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De temporibus novissimis - De los Últimos Tiempos (José de Acosta): Libro Tercero

 

 

José de Acosta de ls Sociedad de Jesús

 

LIBRO TERCERO.
La persecución del Anticristo aunque sea fuerte no superará a la Iglesia.
Capítulo I.
La ayuda de Dios y el cuidado de los ángeles
Capítulo II.
De la gran defensa de la divina Escritura de cara a las artes del Anticristo.
Capítulo III
Habrá en el futuro, al final del tiempo, hombres de apostólica santidad para la Iglesia.
Capítulo IIII
Algunos dudan que en el tiempo del Anticristo vengan Elías y Henoc.
Capítulo V.
Es sentencia común de los Padres que Elías y Henoc volverán en los últimos tiempos.
Capítulo VI.
Si nos atenemos a la fe de la Escritura canónica no se puede negar la venida de Elías antes del juicio.
Capítulo VII.
La Escritura transmite que también Henoc vendrá antes del juicio.
Cap. VIII
En el libro de la Apocalipsis se manifiesta claramente la venida y la admirable predicación de Elías y de Henoc.
Capítulo IX.
Al venir Elías y Henoc, los judíos parece que no se convertirán en lo más mínimo
Capítulo X.
El resto de Israel creerá en Cristo por la predicación de Elías.
Capítulo XI.
Concordar de los pasajes de la Escritura respecto a la fe y la infidelidad de los judíos.
Capítulo XII.
Si al mismo tiempo se dará el reino del Anticristo y el testimonio de aquellos dos profetas.
Capítulo XIII
Acerca de la concertación de Elías y Henoc con el Anticristo.
Capítulo XIV
El martirio y la glorificación de los santos Elías y Henoc.
Capítulo XV.
En el monte santo el Anticristo tomará asiento y ahí mismo perecerá.
Capítulo XVI.
Será destruido el maligno aquel por Cristo el Señor.
Capítulo XIV
El intervalo señalado por Daniel entre la destrucción del Anticristo hasta el día del juicio.
Capítulo XVIII.

 

La persecución del Anticristo aunque sea fuerte no superará a la Iglesia.

Capítulo I.  [p. 519]

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 519Hasta ahora hemos hablado del reino y del poder del Anticristo, de la guerra tan salvaje como jamás la Iglesia ha sufrido. No es más que justo que digamos algo de después de tanta lucha del enemigo, de las coronas y victorias de los servidores fieles de Cristo. Es que Cristo no abandonará a su Iglesia ni permitirá que  el adversario insulte por más tiempo su gloria. Justo cuando mayor será el poder del enemigo [p. 520] tanto más espléndida será la victoria.

Tenemos de parte de Dios, que no miente, varias promesas y pactos consagrados de gran firmeza. Dice: Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos (Mt26). Y en otro lugar: Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (Mt 16).De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 520 Y más nuevamente: Les dará un Paráclito para que esté con ustedes para siempre (Jn 14). Y nuevamente: La verdad está en nosotros y permanecerá con nosotros para siempre (2 Jn 1). Y nadie arrebatará mis ovejas de mi mano[1].  No faltarán mis palabras de la boca de tu descendencia ni  ahora ni nunca[2].

Son innumerables los testimonios que nos aseguran que el Dios bueno y benigno nunca abandonará a los suyos[3]. Es más, lo que ha sido escrito ha sido escrito para tengamos por la paciencia y el consuelo de las Escrituras una esperanza que falla como una ancla segura y firme para el pueblo fiel de Cristo[4]. Porque él mismo lo dijo: no te despediré ni te abandonaré  (Jos 1) de manera que confiadamente podemos decir: Dios es mi ayudador, no temeré lo que me haga el enemigo[5].

Tampoco soltará  a aquel dragón funesto el Dios clemente en el fin del mundo si  esté seguro que  habrá colmado de su gracia a los suyos en la fuerza de la cual vencerán al furioso enemigo cuando sea soltado. Esto será una mayor gloria para Dios. El diablo atacará a la Iglesia de Cristo con todas sus fuerzas y después haberla tirado y torturado  aquí y allá, se verá obligado  retirarse al valle con gran ignominia y desesperación.

Tal fue también la pertinaz discusión del nefasto Satanás acerca de Job quien es citado como una maravillosa figura de la última calamidad de la Iglesia.  De ahí viene también con el permiso de Dios el poder de dañar. Aquí tenemos también el éxito finalmente de tan largo y duro combate de manera que el hombre se ve alabado por Dios  [p. 521]. Aparece aún más iluso a causa de la violencia de las De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 521tentaciones. Dios cuida su causa y lo remunera la paciencia del hombre inocente con abundantes bienes. Es que aun Satanás está atado  de alguna manera para que no pueda dañar cuanto quisiera para que nosotros no seamos tan imbéciles y tímidos que perdamos nuestra salvación a causa del furor de aquel. Se le soltará nuevamente  en aquel último tiempo. Esto también es obra de la sabiduría y misericordia de Dios de manera que aquellos soldados fuertes de Cristo expuestos todos al furor del salvaje enemigo experimentarán  cuántas fuerzas de la gracia de Dios se dan para mayor gloría del Padre celestial.

Suelen finalmente los excelentes artífices, luego de editar varios documentos de acuerdo a su capacidad, realizar una máximo esfuerzo para que todo el asunto se concluido con el mayor esplendor posible. De la misma manera me parece que Cristo para demostrar la magnitud de la gracia y su fuerza, luego de que  tantas cosas han sido llevado adelante firmemente y como si quisiera producir un embrujo supremo, ordena soltar a aquel león violento y dejar que se enardezca contra él lo más que le sea posible, para que la Iglesia luchando en la tierra ofrezca un hermoso espectáculo y así concluya todo como un acto totalmente superior a todo lo demás.

 

La ayuda de Dios y el cuidado de los ángeles

Capítulo II.

El género humano es, pues, inerme por naturaliza e deficiente en todas las dimensiones y, al soportar al enemigo, la lucha y el furor desatado y al cargar con el interminable combate de los impíos, simplemente no está a la altura sin la ayuda divina. Por eso hemos ahora de mirar cuáles son los auxilios que recibe la Iglesia para poder ser superior. Esto auxilios son de dos modos, algunos invisibles e interiores y otros exteriores,  y por ambos modo Cristo acude para ayudar a su Iglesia.  No hay duda, la interiores no son sino  aquellos que entonces se le concederá en forma extraordinaria, una fuerza admirable de fe,  un invencible espíritu [p. 522] de caridad y de paciencia, una sabiduría lúcida que noDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 522 podrán confundir las tinieblas del poder diabólico y sus maquinaciones. De este tiempo se ha escrito: He aquí  la fe y la paciencia de los santos[6]. Insisto en recordar que de esto habla la Escritura muchas veces de manera que no hay duda que la Iglesia de Cristo recibirá dones futuros  más ilustres y más grandes[7].  

También serán ayuda nuestra los santos ángeles. Eliseo vio mucho más de ellos que estaban con él que los que estaban con los enemigos que vio su servidor aterrado por la multitud de carros de guerra y soldados[8]. En aquel entonces serán ante todo los ángeles los que vendrán en auxilio del pueblo de Dios y lo harán con prestancia. No escribió Daniel sin una razón muy grave: En aquel tiempo surgirá el gran príncipe Miguel que se pone del lado de los hijos de tu pueblo (Dan 12). Juan describe la obra y la acción de Miguel en ese pasaje como suele hacer, como para describir el cumplimiento de lo que dijo aquel profeta. Narra la lucha valiente de Miguel contra el dragón  y de sus ángeles contra los ángeles de aquel[9].  Vencerá en gran batalla y pondrá en fuga al enemigo y esto lo hace nuestro egregio príncipe Miguel durante todo el trayecto de la Iglesia. Sin embargo,  como lo indica el orden de las cosas suficientemente, se trata ante todo de aquel última batalla en la cual Miguel vencerá y se le aclamará con gran alegría por todos los que están en los cielos: Ahora se ha hecho la salvación y la virtud y el reino de nuestro Dios y la potestad de su Cristo[10].

Por tanto, bajo la protección de Cristo rey una de San Miguel, el guía de la milicia cristiana, ¿quiénes no se prestarán para ser valientes combatientes contra los enemigos de la Iglesia católica? ¿O cómo es posible de tener miedo a quien sea cuando ante ellos Dios es el que da la capacidad de luchar y cuando él es jefe? ¿Cuándo los próceres supernos llevan grandes estandartes en todas partes y con gran combate? [p. 523]

 

 

De la gran defensa de la divina Escritura de cara a las artes del Anticristo.

Capítulo III.

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 523De entre los auxilios eternos contra las trampas e innumerables fraudes  del Anticristo, por las cuales seducirá a las sanciones del oribe entero, ocupa la Escritura divina con su insuperable autoridad. A la Iglesia no se le ha dado protección que sea más fuerte y más grande. La firmeza de la palabra divina excelsa e insuperable sirve pare detectar todas las insidias del diablo, para vencer todas las maquinaciones de la mentira. Todo ardiente sentencia de Dios escude es para los que esperan en él[11]. La palabra de Dios es espada del Espíritu[12]. Son los ríos caudalosos cerca de las cuales habitan las santas palomas[13]. Desde allí, volando en altura descubren al enemigo y, como especula Gregorio, con cabeza escondida evaden la astucia del perseguidor[14]. De ahí que la Iglesia intrépidamente opone la fe de las Escrituras a los milagros del Anticristo, también a los grandes. Y su testimonio invencible de la verdad rechaza a los obras prestigiosa como una luz brillante que penetra a la neblina.

Harán, dice, signos grandes y prodigios de manera que serían llevados al error si fuera posible también  los elegidos. He aquí que se lo he predicho[15]. Realmente es admirable la providencia de Cristo, porque ¿qué opondrá la Iglesia a los signos y prodigios y a todos los recursos del seductor? He aquí, dijo, que se lo predicho Esto es más poderoso que todos los signos, más potente que todos los milagros. Pues, no hay nada más potente que la autoridad de la palabra divina. Aunque un ángel del cielo les traiga otro evangelio del que han recibido, que sea anatema[16]. Así avisa Pablo con toda claridad. Esta es la firmeza de la divina verdad una vez aceptada.

¿Qué dice Pedro? Tenemos una firme enseñanza profética, a la cual haréis bien prestar atención para su propio bien. Es como una luz en un lugar tenebroso [p. 524] hasta que comience el día y la luz surja en su corazón[17].

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 524Lo que pregunto es, ¿qué testimonio es más firme de lo que se ha dicho? Un testigo ocular mismo narra el  sublime milagro de la transfiguración de Cristo. Con todo, los insignes testimonios proféticos sobre Cristo  por medio de la aceptación en la fe  quieren adquirir una firmeza y un peso mayor aún. Por eso el mismo Cristo rebate rotundamente a los judíos diciendo: Escruten las Escrituras porque ellas dan testimonio de mi[18]. Y, si creyeran a Moisés quizás creerían también en mí, porque de mi escribió[19]. Y también Pablo a quien antes ha prometido la Escritura[20].

La fe en Cristo no se confirma sólo por los milagros sino también por las Escritura. Se ha dado los signos a los paganos, a los creyentes se les ha dado las Escrituras. Es por eso que la primera Iglesia abundaba en milagros puesto que su misión consistía en evangelizar a los paganos. En los últimos tiempos – ya que los fieles ya han sido llamas la Iglesia se apoyará mayormente en las Escrituras.

Para decirlo de manera más contundente: todos los milagros nada serían e inútiles si no fueran corroborados por la Escritura, es decir, que necesitan tener una enseñanza conforme. Es que la Escritura es por sí mismo un argumento invencible de la verdad. Por ejemplo, Juan no hizo signo alguno[21]. Sin embargo, mereció la fe como corresponde a un gran testigo de Dios ya que mostró que, según la Escritura, él era la voz del que clama en el desierto[22].

De ahí es la máxima seguridad de la Iglesia católica, su insuperable alegría que todos los misterios que tiene se le vienen admirablemente por medio de toda la serie de las Escrituras. No se ha hecho nada en la nueva ley cuyo advenimiento no haya sido predicho  en la antigua que sucedería. De esta manera  se ciñe los oráculos celestes  como una corona  y se responde mutuamente  como los querubines para dar  gloria de Dios.

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 525Así pues, ante la magnitud y el gran número de los signos y prodigios del Anticristo, la divina Escritura aprovecha al pueblo fiel y sabio como argumento [p. 525] invencible argumenta de cara a las insidias preparadas. Por eso está escrito que  su adviento  será de acuerdo a la acción de Satanás con todo tipo de fuerza, signos y prodigios mentirosos[23]. También está escrito: habrá signos y grandes prodigios. Y en otra parte: Se le ha dado el poder  para que haga grandes signos[24].

Por eso los necios y cegados por la ambición de la gloria serán cogidos por estas trampas. En cambio, los sabios y los que prestan atención al conocimiento de la Escritura no caen en absoluto en las trampas que sean ya que en vano se les tiende la red ante los ojos de tienen alas como dice Salomón[25]. Esto es precisamente lo que el admirable profeta Daniel dice sobre los últimos tiempos al final de su sublime revelación. Los impíos acatarán de manera incomparable, ni tendrán entendimiento los inteligentes impíos. Sin embargo los verdaderos sabios entenderán[26]. Por eso de cara antes las enseñanzas cerradas y selladas hasta  el tiempo predefinido el Ángel dijo: Los sabios y los que son capaces de entender la palabra de Dios brillarán como esplendor en el firmamento para toda la eternidad[27].  Aquel que esconda  en su corazón la enseñanza de Dios[28] no pecará, ni la magnificencia de Satanás lo podrá llevar  a la perdición que posee la enseñanzas de los sagrados oráculos.

 

 

Habrá en el futuro, al final del tiempo, hombres de apostólica santidad para la Iglesia.

Capítulo IIII

En realidad, forma parte de una preocupación principal de la divina providencia de proveer hombres idóneos de la Iglesia. Pues cuando se anunció el primero evangelio se requería de una actitud apostólica invicta firme e inflamada del fuego del Espíritu divino  - primicia del Espíritu al los comienzos – porque había que oponerse a un poder supremo y a una hinchada sabiduría de los hombres yDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 526 también a los que se creían que era muy religiosos. De esta manera también cuando los emperadores romanos salvajemente  persiguieron el nombre cristiano[29], [p. 526] existía una grupo estupendo de mártires muy valientes. En ninguna época de la Iglesia han faltado muchos y famosos obispos y doctores dotados de gran sabiduría, especialmente cuando la verdad católica ha sido combatida. Esto se ve, por ejemplo, cuando la herejía de los arrianos no sólo invadió las ciudades sino también provincias e imperios enteros.

Vemos la disposición admirable de las estrellas que están distribuidas por las diversas áreas del cielo[30]. No se concentran las más luminosas en un solo lugar sino repartidas en diversas constelaciones y así, mezcladas con estrella menor constituyen este hermosísimo aspecto del firmamento entero. Así sucede también en la historia de la Iglesia. El Espíritu Santo, quien tiene la misión de adornar a los cielos, ha asignado hombres premunidos de santidad y sabiduría en los diversos siglos. Y los ha provisto de mayor número y más eminentes cuando más necesidad había de ellos. 

Por eso no hay duda que la amargura máxima  de aquellos tiempos la divina providencia tendrá preparados a hombres  muy excelentes que serán portadores así de la gloria de los apóstoles. Para alabanza de aquellos hombres, el Apóstoles Pablo se incluye en el número de ellos cuando escribe a los efesios de esto último tiempo. Esto lo opina Anselmo y no le falta la razón. Nosotros que vivimos, que quedamos, no nos adelantaremos a aquellos que ya durmieron[31]. Y aunque al crecer la iniquidad se enfríe la caridad de muchos[32], con todo, aquellos que de cara a tanta tempestad en contra no permitan que se extinga en ellos la presencia del Espíritu Santo, no pueden por eso hacer otra cosa que ser ardientes  en el amor de Dios. Es que el soplo violento del viento apaga la llama pequeña pero azuza a la llama grande.

Teniendo en alta estima a aquellos tiempos y considerando grandes a los hombres aquellos, el beato Agustín prácticamente desprecia a sí mismo y sus contemporáneos y los considera como nada en comparación. Aunque esta apreciación sea el producto de la gran humildad muy propia de aquel Padre, no es menos [p. 527] es por eso menos verdad. Traigo las palabras de este Padre: De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 527En comparación con aquellos santos y fieles que entonces vivirán, ¿qué somos? Aquellos serán probados y para ello soltarán a un enemigo tan potente, mientras que  Y nosotros, cuando todavía atados, tenemos que luchar con tantos peligros[33]. También Hipólito, a quien cita Jerónimo en el libro de los escritores eclesiásticos, habla de manera similar de los santos de aquel último tiempo[34]: Bienaventurados ustedes que en aquel entonces vencerán al tirano. Realmente en comparación con los mártires anteriores han de declararse como más ilustres y sublimes. Precisamente por ser superiores estos mártires vencerán los secuaces del demonio. Estos hasta conquistarán al mismo hijo de la perdición y alcanzarán la victoria. Como no los colmará de alabanzas y coronas Cristo el rey nuestro. Hasta aquí Hipólito.

Pues, la Iglesia de Cristo es un ejército ordinado de campamentos. Así se canta del tálamo divino[35].  Y en el ejército se suele decir está la gloria principal de los primeros. Así los segundos o, más bien, los últimos llevarán adelante toda la batalla y la sostienen. ¿Quién podrá dudar que nuestro emperador sepa conservar incólumes a estos valientes luchadores de la Iglesia aun tomando en cuenta el futuro ímpetu fortísimo del diablo y de sus satélites?

La sagrada Escritura describe con lujo de detalles cuáles serán los méritos, cuál será la gloria de aquellos  siervos de Cristo que lucharán con el Anticristo. Leemos en Daniel[36] que el pueblo conoce a su Dios, lo temerá y hará su voluntad, habrá muchos sabios que enseñarán en medio del pueblo, caen por la espada, el fuego, el cautiverio y en la rapiña de los días. Y de los eruditos sufren para ser probados, para que sean elegidos, para que sean blanqueados hasta el tiempo pre-establecido.  Los escritores eclesiásticos piensan que estas cosasDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 528 fueron dichas referentes al tiempo del Anticristo.  Lo que sigue ciertamente va en esta línea[37]: Ve Daniel, porque  han sido sellados y cerrados  los serones hasta el tiempo pre-establecido. Serán elegidos, serán blanqueados [p. 528] y muchos serán probados como fuego. Los impíos actuarán impíamente. Los impíos tampoco entenderán. Sin embargo, los doctos comprenderán. Desde el tiempo que será quitado el sacrificio perene y se colocará la abominación para la desolación pasarán mil doscientos noventa  días. Evidentemente esto se ha dicho de la persecución del Anticristo. En ella muchos serán probados como la plata en el fuego, serán blanqueados y como llevados a adquirir  el valor del metal precioso.

Juan concuerda con eso, es decir, que se trata de la bestia que actúa como tirano inmune (Apc 13), exclamando y diciendo: Quien tenga oídos que oiga. Quien lleva al cautiverio, al cautiverio irá. El que mata a espada por la espada conviene que perecerá. Esta es la paciencia y al fe de los santos. Maravillosamente brillará también aquella fe perseguida por tantos  signos del adversario pero no serán vencidos ni cederá en nada.  Por eso la última edad de la Iglesia producirá hombres prefectos reclamados por los tiempos durísimos. A ellos  se entregará el reino sempiterno de Cristo  luego que ha sido vencido gloriosamente el príncipe de este mundo.

 

Algunos dudan que en el tiempo del Anticristo vengan Elías y Henoc.

Capítulo V.

Aunque sean grandes en sí mismo y aunque en todos los tiempos sean comunes las ayudas cono todo, se preparará para la Iglesia una recurso singular y especial para este esfuerzo supremo de la santa Iglesia.

Ahora bien, ninguna época ha podido observar que los antiguos profetas volviesen nuevamente a ocuparse de las realidades del mundo. ES cierto que Samuel a pedido de Saúl y por el conjuro de la pitonisa se ha presenta muy contra voluntad y por breve tiempo[38]. Sin embargo, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan [p. 529] recibieron una enorme gracia de Dios lo que Moisés y Elías De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 529mientras tanto pudieron contemplar y escuchar[39]. El rey Sora recibió y leyó los escritos de Elías arrebatado de entre los hombres[40] pero los presentarán como triste anuncio del pendiente castigo divino. También los cuerpos de varios santos resucitaron y luego de la resurrección de Cristo de entre los muertos vinieron y se aparecieron a muchos en la ciudad santa[41]. De todos modos es cierto que de parte de ellos en nada había como una costumbre con los hombres.  Herodes pensó que Juan el Bautista había resucitado, pensando que el mismo Cristo era Juan[42]. Y la gente judía sin instrucción creía que  Elías o Jeremías o uno de los profetas habían regresado al contemplar  las obras admirables de Cristo[43]. Ahora es cierto: ninguno de los santos ha sido llamado nuevamente a la vida humana mortal acostumbrada. Es que nunca han vuelto  a nuestra vida de aquí los que disfrutan de aquellas realidades celestiales que son mucho mejores.

Sin embargo, cuando  llegará la época extrema del mundo que está por perecer, entonces por decisión divina serán enviados hombres excelentes en primer lugar Elías y Henoc para que confirmen los corazones dudosos  y en peligro de desfallecer de los hijos  y los conviertan a la fe firmísima y la constancia de los primeros Padres  y apóstoles de Cristo.

Este regalo de Dios es tan poco frecuente y poco usual de acuerdo a la humana experiencia  que algunos no lo captan y obcecados por la humana estupidez no lo creen en absoluto. De ahí no faltan quienes desprecian  la venida de Elías y Henoc en la época del Anticristo como si fueran una fábula y o un sueño y piensan que nada de esto sea cierto.  Piensan que se trata de  la opinión de algunas personas piadosas  y que no hay nada que pueda apoyarse en el fundamento de la Escritura.  Piensas que tampoco  se requiere de la predicación de Elías y Henoc ya que existen tantos Padres en la Iglesia que han predicado suficientemente  la fe católica y han sido luz por su santidad de vida y sus milagros. ¿Por qué  estos hombres dormirían tanto tiempo y esperarían tantos siglos? [p. 530] ¿Para qué experimentarían nuevamente las molestias de estaDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 530 vida miserable?  ¿Por qué  Dios sacaría Dios de su compañía tan maravillosa  de la vita bienaventurada a Henoc después de cuatro mil años y a Elías que descansó pro tres mil años para ponerlos en escena cuando casi ya han olvidado que son hombres estos que son tan caros a Dios y de grandes méritos para que los destituya después de tanto tiempo? ¿Acaso hombres de esta talla  son necesarios para Dios con ocasión de aquel tiempo para que promuevan su causa y defiendan su causa  de manera que el poder divino se ha debilitado  que no pueda crearlos en ese momento sino necesita de los antiguos para que lleven adelante su voluntad? ¿Acaso Dios no puede sacer hijos de Abrahán de las piedras?[44].

 

Es sentencia común de los Padres que Elías y Henoc volverán en los últimos tiempos.

Capítulo VI.

Así discuten los hombres que ignoran las cosas de los hombres y se atreven a censurar los designios de Dios. Lo que hay en el hombre nadie lo sabe sino el espíritu del hombre que está en él. Lo que es de Dios nadie lo sabe sino el Espíritu de Dios que están en él y lo revela lo que quiere y a quien quiere. ¿Quién ha sido su consejero? ¿O quién  conoció el consejo de Dios? ¿Acaso Dios no ha hecho que lo inteligente de este mundo se convierta en necedad?[45].

Todas las cosas que sólo la voluntad de Dios puede hacer que exista querer que sean aprobadas o desaprobadas y someterlas por medio de minúsculos raciocinios humanos, no es otra cosa que delirar y esto de manera muy marcada.

¿Quién puede pretender ciertas las cosas como quien llevará a un zapatero o un carnicero a  las futuras nupcias de Felipe, sea avisado o delegado anteriormente, cuando acontecerá dentro de tres años, todas estas cosas que a los mismos antiguos estaban veladas? ¡Que se vayan los que con sus sospechas se dan importancia [p. 531] de cara a las sentencias comprobadas de los Santos Padres De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 531o, mejor dicho, del Espíritu Santo! No se trata, pues, de la opinión de los escolásticos, de Tomás[46], de Buenaventura, de Ricardo[47] y de sus semejantes que aunque se tratara sólo de su doctrina habría que tomarla muy en serio especialmente en los tiempos cuando el escudo de la doctrina escolástica protege muchísimo contra la perfidia de los heréticos. Así que, tomando en cuenta el hecho que se trata del pleno consenso  de todos los santos antiguos, que estamos ante una tradición perpetua de la Iglesia católica y que, finalmente  es una enseñanza cierta de las Escrituras, de aquel que disiente respecto a la venida de Elías y Henoc o aunque solamente tenga dudas al respecto, para mí ni siquiera hay otra razón que la de ser afectado por una grandísima impericia o se encuentra en un gran error.

Primero hablaré de Elías. Puesto que su caso es el más conocido y cierto he de aducir sólo unas cuantas sentencias de los antiguos Padres y que afirman como verdad católica la venida de aquel. San Agustín, por ejemplo, en su conocidísima obra De civitate Dei dice lo siguiente. ‘Por este Elías, profeta grande y famoso, será expuesta la ley en el último tiempo antes del juicio. Y en las enseñanzas y en el corazón de los fieles queda la maravillosa seguridad que los  Judíos creerán que en el verdadero Cristo’. En consecuencia no puede haber esta maravillosa seguridad en el corazón de los fieles si fuera falso e inseguro.  Lo mismo dice en la misma obra al reunir los datos de los tiempos futuros aprendemos que  en aquel juicio y acerca de  aquel juicios que estas cosas sucederán en el futuro.  Que a Elías, el tesbita, lo perseguirás el Anticristo, que Cristo vendrá para juzgar, la resurrección de los muertos, etc. (Agustín libro 20 De civitate Dei c. 80) donde nadie puede desconocer  como en fe este Santo Padre quiere sostener la venida de Elías ya que lo conecta con la persecución del Anticristo y la resurrección de los muertos en estos documentos de una fe segura.

Crisóstomo lo corrobora en varios pasajes especialmente en las homilías  sobre el evangelio de Mateo[48] [p. 532]. Esto mismo lo dicen Jerónimo, Teofilacto eDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 532 Hilarión cuando refieren las palabras de Cristo en el evangelio de  de que Elías vendrá. Esto lo explicaremos muy pronto. Ahora bien, el mártir Justino los supera a todos: Nuestro Señor enseño eso mismo entre otras cosas que en aquel entonces vendrá Elías y es sabremos qué  sucederá cuando nuestro Señor vendrá en la gloria de los cielos: también su venida anterior precedió el espíritu de Dios que estaba en Elías, es decir, en Juan el profeta de vuestra raza: después de este no ha existido ningún otro profeta entre nosotros. Y de Henoc escribe Tertuliano en el libro contra los judíos lo siguiente: Al justo Henoc que no estaba circunciso ni observaba el sábado, lo trasladó de este mundo, él que no gustó tampoco la muerte para mostrarnos  ya  él como candidato a la eternidad que nosotros también sin  la carga de la ley de Moisés podemos agradar a Dios. De lo mismo está escrito en el tratado de Sión y de Sinaí, una obrita de Cipriano: Henoc quien antes del diluvio como justo agradó a Dios y fue por eso de este mundo en su naturaleza carnal que Dios conoce: desde ese lugar habrá de renovar la consumación de este mundo de donde es trasladado para confundir y vencer al Anticristo.

De la venida de ambos en medio  de los tiempos del Anticristo, desde la tradición de la Iglesia escriben los antiguos Padres, Justino, Ireneo, Hipólito, Tertuliano que parece han sido enseñados por los apóstoles y así por su manos lo han transmitido a los posteriores; los Padres posteriores insisten en sus surcos. Esto lo repite frecuentemente como algo muy examinado el Papa Gregorio en sus moralibus, especialmente en los libros 9 y 14. Puesto que sus palabras son muy conocidas, por eso no las repito.  De la venida de ambos para combatir al Anticristo  escriben  D. Ambrosio sobre los salmos y el Beato Damasceno en el 4. libro de FIDE ortodoxa. Y, para que conste que fue, como dije, doctrina transmitida  de los mismos apóstoles [533] y que recibida de mano en mano siempre ha sido considerada como cierta, no demoro en repetir más largamente  la sentencia de Ireneo: Henoc, dice en su libro contra los herejes 5, agradó a Dios, por eso se complació en trasladarlo en su cuerpo, mostrando así anticipadamente la traslación de los justos.

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 533Y Elías, así como era asunto de la forma de su sustancia profetizando la asunción de los Padres, y nada impide  que ellos en el cuerpo recibieran la asunción y el traslado por aquellas manos por las cuales fueron formados y recibieran  también por las mismas la asunción y el traslado, esas manos de Dios estaban acostumbradas en el caso de Adán de (cooptare), de sostener, de cargar su cuerpo y llevarlo y colocarlo en el lugar que quieran. Ahí es colocado el hombre antes, es decir, en el paraíso, como dice la Escritura, y plantó Dios el paraíso en Edén hacia oriente y colocó allí al hombre que había plasmado y de donde fue lanzado en este mundo cuando no obedeció. Por eso dicen los Presbíteros que son los discípulos de los apóstoles que aquellos que son trasladados allí ya que los justos tienen el espíritu, se les ha preparado el paraíso  al cual ha sido transportado el apóstol Pablo y oyó palabras que son inenarrables para nosotros en el presente, Allí permanecerán los que han sido trasladados hasta la consumación. Ireneo nos enseña que fue una tradición de los apóstoles que Henoc y Elías aún viven corporalmente y que están en el paraíso terrestre, donde estuvo Adán. Que son conservados así hasta la consumación del mundo. De estos en primer lugar, digo Henoc y Elías, no han gustado la muerte sino que existen en su propio cuerpo. Agustín afirma que esto no puede ser puesto en duda si se quiere guardar la fe en su libro sobre el pecado original; y esto lo dicen también Jerónimo, Atanasio, y Epifanio afirma  que esto otro [534] está en duda, de que ellos aún están en el paraíso dondeDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 534 había estado Adán, En cambio, enseña literalmente en el libro de Génesis que los dos volverán a esta vida para que completen la deuda de la naturaleza humana por medio de la muerte. Esto lo enseñan también Tertuliano, Hipólito y Ambrosio. Se trata de una sentencia común. El hecho de que Hilario dice que Elías  y Moisés  vendrán al final no nos debe preocupar. Respecto a Elías está de acuerdo con los demás. Respecto a Moisés sigue una opinión particular ya que apareció con Elías en la transfiguración del Señor.  Es cierto, en ningún lugar la Escritura enseña que Moisés hubiese sido trasladado. Más bien enseña que ha muerto y narra que su cuerpo  fue defendido por el Arcángel contra el diablo. Del otro lado enseña claramente que Elías y Henoc han sido traslados y de ahí sacamos como conclusión que estos dos son reservados para la fe de los tiempos.

 

Si nos atenemos a la fe de la Escritura canónica no se puede negar la venida de Elías antes del juicio.

Capítulo VII.

Si se consulta un poco siquiera la opinión general este tema no lo deja de lado la Escritura canónica sino manifiestamente narra del rapto y de la vida de Elías y en la carta más de ocho años después del rapto, así se puede deducir de varios pasajes de la Escritura diligentemente confrontados dirigida al rey Joram, hijo de Josafat reinante en Judá.  En ningún lugar narra la muerte de Elías para que entendamos que sigue en existencia. Hay un famoso pasaje en Malaquías quien concluye su libro de la siguiente manera: He aquí que le enviaré el profeta Elías antes de que venga el día del Señor  grande y horrible y convertirá el corazón de los padres a los hijos, y el corazón de los hijos a sus padres para que no venga y castigue la tierra con el anatema. En cambio de Elías llevado al cielo y no [535] de De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 535Juan el Bautista (como algunos alegan) eso es lo que dice Malaquías y esto lo afirma suficientemente la exposición de los antiguos Padres. Agustín aporta también la lectura de los setenta donde traducen no Elías profeta sino Elías el tesbita y bien analizado sabemos que esto se dice la verdadero Elías. Jerónimo  también en sus comentarios piensa lo mismo de ese profeta aunque al final se expresa de una manera más oscura. Sin embargo, Crisóstomo los redarguye de manera señalada: quienes tuercen las palabras de Malaquías aplicándolo a Juan el Bautista no toman que cuenta que  Juan no fue tesbita, mientras que  del preanuncio dice que Elías vendrá en aquel día del Señor grande y horrible y este día grande y horrible no  se refiere a la venida anterior sin se entiende que a la venida posterior para el juicio. Por ejemplo, se dice ‘para que no hiera la tierra con el anatema’ al mismo tiempo  (como lee él mismo) no puede referirse a la primera venida del Hijo del hombre cuando viene no para perder el mundo sino para salvarlo, sino a la venida posterior cuando viene para juzgar y herir a los que no están preparados como en los días del diluvio, como él mismo lo explicó.  Por tanto,  la famoso profecía  de Malaquías no puede ofuscarla ningún fuco. A partir de esta lectura había una célebre opinión entre los judíos de Elías ante la venida de Cristo. Y ya que no han distinguido las dos venidas de Cristo, interrogaban a Juan si él era  Elías. Y otros también pensaban que Cristo era Elías. Y los apóstoles le presentaron al mismo Señor ese tema después de haber visto a Elías en el monte: ¿Qué dicen los escribas que conviene que Elías debe venir primero? Excitados por la vista de hombre tan grande y repitiendo lo que pensaba el vulgo deseaban saber si la idea de los judíos era verdadera. Si esto fuera así, hay que responderles,  -por eso piensan que no deberían aceptar a Cristo- [536]  que la venida de Elías había precedido su venida tal como se había predicho del profeta.

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 536Esta duda no sencilla de los apóstoles la satisfizo breve pero lúcidamente el Maestro respondiendo a amabas partes de la pregunta: Elías, pues, ha de venir y restituirá todo. Con estas palabras aprueba satisfactoriamente y confirma la opinión de los escribas y de los fariseos respecto a Elías el tesbita que ha de venir antes que el Cristo e indica lo que hará. Dice que todo lo restaurará, es decir, la antigua y colapsada religión, él la renovará íntegramente. Pero, para que los incrédulos judíos no aporten eso como pretexto como una justa excusa, añadió: Les digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron sino hicieron con él lo que quisieron. Así también el Hijo del hombre sufrirá por ellos. Esto se ha dicho porque Juan el Bautista vino en el espíritu y la fuerza de Elías, tal como el ángel lo dijo. Esto lo había explicado a los judíos mismos el Señor cuando hizo de Juan un magnifico elogio: Si quieren aceptarlo, él mismo es Elías que había de venir. Quien tanga oídos que oiga. De esta manera señaló al místico Elías y no que fuera él el real. Con todo Cristo en el evangelio de Marcos demuestra que Malaquías ha profetizado de ambos, del místico Elías y del verdadero. «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado?

Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él.»[49] Así Cristo demuestra aquí que Elías había de venir y había venido como estaba escrito de él. Por eso aquellos que quieren que las palabras de Malaquías y de Marcos sólo se refieren a Juan el Bautista, se equivocan muchísimo porque claramente enseña que así que distingue su doble venida así habla de dos Elías uno que vino antes y uno que ha de venir. [537] Esta De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 537es la auténtica explicación del pasaje evangélico por medio de la cual transmitimos para que pueda aprender claramente quien quiera, al  leer el coloquio de Justino Mártir. Allí el judío Trifón objeta que Jesús no ha sido el mesías porque Elías todavía no había venido y que es necesario que venga antes de Cristo. Al que responde Justino:  es verdad que Elías el tesbita ha de venir antes de Cristo según la profecía pero esto hay que entenderlo de la segunda venida puesto que antes  de la primera venida de Cristo vino Juan el Bautista en el espíritu de Elías. Así pues, lo que los apóstoles preguntaron a causa de la opinión de los judíos esto mismo objetó el judío Trifón. Y así como Jesús respondió a los apóstoles de la misma manera Justino dio una respuesta satisfactoria a Tifón.  Finalmente la autoridad del Eclesiástico asegura que ciertamente habrá de venir al final Elías. Esta autoridad es canónica en la Iglesia de Dios. Su autor escribe en ese libro así: Fuiste inscrito en los reproches futuros, para calmar la ira antes que estallara, para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y restablecer las tribus de Jacob[50]. Quien pretenda que esto fue escrito de Juan y no del verdadero Elías, está claramente delirando ya que en un pasaje próximo dice: en torbellino de fuego fue arrebatado en carro de caballos ígneos;[51] En consecuencia, aquel que fue inscrito, es decir, designado o pre-anunciado por Malaquías para los juicios o indicios de los tiempos, se insinúan aquellos momentos que solo son conocidos por Dios reservados en la potestad del Padre vendrá para clamar  la ira del Señor, para hacer volver el corazón  del padres al hijo, tal como lo expresa Malaquías y restituir las tribus de Jacob y lo que dijo Cristo, que restituirá todo. El autor está hablando del testimonio de Malaquías, eso es cierto y todos están de acuerdo. El que no ve que se vaticina que Elías el tesbita vendrá al final, es ciego. Ahora bien,De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 538 algunos quieren evadir este pasaje diciendo que saben que se habla del testimonio de Malaquías pero que esto no se refiere realmente a Elías el tesbita [538] según la verdad sino según la opinión del vulgo, esto me parece tan absurdo que ya no diga más al respecto. ¿Acaso hay algo más necio que adornar al excelente profeta con cosas extrañas? ¿Acaso hay algo más insano que creer que el autor canónico y autor de una escritura canónica sea falso cuando piensa en Elías el tesbita lo que Juan el Bautista se ha dicho, o que ciertamente se ha equivocado cuando pretende que el pregón ajeno es el suyo propio y eso sólo a causa del error del vulgo que opina de esta manera? ¡Que no ceda el católico a esta sentencia!

Así el mismo Cornelio en sus comentarios al Eclesiástico ha intentado defender que no se encuentra en Escritura canónica alguna algo que lleve a la convicción que Elías habrá de venir al fin del mundo. Ahora bien, La interpretación que aporté de pasaje del Eclesiástico lo ha eludido, concluyendo que no es de FIDE que Elías vendrá antes del día del juicio final. Más tarde, en su concordia evangélica, que es una obra posterior escribió que es una enseñanza de la Iglesia católica que no se puede negar si se quiere salvar la fe. Y luego ese mismo escritor lo confirma  seria y doctamente que la misma Escritura de acuerdo a las explicaciones de los antiguos Padres y en su auténtica comprensión demuestran abundantemente que Elías no sólo viene en espíritu como en Juan el Bautista sino que verdaderamente vendrá en personal. Por eso, si mi  juicio vale algo no dudaré siquiera que la sentencia que niega la venida de Elías al fin del mundo no sólo ha de contarse entre las sentencias improbables sino también entre las temerarias y también llanamente entre las erróneas.

 

La Escritura transmite que también Henoc vendrá antes del juicio.

Cap. VIII

De Henoc, sin embargo, también son muy certeros los testimonios de la Escritura aunque no tan nítidamente. [539] El primer testimonio se encuentra en el libro del De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 539Génesis donde leemos: Caminó, pues, Henoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios[52]. Aquí se nos enseña satisfactoriamente que este antes de los demás fue llevado y permaneció en la misma carne. Esto lo relata perspicuamente el apóstol cuando escribe a los hebreos: Por la fe Henoc fue trasladado para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo trasladó Dios; y antes que fuese trasladado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios[53]. Ahora bien, si Henoc fue trasladado y vive es obvio que ha sido conservado para que tenga que realizar algo. Eso es lo que leemos explicado en el Eclesiástico[54]. Henoc agradó a Dios y fue trasladado al paraíso para que lleve la penitencia a las naciones. Nada requiere un genio más suave y dócil. Así como existen hombres con un carácter duro y libertino tampoco faltan los eruditos que afirman que de este pasaje no se puede deducir ni comprobar nada seguro respeto a la venida de Henoc. Personalmente me molesta mucho la labor de estos señores. No niegan los dogmas de la Iglesia, es decir, que afirman que no los niegan, Con todo hacen daño por donde pueden y debilitan los fundamentos de la Escritura en el cual se apoya la doctrina católica. Eso es el caso de Erasmo de Rótterdam y a otro frecuentemente a un hombre muy católico y erudito de nombre Iansenio. Este alega que en este lugar el testimonio de los Padres no tiene valor respecto al tema que tratamos. Dicen que el griego lo expresa así: Henoc es trasladado como ejemplo de penitencia para las generaciones. Eso del paraíso lo habría añadido el traductor latino por su cuenta para que lleve la penitencia a las naciones. Alegan que no aparece en el griego o que tiene el sentido para que sea ejemplo de penitencia  que no insinúa nada más que a partir de la magnífica recompensa y del privilegio concedido  a Henoc se quiere estimular a los impíos para que adoren a Dios y dejen los pecados.

Esta su disputa casi me mueve el estómago. Pues cualquiera entiende que es una razón insulsa: ha sido trasladado  de esta manera  para que las generaciones [540]aprendan a hacer penitencia. Pues ha sido llevado al descanso después de De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 540una vida larga y agradable y no después de una penitencia que ha abandonado una vida viciosa sino después una vida que ha sido vivida de manera íntegra e inocente. Pregunto: ¿Qué ejemplo de penitencia es este? Porque si se da por ser un ejemplo de penitencia y ven los hombres en él los beneficios de Dios, será razón, más bien para un ejemplo de inocencia o de fe como lo quiere el apóstol[55]. Será un ejemplo de esperanza, de religiosidad, de justicia, de caridad; en fin, será de todo y de nada ya que no se atribuye nada especial de este hecho excepcional. á de todo y de nada ya que no se atribuye nada especial de este hecho excepcional.  Puesto que se apoyan en el griego y su cultura, nosotros apenas semi-latinos hacemos mucho más al apoyarnos en nuestra edición, es decir, la Vulgata premunida de la autoridad del sínodo tridentino[56]. No nos inquieta en absoluto si falta una palabrita en griego o en el hebreo cuando hemos aprendido de Agustín[57] y Jerónimo[58] y hasta de Lucas y Pablo, intérpretes aprobados por la Iglesia a quienes también el Espíritu Santo ha asistido, el mismo que asistió a los primeros autores.

Por eso vemos varios testimonios en el apóstol y en Lucas[59] citando de la traducción de Septuaginta que discrepan no medianamente del hebreo no sólo en el sentido sino también en las palabras como hemos demostrado en otro lugar con la ayuda de Dios. Observamos también que los Santos Padres (275) exponen ambas lecturas que muchas veces son diferentes entre sí pero, por ser sagradas no osan dejarlas de lado. Esto lo hace Jerónimo de manera característica; Gregorio y Agustín a veces. Retengamos, pues, y vindiquemos De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 541apoyada la gran autoridad de nuestra lectura y escuchemos el vaticinio como que viene del Espíritu Santo como lo es realmente: Henoc ha sido trasladado al paraíso para que es lleve a las naciones la penitencia y aprendamos de ahí con seguridad [541]: así ha sido trasladado para que lleve la penitencia. Ahora bien, llevar la penitencia y lo que es esto nos lo enseña la Escritura sobradamente se hace estimulando, exhortando y arguyendo como se ha dicho  de Juan el Bautista: Irás delante el Señor para preparar sus caminos dando a conocer la salvación a su pueblo y la remisión de sus pecados[60]. De este modo el santo Henoc dará a conocer a su tiempo a las naciones la salvación y la penitencia.

 

En el libro de la Apocalipsis se manifiesta claramente la venida y la admirable predicación de Elías y de Henoc.

Capítulo IX.

Tampoco es una hipótesis humana que estos dos varones han sido guardados para el fin de los tiempos. Más bien lo creemos por autoridad divina porque de ellos ha profetizado innegablemente el libro del Apocalipsis de Juan de la siguiente manera: A la ciudad santa la pisotearán las gentes por 42 meses. Y les encargaré a dos testigos míos y profetizarán 1260 días vestidos de saco. Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están en la presencia del Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño, de su boca saldrá fuego y consumirá a sus enemigos y si alguien quiere herirlos así tendrá que morir. Estos tienen la potestad de cerrar los cielos para que no llueva en los días de sus profecías y tienen potestad sobre las aguas para convertirlas en sangre y para herir a la tierra con la plaga que ellos quisieran. Y cuando termine su testimonio surgirá la bestia del abismo y hará guerra contra ellos[61].  

Se dice cosas gloriosas de estos dos héroes que con admirable poder anuncian la verdad de Dios y de cuyos méritos grandes se predican como que los alabaDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 542 Zacarías que son dos olivos y dos candelabros delante la majestad de Dios[62]. Ellos realizarán [542] su predicación durante 1260 días, es decir tres años y medio, Estimularán a los mortales a hacer penitencia y a despreciar el mundo por su ejemplo austero, revestidos de saco vivísimo y provocan el terror a los impíos por grandes signos hasta que la bestia asciende del abismo –se trata del Anticristo como se demuestra patentemente en otra parte- contra la cual declaran la guerra espiritual y contra la cual lucharán vigorosamente[63].

Digo que todo esto no se puede entender sino de Elías y Henoc. Pues, leí en las escolias de alguien que estos dos testigos fueron Cristo y Juan el Bautista ya que predicaron durante dos años y medio y esto es tan incompetente  que hasta me da pena rebatirlos. Si los dos testigos son Cristo y Juan ¿cómo es crucificado su Señor lo que enseguida se añade? ¿Acaso ha sido crucificado el Señor de Señor de Cristo? ¿Acaso resucitó Juan el Bautista después de tres días y medio lo que se afirme de esos tres testigos? Acaso el cuerpo de Cristo siguió en el sepulcro hasta el día de la resurrección lo que ahí se afirma? Desechada esta estúpida o impía interpretación abrazamos la explicación piadosa y verdadera de los Santos Padres quienes de común acuerdo exponen con seguridad que la profecía se refiere a Elías y a Henoc. El Papa Gregorio escribe de esta manera: De ahí que estos dos eximios predicadores han sido sustraído a la muerte para que al fin de los tiempos sean llamados para la predicación y de quienes habla Juan. Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están en la presencia del Señor de la tierra[64] .De uno de ellos atestigua la Verdad misma en el evangelio diciendo: Elías volverá y restituirá todo[65]. San Ambrosio se expresa de esta manera: Aquella bestia, el Anticristo, ascenderá del abismo para luchar con Elías y Henoc que han sido traído de nuevo a la tierra por el testimonio de nuestro Señor Jesús como leemos en el Apocalipsis de Juan[66]. [p.543]

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 543De la misma manera explica Hipólito a quien recuerda Jerónimo al escribir sobre Daniel, Se diferencia al añadir al apóstol Juan a Elías y Henoc, lo que la Iglesia no aprueba suficientemente. De aquellos de los Santos Padres que han elaborado un comentario al libro del Apocalipsis digno de leer se encuentran principalmente Beda el Venerable[67], Ricardo de San Víctor[68] a quien apruebo muchísimo y Tomás de Aquino[69]. También habría que mencionar a Ambrosio aunque no me consta que los comentario respectivos sean de él pero son dignos de que se los lean. Todos ellos son de la misma opinión está escrito de acuerdo al sentido histórico y literal sobre la persecución del Anticristo y la predicación de los dos profetas Elías y Henoc. También Jerónimo[70] cita escribiendo sobre Zacarías citando a los que dicen que los dos candelabros y los dos olivos son Elías y Henoc como dice Juan en el Apocalipsis. Con todo, en su carta a Marcela dice que el tema no ha sido suficientemente explorado[71]. Ya que esta serie de pasajes de la Escritura es patente por sí misma y ha sido explicada convenientemente por nuestros mayores ni hay nada que a nuestro parecer despinte su sentencia parece superfluo discutir más ampliamente de un tema tan conocido.

 

Al venir Elías y Henoc, los judíos parece que no se convertirán en lo más mínimo

Capítulo X.

Guardando firmemente la doctrina de la Iglesia católica respecto a la predicación  futura de Elías y Henoc avancemos preguntando qué efecto tendrá la vuelta de tan grandes profetas a la vida mortal. Sin algún fruto eximio de ninguna manera puede consentir algo que tantos siglos antes ha sido provisto. [p. 544]

A mí me parece que la Escritura bosqueja como distinta la misión de cada uno. Dice que Henoc ha sido reservado para  anunciar a las naciones la penitencial;De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 544 en cambio, a Elías para que restituya las tribus de Jacob y eso de manera correcta y de acuerdo al orden. Henoc, pues, ha sido tomado de entre los gentiles, es decir, del prepucio en cuanto sólo rige aquella ley que está escrita naturalmente en los corazones de los hombres. En consecuencia, apropiadamente forma parte de aquella dimensión, cuando no se les ha dado aún el evangelio; a esas hay de llamar a la luz admirable de Cristo. Sabemos, en cambio, que Elías proviene del pueblo hebreo y se la dará la optima tarea de convertir. Y quizás así como en los inicios de la Iglesia Pedro y Pablo se estrecharon la mano para que  uno entre los circuncisos y el otro entre los paganos anuncie el evangelio de Cristo[72], aunque conste que cada uno ha trabajado y fructificado de manera copiosísima entre estos y aquellos, de la misma manera estos dos insignes profetas aunque anunciarán a todos la fe de Cristo, con todo, se debe admitir entre ellos su parte propia para que cada uno se dedique totalmente a su misión. Luego de que cada uno ha  realizado su parte de la tarea que divinamente se le ha destinado, uno llama a los paganos para que en todas las naciones del orbe sea manifiesto el evangelio de Cristo y el otro convierta el resto del pueblo israelita al Dios de sus padres y logre que los hijos estén en armonía con los padres, como lo dice Malaquías[73], después de ello los dos juntarán fuerzas y al mismo tiempo serán agredidos por el adversario malévolo. ¿Quién contemplará su insigne lucha por la gloria de Cristo? ¿Y su ardor  contra los adversarios de la verdad? ¿Quién no les sigue con suma veneración y esfuerzo a estas almas excelsas en sus terribles torturas, los oprobios y en todas las maquinaciones del diablo, como siempre emergen  invictos y superiores a todo infernal asalto? Pero hablaremos de ello más tarde. [p. 545]

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 545En este momento, lo que intento dilucidar es una cuestión no fácil de solucionar: ¿al final los judíos  volverán por el ministerio de Elías a la fe de Cristo o no? Y ¿qué pensar respecto al hecho de que casi todos los Padres están de acuerdo que al final de los tiempos serán especialmente los judíos que seguirán al Anticristo? Es una gran contradicción: de un lado los judíos al final de los tiempos volverán por el ministerio de Elías a Cristo  y del otro lado serán los judíos que mayormente por instigación del Anticristo lucharán  más que todos los demás contra la Iglesia de Cristo. Que serán los judíos los primeros o los más interesados en aceptar al Anticristo, tal como lo afirman los santos Padres, esto lo hemos probado sobradamente arriba en el segundo libro[74].

Ahora bien, varios pasajes de la Escritura parecen afirmar que no habrá que esperar su conversión como muy morosa.  Pablo, sin embargo, escribiendo a los tesalonicenses dice así:  Pues también vosotros habéis sufrido de vuestros compatriotas las mismas cosas que ellos de parte de los judíos; éstos son los que dieron muerte al Señor y a los profetas y los que nos han perseguido a nosotros; no agradan a Dios y son enemigos de todos los hombres, prohibiéndonos de predicar a los gentiles para que se salven; así van colmando constantemente la medida de sus pecados; pero la Cólera irrumpe sobre ellos hasta el colmo[75]. ¿Quién, pregunto, leyendo esto y oyendo que la ira de Dios confirmada hasta el colmo, esperaría tal tardía salvación de estos? Respecto a los mismos escribe también en la segunda carta de la siguiente manera cuando se refiere a los tiempos del Anticristo: La venida del Impío estará señalada por el influjo de Satanás, con toda clase de milagros, señales, prodigios engañosos,   y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado. Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la iniquidad[76]. Lo comentadores casi siempre  entienden que esto se dice acertadamente con referencia a la perfidia de los judíos que, rechazando a Cristo aceptan al Anticristo. [p. 546] De ellos habla célebre salmo: Que su mesa sea para ellos una trampa  que se para retribución y escándalo (esto se dice de la Escritura), que se les oscurezcan los ojos para que no vean, que su espalda esté siempre encorvada. Que su morada esté desierta y en sus tiendas no haya que viva ya que a quien tú has herido ellos lo han perseguido[77]. Si quisiéramos recorrer los oráculos de los profetas sería inmenso, oráculos que se refieren a la revuelta la destrucción del pueblo judío. Con todo, no podemos callar la importante afirmación de Daniel. Dice que no será  su pueblo que lo negará. Y poco más adelante: Y estará en el templo la abominación de la desolación y hasta la consumación y el fin permanecerá la desolación[78]. Parece que queda lugar para la esperanza ya que se dice que hasta el final permanecerá la desolación del pueblo judío.

 

El resto de Israel creerá en Cristo por la predicación de Elías.

Capítulo XI.

De otro lado se citan pasajes no menos en número y en claridad que dicen que a esa nación se les concederá cierta salvación.  Es, pues, Pablo que trata este tema con insistencia. Luego de estipular la vocación de altísima gracia de Dios para las naciones también ha perfilado la ceguera del pueblo judío y su soberbia. Sin embargo, al final lleva de su reflexión pregunta: ¿Acaso Dios ha rechazado a su pueblo? Y responde que no[79]. Aquí menciona a los elegidos contemporáneos del pueblo de Israel y hace referencia también a sí mismo como a uno de ellos como al final se convierte y finalmente relata cómo disputó, encomendando a la gracia de Dios, oportunamente para combatir la arrogancia sea de los paganos sea de los judíos. Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que presumáis de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel durará hasta que entre la totalidad de los gentiles[80], [p. 547] Y un poco más De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 547adelante: En efecto, así como vosotros fuisteis en otro tiempo rebeldes contra Dios, mas al presente habéis conseguido misericordia a causa de su rebeldía, así también, ellos al presente se han rebelado con ocasión de la misericordia otorgada a vosotros, a fin de que también ellos consigan ahora misericordia. Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos de misericordia[81]. No se pudo hablar con mayor claridad de la salvación futura del pueblo israelita. En el profeta Oseas leemos lo que sigue: Porque durante muchos días se quedarán los hijos de Israel sin rey ni príncipe, sin sacrificios ni estela, sin efod ni terafim. Después volverán los hijos de Israel; buscarán al Señor su Dios y a David, su rey, y acudirán con temor al Señor y a sus bienes en los días venideros[82]. Moisés no habla con menor claridad: latín 278->Deu 4:30 Cuando te alcancen todas estas palabras (había predicho, pues, los pecados de aquel pueblo, la pérdida de la tierra de promisión, la dispersión entre todas las naciones), al fin de los tiempos, te volverás al Señor tu Dios y escucharás su voz;  porque el Señor tu Dios es un Dios misericordioso: no te abandonará ni te destruirá, y no se olvidará de la alianza que con juramento concluyó con tus padres[83]. 

Además, las Escrituras penetrantemente manifiestan que ante todo por el ministerio de Elías en el mismo fin del mundo se dará el regreso de este pueblo judío a su Dios y a Cristo su rey a quien Oseas llama David. No citaré aquellas cosas del evangelio[84] que he anotado arriba: Elías ciertamente vendrá y restituirá todo. Esto lo entienden como que lo dice de la conversión de las judíos Crisóstomo, Agustín, Jerónimo, Beda, en fin, todos, y la profecía de Malaquías ya citada [p. 548] corrobora ciertamente esto: He aquí que les enviaré al profetaDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 548 Elías antes que de venga el día del Señor grande y horrible y convertirá el corazón de los padres a los hijos y el corazón de los hijos a los padres[85]. El versículo anterior demuestra que está hablando de los judíos. Allí dice. Haced memoria de la ley de Moisés, mi siervo, la que mandé en el Orbe los preceptos y mandatos a todo Israel. El más apodíctico es el Eclesiástico que reconciliará el corazón del padre con el hijo y que restituirá las tribus de Jacob[86]. Por eso, Agustín enumera entre las cosas que hay que retener con fe firme, la venida de Elías y la fe de los judíos en estos mismos tiempos del Anticristo[87]. También  el Papa San Gregorio inculca esto como una enseñanza de la Iglesia católica[88] y no hay nadie de los Padres que la niegue.  

 

Concordar de los pasajes de la Escritura respecto a la fe y la infidelidad de los judíos.

Capítulo XII.

Falta reconciliar   pasajes con pasajes que aparentemente con contrarios. Latín 279  En cuanto estos son coherentes entre sí no lo puedo exponer ni más brevemente ni más lúcidamente como lo hace el santo profeta Daniel cuando trata el tema de acuerdo que fue expuesto por el ángel. Se trata del pasaje donde había dicho que en aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe, quien actúa a favor de los hijos de tu pueblo y vendrá un tiempo como lo ha habido desde que existen las naciones hasta el tiempo aquel y nadie duda que esté hablando del fin del mundo. A lo anterior añade en seguida: “Y en aquel tiempo se salvará tu pueblo, todo aquel que estuviera inscrito en el libro [89]. Por tanto, cuando el apóstol dice: “Todo Israel será salvo[90], entonces hay que tomar en consideración “quien estuviera inscrito en el libro de la vida”. Esto lo expresan también las palabras aquellas del Salvador: “Elías vendrá y [pg. 549] y restituirá De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 549todo”, es decir, a todos los Israelitas a los que encuentre dóciles y que se dejen persuadir; tal como muy bien expone Crisóstomo: convertirá para Cristo instaurando la fe, el espíritu y la verdadera religión de sus mayores, de los patriarcas, de los profetas, de los apóstoles. Sin duda, la conversión de los judíos en el último tiempo será gloriosa tal como lo había predicho Moisés y al final de los días Oseas[91]. Aunque algo de esto consta de hecho en estos tiempos, ante todo por la predicación del beato Vicente, pero también por el celo y el ardor de los reyes católicos de España, Fernando e Isabel, y también por obra y diligencia de algunos santos pontífices. Con todo será mucho más copiosa por el admirable ministerio del profeta Elías. De acuerdo la fe de la escritura canónica no hay duda al respecto.

Esto no contradice de ninguna manera  con aquellos que otros pasajes de la Escritura insinúan que serán los judíos principalmente los que van a seguir al Anticristo. Todos aquellos que no están inscritos en el libro del Cordero ni están destinados APRA la vida, todos estos seguirán en la gran batalla a su caudillo, el hijo del diablo. Esto no lo calla la Sagrada Escritura. Dice: “Y adoraron a la bestia todos los que habitan la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero[92].¿Quién no se alegrará mucho de este admirable consenso de las Escrituras. Daniel dice que todo el pueblo de Israel que estuviera inscrito en el libro será salvo. Juan añade todos, no sólo los judíos; en cambio los demás cuyos nombres no están inscritos en el libro de vida del Cordero, adorarán a la bestia. En consecuencia, las dos cosas son verdad, los judíos en el último tiempo volverán a Cristo y  serán ellos los que más aceptarán al Anticristo. Es que como se estuviera hablando de dos pueblos distintos. Todo se dice de ambos: todo Israel estará a salvo y, al mismo tiempo: siempre estará su espalda encorvada y la ira de Dios hasta el final dominará a los rebeldes [pg. 550]

Eso de decir todo de una parte es una costumbre frecuente en la Escritura. PorDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 550 eso aquel que ignora eso o poco lo advierte muchas veces se confundirá y tiene que creer que las Escrituras dicen cosas contrarias. Y tampoco encontraré copiosos ejemplos más copiosos para este tema que cuando las Escrituras hablan de la elección y del rechazo del pueblo de Israel.  Se encuentran tantos pasajes en los profetas, en los salmos y en el mismo Moisés respecto a la salvación de aquel pueblo por Cristo, a la exaltación, a la gloria. También aparece mucho que dice lo contrario, esta vez respecto a ruina, a la ceguera y a la extrema miseria por causa del rechazo de Cristo de esos infelices e ingratos d manera que páginas enteras como opuestas entre sí (especialmente en Isaías)  casi no se dan que hablan de lo mismo[93]. Pues, en todos estos argumentos es preciso repetir el documento de memoria saludable del apóstol: No es que haya fallado la palabra de Dios. Pues no todos los descendientes de Israel son Israel. Ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos. Sino que «por Isaac llevará tu nombre una descendencia»; es decir: no son hijos de Dios los hijos según la carne, sino que los hijos de la promesa se cuentan como descendencia[94]. Y en la otra epístola: Latín 280 Así Abraham creyó en Dios y le fue reputado como justicia. Tened, pues, entendido que los que viven de la fe, ésos son los hijos de Abraham[95]. Por eso, aunque lo judíos son descendencia de Abrahán  según la carne, sin embargo, no es de ellos que la Escritura anuncia la salvación sino de aquellos que son descendencia de Abrahán por la fe; ellos serán bendecidos con el fiel Abrahán. Pero también en este número beatísimo quiso el Espíritu Santo incluir que según el propósito de la gracia de Dios son predestinados aquellos que pasaron  del judaísmo carnal y obsoleto a la verdadera y espiritual circuncisión, no según la carne sino según el Espíritu, aquellos cuya conversión a Cristo, especialmente por la predicación de Elías, será copiosa e ilustre en los últimos días. Sin embargo, otros muchos de la misma descendencia, perseverando en su ceguera y perfidia, De esto, me parece [p. 551] se ha discutido ahora suficientemente.

 

Si al mismo tiempo se dará el reino del Anticristo y el testimonio de aquellos dos profetas.

Capítulo XIII

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 551La pregunta es: ¿en qué tiempo Elías y Henoc  llevarán adelante su admirable predicación para procurar la salvación de los judíos y de las naciones? ¿Será antes de los tiempos del Anticristo o después?  ¿O será más bien al mismo tiempo  y así  irán al encuentro de la tiranía de este y a la fiel obediencia que prestarán? No hay duda que Elías y Henoc predicarán en los tiempos del Anticristo y estarán pie contra pie (como se suele decir). San Gregorio escribe de esta manera: Al fin del mundo Satanás entrará en el hombre, aquel a quien la Escritura llama Anticristo, será tanta la elación, tanta la fuerza, serán  tantos lo signos  prodigios de una santidad desplegada que no puede ser contestados sus hechos de parte del hombre ya que junto con el poder de terror unirá signos de santidad  desplegada. Y en su censura Elías y Henoc serán llevados en medio de ello[96].

Esto no sólo lo sostienen Gregorio y los demás Padres que escriben que de ellos será rebatido aquel hijo del diablo, también los manifiesta claramente el Apocalipsis de Juan[97] De ahí se entiende que al mismo tiempo de alguna manera ambas cosas sucederán, el reino del Anticristo y el testimonio de aquellos hombres. Y también porque la Escritura les asigna a ambas realidades  tiempo igual. Cuando la bestia asciende del abismo le dan cuarenta y dos meses[98] y al príncipe extremo aquel en Daniel se la dan un tiempo, dos tiempos y medio tiempo[99], es decir, tres años y medio. A la profecía de aquellos se les asigna el mismo número de meses, es decir, cuarenta y dos y mil seiscientos sesenta día. Todo esto concurre a lo mismo: o al mismo tiempo o ciertamente en un tiempo prolongado y concomitante [552] se dará la tiranía de aquel y la predicación de estos.

Agustín piensa que la venida de Elías y la conversión de los judíos serán antesDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 552 que aparezca el Anticristo[100]. También Beda aporta aprueba una sentencia de algunos que luego de la predicación de Elías y de Henoc y después de haberse realizado la matanza de tan grandes varones recién entonces surgirá  el reino del Anticristo y que sus inicios y el fin de aquellos sucedan de modo cercano. Y quiere entender la profecía de Daniel de la siguiente manera: afirma que  in medio de las semanas cuando que cesa el sacrificio y sea abolido. Pues es sabido que en la famosa profecía de Daniel que las semanas comprenden siete años. La última semana comprenderla como del fin del mundo eso no solamente Beda sino eso lo quieren también otros de los más antiguos. En aquella última semana o septenio los espacios se dividirán de manera que en el primer medio, es decir, tres años y medio, ocurre la predicación de Elías y Henoc, la restante mitad, es decir, tres años y medio que quedan lo ocupará el reino del Anticristo. Como dije, esta es la opinión de Beda el venerable y también de Hipólito. Esto es bastante incierto o, más bien, improbable de que las semanas de Daniel pertenecen a la venida posterior de Cristo y no más bien a la anterior como escribe Agustín a Hesiquio utilizando también la autoridad de Jerónimo[101].

Además el mismo texto del Apocalipsis parece insinuar en seguida la destrucción del Anticristo y el fin del mundo  después haber acontecido el asesinato de aquellos dos profetas por mano del Anticristo y su glorificación divina luego de tres días y medio. Dice: El segundo ¡Ay! ha pasado. Mira que viene en seguida De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 553el tercero[102]. Por el segundo ¡ay! sin duda [p.553] se significa la persecución del Anticristo y por el tercio el mismo juicio final.  De esta manera San Víctor  y Santo Tomás de Aquino parecen más bien hacer valer estos dos años y medio tanto con la predicación de los dos profetas cuanto con la persecución del Anticristo. Puede ser que en aquel espacio de tiempo  en diferentes lugares este sirva a Cristo y aquel cuide de la fe de Cristo  hasta que entran juntos en el combate espiritual. Poco importan si se hace de esta manera o de la otra, de todos modos por providencia divina se ha provisto para los problemas de los hombres. Lo es que cierto: en los tiempos del Anticristo se ha destinado la pujanza de tan grandes profetas para le defensa y el consuelo de la santa Iglesia.

 

Acerca de la concertación de Elías y Henoc con el Anticristo.

Capítulo XIV

Lo que finalmente sucederá en ese combate que llevarán aquellos Padres contra Satanás, eso lo leemos en la misma Apocalipsis de Juan descrito de manera gráfica. Pues, primero escribe de la excelencia y eficacia de los santos Elías y Henoc de esta manera: Estos son los dos olivos y los dos candelabros que están en presencia del Señor de la tierra. Y si alguien quiere hacerles daño saldrá fuego de su boca y devorará a sus enemigos y si alguien quiere herirlos entonces conviene que muera. Ellos tienen el poder de cerrar el cielo para  que llueva durante los días profetizados por ellos. Tienen el poder sobre las aguas, el  de convertirlas en sangre y de herir la tierra con todo tipo de plaga cuantas veces quieran. La Escritura enseña acerca de su santidad de vida, el esplendor de los signos y la fuerza de su predicación hasta tal punto que hasta declara su beatísima muerte como similar al de Cristo con estas palabras: Cuando hayan [p.554] dado cumplimiento a su testimonio, la bestia que asciende del abismo, hará guerra contra ellos y los vencerá y los matará.

 Es muy perspicuo que habiendo cumplido su testimonio y habiendo terminado suDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 554 oficio de predicar y que el haber ascendido la bestia del abismo sea según la interpretación literal desde las agua sea, según la interpretación trópica de una profundísima maldad, el Anticristo hará guerra no con armas de hierro y acero sino por medio de una oposición espiritual y de palabras. Esto no requiere comentario alguno.

En cambio, aquello  que los vencerá y duro de creer y difícil de entender lo que significa. Pues, si la victoria esa se dice del Anticristo, que persiga a los profetas de Dios, los aprehenda, los detenga. Los someta a tormentos y finalmente los  mate, eso es fácil de aceptar. ¿Por qué admirarse? Lo que los profetas, los apóstoles, lo que miles y miles de mártires han sufrido, lo que el mismo Señor de todos ha soportado, esto  los ha experimentado los testigos precipuos testigos de Dios y, por ende, no es nada nuevo ni deshonroso. En realidad de esta manera ellos vencen en lugar de ser vencidos. Esto lo he dicho en otro lugar y eso fácilmente lo comprende y le es conocido al que conozca la Escritura aunque sea sólo de manera mediana. Sucumbir por la verdad y la justicia forma parte de una eximia victoria. Es por eso que leemos en la misma Apocalipsis de aquellos que lavaron sus túnica en la sangre del cordero y recibieron las palmas de la victoria[103]. Y quien venza, dice, haré de él una columna en el templo de mi Dios[104]. Y esta es, dice, la victoria que vence al mundo, nuestra fe[105]. Por tanto, donde la fe de Cristo hasta la sangre permanece inquebrantable allí el adversario no puede levantar estandarte alguno.

Por lo expuesto queda claro que es algo muy distinto lo que insinúa la Escritura cuando dice que estos testigos egregios han de ser vencidos por la bestia De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 555mediante enfermedad. Realmente será  esto la evidencia extrema de la calamidad y aflicción  en la gente cristiana que esa sea la acerbidad de los tiempos, que esa sea inflamación de la iracundia divina para que permita a los suyos que entrado [p.555] en el conflicto por la verdad, de alguna manera cedan y vuelvan la espalda. Tanta será, en el Anticristo la ostentación  de signos admirables de manera que Elías y Henoc aparezcan como inferiores. Y nuevamente esa fuerza de su boca de hablar y enseñar cosas grandes de manera que toda facultad de la doctrina y de la sabiduría serán percibidas como testigo.

Finalmente igual que Iannes y Mambre Latin 282 en aquel entonces al encontrarse con Moisés han sido superados por la magnitud y la multitud de los signos[106] y así como el mismo Elías pugnando por la verdad de Dios quebró la impiedad de los profetas de ´Baal[107], así de manera inversa Elías y Henoc y la misma Iglesia de Cristo serán oprimidos por el falaz poder de los signos y de la ciencia y por los signos de la ostentación de santidad para que a juicio de muchos la causa de Anticristo será considerada como más de acuerdo con la verdad y más poderosa.

Esto lo confirma el santo Papa Gregorio al hablar de los últimos tiempos. Aunque no les faltarán a los fieles en su combate los signos, sin embargo, los de aquel serán tantos que los nuestros aparecen como poco o nada[108]. Igualmente el mismo Cristo lo predijo: Harán grandes señales y prodigios, capaces de engañar, si fuera posible, a los mismos elegidos[109]. También en la misma Apocalipsis está escrito que el orbe universo atónito de admiración dirá: « ¿Quién como la Bestia? ¿Y quién puede luchar contra ella?» [110].

Si le parece a alguien increíble  que se le ha de permitir al Anticristo tanta potencia que sucumban (en la opinión del mundo, los fortísimos guías de la verdad, Elías y Henoc, es bueno recordar él, la cabeza nuestra, Jesucristo afligidoDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 556 y deprimido por el juicio de todos los hombres de manera que en la cruz exclamó que Dios lo había abandonado[111]. De esta extrema aflicción se canta en el salmo: Pero tú has rechazado y despreciado, contra tu ungido te has enfurecido; rompiste la alianza de tu siervo y profanaste por la tierra su santuario[112], y las demás cosas que hacen llorar hasta que diga [p. 556]: Le has cubierto de ignominia[113]. Por eso no debe sorprender que el destino de los siervos no sea mejor que el de su Señor.

 

El martirio y la glorificación de los santos Elías y Henoc.

Capítulo XV.

El mundo estaba observando y poniéndose del lado del Anticristo mientras que los testigos fieles de Dios seguros en su buena consciencia no quisieron pasarse al bando del adversario, es más, reprochaban la perversión satánica de todos los modos posibles. Así perseveraban inconmoviblemente  en la verdad. Ya no había tolerancia  sino el muy cruel desató su salvajismo en ellos vivos y cuando estaban ya muertos. Esta historia  (es realmente historia como muy bien reclama Ricardo de San Víctor y no es una tropología como dicen vanamente algunos comentadores) la relata de manera muy hermosa el apóstol Juan de este modo: los matará. Y sus cadáveres, en la plaza de la Gran Ciudad, que simbólicamente se llama Sodoma o Egipto, allí donde también su Señor fue crucificado[114].  Aquí aprendemos abiertamente que  el lugar de tamaño conflicto será en el futuro la misma ciudad Jerusalén en la que Cristo nuestro Señor ha sido crucificado. Esto lo han transmitido también los Santos Padres.  Se llama Sodoma y Egipto por la magnitud de sus crímenes y por su demasiada impiedad para con Dios. Y sigue diciendo: Y gentes de los pueblos, razas, lenguas y naciones, contemplarán sus cadáveres tres días y medio: no está permitido sepultar sus cadáveres. Los habitantes de la tierra se alegran y se regocijan por causa de ellos, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas habían atormentado a los habitantes de la tierra. Pero, pasados los tres días y medio, un aliento de vida procedente de Dios entró en ellos y se pusieron de pie [p. 557], y un gran espanto se apoderó de quienes los contemplaban. Oí entonces De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 557una fuerte voz que les decía desde el cielo: «Subid acá.» Y subieron al cielo en la nube, a la vista de sus enemigos. He aquí también la frase correspondiente de Pablo: Ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados[115]. Realmente no es inverosímil que a varones tan insignes quienes fuera de la ley que rige para todos los mortales Dios los haya preservado corporalmente hasta el final y que, habiendo cumplido con su misión gloriosamente y, entregados a la muerte ignominiosa por Cristo, hayan sido llamados a la vida inmortal por un privilegio especial antes de la resurrección general de todos y a la glorificación por voluntad de Dios también de los cuerpos. Esto lo enseña de manera muy erudita Tomás afirmando ya que la cristiandad en aquella tamaña tribulación de la Iglesia perdió a estos sus guías, para reprimir la inmensa soberbia del adversario triunfador, por un nuevo e inusitado evento fuera confirmada[116]. Esto lo explica la frase que sigue donde dice así: En aquella hora se produjo un violento terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y con el terremoto perecieron 7.000 personas. Los supervivientes, presa de espanto, dieron gloria al Dios del cielo[117].

Puede ser que suceda de hecho que como en la resurrección de Cristo la tierra tembló así cuando los dos profetas vuelven corporalmente y sean arrebatados a la sede celestial, la gran urbe Jerusalén temblará y será su ruina futura. También puede ser que más bien esta descripción mística significase el desastre para los impíos y la saludable penitencia de algunos. No encuentro donde los Padres algo cierto y tampoco puedo afirmar, lo que sea más proclive, que se ha de entender como un misterio como quieren varios y que Agustín indica que se trata de algo muy común en ese libro que se mezclen frecuentemente los tropos y las figuras[118]. Consta esto: Elías y Henoc asesinados por el Anticristo abiertamente son engalanados con divinos honores. [p. 558] Aunque algunos de los Padres, entreDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 558 ellos Jerónimo[119], no se atreven a afirmar como cierta la muerte de Elías y Henoc, sin embargo, no faltan autores recientes y antiguos a quienes parece es aquellos varones nunca han de morir. Con todo, es opinión de muchísimos, entre ellos Agustín[120], Ambrosio[121], Gregorio[122], Hipólito[123], Tertuliano[124] y entre los posteriores, como dije Tomás, Ricardo de San Víctor y los comentadores del Apocalipsis que el contexto lo confirma egregiamente que podamos relatar la historia como cierta. Es que no regresará Elías de manera que sin morir sería nuevamente transferido al cielo.

 

 

En el monte santo el Anticristo tomará asiento y ahí mismo perecerá.

Capítulo XVI.

Cuando estás cosas habrán sucedido no demorará mucho la destrucción de aquel parricida. Esto lo podemos asumir sin precipitación. No sin razón ha dicho Tertuliano que el Anticristo será liquidado por la sangre de Elías y Henoc[125]. Pues, luego de haber aporreado una gran parte del orbe de la tierra y haber incrementado los signos de su perfidia, será para aquel el supremo intento de constituir su trono  en la ciudad santa desde donde domine el orbe entero y aspire a la felicidad de la gloria de la inmortalidad. Esto aparece en parte lo que hemos dicho de la Escritura del Apocalipsis[126] que claramente relata cómo los profetas serán muertos por aquel en Jerusalén donde su Señor ha sido crucificado. En parte lo sabemos del libro de Daniel. En él se narra mucho de las luchas y de la tiranía de del Anticristo y finalmente el ángel habla así: Saldrá entonces con gran furor, con ánimo de destruir y exterminar a muchos. Plantará sus tiendas reales De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 559entre el mar y el santo monte de la Tierra del Esplendor. Entonces llegará a su fin y nadie vendrá en su ayuda. [p. 559] En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquél un tiempo de angustia como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones. En aquel tiempo se salvará tu pueblo: todos los que se encuentren inscritos en el Libro. Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna, otros para el oprobio, para el horror eterno[127].

Esto ha sido  profetizado palmariamente de la última exaltación del Anticristo y de su caída, de la salvación de los piadosos y de la resurrección de todos. El comentar este pasaje  D. Jerónimo escribe de este modo: Los nuestros exponen el último capítulo de esta visión sobra el Anticristo de la siguiente manera: vendrá con gran multitud para atacar y para matar a varios. Fija su tienda en Apadno junto a Nicopolis que antes se llamaba Meaux, con comienzan a surgir las montañas de la provincia judía. Finalmente de allí se ascenderá hasta el monte de los olivos, la región de Jerusalén y eso es lo que entonces dice la Escritura. Y cuando haya fijado su tiende en las raíces de la provincia montañosa entre los dos mares, es decir, el mar que ahora es llamado muerto en oriente y el mar magno en cuyo litoral se encuentran  Cesarea, Jope, Escalón y Gaza. Luego vendrá hasta la cima de su monte, es decir, la provincia montañosa, el vértice del monte de los olivos que es llamado insigne porque de él el Salvador ascendió al Padre. Y nadie  podrá auxiliar al Anticristo ya que el Señor lo ataca. Y afirman que  allíDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 560 perecerá el Anticristo donde el Señor ascendió a los cielos[128]. Esto lo escribe allí Jerónimo. No hay que dejar de lado lo que leemos según la traducción de la Vulgata: Y nadie le auxiliará. La Septuaginta traduce más claramente: Y llegará la hora de su consumación. En los comentarios a [p.560] Isaías también  hay que tener en cuenta aquellas palabras del profeta: Consumirá en este monte el velo que cubre a todos los pueblos y la cobertura que cubre a todas las gentes; consumirá a la Muerte definitivamente[129], etc.

Explica de esta manera: Algunos quieren entender que el dominador de los pueblos, es decir, el velo que cubre a todas las gentes representa al Anticristo quien se ha de acabar en el monte de los olivos[130]. Esto lo dijimos respecto la última visión de Daniel[131]. Allí Jerónimo no sólo cita una opinión ajena sino también escribe como opinión suya: Isaías habla con mayor amplitud que el Anticristo vendrá hasta la cima del monte santo e ínclito y perecerá allí. Precipitará  el Señor en el monte santo la faz del dominador de las tinieblas sobre todas las gentes y a este que domina  a todos los  pueblo y a su unción con la cual ha sido ungido contra todas las unciones. A partir de las profecías de Daniel e Isaías –igual que los antiguos y el mismo Jerónimo expone-. Anselmo[132], Tomás[133] y otros confirman a partir de una antigua tradición que en el monte de los olivos donde Cristo ascendió al cielo sucederá la aniquilación futura del Anticristo. Es verdad, no se trata de un dogma de fe. Sin embargo, de ninguna manera se puede quitar importancia a la autoridad de estos Padres ya que ante todo las Escrituras la apoyan.

Es que tan furiosa soberbia alcanzará a aquel hijo del diablo que quiere ser enaltecido como dios y pretenderá de superar la sabiduría y gloria de Cristo Dios de manera que no solamente  pretende haber resucitado de entre los muertos, como escriben los Padres, sino con gran ambición  intentará también ascender al cielo ocupando el trono en lo más alto e intentará todo esto descaradamente. Por eso en la cima del monte según la enseñanza de los Padres levantará una tienda para sí para que sea arrebatado al cielo en el día fijando ante el orbe. [p. 561]

 

Será destruido el maligno aquel por Cristo el Señor.

Capítulo XIV

De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 561Allí la paciencia de Cristo, nuestro rey, que hasta ese momento ha soportado aquella alma infeliz e insana se convertirá en ejemplo de justísima severidad. Su destrucción nos la muestra el beato apóstol Pablo con las siguientes palabras: entonces se manifestará el Impío, a quien el Señor destruirá con el soplo de su boca, y aniquilará con la Manifestación de su Venida[134]. Daniel no declara abiertamente que el Anticristo será eliminado por algún mortal, ya que dice que será destruido sin intervenga una mano[135]. Ahora bien, Tomás quiere que sea matado por intervención de Miguel[136], eso  parece insinuar Daniel cuando dice: En aquellos días surgirá Miguel, el gran príncipe. Anselmo y Juan Damasceno, en cambio, creen que más bien aparecerá en forma corporal el mismo Cristo y destruirá a aquel adversario con el suplicio correspondiente[137]. Esto parece armonizar más con las palabras de Pablo. Pues, ya que para realizar una cosa tan grande como es la conversión del gran apóstol y doctor de las gentes el mismo Cristo se ha dignado apareciendo en una luz admirable desde el cielo[138], tampoco es increíble si  el fascinación más grande de todos ya que hay que cortar la cabeza de todos los impíos, que nuestro jefe en persona quiera emprender y realizar esta tarea. Quizás sea que el mismo Cristo se hará presente desde el cielo y trae con él a Miguel, el príncipe de la milicia para que más bien sea por medio de su ministerio que extermine el enemigo de su iglesia. También puede ser  que sea torturado por algún gigante y de repente vencido como por Antíoco[139] o por Herodes[140]  sea que el más infeliz de todos los mortales, impactado por la voz de arriba no soporta la presencia de tanta majestad y así muera[141], y por un fin miserable al género humano [p. 562] engañado por suDe Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 562 grandes obras lo deja atónito por un ejemplo digno de su impiedad y temeridad. Muchos consideran la ilustración de la venida por medio da la cual según Pablo Cristo destruye al adversario la ven en aquel juicio supremo cuando viene a discutir las causas de todos. Sin embargo a mi me parece mejor lo que el  D. Anselmo hace saber. Él sugiere que se da una venida especial aquella cuando el fulgor de la majestad aparecerá para destrucción del Anticristo. Es como lo que hemos dicho de la conversión de Pablo. Nadie recibirá ayuda, como lo dice Daniel[142], nadie salvará al impío de las manos del Dios vivo. Entonces se cumplirá lo que leemos en el libro de Job[143], tal como lo enseña Gregorio. Su memoria desaparecerá de la tierra y no se mencionará su nombre en las plazas. Se le expulsará de la luz hacia las tinieblas y del orbe se lo sacará. No tendrá descendencia ni linaje en el pueblo ni algunos supervivientes en sus regiones. Una vez extinto el impío toda su fama oscurecerá y aquella gloria mentirosa se convertirá en eterna ignominia.  Tampoco existirá más su progenie  cuando s dará de manera veloz la ruina del mundo. Entonces aparecerá maravillosamente lo que dice Isaías de Cristo: El espíritu de sus labios matará al impío[144]. Entonces se escuchará el canto de los Ángeles que celebran la victoria de Cristo: Ha llegado el reinado de este mundo el de nuestro Señor y de su Cristo y reinará por los siglos de los siglos[145]. Entonces sonará alegremente la voz de los santos que reinan con Cristo: «Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, "Aquel que eres y que eras y él que vendrás" porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado. Las naciones se habían encolerizado; pero ha llegado tu cólera y el tiempo de que los muertos sean De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 563juzgados, el tiempo de dar la recompensa a tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen tu nombre, pequeños y grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra»[146].  También en otra parte del libro de habla de la misma manera: [p. 563] Pero la Bestia fue capturada, y con ella el falso profeta - el que había realizado al servicio de la Bestia las señales… los dos fueron arrojados vivos al lago del fuego que arde con azufre. Los demás fueron exterminados por la espada… del que monta el caballo[147].

 

El intervalo señalado por Daniel entre la destrucción del Anticristo hasta el día del juicio.

Capítulo XVIII.

Luego de la eliminación del Anticristo se dará en breve el ocaso del mundo tal como lo transmiten los Santos Padres y hasta las Escrituras: Mediará algo de tiempo en espera de la conversión de los ímprobos y para acrecentar la paciencia de los piadosos. Esto lo indica sobradamente la profecía de Daniel: Contando desde el momento en que sea abolido el sacrificio perpetuo e instalada la abominación de la desolación: mil doscientos noventa días[148]. Es cierto que este es el número de los días hasta la destrucción del Anticristo y todos convienen en ello. Luego sigue: Dichoso aquel que sepa esperar y alcance mil trescientos treinta y cinco días. Y tú, vete a descansar; te levantarás para recibir tu suerte al Fin de los días[149]. Estas son las últimas palabras de la última visión en Daniel.

Este pasaje lo explica Jerónimo de la siguiente manera: Bienaventurado, dice, quien después de la muerte del Anticristo soporta los días más allá del número 45 predefinido cuando  el Señor y el Salvador vendrá en su majestad[150]. Ahora bien, el por qué habrá silencio durante 45 días luego de la matanza del Anticristo, esto lo sabe Dios a no ser que por eventualidad nosotros lo expliquemos. La dilatación del reino es una comprobación de la paciencia de los santos. Ahora bien, cierto autor de peso objeta a esta opinión de Jerónimo que en el caso de que luego de la muerte de del Anticristo pasen 45 días hasta el día del juicio, esto nos permite conocer con seguridad cuándo será aquel día lo que el Señor [p. 564] niega De Temporibus Novissimis - De los Últimos Tiempos, el Fin del Mundo, el Juicio Final,  autor: José de Acosta de la Sociedad de Jesús p. 564afirmando que aquel día ningún hombre o ángel lo conoce[151]. Sn embargo, apoyando la opinión de Jerónimo Anselmo desbarata esta objeción escribiendo de la siguiente manera. Será matado (habla del Anticristo), tal como lo entendemos a partir del libro de Daniel, en el monte de los olivos como mariposa en su trono, es decir, en el lugar desde el cual al Señor ascendió al cielo.  Luego de la muerte de aquel  los 45 días se conceden para hacer penitencia de aquellos que son predestinados a la vida y que no enfrentaron la persecución aquella sin ofensa. Si  luego de los 45 días en seguida vendrá el Señor o si todavía pasará algo de tiempo imposible de saberlo.[152]. Esto lo dice Anselmo: se les concede después de la muerte del Anticristo a los hombres un espacio de tiempo para penitencia no define de manera alguna segura su fin[153].

Otros que se diferencian mucho de esta opinión piensan en una futura nueva predicación para que la reciban los engañados por el Anticristo y esta se entiende como la tuba del séptimo ángel a la que seguirá pronto aquel día tremendo. De esta manera afirman que habrá un intervalo hasta el fin del mundo, pero será corto. Con todo para nosotros será inseguro en qué momento los predestinados a la vida completen su número que sólo Dios conoce. Los demás serán entregados junto con el diablo a las penas sempiternas. Los sordos  siguen en su sordera permaneciendo en inequidad hasta ese momento.

Personalmente  no me parece que la opinión de Jerónimo que el número 45 está definido y consta según la profecía de la profecía de Daniel tampoco contradice la expresión del Señor respecto de la ignorancia del día aquél y más bien la confirma. Sin embargo, este punto requiere de una explicación más extensa. Hemos tratado del tema del Anticristo en dos libros, de manera lo que queda por decir respecto a este argumento con el favor de Dios los trataremos con mayor comodidad en otro libro.

FIN DEL TERCER LIBRO.



[1] Jn 10

[2] Is 59

[3] Rm 15

[4] Hb 6

[5] Sal 117

[6] Apc 13

[7] Ef 2; Filip 1, Gal 6

[8] 2 Re 6

[9] Apc 12

[10] Apc 12

[11] Prov 80

[12] Ef 6

[13] Cant 5

[14] Gregorio, In Cant

[15] Mt 24

[16] Gal 1

[17] 2 Pe 1

[18] Jn 5

[19] ibíd.

[20] Rom 1; 1 Cor 14

[21] Jn 10

[22] Jn 1; Is 40

[23] 2 Tes 3; Mt 14

[24] Apc 13

[25] Prov 1

[26] Dan 12

[27] ibíd.

[28] Sal 118

[29] Rom 8

[30] Job 26

[31] 1 Ts 4

[32] Mt 24

[33] Agustín, libro 20 De civit. cap. 8

[34] Hipólito, De consum. saeculi

[35] Cant 6

[36] 11

[37] Dan 12

[38] Eccl 46; 1 Re 28

[39] Mt 17

[40] 2 Par 21

[41] Mt 27

[42] Mc 6

[43] Mt 16

[44] Mt 3

[45] 1 Cor 2; Rom 2; Sap 9; Is 50; 1 Cor 1

[46] S. Th. I, p. q. 102 a. 2.3 y 3 p. q. 49 a. 5

[47] De Sanct. in Apc. libro 3 par. 2 c. 7

[48] Crisóstomo hom 58 In Matth

[49] Mc 9, 12-13

[50] Sir 48:10. Nota: se cita el número de los salmos según la Vulgata.

[51]  Cf. Sir 48:9

[52] Gen 5:24 

[53] Heb 11:5 

[54] Sir 49:14. El original dice Eccl. 44

[55] Cf. Heb 11, 5.

[56] Cf- Concilio Trid. Sess. 4.

[57] Cf. Agustín, 18 de civit. c. 42 y libro 20 c. 28.

[58] Jerónimo en prolog. Paralipom.

[59] Lucas y Pablo no pocas veces utilizan la traducción de la septuaginta aunque el hebreo lo tenga de manera distinta.

[60] Cf. Lc 1, 17.

[61] Apc 11, 2-7. B. Prósper en el libro De praedict. Part. 3 de cap. 6 hastq 16 confirma abundantemente este argumento y todo lo que escribimos.

[62] Cf. Zac 4, 2-3.

[63] Cf. Apc. 13, 7.

[64]  Cf. Apc 11, 4.

[65] Mt 17, 11.

[66] Ambrosio, in Psal. 45.

[67] In Apoc. C 11.

[68] Libro 3 par. 2.

[69] In 11 Apoc.

[70] In 4. Zac.

[71] Ad Marcel. en el 3. tomo.

[72]  Cf. Gal 2, 9.

[73] Cf. Mal 4, 6.

[74] Arriba, libro 2 c. 5.

[75] 2 Tes 2, 14-16.

[76] 2 Tes 2, 9-12.

[77] Salmo 68, 23-23.26-27.

[78] Cf. Dan 9, 27.

[79]  Cf. Rom 9 y 10.

[80] Rom 11, 25.

[81] Rom 11, 30-32.

[82] Oseas 3, 4-5.

[83] Deut 4,30-31.

[84] Cf. Mt 17, 11.

[85] Cf. Mal 4, 5-6.

[86] Cf. Sir 48, 10.

[87] Aug. 2c. de Civit. Cap. 30.

[88] Grego. In 1. lib. Reg. Cap 2 y 20 moral. c 23;  super Cant. Ca. 6.

[89] Dan 12, 1.

[90] Rom 11, 26.

[91] Cf. Deut 4, 30-31;  cf. Oseas 3. 4- 5.

[92] Apc 13,8.

[93]  Cf. Is 63.

[94] Rom  9, 6-8.

[95] Gal 3, 6-7.

[96] Greg. Lib. 15 c. 36

[97] Cf. Apc 13,

[98] Cf. Apc 11.

[99] Cf. Dan 11.

[100] Agust. 20 de civ.  C. 30.

[101] Agust. Ep. 78 y 80.

[102]  Apc 11, 14.

[103] Cf. Apc 7, 9. 14.

[104] Cf. Apc 3, 12.

[105] Cf. 1 Jn 5, 4.

[106] Cf. Ex 7 passim; 2 Tim 3, 8.

[107] 1Re 18 passim; en el original dice “ 3 Reg. 18”.

[108] Greg. Lib.  3. mor. C. 3

[109] Mt 24, 24.

[110] Apc 13, 4.

[111] Cf. Mt 27, 46.

[112] Sl 88, 39.

[113] Sal 88, 46.

[114] Apc 11, 7-8.

[115] Rom 8, 17.

[116] TOM. In 11 Apoc.

[117] Apc 11, 13.

[118] Aug. Lib. 20 de civit c. 16.

[119] Jer. Ad Mar. 3. tom.

[120] Aug.  Libro 1. quaes. Evang. C. 21.

[121] Ambr. In  Psal. 45

[122] Grez. 14 moral. c. 15.

[123] Hipp. De Autic.

[124] Pert. Li. De anima.

[125]  Tert. In li. De Anima.

[126] Cf. Apc 11, 7-8.

[127]  Dan 11, 44 -12, 2.

[128]  Jerónimo in 11 Dan.

[129]  Is  25, 7-8.

[130] Jerónimo li. 8 in Es.

[131] Jerónimo in Daniel 11.

[132] Anselmo 2 Thes. 2

[133]  Tomás  ibid. Lect. 2.

[134] 2 Ts 2, 8.

[135] Cf. Dan 8, 25. En el original se da un error de imprenta porque allí está escrito “Joan. 8”.

[136] Cf. Tomás 2 Ts 2.

[137] Cf. Anselmo 2 Ts 2; Damasceno 4. libro c. 27.

[138] Cf. Hch 9, 3.

[139] Cf. 2 Mac 9

[140] Cf. Hch 12, 2.

[141] Anselmo 2 Tes.

[142] Cf. Dan 11, 34.

[143] Cf. Job 18, 17ss. Gregorio ibi.

[144] Is 11, 4.

[145] Apc 11, 15.

[146] 11, 17-18.

[147] Apc 19, 20-21. En el original error de imprenta: “29”.

[148] Dan 12, 11.

[149] Ibíd. 12, 12-13.

[150] Cf. Jerónimo in Dan.

[151] Cf. Cornelius Jans in Concor. Evang c. 122.

[152]  Cf. Anselmo 2 Tes 2.

[153] Cf. S. Tomás in Apoc.

 


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