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Domingo 33 del Tiempo Ordinario A 'He ganado otros cinco talentos'  - Comentarios de Sabios y Santos: con ellos preparamos la Acogida de la Palabra de Dios durante la celebración de la Misa dominical parroquial

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A su disposición
Exégesis: José María Solé – Roma, C.F.M. Sobre las tres lecturas
Comentario Teológico: W. Trilling - El juicio del Hijo del Hombre
Santos Padres: San Gregoio Magno - Los talentos
Aplicación: P. Gustavo Pascual I.V.E. - Parábola de los talentos
Aplicación: P. José Antonio Marcone, I.V.E. - Parábola de los Talentos (Mt.25,14-30)
Ejemplos

 

La Palabra de Dios y yo - cómo acogerla
Falta un dedo: Celebrarla

 

 

Comentarios a Las Lecturas del Domingo

 


Exégesis: José María Solé – Roma, C.F.M. sobre las tres leclturas

PROVERBIOS 31, 10-13. 19-20. 30-31:

El Libro de los Proverbios se cierra con un poema alfabético a la mujer
perfecta. Se la contempla en su triple, función de esposa, señora de la
familia y madre:

— Una esposa perfecta es de valor inapreciable (10). Su marido, seguro de su
amor y de su fidelidad, rebosa por ella gozo y paz (11-12).

— Otro rasgo que torna sumamente amable a la mujer perfecta es su diligencia
y laboriosidad. Solícita ama de casa, es muy madrugadora. Ordena el lugar y
la labor de todos los domésticos y servidores. Provee a todos de alimentos y
vestido (11. 21). Y si un momento le queda libre no lo malgasta en la
ociosidad. Tiene siempre la rueca en sus manos y sus dedos no dan reposo al
huso (19). Su diligencia nada tiene de egoísmo. No trabaja para
enriquecerse, sino para ser más útil a los menesterosos: «Alarga su mano al
desvalido y tiende sus manos al pobre» (20).

—Esta mujer perfecta, fiel esposa, diligente ama de casa, madre tierna, vive
plenamente iluminada por la Sabiduría de Dios (Prov 8, 1-10). Y con esto ha
superado las sutiles tentaciones femeninas de la vanidad y de la frivolidad.
Tiene un recto conocimiento de la escala de valores: «Engañosa es la
hermosura, vana es la belleza. La mujer que teme a Yahvé, ésa será alabada»
(30). Una mujer tan sensata e inteligente, tan fiel y generosa, se hace
merecedora de grandes premios y de la universal alabanza: «Dadle del fruto
de sus manos y que las puertas (asambleas) alaben sus obras» (31). Retrato,
pues, de la mujer ideal: laboriosa y madrugadora, previsora, abnegada y
limosnera, amable y fiel.



1 TESALONICENSES 5, 1-6:

Pablo exhorta a los cristianos a esperar vigilantes y bien dispuestos el
«Día del Señor»:

— Dios, que dirige la Historia, es el único que sabe el tiempo y momento de
las sucesivas iniciativas y planes salvíficos. Más bien que una curiosa
pretensión de indagar estos tiempos nos toca a nosotros estar siempre en
vela, y dispuestos para acoger la llegada del Señor: «El Día del Señor
vendrá como ladrón en la noche» (2). El cristiano en su etapa de peregrino
puede fácilmente ceder a la tentación de aficionarse desmedidamente al mundo
sensible y olvidar los bienes invisibles: «Sí, el oído del hombre moderno se
ha quedado sordo con el fragor del progreso exterior o está encantado por la
magia de nuestra cultura locuaz; no siente, no escucha la voz de Cristo. De
este modo, ¡cuántas riquezas ajadas, cuántos destinos humanos no llegan a
madurar! (Paulo VI: 17-IX-1971). Engañado por esta magia de lo sensible, se
instala en la tierra y da valor de perennidad a lo efímero: «Cuando digan:
«Paz y seguridad», entonces mismo, de repente, vendrá sobre ellos la ruina»
(3). La celebración litúrgica es vela perenne y disposición para el Día del
Señor.

— Quienes viven en espera del Día del Señor deben vivir en vigilia y fervor
y no en sueño y tibieza que pertenecen a la noche: «Nosotros no somos de la
noche ni de las tinieblas. Así, pues, no durmamos, sino velemos» (5): En
tensa vigilia del Bautismo a la muerte; ésta es para cada uno el Día del
Señor.

— Pablo define a los cristianos como «hijos de la luz» y los contrapone a
los «hijos de las tinieblas». Estos se entregan a obras de tinieblas (Rom
13, 13). Aquéllos resplandecen por sus obras de luz: «Revestíos de las armas
de la luz. Revestíos del Señor Jesucristo (Rom 13, 14). Se viste de
Jesucristo quien le ama y le imita: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga
no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8, 12).



MATEO 25, 14-30:

En esta parábola Jesús exhorta a todos, singularmente a quienes elige para
el ministerio, a trabajar con total entrega y espíritu de servicio:

— En esta parábola de los talentos se deja entrever la participación activa
que algunos tendrán en el gobierno y en la propagación del Reino. Al que es
fiel en el ministerio que se le ha confiado, se le confiará aún más (29).
Todo don recibido es una responsabilidad. Y toda frustración de un don
repercute en daño de la comunidad eclesial. En el juicio Dios nos pedirá
cuentas.

— Todos tienen obligación de hacer fructificar los dones recibidos en orden
a la propia santificación y en orden al apostolado (= Desarrollo del Reino).
Siempre en vela y en fervor, pues nadie sabe de cuánto tiempo dispone. Es
mal siervo y será duramente juzgado y castigado aquel que, desprovisto de
caridad y de celo, deja improductivos los dones de gracia. Ni desarrolla en
sí mismo la gracia ni se pone al servicio del Reino (24. 28).

— A veces, la apatía y ociosidad se apoya en el pretexto de que a nosotros
no nos incumbe una labor especial en el Reino (24). Olvidamos que la Iglesia
es la sociedad «de los llamados por Jesucristo» (Rom 1, 6). Y, por
consiguiente, tenemos vocación a la santidad personal y a trabajar, bien que
en diversa medida y en ministerios diversos, en servicio del Reino de Dios:
«Nadie está ocioso en la Iglesia, nadie es inútil, ninguno está desocupado,
nadie carece de vocación personal. Ninguno tiene ante sí un vacío de
ideales, una vana fatiga. Y sucede con frecuencia que las existencias más
desgraciadas se hacen mediante la vocación cristiana las más dignas y más
preciosas; los pequeños, los pobres, los que sufren. La Iglesia ofrece a
cada uno un «quehacer», que contiene sentido, valor y dignidad y da
esperanza a la vida humana. ¡Qué riqueza de ideales y de energías hay tan
prodigiosa en el mundo!» (Paulo VI: 17-IX-1971). El Papa, que en la Iglesia
tiene el ministerio máximo, reconoce que toda existencia cristiana puede ser
y debe ser un servicio al Reino de Dios. Deus, qui... hominem vero formasti
ad imaginem tuam, et rerum el subjecisti universa miracula, ut vicario
munere dominaretur omnibus quae creasti; et in operum tuorum magnalibus
jugiter te laudaret (Pref Dom. per, annum V).

— El Señor distribuye en su Iglesia los talentos o carismas. Nadie es dueño
de tales dones. Somos sólo administradores. Todos, pues, deben utilizarse en
provecho de la Iglesia; con lealtad, fidelidad y diligencia. Es evidente que
la diligencia es en proporción del amor. Quien más ama a Cristo y a los
hermanos, trabaja con mayor tesón y entrega.

El que no ama es egoísta y perezoso (y 24.30). No ofrece a Cristo y a los
hermanos ni un mínimo esfuerzo. El tiempo y los dones que ha recibido los
malgasta en su propia comodidad y vanidad; o bien en críticas corrosivas de
la labor y del ministerio de quienes son más fervorosos y activos que él.
(SOLÉ ROMA, J. M., Ministros de la Palabra. Ciclo A, Herder, Barcelona,
1979, pp. 276-279)


Talento

Talento (gr. tálanton, "talento" [del heb. kikkâr; aram. kakkar; ugar.
kkr, "disco"]; este nombre proviene de la forma de un talento, que era un
disco de metal con un agujero en el centro, parecido a las arandelas o
golillas que se usan en algunos países de lengua española o española).
Unidad de peso o dinero. No era una moneda en el estricto sentido de la
palabra, sino un peso monetario griego igual a 60 minas; o sea, 34,20 kg.
El talento babilónico equivalía a 3.600 siclos; pero el talento hebreo, en
conformidad con el talento cananeo, consistía sólo de 3.000 siclos
(Exo_25:39; 37:24; 38:25-27; 2Sa_12:30; 1Ki_16:24; Ezr_7:22; Mat_18:24;
etc.). El uso figurado del vocablo "talento" deriva de la parábola de los
talentos, según la cual los siervos los recibieron de acuerdo con su
habilidad para hacer inversiones productivas (Mat_25:14-30). En Rev_16:21
la frase "como del peso de un talento" es una traducción del gr.
hostalantiaía, que significa literalmente "con el peso de un talento" ("que
pesaban más de cuarenta kilos", DHH). Se ha calculado el peso del talento
del NT entre 26 y 36 kg.



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Comentario Teológico: W. Trilling - El juicio del Hijo del Hombre

a) Parábola de los talentos (Mt/25/14-30)
14 Es como un hombre, que, al irse de viaje, llamó a sus criados y les
entregó su fortuna: 15 a uno le dejó cinco talentos, al otro dos, y al
tercero uno, a cada cual según su capacidad, y se fue. Inmediatamente, 16 el
que había recibido cinco talentos, se fue a negociarlos y ganó otros cinco;
17 igualmente, el que había recibido dos, ganó otros dos; 18 pero el que
había recibido uno solo, se fue, hizo un hoyo en tierra y escondió el dinero
de su señor. 19 Al cabo de mucho tiempo, vuelve el amo de aquellos criados y
se pone a ajustar cuentas con ellos. 20 Se acercó el que había recibido los
cinco talentos y presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me
entregaste; mira, he ganado otros cinco. 21 Díjole su señor: ¡Muy bien,
criado bueno y fiel! Fuiste fiel, en lo poco, te pondré a cargo de lo mucho:
entra en el festín de tu señor. 22 Se le acercó también el de los dos
talentos y dijo: Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros
dos. 23 Díjole su señor: ¡Muy bien, criado bueno y fiel! Fuiste fiel en lo
poco, te pondré a cargo de lo mucho: entra en el festín de tu señor. 24 Se
acercó también el que había recibido un solo talento y dijo: Señor, sé que
eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste, y recoges donde no
esparciste. 25 y como tuve miedo, fui y escondí en la tierra tu talento.
Aquí tienes lo tuyo. 26 Pero su señor le contestó: ¡Criado malo y perezoso!
¿Conque sabías que cosecho donde no sembré, y recojo donde no esparcí? 27
Pues por eso tenías que haber llevado mi dinero a los banqueros, para que, a
mi vuelta, yo recuperara lo mío con sus intereses. 28 Quitadle ese talento,
y dádselo al que tiene los diez. 29 Porque a todo el que tiene, se le dará y
tendrá de sobra; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. 30 Y
a ese criado inútil, arrojadlo a la obscuridad, allá afuera. Allí será el
llanto y el rechinar de dientes.

Esta parábola coincide en parte con la del criado fiel y sensato que hemos
leído hace poco (24,45-51). Allí como aquí confía el señor a sus criados
determinados encargos para el tiempo de su ausencia. Lo que importa es que
cumplan fielmente la voluntad de su señor. Pero aquí se añade algo nuevo. No
sólo se deben llevar a cabo terminantes encargos, sino que los criados deben
trabajar con independencia de acuerdo con el deseo de su señor.

Las grandes sumas de dinero no son repartidas para ser conservadas, para
preservarlas del robo o de otros daños, sino para que sean empleadas con el
fin de obtener una ganancia. En esto la parábola de los talentos sobrepasa
la del criado fiel. No basta llevar a término un encargo de trazos muy
concretos, sino que es preciso estar deseoso de aumentar los bienes con la
iniciativa y el riesgo personal. La magnitud de la suma entregada es
diferente en cada caso y se mide según la capacidad de los distintos
criados. Recibe más el que ya se había acreditado y ha sido hasta ahora fiel
y diligente en el servicio de su señor. El dueño se promete el mayor éxito
posible de esta gradación.

Cada uno recibe según la aptitud, uno de ellos cinco talentos, otro dos, el
tercero uno (un talento es una suma enorme de capital, unos 10.000 dólares,
pero el poder adquisitivo aún es cuatro veces mayor). En este reparto el
dueño tampoco se ha engañado, porque los dos primeros obtienen tanta
ganancia cuanto fue el dinero que se les confió, el primero cinco talentos,
el segundo dos. Sólo el tercero le decepciona y esconde el dinero en el
jardín para tenerlo en lugar seguro, pero no hace el menor esfuerzo por
aumentarlo. Se recalca que el señor regresa al cabo de mucho tiempo. Aquí
también resuena lo que sorprende en esta venida. Los criados se hubiesen
podido simplificar el trabajo cuanto más tiempo transcurriese, o también
olvidarse del regreso. Aunque sea después de mucho tiempo, el señor parece
venir de forma imprevista (cf. antes, 24,50; 25,6.13).

Ahora se ajustan las cuentas. Cada uno tiene que decir dónde se encuentra el
dinero que se le había confiado, e indicar la ganancia obtenida. El primero
y el segundo pueden hacerlo con la conciencia tranquila, porque se han
esforzado con diligencia. Sólo el tercero ha de confesar que no ha hecho
ningún trabajo. Más aún, insulta al señor con insolente osadía diciendo que
se hubiese enriquecido injustamente, si ahora le restituyera el talento con
ganancia. Ha interpretado mal la manera de proceder de su señor, no
tomándola como expresi6n de su confianza, sino como indecorosa codicia. No
solamente le faltaba el celo en la acción, sino que ya antes le faltaba
comprender bien a su señor. Pero el señor no acepta los reproches, ya que el
criado por lo menos hubiese podido tomarse la molestia de llevar el dinero
al banco, para que allí produjera intereses.

Los dos primeros son recompensados ubérrimamente, el tercero es castigado
con una gravedad espantosa. Notamos que el relato que sirve de base a esta
parábola está fuertemente orientado de acuerdo con la enseñanza religiosa
que el evangelista cree que de él se desprende. Propiamente se habla sólo de
que los criados deben restituir, con la ganancia obtenida, lo que se les ha
confiado. Y en la reprimenda del tercero se dice que se dé su único talento
al que ya posee diez. Así pues ¿los talentos han pasado a ser propiedad de
los criados? Así es. El hombre recibe de su señor el talento como don que
debe hacer fructificar en su vida. Al que tiene mucho, se le exige mucho; al
que tiene poco, se le pide poco. Pero el señor espera que cada uno trabaje
con lo suyo, que no solamente lo administre fielmente, sino que lo aumente.
El relato se interrumpe de la forma más sorprendente con la remuneración y
el castigo. Primero sólo se puede deducir de un modo indirecto quién es el
que se presenta súbitamente y de qué se trata en el ajuste de cuentas. Pero
luego se dice directamente que los dos primeros deben entrar en el festín de
su señor. De acuerdo con la parábola se esperaría que estos dos criados
«fueran puestos a cargo de lo mucho», es decir, recibieran empleos más
responsables, después de haberse acreditado. Pero esta recompensa del festín
es la verdadera recompensa de la vida, es la recompensa que ya no se hace
depender de que sea nuevamente confirmado en una posición más elevada. El
festín del señor es la participación de su soberanía en el reino de Dios. El
castigo del criado perezoso tampoco consiste solamente en que se le quite lo
que se le había cedido, sino en que sea arrojado «a la obscuridad, allá
afuera». éste también es un destino inapelable, que ya no se hace depender
de una nueva ocasión. Así pues, el contenido religioso de la parábola se
aclara de modo que vemos expuesto en el relato el hecho del juicio. Debemos
examinar la parábola y referirla a la propia vida. Cuando Jesús habla del
juicio, se yuxtaponen dos series de pensamientos. Una de ellas ve el juicio
por parte de la libertad ilimitada y de la misericordia de Dios, que
sobrepasa toda medida humana. Así se ve el juicio, porque se confía
absolutamente en Dios, para quien todo es posible, incluso la salvación de
una vida que de suyo estaba perdida (19,26).

Por otra parte, en san Mateo se insiste con el máximo vigor en cuánto
importa el propio obrar, sobre todo el amor. Es preciso poner en obra la
justicia en el amplio sentido que hemos encontrado. El Hijo del hombre
vendrá en la gloria de su padre y dará a cada uno «conforme a su conducta»
(16,27). Sólo puede ser aceptada por Dios la fe vivida y realizada, no la
confesión de los labios. Sólo puede tener esperanza de entrar en el reino de
Dios el que ejercita con fidelidad su cargo de administrador, el que lleva
consigo aceite en abundancia para las lámparas y el que está vestido con el
traje de boda.

En esta segunda serie de pensamientos está nuestra parábola, así como la
siguiente descripción del juicio final. La declaración peculiar que se añade
a los otros textos a partir de 24,37 es que Dios espera que fructifiquemos
de acuerdo con la capacidad que ha sido asignada a cada uno. No solamente es
preciso en general producir frutos de justicia, hacer «buenas obras»,
ejercitar el amor, sino que cada uno tiene que esforzarse en obrar según las
aptitudes que le han sido concedidas. Claro está que esta exigencia siempre
excede ampliamente aquello para lo que se estaba dispuesto y de lo que se
era capaz. Pero aquí tampoco hay correspondencia exacta entre las obras y el
premio, sino una exigencia que en el fondo es inmensa, como sucede con el
amor (cf. 5,43-48). Por eso el premio no es mezquino tampoco, ni guarda
proporción con las obras, sino que es sobreabundante y mucho mayor en todos
los conceptos: Te pondré a cargo de lo mucho; entra en el festín de tu
señor.
(TRILLING, W., Evangelios según San Mateo, en El Nuevo Testamento y su
mensaje, Herder, Barcelona, 1969)



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Santos Padres: San Gregoio Magno - Los talentos

1. Hermanos carísimos, la lección del santo Evangelio nos aconseja
reflexionar con cuidado, no vaya a, suceder que los que nos encontramos con
que hemos recibido más talentos que los otros, vengamos a ser, por eso
mismo, más severamente juzgados; porque creciendo los dones, crece también
la cuenta que de los dones hay que rendir. Así es que tanto más humilde y
más pronto debe uno estar para servir por razón del don, cuanto más obligado
a dar buena cuenta se considera.

He aquí un hombre que, al emprender un largo camino, llama a sus criados y
les distribuye talentos para negociar; y que después de mucho tiempo vuelve
para pedir cuentas: a los que han obrado bien remunera conforme a la
ganancia que han reportado, pero condena al siervo que se ha descuidado en
obrar bien.

¿Quién es este hombre que marcha lejos sino nuestro Redentor, que se fue al
cielo con la misma carne que había asumido? La tierra es el lugar propio de
la carne, la cual; cuando nuestro Redentor la coloca en el cielo, es como
llevada a un país extraño.

Y este hombre que marcha lejos ha entregado sus bienes a su siervo, pues ha
concedido a sus fieles los dones espirituales. Y a uno ha encomendado cinco
talentos, a otro dos y a otro uno solo. Pues bien, como los sentidos
corporales son cinco, a saber: vista, oído, gusto, olfato y tacto, en los
cinco talentos se significa el don de los cinco sentidos, es decir, la
ciencia de las cosas exteriores; en los dos talentos se significan el
entendimiento y la obra, y con el nombre de un talento se significa el solo
entendimiento.

Ahora bien, el que había recibido cinco talentos lucró otros cinco; pues hay
algunos que, aunque no alcanzan a comprender las cosas interiores y
místicas, sin embargo, por su aspiración a la patria celestial enseñan a
cuantos pueden las cosas buenas; de esos dones externos que recibieron
reportan doble talento y, guardándose de la petulancia de la carne, de la
ambición de cosas terrenas y del deleite de las cosas visibles, retraen
también de estas cosas a otros con su consejo. Hay otros que, dotados como
de dos talentos, reciben el entender y el obrar, entienden lo sutil de las
cosas interiores y ejecutan exteriormente obras admirables; y cuando,
entendiendo y obrando, predican a otros, es como que reportan de su trabajo
ganancia duplicada.

Y se dice bien que unas ganancias vinieron a ser de cinco y otras de dos,
porque predicándose a los dos sexos es como que se doblan los talentos
recibidos.

Más aquel que había recibido un solo talento, marchándose, cavó la tierra y
escondió el dinero de su amo. Esconder el talento en la tierra es emplear en
asuntos terrenos el ingenio recibido, no buscar ganancia espiritual, no
levantar jamás de los pensamientos terrenos el corazón. Pues hay algunos que
han recibido el don de la inteligencia, pero sólo gustan de ocuparse en las
cosas que se refieren a la carne. De los cuales se dice por el profeta (Ter.
4,22): Para hacer el mal son sabios, más el bien no saben hacerlo.

Ahora bien, el Señor, que distribuyó los talentos, vuelve para pedir
cuentas, esto es: quien ahora concede piadoso sus dones espirituales, en el
juicio examina más severamente los méritos, considera qué es lo que cada uno
ha recibido y pondera qué ganancia reporta de lo que ha recibido. El criado
que devuelve duplicados los talentos es alabado por el Señor e introducido a
la eterna recompensa, puesto que con palabra del Señor se dice: Muy bien,
siervo bueno y leal, ya que has sido fiel en lo poco, yo te confiaré mucho:
ven a tomar parte en el gozo de tu Señor; porque, en comparación de la
retribución eterna, todas las cosas de la vida presente, aunque parezcan
mucho, son poca cosa. Y al siervo fiel se le confía mucho cuando, vencidos
todos los obstáculos de la corrupción, es glorificado con los gozos eternos
en la mansión celestial: entonces es introducido a participar plenamente del
gozo de su Señor cuando, llevado a la patria eterna y agregado a la compañía
de los ángeles, de tal modo goza interiormente de este favor, que ya no hay
cosa alguna de la corrupción que exteriormente le aflija.

3.Pero el siervo que no quiso agenciar con el talento, se vuelve al señor
con palabras de excusa, diciendo: Señor, yo sé que eres hombre de recia
condición, que siegas donde no has sembrado y recoges donde no has
esparcido. Y así, temeroso, me fui y escondí tu talento en la tierra; aquí
tienes lo que es tuyo.

Es de notar que el siervo inútil llama duro al señor, al cual se disculpa,
sin embargo, de no haberle servido con la ganancia, y dice que había temido
dedicar al lucro el talento, cuando sólo debía haber temido devolvérsele sin
ganancia al señor. Pues hay muchos dentro de la santa Iglesia de los cuales
es figura este siervo, los cuales temen emprender el camino de una vida
mejor y, en cambio, no se asustan de yacer en la ociosidad, y que,
considerándose pecadores, temen escalar las vías de la santidad, pero no
tienen miedo de permanecer en sus iniquidades.

Buena figura de los cuales es Pedro cuando todavía estaba en su flaqueza,
cuando, al ver el milagro de los peces, dijo (Lc 5,8): Apártate de mí,
Señor, que soy un hombre pecador. Precisamente porque te consideras pecador,
conviene que no apartes de ti al Señor, Pues los que no quieren mejorar sus
costumbres ni acogerse al refugio de una vida más recta, por lo mismo que se
ven flacos, se confiesan pecadores, rechazan al Señor y huyen de aquel en
quien debían santificarse; y al modo de los que, perturbados, carecen de
juicio, cuando están muriéndose tienen miedo a la vida. Por eso es por lo
que a este siervo se le replica en seguida: ¡Oh siervo malo y perezoso!, tú
sabías que yo siego donde no siembro y recojo donde nada he esparcido; pues
por eso mismo debías haber dado a los banqueros mi dinero, para que yo a la
vuelta recobrase mi caudal con sus intereses. El siervo perezoso queda
convicto por sus propias palabras cuando el señor dijo: Siego donde no
siembro y recojo donde nada he esparcido; como si claramente dijera: Si,
según tú afirmas, yo reclamo lo que no di, ¿cuánto más exigiré de ti que me
devuelves lo que te he dado? Por eso mismo debías haber dado mi dinero a los
banqueros, para que yo a la vuelta recobrase mi caudal con sus intereses.

Ahora bien, dar el dinero a los banqueros es entregar la ciencia de la
predicación a los que con sus palabras y con sus obras pueden ponerla en
práctica. Pues así como veis lo que nosotros arriesgamos si retenemos el
caudal del Señor, así vosotros, hermanos carísimos, considerad solícitos el
vuestro; porque de vosotros se exige con usura el fruto de lo que oís,
puesto que hasta el caudal que no se ha dado se exige con usura; pues cuando
se devuelve tan sólo lo que se había recibido, también se exige además lo
que no se ha recibido.

Pensad, por tanto, hermanos carísimos, que debéis pagar con usura este
caudal de la palabra que recibís, y procurad entender de esto que oís otras
cosas que no oís, de manera que, deduciendo unas cosas de otras, aprendáis
además por vosotros mismos lo que todavía no habéis aprendido de labios del
predicador.

Pero oigamos con qué sentencia se castiga al siervo perezoso: Quitadle aquel
talento y dádselo al que tiene diez talentos. Parecía muy en su punto que,
al quitar al siervo malo un talento, se diera al que había recibido dos, más
bien que al que había recibido cinco, porque al que tuvo menos se debió dar
más que al que tuvo más. Pero es que, según dijimos antes, por los cinco
talentos se significan los cinco sentidos, es decir, la ciencia de las cosas
exteriores, y por los dos se significan el entendimiento y la operación; por
consiguiente, el que tuvo dos había recibido más que el que tuvo cinco,
porque el que por los cinco talentos mereció la administración de las cosas
exteriores, todavía se quedó sin la inteligencia de las interiores; por
consiguiente, el un talento, que significa, como hemos dicho, el
entendimiento, debió darse a aquel que administró bien los dones exteriores
que había recibido. Cosa que a diario estamos viendo en la santa Iglesia;
porque muchos, por administrar bien los dones exteriores que reciben, son
llevados también a la inteligencia mística, para que, ya que emplean bien
los dones exteriores, puedan gozar de la inteligencia interna. Además, en
seguida se añade esta sentencia general: Porque a quien tiene, dársele ha, y
estará abundante; mas a quien no tiene, se le quitará aun aquello que parece
tener. Es decir, que se dará al que tiene, y abundará, porque el que tiene
caridad también participa de los demás dones; más el que no tiene caridad
pierde también los dones que parecía haber recibido. Por tanto, hermanos
míos, es necesario que en todas vuestras obras cuidéis de guardar la
caridad; ahora bien, la caridad verdadera consiste en amar al amigo en Dios
y al enemigo por Dios. Y quien no tiene esta caridad pierde todo el bien que
posee, queda privado del talento que había recibido y, conforme a la
sentencia del Señor, es arrojado a las tinieblas exteriores, porque, como
castigo, cae en las tinieblas exteriores el que por su culpa cayó en las
tinieblas interiores; y allí, forzado, sufre las tinieblas vengadoras quien
aquí llevó gustoso las tinieblas del placer.

7. Mas es de saber que no hay ocioso alguno que esté seguro de no haber
recibido algún talento, porque ninguno hay que diga con verdad: Yo no he
recibido ningún talento, no hay por qué esté obligado a rendir cuentas; pues
con el nombre de talento se debe entender lo que cualquier pobre ha
recibido, por mínimo que ello sea. Uno, pues, ha recibido la inteligencia de
la predicación, y éste debe el ministerio como talento; otro ha recibido
bienes terrenos y debe distribuir o administrar el talento de tales cosas;
aquél no ha recibido la inteligencia de las cosas interiores ni abundancia
de bienes, pero ha aprendido un arte, con el cual se sustenta, y ese arte se
considera como el talento que ha recibido; este otro nada de estas cosas ha
logrado, pero tal vez ha merecido la amistad cerca de algún rico; ha
recibido, pues, el talento de la amistad; por tanto, si no le habla en favor
de los menesterosos, se le condena por retención del talento: Así es que
quien tenga entendimiento, cuide de no estar siempre callado; quien tenga
bienes abundantes vigile para no descuidarse en ejercitar la misericordia;
quien posea un arte por el cual se sustenta, procure con gran diligencia que
el prójimo participe de su uso y utilidad; quien tiene ocasión de hablar al
rico, tema ser castigado por retención del talento, si, pudiendo, no
intercede cerca de él en favor de los pobres; porque el Juez que ha de venir
exige de cada uno de nosotros el talento, o sea, cuanto ha dado.

Por consiguiente, para que, cuando vuelva el Señor, se halle uno seguro de
la cuenta de su talento, piense cada día con temor en lo que ha recibido.
Mirad que ya está cerca la vuelta del que se fue lejos; porque, aunque
parece haberse alejado mucho quien se marchó lejos de esta tierra en que
nació, pero vuelve en seguida a pedir la cuenta de los talentos; y si nos
emperezáramos en obrar bien, nos juzgará más rigurosamente sobre los dones
que nos concedió.

Consideremos, pues, qué es lo que habemos recibido y estemos alerta para
emplearlo bien. No haya algún cuidado terreno que nos impida la vida
espiritual, no vaya a suceder que, si se esconde en la tierra el talento, se
provoque a ira al Señor del talento.

El siervo perezoso, cuando ya pide cuentas de las culpas el juez,
desentierra el talento; hay, pues, muchos que se retraen de los deseos y
obras terrenas cuando, por aviso del juez, son ya entregados al suplicio
eterno. Vigilemos, por tanto, antes de que se nos pida cuenta de nuestro
talento, para que, cuando ya el Juez amenace con el castigo, nos libre de él
la ganancia que hemos reportado. Lo cual haga por nosotros Dios, que vive,
etc.
(SAN GREGORIO MAGNO, Homilías sobre el Evangelio, Libro I, Homilía IX, 1-7,
BAC Madrid 1958, p. 566-70)



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Aplicación: P. Gustavo Pascual I.V.E. - Parábola de los talentos

La Virgen María es carismática y la más grande entre los
hombres. Así la llamó el ángel Gabriel (kejaritoméne) que significa “llena
de gracias”[1]. También Jesús fue supercarismático, la fuente de los
carismas (pléresjáritos) “lleno de gracia”[2] y así todos los santos. Los
santos han sido el remedio de su tiempo porque usaron bien sus carismas y
Dios les concedió carismas especiales para el tiempo en que vivieron.

Jesús y María llevados por sus carismas realizaron la
Redención de los hombres, es decir, crearon el hombre nuevo, hombre
pneumático[3] y por tanto carismático.

Jesús y María fueron fieles a sus talentos y por ellos se
nos abrieron las puertas del cielo.

Los santos también han realizado grandes cosas porque fueron
carismáticos.

La parábola de los talentos nos recuerda que hemos recibido
gracias, carismas de Dios y que es necesario hacerlos producir porque para
eso se nos han dado[4].

Todos tenemos talentos. Todos, en distinta medida, según el
don de Dios y todos estamos llamados a negociar con ellos. En eso nos
jugamos el destino eterno “el gozo del Señor” o “las tinieblas exteriores”.

Lo primero es conocer cuáles son nuestros talentos que
muchas veces a nuestra vista parecen desproporcionados respecto de otros
hombres. Para el Señor no hay tal desproporción. Lo que Él quiere es la
fidelidad. Importa mucho descubrir nuestra faceta carismática única e
irrepetible, singular, y ponernos a trabajar con ella.

Esos carismas que el Señor nos ha dado son para que creemos
algo nuevo y único en torno nuestro según sus planes eternos. Un querer de
Dios particular sobre mí que si soy fiel me alcanzará el cielo.

Hoy día se habla de globalización y socialización pero hay
que tener cuidado que ella no pode nuestros carismas. Es bueno oponerse a la
socialización siendo fiel a los carismas que Dios ha donado a mi persona.

Siempre existe el peligro que lo formal oprima a lo
carismático, que la simple conservación reemplace al crecimiento, que la
letra oprima al espíritu.

Jesús se opuso con su carisma a la formalidad de su época,
el fariseísmo. Predicó el espíritu contra la letra[5].

No es broma el producir con los talentos. Tenemos que ser
creativos, no por pura originalidad o por arrogancia, sino porque así es la
voluntad de Dios. A uno le dio un talento, a otro cinco y a otro diez y les
dio libertad para negociar… y al regreso les pidió cuenta de su
administración.

El que escondió el talento es el que siguió a la mayoría o
se dejó arrastrar por el mundo. El que escondió el talento también puede ser
el que nunca se preocupó por ver cuál era su talento o aquel que sirvió
mucho y trabajó mucho pero en servicio de otro que no era Dios y su talento
permaneció bajo tierra.

Esta parábola se refiere a la segunda venida de Cristo para juzgar a todos.
El encuentro de algunas almas con Cristo será antes de la segunda venida, en
el momento de la muerte. Sea cuando sea, la parábola alude a nuestro
encuentro con Cristo juez para ajustar cuentas.

Los talentos que originariamente son dinero significan las
gracias que Dios nos ha dado en nuestra vida, gracias naturales y
sobrenaturales.

Ya el crearnos es un talento de Dios. Pero después de
crearnos Dios nos ha colmado y nos colma de infinidad de gracias. Y ¿para
qué? Para que lo sirvamos y Él nos conceda el premio a nuestra fidelidad.
También el premio es una gracia pero Dios lo concede al que ha sido fiel.

Se trata de trabajar con las gracias recibidas en bien de
nuestra alma y en bien del prójimo.

Todos recibimos gracias de Dios, unos más, otros menos, pero
no son para usarlas con egoísmo, no son para apropiárnoslas y enterrarlas.
No son para la tierra los dones de Dios. Son para bien usarlos en la tierra
y con ellos alcanzar el cielo.

Si las gracias de Dios las uso sólo para tener bienes
terrenales, para pasarla bien en esta tierra, para gozar aquí en el mundo,
me parezco al siervo holgazán que escondió el talento justificándose en un
falso temor, que no era tal, sino ociosidad para trabajar en el bien del
prójimo y diligencia para pensar sólo en él.

Dios no tiene tanto en cuenta la cantidad de talentos
recibidos cuanto que trabajemos con los que nos ha dado. Todos, el que
recibió diez, cinco o uno quiere Dios que lo hagan rendir. El rendimiento
Dios lo valora en orden a su servicio, en orden al trabajo por el Reino, por
la venida del Reino.

Cada uno de nosotros ha recibido talentos para realizar una
misión en la tierra, una misión exclusiva y Dios nos pedirá cuentas de ella.
Debemos conocer esa misión. Si le pedimos al Señor, Él nos la hará conocer.
Debemos pedirle con fe que es lo que quiere de nosotros y disponernos para
escuchar su voz, sus signos, sus mensajes.

De las gracias, de los carismas que ya conozco que Dios me ha concedido,
como por ejemplo, mi estado de vida, la vida de gracia, mi profesión, mi
salud, mi inteligencia, etc. ¿Qué hago con ellos? ¿Cómo los uso? ¿Los tengo
enterrados o están dando frutos?

El premio a los que hacen rendir los talentos es grande,
desproporcionado al trabajo, “entra el gozo de tu señor”, que es el cielo,
que es entrar en el Reino de Cristo. El castigo también es grande “las
tinieblas de fuera” que es el infierno, quedarse fuera del Reino de Cristo.

Aprendamos la fidelidad de Jesús al Padre. Toda su vida fue
un constante repetir: “he aquí que vengo a hacer tu voluntad”[6] o la
fidelidad de su Madre: “he aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra”[7] o la fidelidad de todos los santos. Ellos fueron fieles a los
talentos que Dios les dio y realizaron obras magníficas.



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Aplicación: P. José Antonio Marcone, I.V.E. - Parábola de los Talentos (Mt.25,14-30)

Introducción

El marco en el cual se desarrolla esta parábola es la semana
santa. Está dicha al lado casi del discurso escatológico, es decir, el
discurso en el cual anuncia el fin de Jerusalén y el fin del mundo. Su
muerte, además, está cercana. Se avecina, por lo tanto, el Día, con
mayúsculas, el Día de su pasión, muerte y resurrección.

Les habla de la llegada del Reino (discurso escatológico en
el que mezcla la ruina de Jerusalén con el fin del mundo), pero hay algo más
importante todavía que la llegada misma del Reino. Más importante no
objetivamente (en sí misma) pero sí subjetivamente (para nosotros) ¿Qué es
eso más importante que la llegada misma del Reino? Es la actitud espiritual
que asuma cada uno de nosotros ante el nacimiento, el desarrollo y el
advenimiento del Reino; la intervención eficaz de nosotros en el desarrollo
de ese Reino, la ayuda que con nuestro trabajo hemos dado al crecimiento del
Reino; en definitiva el uso y la administración que de nuestra libertad
hemos hecho, el uso y administración de nuestra voluntad. Y por eso, después
de narrar cómo será el advenimiento del Reino, coloca una serie de parábolas
para que nosotros aprendamos bien cómo debemos actuar dentro del Reino.
Primero habla de una actitud general de vigilancia y laboriosidad: los días
de Noé, el ladrón que llega de noche, el mayordomo que queda al frente de la
servidumbre. Después lo hace ya más particularizado: las diez vírgenes con
aceite y sin aceite (la fe y las obras); y la de hoy, la de los talentos.

No es que sea más importante en sí (objetivamente) nuestra
actitud. Porque más importante es el Reino en sí (la gracia, Jesucristo, la
Iglesia, el cielo, etc.), pero para que todo eso me aproveche debe haber en
mí una justa actitud ante esas excelsas realidades. Debo ocupar mi lugar en
ese Reino, debo poner en ejercicio mi libertad para insertarme libre y
voluntariamente en esa realidad divina que es el Reino de Dios.

Y a eso apunta la parábola de hoy.


1. El sentido de la parábola

Les da talentos.

“El significado es tan claro que ya desde el principio la
palabra "talentum", que era una moneda y un pondere, empezó a significar
para el pueblo los dones espirituales que el hombre recibe de natura, hasta
eliminar este sentido metafórico al otro sentido literal del término en el
latín; como hoy persiste en castellano, francés e inglés; en que decimos
"hombre de talento" sin acordarnos siquiera del significado primitivo:
intrusión del evangelio en el lenguaje” (Leonardo Castellani).

“La "creatividad" ha sido querida y mandada por Dios, como
precepto capital del "siervo de Dios" e "hijo de Dios", que es el Hombre”
(LC)

“Díganme si esto no significa ordenar Dios al hombre, como
"servicio de Dios", la creatividad, -o sea la actividad productiva de sus
facultades- con el rigor más absoluto” (LC)

“No menos de seis veces aparece en él el mandato de
"negociar hasta que yo vuelva ";” (LC)

“Las diferencias de la otra parábola son: aquí es un
ricachón y no un rey, la suma confiada es enormemente mayor (no sé si
ironizó Cristo al hacer al Noble más pobre que al Financista) les dio
diferentes sumas, diez, cinco y un Talento, "según su capacidad"; el premio
que da a los industriosos y creadores es mayor y más indeterminado ("entra
en el gozo de tu Señor") y el castigo es enorme: le quitan el talento que
tenía para darlo al que tenía diez y arrojan al "siervo inútil" a "las
tinieblas de allá fuera, donde será el llanto y el rechinar de dientes", lo
que significa la muerte eterna. En vano DomCalmet contiende que significa un
calabozo, la cárcel. Eso no es "allá afuera"; sino, como dicen los
malevitos, "adentro"; y esa expresión de Cristo designa siempre el infierno.
Si el no hacer fructificar los dones que Dios nos dio (nos confió) puede
resultar en la muerte eterna” (LC)

“Dios quiere por lo visto que cada hombre en este mundo (y
sin eso no puede salvarse) "haga algo", produzca con y en su mente primero y
después fuera, una cosa que ningún otro pueda hacer sino él. El valor
"terrenal" de lo que hace (sea la Novena Sinfonía, sea otra cosa... no digo
un tango) no tiene importancia;” (LC)


2. El mejor ejemplo: Jesucristo

“Jesucristo el hombre del trabajo. El texto evangélico que
acabamos de escuchar nos habla del trabajo humano, que para el cristiano
encuentra su máxima inspiración y ejemplo en la figura de Cristo, el Hombre
del trabajo. Antes de comenzar su labor mesiánica en la proclamación del
Evangelio a las gentes, ha trabajado durante treinta años en la silenciosa
casa de Nazaret. Desde su primera juventud, Jesús aprendió a trabajar, al
lado de José, en su taller de carpintero, y por eso le llamaban el «hijo del
carpintero» (Matth. 13, 55). Éste trabajo del Hijo de Dios constituye el
primer y fundamental Evangelio, el Evangelio del trabajo. Después, durante
su predicación apostólica se referirá continuamente, especialmente en sus
parábolas, a las diferentes clases de trabajo humano.

“Jesús predicaba ante todo el reino de Dios. Y a la vez, el
destino definitivo del hombre a la unión con Dios. Pero esta perspectiva
sobrenatural mostraba igualmente el profundo significado del trabajo del
hombre. Porque no pertenece solamente al orden económico temporal de la
sociedad humana, sino que entra también en la economía de la salvación
divina. Y aunque no sólo el trabajo sirve ala salvación eterna, el hombre se
salva también mediante su trabajo. Esta es la enseñanza del Evangelio que la
Sagrada Escritura nos transmite, repetidas veces, tanto en el Antiguo como
en el Nuevo Testamento.” (San Juan Pablo II)

“Partiendo de estas dotes que el hombre recibe del Creador a
través de sus padres, cada uno podrá realizar en la vida, con mayor o menor
fortuna, la misión que Dios le ha confiado. Siempre mediante su trabajo.
Esta es la vía normal para redoblar el valor de los propios talentos. En
cambio, renunciando al trabajo, sin trabajar, se derrocha no sólo «el único
talento» de que habla la parábola, sino también cualquier cantidad de
talentos recibidos.

“Jesús, a través de esta parábola de los talentos, nos
enseña, al menos indirectamente, que el trabajo pertenece ala economía de la
salvación. De él dependerá el juicio divino sobre el conjunto de la vida
humana, y el reino de Dios como premio. En cambio, «el derroche de los
talentos» provoca el rechazo de Dios.” (San Juan Pablo II)


3. Aplicación a nosotros

Todo esto está orientado a cada uno de nosotros: cómo hemos
hecho y hacemos uso de nuestra libertad, de nuestra voluntad y de todas las
potencias que de ella dependen.

Esta parábola y la del domingo pasado son muy importantes
ante el peligro de la protestizanción de la religión: la fe sin obras, el no
hacer el mal sin hacer el bien.

El trabajo: no sólo algo aplicable a la economía nacional o
familiar. En estos casos es más evidente: el que no trabaja no come. Es
aplicable también a la puesta en juego de todas nuestras facultades para dar
frutos ‘de vida eterna’.

Todo esto debe hacer replantearnos radicalmente nuestra
vida, nuestros hábitos. ¿Qué hemos hecho con todos los dones espirituales
que recibimos en el bautismo, Primera Comunión y Confirmación? ¿Se han
desarrollado? ¿Cuántas veces venimos a misa por mes? ¿Cuántos libros de
instrucción religiosa hemos leído? ¿Cuántas horas semanales de televisión
vemos? ¿A qué disciplina nos sometemos para poder dar frutos de vida eterna?
Muchas veces nos sometemos a disciplina solamente para trabajar para ganar
dinero.

Precisamente hoy tuve la gracia de estar en el Santuario de
San Alberto Hurtado y en la pieza donde vivió. El que nos hizo la guía fue
un sacerdote jesuita que fue Presidente del Consejo Nacional de la Juventud
de Acción Católica cuando el P. Hurtado era asesor. Y nos decía que el P.
Hurtado no murió de cáncer de páncreas. El cáncer de páncreas fue la última
manifestación de otra cosa: el agotamiento, murió de agotamiento. A la noche
la consagraba sobre todo a escribir. Y también a leer y rezar. Todo el día
andando de aquí para allá (trabajando) y a la noche escribir, leer y rezar.
Dormía poquísimo.


Conclusión

La parábola de hoy se parece al hecho de la higuera estéril
que no da frutos y que Jesús la maldice (Mc.11,12-14.20-24 y //),
precisamente también dentro de la Semana Santa(justo antes de su pasión,
para expresar el final del tiempo, el Día).

¿Y Qué sucede si tenemos 20, 30, 40, 50 años y nos damos
cuenta que hasta ahora hemos sido como el siervo inútil? No debemos
desesperarnos. De nada sirve llorar: “No llores como mujer lo que no
supiste defender como hombre”. Si estamos vivos es porque todavía hay
tiempo. Podemos despertarnos y empezar a trabajar. Siempre hay tiempo
mientras vivimos.

Por eso el mismo Jesucristo narró la parábola de la Higuera
que no daba frutos. El agricultor pide tiempo y si no da fruto la cortará
(Lc.13,6-9).

No nos olvidemos que Ma. Sma. es una gran agricultora y ama
mucho las higueras que no dan fruto y que pueden darlo. Ella es en primer
lugar la que le pide al Señor que no seque la higuera y la cultiva, si hace
falta la trasplanta y luego de un tiempo presenta al Señor los primeros
higos, un poco maltrechos al principio, pero luego los higos comienzan a
madurar y son hermosos frutos de los cuales puede gozarse el Señor. Por eso
en la primera lectura se nos presenta a la mujer industriosa que trabaja
hasta tarde, no para ganar dinero sino para aliviar las necesidades de sus
hijos, de sus siervos y de sus pobres. ¿Quién es esa mujer hacendosa que
trabaja por los demás? María. María es la agricultora trabajadora que
removerá la tierra alrededor de la higuera estéril de nuestra vida, la
abonará y hará que dé frutos.

Notas
[1]Lc 1, 28
[2]Jn 1, 14
[3] Espiritual
[4]St 1, 17
[5] Cf. Castellani, Las Parábolas de Cristo…, 284
[6]Hb 10, 9
[7]Lc 1, 38

 

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Ejemplos

El hijo verdadero

Los talentos
Hace poco más de 200 años nació Félix Mendelssohn, uno de los máximos compositores del período del romanticismo. Fue un genio precoz que a los 9 años ofreció su primer concierto de piano, y a los 17, estrenó la obertura Sueño de una noche de verano, cuya marcha triunfal resuena y nos estremece en las bodas, cuando la novia aparece por la puerta principal vestida de blanco. Cuenta la historia que Mendelssohn estaba en una carnicería cuando se dio cuenta de que el papel que estaba utilizando el tendero para envolver la carne eran unas partituras. Al ver la perfección musical, compró todo el papel estampado y resultó que se trataba de La pasión según san Mateo, de Bach. Esta obra la estrenó en 1829 en el oratorio de la Singakademie de Berlín. De este modo Bach salió del sepulcro y es admirado desde entonces por piezas como la Toccata o el Concierto de Brandenburgo. Este hecho maravilloso nos enseña a valorar los talentos y dones que Dios nos ha dado para no gastarlos a precio de papel reciclado, y en segundo lugar, quedó patente la honestidad de Mendelssohn pues no se apropió del talento ajeno, sino que supo brillar con su propia luz. Si hubiera plagiado, su memoria estaría ahora manchada de vergüenza.

(Cortesía: NBCD e iveargentina.org)

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