sin embargo velada, en estado “ kenótico ”. Por eso la Iglesia, guiada por el Espíritu, necesita interpretarla continuamente y, al tiempo que la contempla con profundo espíritu de fe, “ la escucha piadosamente, la custodia santamente y la anuncia fielmente ”.(301)

La fuente y “ las fuentes ” del mensaje de la catequesis (302)

95. La Palabra de Dios contenida en la Sagrada Tradición y en la Sagrada Escritura:

— es meditada y comprendida cada vez más profundamente por el sentido de la fe de todo el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, que la enseña con autoridad;
— se celebra en la liturgia, donde constantemente es proclamada, escuchada, interiorizada y comentada;
— resplandece en la vida de la Iglesia, en su historia bimilenaría, sobre todo en el testimonio de los cristianos, particularmente de los santos;
— es profundizada en la investigación teológica, que ayuda a los creyentes a avanzar en la inteligencia vital de los misterios de la fe;
— se manifiesta en los genuinos valores religiosos y morales que, como semillas de la Palabra, están esparcidos en la sociedad humana y en las diversas culturas.

96. Todas éstas son las fuentes, principales o subsidiarias, de la catequesis, las cuales de ninguna manera deben ser tomadas en un sentido unívoco.(303) La Sagrada Escritura “ es Palabra de Dios en cuanto que, por inspiración del Espíritu Santo, se consigna por escrito ”; (304) y la Sagrada Tradición “ transmite íntegramente a los sucesores de los apóstoles la Palabra de Dios que fue a éstos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo ” (305) El Magisterio tiene la función de “ interpretar auténticamente la Palabra de Dios ”, (305) realizando —en nombre de Jesucristo— un servicio eclesial fundamental. Tradición, Escritura y Magisterio, íntimamente entrelazados y unidos, son, “ cada uno a su modo ”, (307) fuentes principales de la catequesis.
Las “ fuentes ” de la catequesis tienen cada una su propio lenguaje, que queda plasmado en una rica variedad de “ documentos de la fe ”. La catequesis es tradición viva de esos documentos: (308) perícopas bíblicas, textos litúrgicos, escritos de los Padres de la Iglesia, formulaciones del Magisterio, símbolos di testimonios de santos, reflexiones teológicas.
La fuente viva de la Palabra de Dios y las “ fuentes ” que ella derivan y en las que ella se expresa, proporcionan a la catequesis los criterios para transmitir su mensaje a todos aquello que han tomado la decisión de seguir a Jesucristo.

Los criterios para la presentación del mensaje

97. Los criterios para presentar el mensaje evangélico en la catequesis están íntimamente relacionados entre sí, pues brotar una única fuente.

— El mensaje, centrado en la persona de Jesucristo (cristetrismo), por su propia dinámica interna, introduce en la dimensión trinitaria del mismo mensaje.
— El anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios, centrado en el don de la salvación, implica un mensaje de liberación.
— El carácter eclesial del mensaje remite a su carácter histórico, pues la catequesis —como el conjunto de la evangelización se realiza en el “ tiempo de la Iglesia ”.
— El mensaje evangélico, por ser Buena Nueva destinación todos los pueblos, busca la inculturación, la cual se lograr profundidad sólo si el mensaje se presenta en toda su integridad y pureza.
— El mensaje evangélico es necesariamente un mensaje orgánico, con su jerarquía de verdades. Es esta visión armónica Evangelio la que convierte en acontecimiento profundamente significativo para la persona humana.

Aunque estos criterios son válidos para todo el ministerio la Palabra, aquí se presentan referidos en relación a la catequesis.

El cristocentrismo del mensaje evangélico

98. Jesucristo no sólo transmite la Palabra de Dios: El es la Palabra de Dios. Por eso, la catequesis —toda ella— está referida a El.
En este sentido, lo que caracteriza al mensaje que transmite la catequesis es, ante todo, el “ cristocentrismo ”, (309) que debe entenderse en varios sentidos:

— En primer lugar, significa que “ en el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad ”. (310) En realidad, la tarea fundamental de la catequesis es mostrar a Cristo:
todo lo demás, en referencia a El. Lo que, en definitiva, busca es propiciar el seguimiento de Jesucristo, la comunión con El: cada elemento del mensaje tiende a ello.
— El cristocentrísmo, en segundo lugar, significa que Cristo está “ en el centro de la historia de la salvación ”, (311) que la catequesis presenta. El es, en efecto, el acontecimiento último hacia el que converge toda la historia salvífica. El, venido en “ la plenitud de los tiempos ” (Ga 4,4), es “ la clave, el centro y el fin de toda la historia humana ” (312) El mensaje catequético ayuda al cristiano a situarse en la historia, y a insertarse activamente en ella, al mostrar cómo Cristo es el sentido último de esta historia.
— El cristocentrismo significa, igualmente, que el mensaje evangélico no proviene del hombre sino que es Palabra de Dios. La Iglesia, y en su nombre todo catequista, puede decir con verdad: “ Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado ”(Jn 7,16). Por eso, lo que transmite la catequesis es “ la enseñanza de Jesucristo, la verdad que El comunica o, más exactamente, la Verdad que El es ” . (313) El cristocentrismo obliga a la catequesis a transmitir lo que Jesús enseña acerca de Dios, del hombre, de la felicidad, de la vida moral, de la muerte... sin permitirse cambiar en nada su pensamiento. (314)
Los evangelios, que narran la vida de Jesús, están en el centro del mensaje catequético. Dotados ellos mismos de una “ estructura catequética ”, (315) manifiestan la enseñanza que se proponía a las primitivas comunidades cristianas y que transmitía la vida de Jesús, su mensaje y sus acciones salvadoras. En la catequesis, “ los cuatro evangelios ocupan un lugar central, pues su centro es Cristo Jesús ” (316)

El cristocentrismo trinitario del mensaje evangélico

99. La Palabra de Dios, encarnada en Jesús de Nazaret, Hijo de María Virgen, es la Palabra del Padre, que habla al mundo por medio de su Espíritu. Jesús remite constantemente al Padre, del que se sabe Hijo Único, y al Espíritu Santo, por el que se sabe Ungido. El es el “ camino ” que introduce en el misterio íntimo de Dios. (317)
El cristocentrismo de la catequesis, en virtud de su propia dinámica interna, conduce a la confesión de la fe en Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Es un cristocentrismo esencialmente trinitario. Los cristianos, en el Bautismo, quedan configurados con Cristo, “ Uno de la Trinidad ”, (318) y esta configuración sitúa a los bautizados, “ hijos en el Hijo ”, en comunión con el Padre y con el Espíritu Santo. Por eso su fe es radicalmente trinitaria. “ El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana ” (319)

100. El cristocentrismo trinitario del mensaje evangélico impulsa a la catequesis a cuidar, entre otros, los siguientes aspectos:

— La estructura interna de la catequesis, en cualquier modalidad de presentación, será siempre cristocéntrico-trinitaria: “ Por Cristo al Padre en el Espíritu ” (320) Una catequesis que omitiese una de estas dimensiones o desconociese su orgánica unión, correría el riesgo de traicionar la originalidad del mensaje cristiano. (321)
— Siguiendo la misma pedagogía de Jesús, en su revelación del Padre, de sí mismo como Hijo y del Espíritu Santo, la catequesis mostrará la vida íntima de Dios, a partir de sus obras salvíficas en favor de la humanidad. (322) Las obras de Dios revelan quién es El en sí mismo y, a la vez, el misterio de su ser íntimo ilumina la inteligencia de todas sus obras. Sucede así, analógicamente, en las relaciones humanas: las personas se revelan en su obrar y, a medida que las conocemos mejor, comprendemos mejor su conducta. (323)
— La presentación del ser íntimo de Dios revelado por Jesús, uno en esencia y trino en personas, mostrará las implicaciones vitales para la vida de los seres humanos. Confesar a un Dios único significa que “ el hombre no debe someter su libertad personal, de modo absoluto, a ningún poder terrenal ”. (324) Significa, también, que la humanidad, creada a imagen de un Dios que es “ comunión de personas ”, está llamada a ser una sociedad fraterna, compuesta por hijos de un mismo Padre, iguales en dignidad personal. Las implicaciones humanas y sociales de la concepción cristiana de Dios son inmensas. (325) La Iglesia, al profesar su fe en la Trinidad y anunciarla al mundo, se comprende a sí misma como “ una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo ” (326)

Un mensaje que anuncia la salvación

101. El mensaje de Jesús sobre Dios es una buena noticia para la humanidad. Jesús, en efecto, anunció el Reino de Dios: (327) una nueva y definitiva intervención divina, con un poder transformador tan grande, y aún mayor, que el que utilizó en la creación del mundo. (328) En este sentido, “ como núcleo y centro de la Buena Nueva, Cristo anuncia la salvación: ese gran don de Dios que es liberación de todo lo que oprime al hombre, pero que es sobre todo liberación del pecado y del maligno, dentro de la alegría de conocer a Dios y de ser conocido por El, de verlo, de entregarse a El ” (329)
La catequesis transmite este mensaje del Reino, central en la predicación de Jesús. Y al hacerlo, este mensaje “ se profundiza poco a poco y se desarrolla en sus corolarios implícitos ”, (330) mostrando las grandes repercusiones que tiene para las personas y para el mundo.

102. En esta explicación del kerigma evangélico de Jesús, la catequesis subraya los siguientes aspectos fundamentales:

— Jesús, con la llegada del Reino, anuncia y revela que Dios no es un ser distante e inaccesible, “ no es un poder anónimo y lejano (331) sino que es el Padre, que está en medio de sus criaturas actuando con su amor y poder. Este testimonio acerca de Dios como Padre, ofrecido de una manera sencilla y directa, es fundamental en la catequesis.
— Jesús indica, al mismo tiempo, que Dios con su reinado ofrece el don de la salvación integral: libera del pecado, introduce en la comunión con el Padre, otorga la filiación divina y promete la vida eterna, venciendo a la muerte. (332) Esta salvación integral es, a un tiempo, inmanente y escatológica, ya que “ comienza ciertamente en esta vida, pero tiene su cumplimiento en la eternidad. (333)
— Jesús, al anunciar el Reino, anuncia la justicia de Dios:
proclama el juicio divino y nuestra responsabilidad. El anuncio del juicio de Dios, con su poder de formación de las conciencias, es contenido central del Evangelio y buena noticia para el mundo. Lo es para el que sufre la falta de justicia y para todo el que lucha por implantarla; lo es, también, para el que no ha sabido amar y ser solidario, porque es posible la penitencia y el perdón, ya que en la cruz de Cristo se nos gana la redención del pecado. La llamada a la conversión y a creer en el Evangelio del Reino, que es reino de justicia, amor y paz, y a cuya luz seremos juzgados, es fundamental para la catequesis.
— Jesús declara que el Reino de Dios se inaugura con él, en su propia persona. (334) Revela, en efecto, que él mismo, constituido Señor, asume la realización de ese Reino hasta que lo entregue, consumado plenamente, al Padre, cuando venga de nuevo en su gloria. (335) “ El Reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor se consumará su perfección ”. (336) Jesús indica, así mismo, que la comunidad de sus discípulos, su Iglesia, “constituye el germen y el comienzo de este Reino en la tierra ” (337) y que, como fermento en la masa, lo que ella desea es que el Reino de Dios crezca en el mundo como un árbol frondoso, incorporando a todos los pueblos y a todas las culturas. “ La Iglesia está efectiva y concretamente al servicio del Reino ” (338)
— Jesús manifiesta, finalmente, que la historia de la humanidad no camina hacia la nada sino que, con sus aspectos de gracia y pecado, es —en El— asumida por Dios para ser transformada. Ella, en su actual peregrinar hacia la casa del Padre, ofrece ya un bosquejo del mundo futuro donde, asumida y purificada, quedará consumada. “ La evangelización no puede menos de incluir el anuncio profético de un más allá, vocación profunda y definitiva del hombre, en continuidad y discontinuidad a la vez con la situación presente ”. (339)

Un mensaje de liberación

103. La Buena Nueva del Reino de Dios, que anuncia la salvación, incluye un mensaje de liberación. (340) Al anunciar este Reino, Jesús se dirigía de una manera muy particular a los pobres:
“ Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios. Dichosos los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados. Dichosos los que lloráis ahora, porque reiréis ” (Lc 6,20-21). Estas bienaventuranzas de Jesús, dirigidas a los que sufren, son un anuncio escatológico de la salvación que el Reino trae consigo. Ellas apuntan a esa experiencia tan lacerante a la que el Evangelio es tan sensible: la pobreza, el hambre y el sufrimiento de la humanidad.
La comunidad de los discípulos de Jesús, la Iglesia, participa hoy de la misma sensibilidad que tuvo su Maestro. Con profundo dolor se fija en esos “ pueblos empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello que les condena a quedar al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas, analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales, ... situaciones de neocolonialismo económico y cultural ”. (341) Todas las formas de pobreza, “ no sólo económica sino también cultural y religiosa (342) preocupan a la Iglesia.
Como dimensión importante de su misión, la Iglesia “ tiene el deber de anunciar la liberación de millones de seres humanos entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total ” (343)

104. Para preparar a los cristianos a esta tarea, la catequesis cuidará, entre otros, los siguientes aspectos:

— Situará el mensaje de liberación en la perspectiva de “ la finalidad específicamente religiosa de la evangelización ”, (344) ya que ésta perdería su razón de ser “ si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el Reino de Dios, en su sentido plenamente teológico ”. (345) Por eso, el mensaje de la liberación “ no puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o cultural, sino que debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al Absoluto, que es Dios ”. (346)
— La catequesis, en la tarea de la educación moral, presentará la moral social cristiana como una exigencia y una consecuencia de “ la liberación radical obrada por Cristo ”. (347) Esta es, en efecto, la Buena Nueva que los cristianos profesan, con el corazón lleno de esperanza: Cristo ha liberado al mundo y continúa liberándolo. Aquí se genera la praxis cristiana, que es el cumplimiento del gran mandamiento del amor.
— Igualmente, en la tarea de la iniciación a la misión, la catequesis suscitará en los catecúmenos y en los catequizandos “ la opción preferencial por los pobres ” (348) que, “ lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misión de la Iglesia. Dicha opción no es exclusiva ”, (349) sino que lleva consigo “ el compromiso por la justicia según la función, vocación y circunstancias de cada uno ”. (350)

La eclesialidad del mensaje evangélico

105. La naturaleza eclesial de la catequesis confiere al mensaje evangélico que transmite un intrínseco carácter eclesial. La catequesis tiene su origen en la confesión de fe de la Iglesia y conduce a la confesión de fe del catecúmeno y del catequizando. La primera palabra oficial que la Iglesia dirige al bautizando adulto, después de interesarse por su nombre, es preguntarle: “ ¿Qué pides a la Iglesia de Dios? ”. “ La fe ”, es la respuesta del candidato. (351) El catecúmeno sabe, en efecto, que el Evangelio que ha descubierto y desea conocer, está vivo en el corazón de los creyentes. La catequesis no es otra cosa que el proceso de transmisión del Evangelio tal como la comunidad cristiana lo ha recibido, lo comprende, lo celebra, lo vive y lo comunica de múltiples formas.
Por eso, cuando la catequesis transmite el misterio de Cristo, en su mensaje resuena la fe de todo el Pueblo de Dios a lo largo de la historia: la de los apóstoles, que la recibieron del mismo Cristo y de la acción del Espíritu Santo; la de los mártires, que la confesaron y la confiesan con su sangre; la de los santos, que la vivieron y viven en profundidad; la de los Padres y doctores de la Iglesia, que la enseñaron luminosamente; la de los misioneros, que la anuncian sin cesar; la de los teólogos, que ayudan a comprenderla mejor; la de los pastores, en fin, que la custodian con celo y amor y la enseñan e interpretan auténticamente. En verdad, en la catequesis está presente la fe de todos los que creen y se dejan conducir por el Espíritu Santo.

106. Esta fe, transmitida por la comunidad eclesial, es una sola. Aunque los discípulos de Jesucristo forman una comunidad dispersa por todo el mundo y aunque la catequesis transmite la fe en lenguajes culturales muy diferentes, el Evangelio que se entrega es sólo uno, la confesión de fe es única y uno sólo el Bautismo: “ un solo Señor, una sola fe, un solo Bautismo, un solo Dios y Padre de todos” (Ef 4,5).
La catequesis es, así, en la Iglesia, el servicio que introduce a los catecúmenos y catequizandos en la unidad de la confesión de fe. (352) Por su propia naturaleza alimenta el vínculo de la unidad, (353) creando la conciencia de pertenecer a una gran comunidad que ni el espacio ni el tiempo pueden limitar: “ Desde el justo Abel hasta el último elegido; hasta los extremos de la tierra; hasta la consumación del mundo ”. (354)

Carácter histórico del misterio de la salvación

107. La confesión de fe de los discípulos de Jesucristo brota de una Iglesia peregrina, enviada en misión. No es aún la proclamación gloriosa del final del camino, sino la que corresponde al “ tiempo de la Iglesia ” (355) La “ economía de la salvación ” tiene un carácter histórico, pues se realiza en el tiempo: “ empezó en el pasado, se desarrolló y alcanzó su cumbre en Cristo; despliega su poder en el presente; y espera su consumación en el futuro ”. (356)
Por eso la Iglesia, al transmitir hoy el mensaje cristiano desde la viva conciencia que tiene de él, guarda constante “ memoria ”de los acontecimientos salvíficos del pasado, narrándolos de generación en generación. A su luz, interpreta los acontecimientos actuales de la historia humana, donde el Espíritu de Dios renueva la faz de la tierra y permanece en una espera confiada de la venida del Señor. En la catequesis patrística, la narración (narratio) de las maravillas obradas por Dios y la espera (expectatio) del retorno de Cristo acompañaban siempre la exposición (explanatio) de los misterios de la fe. (357)

108. El carácter histórico del mensaje cristiano obliga a la catequesis a cuidar estos aspectos:
— Presentar la historia de la salvación por medio de una catequesis bíblica que dé a conocer las “ obras y palabras ” con las que Dios se ha revelado a la humanidad: las grandes etapas del Antiguo Testamento, con las que preparó el camino del Evangelio; (358) la vida de Jesús, Hijo de Dios, encamado en el seno de María que con sus hechos y enseñanzas llevó a plenitud la Revelación; (359) y la historia de la Iglesia, transmisora de esa Revelación. Esta historia, leída desde la fe, es también parte fundamental del contenido de la catequesis.
— Al explicar el Símbolo de la fe y el contenido de la moral cristiana por medio de una catequesis doctrinal, el mensaje evangélico ha de iluminar el “ hoy ” de la historia de la salvación. En efecto, “ el ministerio de la Palabra no sólo recuerda la revelación de las maravillas de Dios hechas en el pasado... sino que, al mismo tiempo, interpreta, a la luz de esta revelación, la vida de los hombres de nuestra época, los signos de los tiempos y las realidades de este mundo, ya que en ellos se realiza el designio de Dios para la salvación de los hombres ”. (360)
— Situar los sacramentos dentro de la historia de la salvación por medio de una catequesis mistagógica, que “ relee y revive los acontecimientos de la historia de la salvación en el “ hoy ” de la liturgia ”. (361) Esta referencia al “ hoy ” histórico-salvífico es esencial en esta catequesis. Se ayuda, así, a catecúmenos y catequizandos “ a abrirse a la inteligencia “ espiritual ” de la economía de la salvación ” (362)
— Las “ obras y palabras ” de la Revelación remiten al “ misterio contenido en ellas ”. (363)“ La catequesis ayudará a hacer el paso del signo al misterio. Llevará a descubrir, tras la humanidad de Jesús, su condición de Hijo de Dios; tras la historia de la Iglesia, su misterio como “ sacramento de salvación ”; tras los “ signos de los tiempos ”, las huellas de la presencia y de los planes de Dios. La catequesis mostrará, así, el conocimiento propio de la fe, “ que es un conocimiento por medio de signos ”. (364)

La inculturación del mensaje evangélico (365)

109. La Palabra de Dios se hizo hombre, hombre concreto, situado en el tiempo y en el espacio, enraizado en una cultura determinada: “ Cristo, por su encarnación, se unió a las concretas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió ”.(366) Esta es la originaria “ inculturación ” de la Palabra de Dios y el modelo referencial para toda la evangelización de la Iglesia, “ llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y de las culturas ” (367)
La “ inculturación ” (368) de la fe, por la que se “ asumen en admirable intercambio todas las riquezas de las naciones dadas a Cristo en herencia ”, (369) es un proceso profundo y global y un camino lento. (370) No es una mera adaptación externa que, para hacer más atrayente el mensaje cristiano, se limitase a cubrirlo de manera decorativa con un barniz superficial. Se trata, por el contrario, de la penetración del Evangelio en los niveles más profundos de las personas y de los pueblos, afectándoles “ de una manera vital, en profundidad y hasta las mismas raíces ” (371) de sus culturas.
En este trabajo de inculturación, sin embargo, las comunidades cristianas deberán hacer un discernimiento: se trata de “ asumir ”. (372) por una parte, aquellas riquezas culturales que sean compatibles con la fe; pero se trata también, por otra parte, de ayudar a “ sanar ” (373) y “ transformar ” (374) aquellos criterios, líneas de pensamiento o estilos de vida que estén en contraste con el Reino de Dios. Este discernimiento se rige por dos principios básicos: “ la compatibilidad con el Evangelio de las varias culturas a asumir y la comunión con la Iglesia universal ”. (375) Todo el pueblo de Dios debe implicarse en este proceso, que “ necesita una gradualidad para que sea verdaderamente expresión de la experiencia cristiana de la comunidad ”. (376)

110. En esta inculturación de la fe, a la catequesis, se le presentan en concreto diversas tareas. Entre ellas cabe destacar:

— Considerar a la comunidad eclesial como principal factor de inculturación. Una expresión, y al mismo tiempo un instrumento eficaz de esta tarea, es el catequista que, junto a un sentido religioso profundo, debe poseer una viva sensibilidad social y estar bien enraizado en su ambiente cultural. (377)
— Elaborar unos Catecismos locales que respondan “ a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas (378) presentando el Evangelio en relación a las aspiraciones, interrogantes y problemas que en esas culturas aparecen.
— Realizar una oportuna inculturación en el Catecumenado y en las instituciones catequéticas, incorporando con discernimiento el lenguaje, los símbolos y los valores de la cultura en que están enraizados los catecúmenos y catequizandos.
— Presentar el mensaje cristiano de modo que capacite para “ dar razón de la esperanza ” (1 P 3,15) a los que han de anunciar el Evangelio en medio de unas culturas a menudo ajenas a lo religioso, y a veces postcristianas. Una apologética acertada, que ayude al diálogo “ fe-cultura ”, se hace imprescindible.

La integridad del mensaje evangélico

111. En la tarea de la inculturación de la fe, la catequesis debe transmitir el mensaje evangélico en toda su integridad y pureza. Jesús anuncia el Evangelio íntegramente: “ Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer ” (Jn 15,15). Y esta misma integridad la exige Cristo de sus discípulos, al enviarles a la misión: “ Enseñadles a guardar todo lo que yo os he mandado ”(Mt 28,19). Por eso, un criterio fundamental de la catequesis es el de salvaguardar la integridad del mensaje, evitando presentaciones parciales o deformadas del mismo: “ A fin de que la “oblación de su fe” sea perfecta, el que se hace discípulo de Cristo tiene derecho a recibir la “palabra de la fe” no mutilada, falsificada o disminuida, sino completa e integral, en todo su rigor y su vigor ”. (379)

112. Dos dimensiones íntimamente unidas subyacen a este criterio. Se trata, en efecto de:

— Presentar el mensaje evangélico íntegro, sin silenciar ningún aspecto fundamental o realizar una selección en el depósito de la fe. (380) La catequesis, al contrario, “ debe procurar diligentemente proponer con fidelidad el tesoro íntegro del mensaje cristiano ”. (381) Esto debe hacerse, sin embargo, gradualmente, siguiendo el ejemplo de la pedagogía divina, con la que Dios se ha ido revelando de manera progresiva y gradual. La integridad debe compaginarse con la adaptación.

La catequesis, en consecuencia, parte de una sencilla proposición de la estructura íntegra del mensaje cristiano, y la expone de manera adaptada a la capacidad de los destinatarios. Sin limitarse a esta exposición inicial, la catequesis, gradualmente, propondrá el mensaje de manera cada vez más amplia y explícita, según la capacidad del catequizando y el carácter propio de la catequesis. (382) Estos dos niveles de exposición íntegra del mensaje son denominados “ integridad intensiva ” e “ integridad extensiva ”.
— Presentar el mensaje evangélico auténtico, en toda su pureza, sin reducir sus exigencias, por temor al rechazo; y sin imponer cargas pesadas que él no incluye, pues el yugo de Jesús es suave. (383)
Este criterio acerca de la autenticidad está íntimamente vinculado al de la inculturación, porque ésta tiene la función de “ traducir ” (384) n lo esencial del mensaje a un determinado lenguaje cultural. En esta necesaria tarea, se da siempre una tensión: “ la evangelización pierde mucho de su fuerza si no toma en consideración al pueblo concreto al que se dirige ”, pero también “ corre el riesgo de perder su alma y desvanecerse si se vacía o desvirtúa su contenido, bajo el pretexto de traducirlo ”. (385)

113. En esta compleja relación entre inculturación e integridad del mensaje cristiano, el criterio que debe seguirse es el de una actitud evangélica de “ apertura misionera para la salvación integral del mundo ”. (386) Esta actitud debe saber conjugar la aceptación de los valores verdaderamente humanos y religiosos, por encima de cerrazones inmovilistas, con el compromiso misionero de anunciar toda la verdad del evangelio, por encima de fáciles acomodaciones que llevarían a desvirtuar el Evangelio y a secularizar la Iglesia. La autenticidad evangélica excluye ambas actitudes, contrarias al verdadero sentido de la misión.

Un mensaje orgánico y jerarquizado

114. El mensaje que transmite la catequesis tiene “ un carácter orgánico y jerarquizado ”, (387) constituyendo una síntesis coherente y vital de la fe. Se organiza en torno al misterio de la Santísima Trinidad, en una perspectiva cristocéntrica, ya que este misterio es “ la fuente de todos los otros misterios de la fe y la luz que los ilumina ”. (388) A partir de él, la armonía del conjunto del mensaje requiere una “ jerarquía de verdades (389) por ser diversa la conexión de cada una de ellas con el fundamento de la fe cristiana. Ahora bien “ esta jerarquía no significa que algunas verdades pertenezcan a la fe menos que otras, sino que algunas verdades se apoyan en otras como más principales y son iluminadas por ellas ” (390)

115. Todos los aspectos y dimensiones del mensaje cristiano participan de esta organicidad jerarquizada:

— La historia de la salvación, al narrar las “maravillas de Dios” (mirabilia Dei), las que hizo, hace y hará por nosotros, se organiza en torno a Jesucristo, “ centro de la historia de la salvación ”. (391) La preparación al Evangelio, en el Antiguo Testamento, la plenitud de la Revelación en Jesucristo, y el tiempo de la Iglesia, estructuran toda la historia salvífica, de la que la creación y la escatología son su principio y su fin.
— El Símbolo apostólico muestra cómo la Iglesia ha querido siempre presentar el misterio cristiano en una síntesis vital. Este símbolo es el resumen y la clave de lectura de toda la Escritura y de toda la doctrina de la Iglesia, que se ordena jerárquicamente en torno a él. (392)
— Los sacramentos son, también, un todo orgánico, que como fuerzas regeneradoras brotan del misterio pascual de Jesucrísto, “ formando un organismo en el que cada sacramento particular tiene su lugar vital (393) La Eucaristía ocupa en este cuerpo orgánico un puesto único, hacia el que los demás sacramentos están ordenados: se presenta como “ sacramento de los sacramentos ”. (394)
— El doble mandamiento del amor, a Dios y al prójimo, es —en el mensaje moral— la jerarquía de valores que el propio Jesús estableció: “ De estos mandamientos pende toda la Ley y los Profetas ” (Mt 22, 40). El amor a Dios y al prójimo, que resumen el decálogo, si son vividos con el espíritu de las bienaventuranzas evangélicas, constituyen la carta magna de la vida cristiana que Jesús proclamó en el sermón del Monte. (395)
— El Padre nuestro, condensando la esencia del Evangelio, sintetiza y jerarquiza las inmensas riquezas de oración contenidas en la Sagrada Escritura y en toda la vida de la Iglesia. Esta oración, propuesta a sus discípulos por el propio Jesús, trasluce la confianza filial y los deseos más profundos con que una persona puede dirigirse a Dios. (396)

Un mensaje significativo para la persona humana

116. La Palabra de Dios, al hacerse hombre, asume la naturaleza humana en todo menos en el pecado. De este modo, Jesucristo que es “imagen de Dios invisible” (Col 1,15), es también el hombre perfecto. De ahí que “ en realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado ”. (397)
La catequesis, al presentar el mensaje cristiano, no sólo muestra quién es Dios y cuál es su designio salvífico, sino que, como hizo el propio Jesús, muestra también plenamente quién es el hombre al propio hombre y cuál es su altísima vocación. (398) La revelación, en efecto, “ no está aislada de la vida, ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Se refiere al sentido último de la existencia y la ilumina, ya para inspirarla ya para juzgarla, a la luz del Evangelio ”. (399)
La relación del mensaje cristiano con la experiencia humana no es puramente metodológica, sino que brota de la finalidad misma de la catequesis, que busca la comunión de la persona humana con Jesucristo. Jesús, en su vida terrena, vivió plenamente su humanidad: “ trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre ”. (400) Pues bien, “ todo lo que Cristo vivió, hace que podamos vivirlo en El y que El lo viva en nosotros ”. (401) La catequesis actúa sobre esta identidad de experiencia humana entre Jesús, Maestro, y el discípulo, y enseña a pensar como El, obrar como El, amar como El (402) Vivir la comunión con Cristo es hacer la experiencia de la vida nueva de la gracia. (403)

117. Por esta razón, eminentemente crístológica, la catequesis, al presentar el mensaje cristiano, “ debe preocuparse por orientar la atención de los hombres hacia sus experiencias de mayor importancia, tanto personales como sociales, siendo tarea suya plantear, a la luz del Evangelio, los interrogantes que brotan de ellas, de modo que se estimule el justo deseo de transformar la propia conducta ”. (404) En este sentido:

— En la primera evangelización, propia del precatecumenado o de la precatequesis, el anuncio del Evangelio se hará siempre en íntima conexión con la naturaleza humana y sus aspiraciones, mostrando cómo satisface plenamente al corazón humano. (405)
— En la catequesis bíblica, se ayudará a interpretar la vida humana actual a la luz de las experiencias vividas por el pueblo de Israel, por Jesucristo y por la comunidad eclesial, en la cual el Espíritu de Cristo resucitado vive y opera continuamente.
— En la explicación del Símbolo, la catequesis mostrará cómo los grandes temas de la fe (creación, pecado original, Encarnación, Pascua, Pentecostés, escatología...) son siempre fuente de vida y de luz para el ser humano.
— La catequesis moral, al presentar en qué consiste la vida digna del Evangelio (406) y promover las bienaventuranzas evangélicas como espíritu que impregna al decálogo, las enraizará en las virtudes humanas, presentes en el corazón del hombre (407)
— En la catequesis litúrgica, deberá ser constante la referencia a las grandes experiencia humanas, significadas por los signos y los símbolos de la acción litúrgica a partir de la cultura judía y cristiana. (408)

Principio metodológico para la presentación del mensaje (409)

118. Las normas y criterios señalados en este capítulo y “ que pertenecen a la exposición del contenido de la catequesis, deben ser aplicadas en las diferentes formas de catequesis: es decir, en la catequesis bíblica y litúrgica, en el resumen doctrinal, en la interpretación de las situaciones de la existencia humana, etc. ”. (410)
De estos criterios y normas, sin embargo, no puede deducirse el orden que hay que guardar en la exposición del contenido. En efecto, “ es posible que en la situación actual de la catequesis, razones de método de pedagogía aconsejen organizar la comunicación de las riquezas del contenido de la catequesis de un modo más bien que de otro ”. (411) Se puede partir de Dios para llegar a Cristo, y al contrario; igualmente, se puede partir del hombre para llegar a Dios, y al contrario. La adopción de un orden determinado en la presentación del mensaje debe condicionarse a las circunstancias y a la situación de fe del que recibe la catequesis.

Hay que escoger el itinerario pedagógico más adaptado a las circunstancias por las que atraviesa la comunidad eclesial o los destinatarios concretos a los que se dirige la catequesis. De aquí la necesidad de investigar cuidadosamente y de encontrar los caminos y los modos que mejor respondan a las diversas situaciones.
Corresponde a los Obispos dar normas más precisas en esta materia y aplicarlas mediante Directorios catequéticos, Catecismos para diferentes edades y situaciones culturales, y con otros medios que parezcan oportunos. (412)

CAPÍTULO II

“ Esta es nuestra fe, ésta es la fe de la Iglesia ”

“ Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para argüir, para corregir y para educar en la justicia; así el hombre de Dios se encuentra perfecto y preparado para toda obra buena ” (2 Tm 3,16).

“Mantenéos firmes y conservad las tradiciones que habéis aprendido de nosotros, de viva voz o por carta ” preparado para toda obra buena ” (2 Ts 2,15).

119. Este capítulo reflexiona sobre el contenido de la catequesis tal como la Iglesia lo expone en las síntesis de fe que oficialmente elabora y propone en sus Catecismos.
La Iglesia ha dispuesto siempre de formulaciones de la fe que, en forma breve, condensan lo esencial de lo que Ella cree y vive: textos neotestamentarios, símbolos o credos, fórmulas litúrgicas, plegarias eucarísticas. Más tarde ha considerado también conveniente explicar de modo más amplio la fe, a manera de una síntesis orgánica, por medio de los Catecismos que, en numerosas Iglesias locales, se han ido elaborando en estos últimos siglos. En dos momentos históricos, con ocasión del concilio de Trento y en nuestros días, se ha considerado oportuno ofrecer una exposición orgánica de la fe mediante un Catecismo de carácter universal, como punto de referencia para la catequesis en toda la Iglesia. Así, en efecto, ha procedido Juan Pablo II, al promulgar el Catecismo de la Iglesia Católica el 11 de octubre de 1992.

El presente capítulo trata de situar estos instrumentos oficiales; de la Iglesia, como son los Catecismos, en relación a la actividad o práctica catequética.
En primer lugar reflexionará sobre el Catecismo de la Iglesia Católica, procurando clarificar el papel que le corresponde desempeñar en el conjunto de la catequesis eclesial. Se analiza, después, la necesidad de los Catecismos locales, que tienen por objeto adaptar el contenido de la fe a las diferentes situaciones y culturas y se ofrecerán algunas orientaciones para facilitar su elaboración. La Iglesia, al contemplar la riqueza del contenido de la fe expuesta en estos instrumentos que los propios Obispos proponen al Pueblo de Dios y que, a modo de “ sinfonía ” (413) expresan lo que Ella cree, celebra, vive y proclama: “ Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia ”.

El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General para la Catequesis

120. El Catecismo de la Iglesia Católica y el Directorio General para la Catequesis son dos instrumentos distintos y complementarios, al servicio de la acción catequizadora de la Iglesia:
— El Catecismo de la Iglesia Católica es “ una exposición de la fe de la Iglesia y de la doctrina católica, atestiguadas e iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio de la Iglesia ” (414)
— El Directorio General para la Catequesis es la proposición de “ unos principios teológico-pastorales de carácter fundamental, tomados del Magisterio de la Iglesia y particularmente del Concilio Ecuménico Vaticano II, por los que pueda orientarse y regirse más adecuadamente ” (415) la actividad catequética de la Iglesia.
Ambos instrumentos, cada uno en su género y desde su específica autoridad, se complementan mutuamente:
— El Catecismo de la Iglesia Católica es un acto del Magisterio del Papa por el que, en nuestro tiempo, sintetiza normativamente, en virtud de la Autoridad apostólica, la totalidad de la fe católica y la ofrece, ante todo a las Iglesias particulares, como punto de referencia para la exposición auténtica del contenido de la fe.
— El Directorio General para la Catequesis, por su parte, tiene el valor que la Santa Sede ordinariamente otorga a estos instrumentos de orientación, al aprobarlos y confirmarlos. Es un instrumento oficial para la transmisión del mensaje evangélico y para el conjunto del acto de catequizar.
— El carácter de complementariedad de ambos instrumentos justifica, como se indica en el Prefacio, que el presente Directorio General para la Catequesis no tenga que dedicar un capítulo a la exposición de los contenidos de la fe, como lo hacía el Directorio de 1971 bajo el título: “ Principales elementos del mensaje cristiano ”. (416) Por eso, en lo concerniente al contenido del mensaje, el Directorio General para la Catequesis remite al Catecismo de la Iglesia Católica, del cual quiere ser el instrumento metodológico para su aplicación concreta.
La presentación del Catecismo de la Iglesia Católica, que seguidamente se hace, no ha sido elaborada ni para resumir ni para justificar dicho instrumento del Magisterio, sino para procurar una mejor comprensión y recepción del Catecismo en la actividad catequética.

EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

Finalidad y naturaleza del Catecismo de la Iglesia Católica

121. El propio Catecismo de la Iglesia Católica indica, en su prólogo, el fin que persigue: “ Este catecismo tiene por fin presentar una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y fundamentales de la doctrina católica, tanto sobre la fe como sobre la moral, a la luz del Concilio Vaticano II y del conjunto de la Tradición de la Iglesia ”. (417)
El Magisterio de la Iglesia con el Catecísmo de la Iglesia Católica ha querido ofrecer un servicio eclesial para nuestro tiempo, reconociéndolo:
— “ Instrumento válido y autorizado al servicio de la comunión eclesial ”. (418) Desea fomentar el vínculo de unidad al facilitar en los discípulos de Jesucristo “ la profesión de una misma fe recibida de los apóstoles ” (419)
— “ Norma segura para la enseñanza de la fe ” (420) Ante el legítimo derecho de todo bautizado de conocer lo que la Iglesia ha recibido y cree, el Catecismo de la Iglesia Católica ofrece una respuesta clara. Es, por ello, referente fundamental para la catequesis y para las demás formas del ministerio de la Palabra.
— “ Punto de referencia para los catecismos o compendios que se redacten en las diversas regiones ”. (421) El Catecismo de la Iglesia Católica, en efecto, no está destinado a sustituir a los catecismos locales, (422) sino a “ alentar y facilitar la redacción de nuevos catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, pero que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica ”. (423)
La naturaleza o carácter propio de este documento del Magisterio consiste en el hecho de que se presenta como síntesis orgánica de la fe de valor universal. En esto difiere de otros documentos del Magisterio, que no pretenden ofrecer dicha Síntesis. Es diferente también de los Catecismos locales, los cuales, aunque elaborados en la comunión eclesial, se destinan, sin embargo, al servicio de una porción determinada del Pueblo de Dios.

La articulación del Catecismo de la Iglesia Católica

122. El Catecismo de la Iglesia Católica se articula en torno a cuatro dimensiones fundamentales de la vida cristiana: la profesión de fe, la celebración litúrgica, la moral evangélica y la oración. Las cuatro brotan de un mismo núcleo, el misterio cristiano, que:
— “ es el objeto de la fe (primera parte);
— es celebrado y comunicado en las acciones litúrgicas (segunda parte);
— está presente para iluminar y sostener a los hijos de Dios en su obrar (tercera parte);
— es el fundamento de nuestra oración, cuya expresión privilegiada es el “ Padre nuestro ”, y que constituye el objeto de nuestra petición, nuestra alabanza y nuestra intercesión (cuarta parte) ”. (424)
Esta articulación cuatripartita desarrolla los aspectos esenciales de la fe:
— creer en Dios creador, Uno y Trino, y en su designio salvífico;
— ser santificado por El en la vida sacramental;
— amarle con todo el corazón y amar al prójimo como a sí mismo;
— orar esperando la venida de su Reino y el encuentro cara a cara con El.

El Catecismo de la Iglesia Católica se refiere así a la fe creída, celebrada, vivida y hecha oración y constituye una llamada a una educación cristiana integral.
La articulación del Catecismo de la Iglesia Católica remite a la unidad profunda de la vida cristiana. En él se hace explícita la interrelación entre “ lex orandi ”, “ lex credendi ” y “ lex vivendi ”. “ La Liturgia es, por sí misma, oración; la confesión de fe tiene su justo lugar en la celebración del culto. La gracia, fruto de los sacramentos, es la condición insustituible del obrar cristiano, igual que la participación en la liturgia requiere la fe. Si la fe no se concreta en obras permanece muerta y no puede dar frutos de vida eterna ”. (425)
Con esta articulación tradicional en torno a los cuatro pilares que sostienen la transmisión de la fe (símbolo, sacramentos, decálogo, Padre nuestro), (426) el Catecismo de la Iglesia Católica se ofrece como referente doctrinal en la educación de las cuatro tareas básicas de la catequesis (427) y para la elaboración de Catecismos locales, pero no pretende imponer ni a aquélla ni a éstos una configuración determinada. El modo más adecuado de ordenar los elementos del contenido de la catequesis debe responder a las respectivas circunstancias concretas y no se debe establecer a través del Catecismo común. (428) La exquisita fidelidad a la doctrina católica es compatible con una rica diversidad en el modo de presentarla.

La inspiración del Catecismo de la Iglesia Católica: el cristocentrismo trinitario y la sublimidad de la vocación de la persona humana

123. El eje central de la articulación del Catecismo de la Iglesia Católica es Jesucristo, “ camino, verdad y vida ” (Jn 14,6).
El Catecismo de la Iglesia Católica, centrado en Jesucristo, se abre en dos direcciones: hacia Dios y hacia la persona humana.
— El misterio de Dios, Uno y Trino, y su economía salvífica, inspira y jerarquiza desde dentro al Catecismo de la Iglesia Católica en su conjunto, así como a cada una de sus partes. La profesión de fe, la liturgia, la moral evangélica y la oración tienen, en el Catecismo de la Iglesia Católica, una inspiración trinitaria, que atraviesa toda la obra como hilo conductor. (429) Este elemento central inspirador contribuye a dar al texto un profundo carácter religioso.
— El misterio de la persona humana es presentado por el Catecismo de la Iglesia Católica a lo largo de sus páginas y, sobre todo, en algunos capítulos especialmente significativos: “ El hombre es capaz de Dios ”, “ La creación del hombre ”, “ El Hijo de Dios se hizo hombre ”, “ La vocación del hombre: la vida en el Espíritu ”... y otros más. (430) Esta doctrina, contemplada a la luz de la naturaleza humana de Jesús, hombre perfecto, muestra la altísima vocación y el ideal de perfección a la que toda persona humana es llamada.
En verdad, toda la doctrina del Catecismo de la Iglesia Católica queda sintetizada en este pensamiento conciliar: “ Jesucristo, en la misma revelación del Padre y de su amor, manifiesta plenamente lo que es el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación ”. (431)

El género literario del Catecismo de la Iglesia Católica

124. Es importante descubrir el género literario del Catecismo de la Iglesia Católica para respetar la función que la autoridad de la Iglesia le atribuye en el ejercicio y renovación de la actividad catequética en nuestro tiempo.
Los rasgos principales que definen el género literario del Catecismo de la Iglesia Católica son:
— El Catecismo de la Iglesia Católica es, ante todo, un catecismo; es decir, un texto oficial del Magisterio de la Iglesia que, con autoridad, recoge de forma precisa, a modo de síntesis orgánica, los acontecimientos y verdades salvíficas fundamentales, que expresan la fe común del pueblo de Dios, y que constituyen la referencia básica e indispensable para la catequesis.
— Por ser un catecismo, el Catecismo de la Iglesia Católica recoge lo que es básico y común en la vida cristiana, sin proponer como doctrina de fe interpretaciones particulares, que no son sino opiniones privadas o pareceres de alguna escuela teológica. (432)
— El Catecismo de la Iglesia Católica es, por otra parte, un catecismo de carácter universal, ofrecido a toda la Iglesia. En él se presenta una síntesis actualizada de la fe, que incorpora la doctrina del Concilio Vaticano II y los interrogantes religiosos y morales de nuestra época. Pero, “ por su misma finalidad, este catecismo no se propone dar una respuesta adaptada, tanto en el contenido como en el método, a las exigencias que dimanan de las diferentes culturas, de las edades, de la vida espiritual y de situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis. Estas indispensables adaptaciones corresponden a catecismos propios de cada lugar, y más aún a aquellos que toman a su cargo instruir a los fieles ”. (433)

El depósito de la fe y el Catecismo de la Iglesia Católica

125. El Concilio Vaticano II se propuso como tarea principal la de custodiar y explicar mejor el depósito precioso de la doctrina cristiana, con el fin de hacerlo más accesible a los fieles de Cristo y a todos los hombres de buena voluntad.
El contenido de este depósito es la Palabra de Dios, custodiada en la Iglesia. El Magisterio de la Iglesia, habiéndose propuesto elaborar un texto de referencia para la enseñanza de la fe, ha elegido de este precioso tesoro las cosas nuevas y antiguas que ha considerado más convenientes para el fin pretendido. El Catecismo de la Iglesia Católica se presenta así como un servicio fundamental: ayudar a que el anuncio del Evangelio y la enseñanza de la fe, que toman su mensaje del depósito de la Tradición y de la Sagrada Escritura confiado a la Iglesia se realicen con total autenticidad. El Catecismo de la Iglesia Católica no es la única fuente de la catequesis, ya que, como acto del Magisterio, no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio. Pero es un acto, especialmente relevante, de interpretación auténtica de esa Palabra, con el propósito de ayudar a que el Evangelio sea anunciado y transmitido en toda su verdad y pureza.

126. A la luz de esta relación del Catecismo de la Iglesia Católica respecto al depósito de la fe conviene esclarecer dos cuestiones de vital importancia para la catequesis:
— la relación de la Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica como puntos de referencia para el contenido de la catequesis;
— la relación entre la tradición catequética de los Padres de la Iglesia, con su riqueza de contenidos y comprensión del proceso catequético, y el Catecismo de la Iglesia Católica.

La Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia Católica y la catequesis

127. La Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II, subraya la importancia fundamental de la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia. La Sagrada Escritura es presentada, juntamente con la Sagrada Tradición, como regla suprema de la fe ”, ya que transmite “ inmutablemente la palabra del mismo Dios y, en las palabras de los Apóstoles y los Profetas, hace resonar la voz del Espíritu Santo ” (434) Por eso la Iglesia quiere que, en todo el ministerio de la Palabra, la Sagrada Escritura tenga un puesto preeminente. La catequesis, en concreto, debe ser “ una auténtica introducción a la ‘lectio divina’, es decir, a la lectura de la Sagrada Escritura, hecha según el Espíritu que habita en la Iglesia ” n (435)
En este sentido, “ hablar de la Tradición y de la Escritura como fuentes de la catequesis es subrayar que ésta ha de estar totalmente impregnada por el pensamiento, el espíritu y las actitudes bíblicas y evangélicas, a través de un contacto asiduo con los mismos textos; y es también recordar que la catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la inteligencia y el corazón de la Iglesia ” (436) En esta lectura eclesial de la Escritura, hecha a la luz de la Tradición, el Catecismo de la Iglesia Católica desempeña un papel muy importante.

128. La Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica se presentan como dos puntos de referencia para inspirar toda la acción catequizadora de la Iglesia en nuestro tiempo:
— En efecto, la Sagrada Escritura, como “ Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo ” (437) y el Catecismo de la Iglesia Católica, como expresión relevante actual de la Tradición viva de la Iglesia y norma segura para la enseñanza de la fe, están llamados, cada uno a su modo y según su específica autoridad, a fecundar la catequesis en la Iglesia contemporánea.
— La catequesis transmite el contenido de la Palabra de Dios según las dos modalidades con que la Iglesia lo posee, lo interioriza y lo vive: como narración de la Historia de la Salvación y como explicación del Símbolo de la fe. La Sagrada Escritura y el Catecismo de la Iglesia Católica han de inspirar tanto la catequesis bíblica como la catequesis doctrinal, que canalizan ese contenido de la Palabra de Dios.
— Es importante que, en el desarrollo ordinario de la catequesis, los catecúmenos y catequizandos puedan apoyarse tanto en la Sagrada Escritura como en el Catecismo local. La catequesis, en definitiva, no es otra cosa que la transmisión, vital y significativa, de estos documentos de la fe. (438)

La tradición catequética de los Santos Padres y el Catecismo de la Iglesia Católica

129. En el “ depósito de la fe ”, junto con la Escritura, está contenida toda la Tradición de la Iglesia. “ Los dichos de los Santos Padres atestiguan la presencia vivificante de esta Tradición, cuyas riquezas se infunden en la práctica y la vida de la Iglesia creyente y orante ” (439)
En referencia a tanta riqueza doctrinal y pastoral, algunos aspectos merecen destacarse:
— La importancia decisiva que los Padres atribuyen al Catecumenado bautismal en la configuración de las Iglesias particulares.
— La concepción gradual y progresiva de la formación cristiana, estructurada en etapas. (440) Los Padres configuran el catecumenado inspirándose en la pedagogía divina. En el proceso catecumenal, el catecúmeno, como el pueblo de Israel, recorre un camino para llegar a la tierra de la promesa: la identificación bautismal con Cristo. (441)
— La estructuración del contenido de la catequesis según las etapas de ese proceso. En la catequesis patrística, la “ narración ” de la historia de la salvación era lo primero. Después, avanzada la Cuaresma, se hacían las entregas del Símbolo y del Padre nuestro y se procedía a su “ explicación ”, con todas sus implicaciones morales. La catequesis mistagógica, una vez celebrados los sacramentos de la iniciación, ayudaba a interiorizarlos y gustarlos.

130. El Catecismo de la Iglesia Católica, por su parte, aporta a la catequesis la gran tradición de los catecismos. (442) De la gran riqueza de esta tradición, también aquí algunos aspectos merecen destacarse:
— La dimensión cognoscitiva o veritativa de la fe. Esta no es sólo adhesión vital a Dios sino también asentimiento intelectual y de la voluntad a la verdad revelada. Los catecismos recuerdan constantemente a la Iglesia la necesidad de que los fieles, aunque sea de modo sencillo, tengan un conocimiento orgánico de la fe.
— La educación de la fe, enraizada en todas las fuentes de las que brota, abarca diferentes dimensiones: una fe profesada, celebrada, vivida y hecha oración.
La riqueza de la tradición patrística y la de los catecismos confluye en la catequesis actual de la Iglesia, enriqueciéndola tanto en su misma concepción como en sus contenidos. Recuerdan a la catequesis los siete elementos básicos que la configuran: las tres etapas de la narración de la Historia de la salvación: el Antiguo Testamento, la vida de Jesucristo y la historia de la Iglesia; y los cuatro pilares de la exposición: el Símbolo, los Sacramentos, el Decálogo y el Padre nuestro. Con estas siete piezas maestras, base tanto del proceso de la catequesis de iniciación como del proceso permanente de maduración cristiana, pueden construirse edificios de diversa arquitectura o articulación, según los destinatarios o las diferentes situaciones culturales.

LOS CATECISMOS EN LAS IGLESIAS LOCALES

Los Catecismos locales su necesidad (443)

131. El Catecismo de la Iglesia Católica se ofrece a todos los fieles y a todo hombre que quiera conocer lo que la Iglesia cree; (444) y, de modo muy particular, “ se destina a alentar y facilitar la redacción de nuevos catecismos locales que tengan en cuenta las diversas situaciones y culturas, pero que guarden cuidadosamente la unidad de la fe y la fidelidad a la doctrina católica. (445)
Los Catecismos locales, en efecto, elaborados o aprobados por Obispos diocesanos o por Conferencias Episcopales, (446) son instrumentos inapreciables para la catequesis, “ llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y de las culturas ”(447)
Por esta razón, Juan Pablo II ha dirigido un cálido llamamiento a las Conferencias episcopales de todo el mundo, diciéndoles:
“ Emprendan, con paciencia, pero también con firme resolución, el imponente trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apostólica, para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelación, y puestos al día en lo que se refiere al método, capaces de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos ” (448)

Por medio de los Catecismos locales, la Iglesia actualiza la “ pedagogía divina ” (449) que Dios utilizó en la Revelación, al adaptar su lenguaje a nuestra naturaleza con su providencia solícita. (450) En los Catecismos locales, la Iglesia comunica el Evangelio de una manera muy accesible a la persona humana, para que ésta pueda realmente percibirlo como buena noticia de salvación. Los Catecismos locales se convierten, así, en expresión palpable de la admirable “ condescendencia ” (451) de Dios y de su “ amor inefable ” (452) al mundo.

El género literario de un Catecismo local

132. Tres rasgos principales caracterizan a todo catecismo, asumido como propio de una Iglesia local: su carácter oficial, la síntesis orgánica y básica de la fe que ofrece y el hecho de ser ofrecido, junto a la Sagrada Escritura, como punto de referencia para la catequesis.
— El Catecismo local, en efecto, es texto oficial de la Iglesia. De alguna forma visibiliza la “ entrega del Símbolo ” y la “entrega del Padre nuestro ” a los catecúmenos y a los que van a ser bautizados. Es la expresión, por tanto, de un acto de tradición.
El carácter oficial del Catecismo local establece una distinción cualitativa respecto a los demás instrumentos de trabajo, útiles en la pedagogía catequética (textos didácticos, catecismos no oficiales, guías del catequista...).
— Todo catecismo es, además, un texto de base y de carácter:
sintético, en el que se presentan, de manera orgánica y atendiendo a la “jerarquía de verdades ”, los acontecimientos y verdades., fundamentales del misterio cristiano.
— El Catecismo local presenta, en su organicidad, un compendio de los “ documentos de la Revelación y de la tradición cristiana ”, (453) que son ofrecidos en la rica diversidad de “ lenguajes ”en que se expresa la Palabra de Dios.

El Catecismo local se ofrece, finalmente, como punto de referencia inspirador de la catequesis. La Sagrada Escritura y el Catecismo son los dos documentos doctrinales de base en el proceso de catequización, para tener siempre a mano. Siendo uno y otro los instrumentos primordiales, no son los únicos: se requieren otros instrumentos de trabajo más inmediatos. (454) Por tanto, es legítimo preguntarse si un Catecismo oficial debe incluir elementos pedagógicos o, por el contrario, debe limitarse a ser una síntesis doctrinal, ofreciendo sólo las fuentes.
En cualquier caso, al ser el catecismo un instrumento para el acto catequético, que es acto de comunicación, responde siempre a una clara inspiración pedagógica, y siempre debe transparentar, dentro de su género, la pedagogía divina. Las cuestiones más claramente metodológicas son, ordinariamente, más propias de otros instrumentos.

Los aspectos de la adaptación en un Catecismo local. (455)

133. El Catecismo de la Iglesia Católica indica cuáles son los aspectos que deben ser tenidos en cuenta a la hora de adaptar o contextualizar la síntesis orgánica de la fe que todo Catecismo local debe ofrecer. Esta síntesis de fe debe responder a las exigencias que dimanan de “ las diferentes culturas, de las edades, de la vida espiritual, de las situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige la catequesis ”. (456) También el Concilio Vaticano II afirma con énfasis la necesidad de adaptar el mensaje evangélico: “ Esta predicación acomodada de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda evangelización ”. (457) Según esto:
— Un Catecismo local ha de presentar la síntesis de fe en referencia a la cultura concreta en que viven inmersos los catecúmenos y catequizandos. Incorporará, por tanto, todas aquellas “ expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristianos ”, (459) surgidas de la propia tradición cultural y que son fruto del trabajo y de la inculturación de la Iglesia local.
— Un Catecismo local, “ fiel al mensaje y fiel a la persona humana ~ presenta el misterio cristiano de modo significativo y cercano a la psicología y mentalidad de la edad del destinatario concreto y, en consecuencia, en clara referencia a las experiencias nucleares de su vida. (460)
— También se debe cuidar, de manera muy especial, la forma concreta de vivir el hecho religioso en una sociedad determinada. No es lo mismo ofrecer un Catecismo en un ambiente de marcada indiferencia religiosa que en un contexto de honda religiosidad. (461) El tratamiento, en concreto, de la relación “ fe-ciencia ” ha de estar muy cuidado en todo catecismo.
— La problemática social circundante, al menos en sus elementos estructurantes más profundos (económicos, políticos, familiares...), es un factor importante para contextualizar el Catecismo. Inspirándose en la doctrina social de la Iglesia, el Catecismo sabrá ofrecer criterios, motivaciones y pautas de acción que iluminen la presencia cristiana en medio de esa problemática. (462)
— Finalmente, la situación eclesial concreta que vive la Iglesia particular es, sobre todo, el contexto obligado al que referir el Catecismo. Obviamente, no las situaciones coyunturales, a las que se atiende mediante otros escritos magisteriales, sino la situación más permanente que reclama una evangelización con acentos más específicos y determinados. (463)

La creatividad de las Iglesias locales respecto a la elaboración de Catecismos

134. Las Iglesias locales, en la tarea de adaptar, contextualizar e inculturar el mensaje evangélico a las diferentes edades, situaciones y culturas, por medio de los Catecismos, necesitan una certera y madura creatividad. Del depositum fidei, confiado a la Iglesia, las Iglesias locales han de seleccionar, estructurar y expresar, bajo la guía del Espíritu Santo, Maestro interior, todos aquellos elementos con los que transmitir, en una situación determinada, el Evangelio en toda su autenticidad.
En esta difícil tarea, el Catecismo de la Iglesia Católica es “ punto de referencia ” para garantizar la unidad de la fe. El presente Directorio General para la Catequesis, por su parte, ofrece los criterios básicos que deben orientar la presentación del mensaje cristiano.

135. En la elaboración de los Catecismos locales conviene recordar lo siguiente:
— Se trata, ante todo, de elaborar verdaderos Catecismos adaptados e inculturados. En este sentido conviene distinguir entre lo que es un Catecismo, que actualiza el mensaje cristiano a las distintas edades, situaciones y culturas, y lo que es una mera síntesis del Catecismo de la Iglesia Católica, como instrumento de introducción al estudio del mismo. Son dos géneros diferentes. (464)
— Los Catecismos locales pueden tener un carácter diocesano, regional o nacional. (465)
— Atendiendo a la estructuración de los contenidos, los diferentes Episcopados publican, de hecho, Catecismos con diversas articulaciones o configuraciones. Como ya se ha indicado, el Catecismo de la Iglesia Católica es propuesto como referente doctrinal, pero no quiere imponerse con él, para toda la Iglesia, una configuración determinada de catecismo. Hay, así, Catecismos con una configuración trinitaria, otros se estructuran según las etapas de la historia de la salvación, otros siguiendo un tema bíblico o teológico de gran densidad (Alianza, Reino de Dios, etc.), otros lo hacen según las dimensiones de la fe, otros siguiendo el año litúrgico.
— Atendiendo a la manera de expresar el mensaje evangélico, la creatividad de un Catecismo incide, también, en la misma formulación del contenido. (466) Evidentemente, un catecismo debe ser fiel al depósito de la fe en el modo de expresar la sustancia doctrinal del mensaje cristiano: “ Las Iglesias particulares profundamente compenetradas no sólo con las personas, sino con las aspiraciones, las riquezas y límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo que distinguen a tal o cual conjunto humano, tienen la función de asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de traducirlo, sin la menor traición a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden y de anunciarlo después en ese mismo lenguaje ”. (467)
El principio a seguir en esta delicada tarea es el indicado por el Concilio Vaticano II: “ buscar siempre el modo más apropiado de comunicar la doctrina a los hombres de nuestra época, porque una cosa es el depósito mismo de la fe, o sea sus verdades, y otra cosa es el modo de formularlas, conservando el mismo sentido y el mismo significado ”. (468)

El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales: la “sinfonía” de la fe

136. El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales, naturalmente con la específica autoridad de cada uno, forman una unidad. Son la expresión concreta de la “ unidad en la misma fe apostólica ” (469) y, al mismo tiempo, de la rica diversidad de la formulación de esa misma fe.
El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales juntos, al contemplar su armonía, muestran la sinfonía de la fe:
una sinfonía, ante todo, interna al mismo Catecismo de la Iglesia Católica, elaborado con la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica; y una sinfonía derivada de él y manifestada en los Catecismos locales. Esta “ sinfonía ”, este “ coro de voces de la Iglesia universal ” (470) manifestada en los Catecismos locales, fieles al Catecismo de la Iglesia Católica, tiene un significado teológico importante:
— Expresa, ante todo, la catolicidad de la Iglesia. Las riquezas culturales de los pueblos se incorporan a la expresión de la fe de la única Iglesia.
— El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales manifiestan también la comunión eclesial de la que la “ profesión de una sola fe ” (471) es uno de sus vínculos visibles. Las Iglesias particulares, “ en las cuales y partir de las cuales existe la Iglesia católica, una y única ” (472) forman con el todo, con la Iglesia universal, “ una peculiar relación de mutua interioridad ” (473) La unidad entre el Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales visibiliza esa comunión.
— El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales expresan, igualmente, de forma palpable, la realidad de la colegialidad episcopal. Los obispos, cada uno en su diócesis, y juntos como colegio, en comunión con el sucesor de Pedro, tienen la máxima responsabilidad de la catequesis en la Iglesia. (474)
El Catecismo de la Iglesia Católica y los Catecismos locales, por su unidad profunda y su rica diversidad, están llamados a ser fermento renovador de la catequesis en la Iglesia. Al contemplarlos con una mirada católica y universal, la Iglesia, es decir, la entera comunidad de discípulos de Cristo puede decir en verdad:
“ ¡Esta es nuestra fe, ésta es la fe de la Iglesia!




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